Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

¿A qué juegan los monjes -y su abad mitrado- del Valle de los Caídos? (rumores de exhumaciones a escondidas en la basílica)

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Sin novedad señor baronesa. El abad/mitrado de la comunidad benedictina del Valle de los Caídos del que ya me ocupé en anterior entrada responde a los periodistas desde la abadía francesa de Solesmes -hermana mayor de la suya propia- tratando de tranquilizar a la opinión pública y de disipar los rumores que dan cuenta de exhumaciones recientes en las visitas a escondidas -e incluso nocturnas- realizadas los últimos días a cargo de personal del ministerio de la Presidencia con fines de inspección a la basílica de Cuelgamuros que contienen osarios con restos de los caídos de la guerra civil española.

"No se ha tocado ni un hueso" afirma categórico el abad/mitrado curándose en salud pero sin acabar de convencer a los incrédulos. Tanto mas que los rumores se alimentan en un precedente de hace años cuando sí tuvieron lugar exhumaciones con el visto bueno del mismo abad ya en funciones entonces.

¿A qué juegan el abad y sus monjes? ¿Guardianes del templo o caballos de Troya como ya lo insinué en anterior entrada sobre el tema? Es capciosa desde luego la postura del reverendo y mas aún los argumentos en lo que se escuda. Y es sobre todo por la imagen que parece querer dar de momias y pirámides (de Egipto) -"todo está podrido", "en malas condiciones", "restos irrecuperables, inidentificables" (etcétera, etcétera)- que no hace más que alimentar, por más que quiera dar a entender lo contrario las especulaciones y aventar las esperanzas de desenterramientos en masa (como en el valle faraónico de los Muertos en el Alto Nilo), como los que no deja de albergar sin duda la saña guerra/civilista, revanchista e iconoclasta.

Porque si todo está en el estado que dicen, ¿qué están guardando, qué están haciendo allí -hace ya tanto- el abad mitrado y sus monjiles (varones)? A parte de simbolizar una memoria dividida (y soliviantada)

Es lo que parece querer representar mas que nada y más que nadie desde luego este abad tan locuaz y amante de aparecer en los medios. Cuenta y no acaba que tiene tres de los suyos muertos (identificados) en los osarios de la basílica, de una y otra zona, de uno y otro bando que me diga.

Dos contra uno no obstante, irrregularmente repartidos. Su padre -fusilado por los rojos por sus convicciones católicas- a un lado, y del otro su hermana de trece años cuando murió, en el Madrid de zona roja, víctima de un bombardeo de los nacionales de lo que él mismo fue testigo presencial de niño -no así del de su padre del que solo se enteró mucho más tarde- y de un tío combatiente republicano (muerto en la batalla de Brunete)

Por encima de toda sospecha -de parcialidad- como la mujer del césar, dejó no obstante de estarlo la iglesia desde los tiempos del concilio cuando su credibilidad se vio "urbi et orbe" puesta en entredicho, hay que reconocerlo.

Y de la absoluta imparcialidad en este conflicto sordo y latente de memorias al que desde hace rato asistimos, de parte de un abad/mitrado que habla mucho (por los codos) y no hace nada o deja hacer -para el caso lo mismo- tenemos derecho a albergar serias dudas, y a hacerlas publicas por cierto, por mucho que se vea cubierto y rodeado -e investido- de credenciales de los "unos" y de los "otros".

"En la (ley de) memoria histórica estamos todos mezclados" me escribía (sinceramente) no hace mucho un amigo (e informante de algunas de mis entradas) Lo que sin ser falso no deja de dar hueso duro de roer y ofrecer pasto a las mas diversas interpretaciones. Todos tuvimos en nuestras familias alguien del "otro bando" por más que la línea de trincheras -al interior incluso de unas mismas familias- siga en pie y enhiesta desde hace casi setenta y cinco años.

Y esta última es una realidad tan histórica y palpable como la otra. Decía Agustín de Hipona al comienzo de su más obra célebre, que la ciudad/de/dios y la de los hombres marchan juntas y mezcladas a través de la historia. Una frase difícil de comprender y de interpretar más todavía (...)

