Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

¿El socialismo del Magnificat, lazo -¿biológico incluso?- entre el sindicato/falangista UNT y las comisiones/obreras?

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"Fracaso total" o fracaso "a medias" tan siquiera, está claro que la huelga general del pasado miércoles 29 fracasó en sus objetivos primeros o secundarios. La cuestión pues no esta ya ahí, sino en las formas de explotar -y sacar provecho- de ese fracaso, en lo que algunos parecen diferir en relación con lo medios a emplear en una divergencia de puntos de vista que tal vez oculten una divergencia no menos radical en cuanto a los fines, como tantas veces ocurrió en la historia del catolicismo contemporáneo.

Y una ilustración de lo que acabo de dejar sentado la ofrece sin duda las recientes declaraciones del vice-secretario de FE de las JONS y presidente de su rama sindical la UNT, que hizo un llamamiento en los días previos a la jornada de huelga general a secundarla y ahora parece querer salvar los muebles de la quema en unas declaraciones floridas y repletas sin duda de buenas intenciones a base de una reafirmación genérica de los grandes principios que le inspiran, a él lo mismo que al movimiento (sindical) que representa.

Las declaraciones de ahora de Jorge Garrido vienen a ser una defensa a ultranza de los principios del (nacional) sindicalismo que siempre defendieron los falangistas, entrelazadas con un análisis y balance de la jornada de la huelga general -y de su significado- con lo que disiento (sin tapujos)

Y es en la medida que la alternativa -en mi modesta opinión-que al gobierno se presentaba no se la planteaban unos imperativos de política exterior o de razón de estado que al PSOE en cuanto tal, por su condición de partido político (democrático) -miembro además de una internacional- le traen sin duda olímpicamente al fresco, sino unos designios de políticia interior bien precisos; a saber, el aguantar la brida a los los sindicatos en la jornada de huelga...."ma non troppo" es decir sin perder en el empeño el contacto y la ascendencia sobre un elemento esencial de su propia estructura organizativa; ese sindicalismo democrático -y a la vez políticamente beligerante (y guerracivilista)- pilar precioso o punto fuerte indispensable del régimen democrático que se nos inflige a los españoles desde los tiempos de la transición política.

El joven dirigente (nacional) sindicalista se reafirma con sus declaraciones de ahora en los principios del sindicalismo/revolucionario y se lamenta amargamente del descrédito generalizado en el que la idea sindical (y sindicalista) ha venido a caer en España, entre la clase obrera que -en comentario del entrevistador- dió la espalda ya hace un rato a los sindicatos (UGT y CCOOO, los que de verdad cuentan) y a la hora de resolver un problema de orden social o laboral prefieren recurrir a los servicios de un abogado laboralista.

Como lo fue Onésimo Redondo -entre paréntesis-, a tenor de su labor social (y sindical) -esencialmente de orden asistencial y consultivo, y reivindicativo- en favor de los agricultores de su comarca natal vallisolletana (remolacheros) La génesis histórica del sindicalismo que se nos inflige desde hace décadas a los españoles es algo en lo que tampoco estoy de acuerdo con el análisis del joven dirigentes (sindical) falangista.

Porque en lo que algunos no dejamos de ver una derrota del conjunto de la sociedad española que fue entregada de manos atadas -enla transición- a la tiranía sindical de mafias de izquierdas guerracivilistas, el autor de las declaraciones que aquí comento parece ver al contrario un compromiso desleal, al precio de la deslealtad a los principios del sindicalismo/revolucionario, con los que él -por su cuenta y riego- llama "falsos sindicatos".

Una sobrepuja dialéctica muy en la línea desde luego de "la rivalidad en el terreno de la acción revolucionaria" cara al nacionalsindicalismo de los orígenes, pero sin basamento alguno en la realidad histórica de lo que fue -hace ya más de treinta años, ni hace setenta tampoco- y en cierto modo tampoco de lo que sigue siendo.

El reto entonces -durante al Transición política me refiero- no lo era el estado/sindical -utopía inalcanzable (entonces como ahora)- sino la ruptura/democrática que estuvo en un tris de materializarse. Y si hubo compromiso al final y la cordura (relativa) se impuso se debió sustancialmente a los que decidieron no plegarse al chantaje que les imponía un movimiento insurreccional -el de la huelga de transportes del 77- que tenia en los sindicatos/democráticos, entonces incipientes, sus principales peones de brega (y en particular las comisiones obreras)

¿Tiene algún lazo de filiación -¿del orden biológico tal vez incluso?- el actual vicesecretario de FE de las JONS y presidente de la UNT con el sindicato fundado por Marcelino Camacho bajo la égida de Santiago Carrillo, en la órbita -entonces como ahora del partido comunista-, que le lleve sistemáticamente, en esta y en otros posicionamientos anteriores-, a dispensar de cargos cualesquiera o a tratar con paños calientes al menos a esa central sindical en claro contraste con el fardo de la culpa que arroja inmisericorde sobre su rival y "alter ego" (socialista) -a los que acusa de "fraccionamiento" (sindical)- en el análisis de aquella encrucijada de nuestra historia reciente tan crucial y decisiva; y en un alegato encendido -y un tanto desconcertante- además en favor del sindicato único (sic) y obligatorio?

