
Los rumores sobre exhumaciones recientes por orden gubernamental en el Valle de los Caídos se confirman y amplifican con la noticia de la interpelación anunciada en la cámara por el partido de la oposición (PP) a la ministra -y vicepresidenta del gobierno- responsable del Patrimonio Nacional, y la presentación de una querella judicial por delito de "profanación" en nombre de "La Falange" Lo que me corrobora en mi impresión que no le había sacado punta del todo -con mi entrada de ayer- al tema en ascuas.
La memoria no es selectiva, es cierto, como aquí vengo ya hace rato manteniendo. Y difícilmente podemos recuperar la Memoria (con mayúsculas) de los vencedores de la guerra civil si no refrescamos en el recuerdo otra mucho mas reciente, la de la crisis interna del régimen del 56/57 a lo que aquí vengo aludiendo hace ya mucho en no pocas de mis entradas.
Porque lo que esta en juego a mi juicio en el asunto de las exhumaciones (a escondidas) en el Valle de los Caídos no es sólo un choque o conflicto de memorias de cada uno de los bandos beligerantes de la guerra civil, sino también otro más secreto o intestino entre dos memorias/de/grupo por llamarlo así, asociadas a cada uno de los bandos que se enfrentaron entonces -a mediados de los cicuenta- al interior del régimen de Franco, el de los pro/monárquicos (que gozaba sin reservas del beneplácito eclesiástico) y el de los franco/fangistas que salieron perdedores de aquel lance, y (políticamente) derrotados.
¿Aprendices de brujo -entre otras cosas- los mentores, impulsores y fautores de la ley (funesta) de la memoria? Hay desde luego detalles que no engañan, como lo es la ascendencia conocida de una de las principales protagonistas en este asunto, María Teresa Fernández de la Vega, hija de un alto cargo del franquismo primera/época, represaliado anteriormente de resultas de la guerra civil y que sería nombrado delegado provincial de Trabajo (en Zaragoza) por el ministro del ramo entonces José Antonio Girón en una fase ya tardía de la primera fase del régimen anterior (noviembre del 55); y al que se puede incluir como tal entre los protagonistas más o menos directo de la crisis interna de régimen entonces que tuvo en el emblemático ministro (falangista) de Trabajo -e incombustible hasta entonces- uno de sus grandes perdedores.
Lo que pone en foco como sea el marco histórico -de crisis interna del régimen de Franco- en el que tuvieron lugar tanto el traslado de los restos de José Antonio a la basílica (en el 57) como el de los demás restos de muertos de la guerra civil -de los dos bandos- que se le seguirían (hasta el 59), puestos ahora en solfa siguiendo consignas de arriba desde hace ya un rato.
Como también pone aquello en realce el carácter político indudable de la decisión de enterrar juntos entonces a víctimas de la guerra civil de uno y otro bando; y al mismo tiempo la impronta eclesiástica innegable en una medida en materia de política religiosa, como lo fue innegablemente aquella
Los obispos españoles que -siguiendo sin duda instrucciones vaticanas, de la Secretaría de estado- le negaron el pan y la sal al falangista Arrese y a su proyecto constitucional en el 56, habían acabado cobrando ya para entonces un protagonismo decisivo al interior del régimen de Franco que se vería considerablemente acentuado tras el desenlace de la crisis aquella unos meses más tarde-, lo que se pondría de manifiesto en los sucesivos gobiernos de Franco a partir de entonces, mas o menos dominados por miembros notorios de la Obra, a comenzar por la figura del nuevo hombre fuerte -en sustitución de Girón- el Almirante Carrero Blanco.
Por lo que era imposible y siquiera imaginable que una medida de traslado de restos de aquella trascendencia escapara a las atribuciones y al ámbito de poder y esfera de influencia de aquellos en lo que fuera. Estaba yo en el seminario de Econe, cuando en una de las visitas que nos hacía regularmente una de las figuras mas emblemáticas del integrismo francés entonces, el sacerdote de origen "pied noir" (franco/argelino) -y de ascendencia maltesa como él mismo me lo comentaría- Noël Barbara, se me ocurrió hacerle una visita en la celda en la que se encontraba alojado.
Y recuerdo de nuestra conversación las observaciones -críticas, acerbas-, no recuerdo a cuento de qué, que me hizo entonces sobre la medida aquella de enterrar muertos de uno y otro bando en el Valle, lo que le parecía profanación e impiedad de todas todas, además de grave infracción canónica. Mártires con asesinos, todos juntos bien revueltos; así me parece poder resumir -de lo que recuerdo- el comentario con el que él entendía deber glosar aquel asunto interno (en apariencia) de los españoles -en materia de política religiosa-, que a todas luces le interesaba y había seguido de cerca.
Y es altamente significativo desde luego que aquella decisión tan drástica y peliaguda por su alcance a la larga y sus repercusiones mas que previsibles, discurriera en simultáneo con la decisión tomada por la Cofradía de los familiares de los caídos de Paracuellos, que se negaron entonces al traslado de sus Caídos a la basílica.
Y si se tiene en cuenta el alto porcentaje -sin duda mayoritario- de jóvenes falangistas entre los que resposarían en las fosas aquellas tras las matanzas de noviembre del 36, cabe presumir que la negativa no fuera mas que un corolario en definitiva del desenlace de aquella crisis interna de régimen, como una revancha en el plano de la memoria del bando (franco/falangista) perdedor entonces, en el 57.