Un poco más claro lo tenia el fundador de la compañía de Jesús que hablaba de "dos estandartes" enemigos e irreconciliables. ¿Dos Españas por los siglos de los siglos? "Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, que una de los dos Españas ha de helarte el corazón", cantaba el mayor de los Machado; pero en su mera evocación del fatal imponderable se escurría una no pequeña dosis del guerracivilismo que él mismo llevaba dentro, como lo demostraría (...)

"España sin problema" decían los clericales (preconciliares) "España como problema" les respondían los antiguos falangistas anticlericales, contagiados -en su momento- de sueños imperiales y de simpatías anti-romanas (gibelinas), pero ni unos ni otros ponían en duda la identidad colectiva, nuestro ser histórico de españoles como lo consigue esta polémica envenenada al socaire de la ley funesta (de la memoria)

Solo hubo un bando de los dos envueltos en la guerra civil -nadie me lo podrá discutir- que afirmó sin ambages y sin reservas la unidad (entre las clases y los hombres y las tierras) de España. En el otro campaban a sus anchas en cambio el separatismo, la lucha de clases o a lo sumo -o hasta cierta medida- el pluralismo democrático, factores (potenciales) de disgregación y de encismamiento, se me recocerá aquí, cada uno de ellos.

"España libra en Europa el combate de la unidad, lo libra y al final lo pierde", exclama -en una especie de desahogo histórico- José Antonio en sus "papeles póstumos". Nada de extraño pues que sus seguidores, recogiendo la antorcha de sus antepasados, volvieran librar -y ganar- el combate de la unidad en la guerra civil española, en una especie de (justa) revancha histórica.

Y los dos símbolos mayores del alto/lugar de la memoria que viene a ser hoy hoy el valle de los Caídos, Franco y José Antonio, siguen enfrentando uno y otro -juntos y por separado- ese desafío a la unidad, hoy como hace setenta y cinco años. Franco, por seguir siendo odiado por un sector -estrictamente minoritario- de la sociedad española, herederos y descendientes de la memoria histórica de los vencidos; y José Antonio de una forma mas sutil si cabe, y artera y sibilina, viéndose convertido en campo de batalla de la guerra entre las dos memorias. Como lo ilustra el caso del FES al que aquí habré ya tantas veces aludido.

Un muerto ilustre, José Antonio, que unos y otros reivindican. Los unos por lo que fue y por lo que hizo; los otros por lo que hubiera sido (de él) o por lo que hubiera hecho y en el nombre no de lo que fue (u ocurrió) sino de lo que pudo ser que sigue viéndose revestido hoy como ayer -ya lo dijo Heidegger- de la fuerza y la realidad (metafísica) de lo posible. De lo que estuvo en un tris de ser pero que no fue (por poco o por los pelos)

¡Ejercicio de ucronía -en versos o en prosa, de palabra o de escrito- el de algunos joseantonianos, que están haciendo el juego ahora consciente o incoscientemente al empeño claro y sin tapujos de los desenterradores!

Y así hacen especulando sin pausa y sin fin de lo que hubiera sido si Franco no hubiera ganado la guerra, y lo que hubiera sido si a José Antonio no le hubieran fusilado los rojos (en Alicante) Y en su pasión por reescribir la historia y por inventarse una memoria -como Umbral aunque sin el genio del que aquél se veía asistido- no dudan en enfrentar uno y otro muerto.

Divide y vencerás. Y flaco servicio hacen desde luego a la causa del Valle, de su defensa frente a las amenazas que sobre él pesan, los que se empeñan en oponer las dos memorias (gemelas) Porque ese sea sin duda el principal peligro, llamado a ser el autentico caballo de Troya en Cuelgamuros, en los tiempos que se avecinan.

El partido "Falange Española de las JONS" del que he venido ocupándome en algunas de mis entradas, habrá acaparado -hasta la prohibición de actos públicos de signo político hace dos años en el recinto de la basílica- el protagonismo para/litúrgico de signo político e ideológico en el Valle pero de una forma partidista y por así decir separatista, en la medida que reivindican la memoria de uno de los dióscuros y abominan en cambio de la del otro.

Franco, a sus ojos -negando así la evidencia a lo que parece- no honró a la memoria de José Antonio, en vida él mismo y después de muerto como así fue, haciéndose enterrar a lado suyo; y en esa medida comparten el estado de espíritu de los desenterradores, por mas que se muestren opuestos no tanto a la ley de la memoria como a las iniciativas del juez estrella.