¿Por qué sino desaprovechan la ocasión ahora de dar la puntilla a sus rivales aparentes (y enemigos); a sus subvenciones escandalosas y a sus poderes, jurisidiccionales -y discrecionales (...)- en el ámbito jurídico/laboral, tan injustos y exorbitantes?

Un análisis más que verosímil, como sea, que viene a concordar sin pena con lo manifestado por el actual jefe nacional de FE de la JONS en una conferencia pronunciada ahora hace dos años en las que revelaba sus pasados contactos con las comisiones obreras incipientes en su calidad de presidente del circulo José Antonio -ya en la época cuando yo le conocí- y de miembro de la junta directiva del centro social Manuel Mateo -integrado en la organización sindical de entonces- que sirvió de cuna (y pesebre) a las incipientes comisiones/obreras.

Y un enfoque desde luego, el que deja traslucir Diego Márquez en su conferencia que se asemeja un tanto con el de tantísimos otros en relación con el castrismo y de la revolución cubana, que acabaron -según aquellos- en el comunismo "a la fuerza", por culpa de la ceguera (culpable) de "los otros", a saber de los anti-comunistas. Lo que amén de trágico en lo que deja de traslucir de fracaso histórico (recíproco y colectivo) no da tampoco en modo alguno con la solución del enigma.

Está claro como sea el sello guerracivilista que arrastraba aquella organización (sindical) desde sus orígenes, como lo prueba e ilustra el padrinazgo del que gozo en su nacimiento del marqués de Paracuellos y de la jefatura implacable y sin discusión alguno de liderazgo por mínima que fuera, en otra de sus figuras dirigentes de lazos notorios con la memoria de los vencidos de la guerra civil española.

Marcelino Camacho según reza en su biografía participó de muy joven -adolescente- en la guerra civil en operaciones de sabotaje ferroviarios. Un detalle nada trivial y cargado al contrario de los más pesados y engorrosos sobreentendidos en la medida que el terrorismo era práctica habitual de lado rojo/republicanos y que la población civil en zona nacional se veía obligada a viajar a menudo en convoyes militares en razón de las circunstancias de fuerza mayor impuestas por la situación de guerra.

Si se le añade el innegable sello guerracivilista -del lado de los vencidos- inseparable de las postura históricas e ideológicas de otro de los punto/fuertes (fundacionales) de las comisiones en sus orígenes, Ceferino Maestú, como en mis entradas he venido analizando; está claro que el parto (sindical) fue todo menos feliz por doloroso que fuera.

No se me ocultan por cierto los grandes interrogantes, dilemas o disyuntivas a cual mas desesperante que gravitan sobre un análisis como el que aquí evoco de la génesis del movimiento sindical tras la instauración de la democracia, en la medida que es lo que nos habrá movido precisamente a algunos, por nuestra cuenta y riesgo y no menos asistidos de las credenciales mas inapelables -por ejemplo la de José Antonio (en sus papeles póstumos)- a dar por cancelada históricamente la opción sindical (revolucionaria) por falaciosa, ideológicamente ambigua e históricamente calamitosa.

¡Calamidad bíblica el sindicalismo/revolucionario en nuestra historia (y en la de los países hispanos)! Y no hablo figuradamente a penas: en la medida que el relevo o la antorcha de aquel sueño (incendiario) vendría a recogerla de una manera u otra la teología de la liberación en el nombre del antiguo testamento (o de la biblia)

Socialismo del Magnificat, el que propagaría la teología de la liberación (precisamente)- en la América española. Magnificat anima mea domino! Porque has derribado a los poderosos -y a los ricos- y a los soberbios, y has exaltado -en la tierra- a los humildes y los hambrientos (y menesterosos) Un cántico revolucionario de un fondo insurreccional innegable que nadie (prácticamente) hoy discute y que llevó no obstante a algunos de siempre a ponerlo entre paréntesis. Incluso entre católicos y bautizados.

O a darle una lectura o interpretación en clave contradictoria, como quien dice. En su obra de juventud, "Camino del Paraíso", denunciaba Carlos Maurras -por poner un ejemplo de los mas prototípicos y característicos- "el veneno (subversivo) del Magnificat" utilizando a posta el lenguaje que había sido un siglo antes el de los anti-revolucionarios franceses, de un Joseph de Maistre en particular que denunciaría en su tiempo "el veneno oculto en los evangelios (canónicos)" Lo que él veía ilustrado de palabra y obra en las hogueras que alumbro la Revolución Francesa, y en sus cadalsos; de lo que fue testigo presencial en primera fila.