Estas aguas, estos lodos, como quiera que sea. Porque la presencia de republicanos en los osarios encerrados en la cripta de la Basílica de Cuelgamuros sirve ahora de cuña o de palanca que ni pintada a los aprendices de brujo en sus designios desenterradores e iconoclastas e incendiarios hasta el punto que algunos se plantean ya en público sin tapujos el dinamitar el santuario sin mas tramites, como ocurrió con los budas afganos, blanco del furor y de la vindicta -y la barbarie- del integrismo/islámico.
Y además, porque está claro que pretenden servirse ahora a toda costa de los resquicios más que evidentes en la memoria (colectiva) de los vencedores de la guerra civil; en su designios sectarios de aplicación por todos los medios de la ley funesta de la memoria. ¿Figuraciones mías? Ahí esta para reforzarlas la mini/serie de la TVE (en coproducción) que se anuncia (bajo la dirección de Miguel Bardem) sobre la muerte de Carrero Blanco.
¿A qué viene eso ahora? ¿Por qué sacar precisamente ahora a la luz un asunto que se tenía mas que enterrado? Carrero fue el gran vencedor del desenlace de la crisis del 57, como Girón, directo rival de aquél fue el (gran) perdedor indiscutible.
Y en el libro de memorias de José Miguel Ortí Bordas -último secretario general del SEU, y retoño de Girón a todas luces en los inicios de su carrera política- que aquí ya comenté hace más de un año se evocaba un presunto proyecto de magnicidio en contra del nuevo hombre fuerte del régimen, que el célebre falangista habría intentado fraguar (sin éxito) secundado por el también camisa vieja Luis González Vicén, lo que al final quedaría en agua de borrajas.
Como sea, el magnicidio de la calle del Correo se ve cubierto aún hoy, casi cuarenta años después, de una nube espesa de misterios y de incógnitas. La CIA, ¿su inductor último o supremo autoría intelectual en la preparación y en la ejecución incluso del atentado? ¿Contaron con complicidad en sectores del régimen y en particular del lado de los servicios secretos, y más en concreto de algunos que se habían sentido arrinconados y postergados por el ascenso del Estado-Opus/Dei que acabó poniendo en pie sin contemplaciones el almirante asesinado?
Una hipótesis que se ve ilustrada en la persona -y trayectoria- del coronel, mas tarde general, Gutiérrez Mellado, ligado desde los tiempos de la guerra civil -y de la Quinta Columna (...)- a la facción franco/falangista del Régimen (anti/monárquica o pro/republicana) Y que se vería si no corroborada por lo menos a salvo de un mentís cualquiera, en las propias declaraciones de aquél ante el tribunal en las que vino a decir que no tenia ni la menor idea de quien podía estar detrás del magnicidio, habida cuenta de los muchos enemigos (dentro como fuera) con los que contaba el almirante Carrero.
El propósito declarado de los mentores de la la ley funesta es el respetar el conjunto monumental del valle de Cuegamuros "limpiándole" no obstante en su cripta (de sus osarios...) En lo que algunos ven la panacea -por mas que a otros les resulte un "reto maldito"- en los claros designios compartidos de unos y otros de "arrebatar a Franco" aquel alto/lugar de la memoria, porque piensan que tras los restos de los republicanos le tocará fatalmente el turno a Franco (y con él a José Antonio, al menos que pretendan también "recuperarlo"), como vaticinan algunos, entre ellos presidente de la ARMH (recuperacionista)
A lo hecho pecho. En la medida de la discordia aquella no dejaba de verse plasmada un voluntad de reconciliación y de olvido por mas que la catarsis colectiva se echase de menos entonces (hasta ahora) Y una memoria purificada de adherencias (y mezcolanzas) no excluye por propia/definición -en modo alguno- un echar tierra y mas tierra en el olvido -y en el dominio de los hechos consumados- excluyendo por cierto el reabrir un debate -y con él viejas heridas en vías de cicatrizar se diga lo que se diga- en torno a la decisión justificable tomada entonces, por más que tuviera su origen en criterios mas que discutibles de política religiosa.
En lo que el régimen anterior acertó a pesar de todo a dar muestra de fuerza y también de grandeza innegables, por más que algunos se sirvan de aquello para seguir atacando su memoria entre los españoles. Y en la pugna en torno a los mártires eclesiásticos de un lado, y del otro y los caídos de la Falange que sirvió presumiblemente de telón de fondo ambiental e histórico a aquel traslado de restos tan discutido -como aquí ya lo tengo apuntado- está claro que acabarían prevaleciendo los primeros.
Pero lo mismo que me opuse a una reexhumación de la fosas de Viznar de todas todas -de lo que el tiempo me acabaría dando la razón-, está claro que me sigo oponiendo resueltamente a exhumaciones en el Valle de los Caídos bajo el pretexto que sea, mientras la amenaza iconoclasta (e incendiaria) siga planeando en aquel lugar y en el en el futuro inmediato de los españoles.
Porque más vale tal vez no seguir buscando chivos expiatorios entre los vivos. Y que sean los muertos los que entierren a los muertos (quien pueda entender que entienda)
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català