A Franco -en la pura lógica de los postulados que vienen defendiendo- habría que sacarlo o desenterrarlo del valle para no seguir profanando o contaminando con su presencia y contigüidad -dicen- la memoria de José Antonio allí enterrada.

En su libro "Las gafas de José Antonio", el que fue secretario durante la transición de Torcuato Fernández Miranda después de haber sido colaborador directo y destacado del Instituto de Estudios Políticos durante los años de régimen de Franco, Adriano Gómez Molina, evocaba, comparándolos, el traslado de los restos de José Antonio al Escorial al final de la guerra civil y su segundo traslado al Valle de los Caídos en el 57 en dos momentos radicalmente distintos de cronología histórica, el primero en el cénit, el segundo en el ocaso en cambio del mito (joseantoniano)

El primer traslado, en un atmósfera de fervor; el segundo en cambio, entre sentimientos más o menos generalizados de "traición" (así lo escribe en su libro) Y sin duda que para algunos ese segundo traslado sigue simbolizando la "traición" que le sigan reprochando obstinadamente a Franco y a su régimen sin apercibirse de la contradicción en la que incurren oponiendo un traslado y otro.

Porque sin duda que sus convicciones joseantonianas se las debían a Franco y a su régimen del que lo quieran o no siguen siendo los hijos, por mas que muchos de ellos fueran descendientes de una memoria de vencidos.

Una deuda por la vía de la filiación histórica me refiero, salvedad hecha -en algunos- de la excepción/biológica por llamarla así que viene a confirmar la regla en el fondo ; y me refiero a los que invocan de forma más o menos explicita ésta útima -y con voluntad de disidencia- como en el caso de Ceferino Maestú, hijo de padre fusilado por los nacionales, que se diría que se ve en el deber de recordarnos más que nunca al atardecer de su vida.

Y deudores igualmente por la vía del culto a la memoria que siempre se le rindió al fundador de la Falange en vida del anterior jefe de estado incluso cuando aquella ("otra") generacion del 56-57, por llamarlos así, eran a penas unos niños (o adolescentes)

A José Antonio, el Ausente, -fusilado por lo rojos durante la guerra civil-, le hizo Franco presente en la memoria colectiva. Y esa es la memoria -de signo franquista y a la vez joseantoniano- persistente en una mayoría de españoles como lo reconocería Umbral en el último de sus libros, "Amado siglo XX".

Memoria una -y no mezclada ni dividida (...); memoria grande -catártica, generosa y reconciliadora sin mezquindades guerracivilistas-, y memoria libre...de amnesias y prejuicios, y también de una historiografía "oficiosa", reescrita y revisada -y falsificada- desde los tiempos del tardo/franquismo hasta nuestros días.

2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Juan Maria Fernandez Krohn [Blogger] 25.10.10 | 15:24

    Claro como el agua lo que dices, Javier. Es lo que muchos en voz baja piensan. La vida monástica en España además -secreto a voces- está pidiendo a voces una renovacion auténtica, y en libertad...sin los errores que cometió el protestantismo, y sin la falsa/renovacion de la que no faltan botones de muestra (como lo he dejado sentado en algunas de mis entradas) A mí desde luego (gato escaldado) por suerte o por desgracia nunca me engañaron. Un cordial saludo

  • Comentario por F.Jvier 25.10.10 | 10:10

    El problema del Valle de los Caidos son los propios monjes.Llevan 50 años sin dar un palo al agua.Los monasterios,según la Regla de S.Benito,tienen que autoabastecerse ellos mismos con su trabajo.En el Valle reciben una subvención estatal(se puede comprobar en los Presupuestos Grles. del Estado)y eso hace que el mero hecho de recibir dinero,esta Comunidad se ha "establecido" en la ociosidad y ya se sabe:"la ociosidad es la madre de todos los vicios".Estos datos y muchos más se pueden comprobar cuando algún investigador avispado tire del hilo y se encuentre con historias muy sucias y truculentas entre los propios monjes...Es una pena,pero es la trsite realidad.Los monjes tenían que haber previsto que tarde o temprano llegaría el Gobierno de turno con la idea de aniquilar el monumento.

Miércoles, 30 de mayo

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