Los soberbios por los humildes, y los ricos (y poderosos) por los hambrientos y menesterosos: "qui capit capiat" (el que pueda entender que entienda -como dice la biblia), la clave del enigma o del acertijo, del malentendido que me diga) (...) El haber tomado a los soberbios por los "humildes "(llenos de deseos de revancha y enfermos de resentimiento), y por pobres del evangelio -"del espíritu"- a los (nuevos) ricos...en promesas -de un mañana (insurreccional, revolucionario) que venían ya a tocar con la punta de los dedos-, y en la poder (de intimidación y de amenaza) que sería el suyo en ciertas encrucijadas decisivas de la historia, como courrió en la guerra civil española.

Nada extraño pues que el mismo Maurras cifrase la quintaesencia de su mensaje social (reformista) -de Reforma Social (con mayúsculas)- en una lectura del Magnificat "al revés" como quien dice; en "la inversión" de aquel himno subversivo al que el catolicismo -y la iglesia católica- había acabado, al cabo de los siglos, poniendo -de antídoto- "una música" que atenuaba sus efectos disolventes (subversivos) y calamitosos.

Lo que le valió por cierto su excomunión y puesta en el índice (de libros prohibidos) Los pueblos que no aprenden de la historia están condenados a repetirla, y está claro que el capítulo tan crucial -de historia contemporánea y a la vez de historia de la iglesia (en el siglo XX)- de la condena pontificia de "la Acción Francesa" no ha dejado aun de librarnos todas sus enseñanzas.

También por cierto a los españoles. A aquellos al menos que tuvimos un contacto directo y en cierto modo privilegiado (dicho sea sin falsa modestia alguna) con la (vasta) obra de Maurras, rodeados de sus partidarios por añadidura, como me ocurriría a mí a mi paso por el seminario de Econe, un fenómeno que no se explica sin el telón de fondo histórico e ideológico de la historia de aquel movimiento francés monárquico, nacionalista y reaccionario; y en particular de la condena (pontificia) de la que sus dirigentes y seguidores -católicos bautizados todos ellos en su inmensa mayoría- se verían víctimas.

Maurras tenía razón. Nobleza obliga el reconocerlo después de haber despotricado contra él y en contra de sus doctrinas como a mí me ocurriría durante tanto tiempo, en una reacción -dicho sea en mi descargo- de legitima defensa (como español) frente a un nacionalismo extranjero, rival a fuer de próximo y vecino. Y si dudas había lo ilustra el fenómeno contemporáneo de la teología de la liberación que vendría a aportar pruebas "post mortem" a los pliegos de cargos de aquél y a sus denuncias.

Las instancias eclesiásticas en Francia como en el Vaticano -y en los países francófonos (como Bélgica)- se escandalizaron hipócritamente en su tiempo de los escritos de juventud de un Maurras (primera/época) De algunos de ellos sobre todo- "Antinea" y Camino del Paraíso"-, del mayor valor literario sin duda alguna entre todos su escritos.

Así, del primero de los títulos citados se recogeria -entre otros cargos en contra suya- un pasaje de su visita al museo británico de Atenas con motivo de la celebración de los primeros juegos olimpicos en 1887 (un año antes de nuestro desastre) Del sofoco que le produjo el ver entre los objetos expuestos un dibujo en la pared rerpresentando a un "cristo/hebreo" lo que le hizo salir en estampida buscando aire (fresco) al jardin ya anochecido, donde tendido en la hierba cuan largo era y mirando al cielo ya plagado de estrellas -formando "coros" (símoblo del Eterno Retorno (...)- añoró la luz de la Antiguedad clásica y del paganismo antiguo, "de antes de que la noche -traduzco de memoria- cayera sobre el mundo antiguo bajo el signo de un dios enfermo" (y judío) A lo que acabe apostillar que el concilio vaticano segundo y el posconcilio permitieron muchas otras transgresiones (y fantasías)

"¿Es verdad -pregunta Critón a Mercurio desde el fondo de los infiernos (antiguos) en "Camino del paraíso" la otra obra maurrasiana "excomulgada"- que los esclavos se han visto emancipados?" (.../...) "Todo llega Critón", le responde el hijo de Júpiter (../...) "Hace trescientas setenta y tres olimpiadas que en nombre del cristo/hebreo -¡hete ahí!- los esclavos recibieron el gobierno de sus almas".../..."¡La esclavitud -¡maldición, fantasmas míos! ("chères ombres")-, abolida para siempre !" (...)

¡Blasfemia! gritaron unánimes -y lo siguen haciendo- los guardianes/del/templo. Por culpa de algo en lo que Maurras no venía no obstante, en definitiva, más que a renovar las posturas del bando humanista -vencedor entonces- en la vieja controversia de Valladolid sobre los beneficios de la evangelización (y de la conquista y colonización) de América, contra las calumnias del padre Las Casas (y de la leyenda negra anti-española) (...)

Y el fantasma de Maurras -al que el concilio (lo mismo que ocurrió con Nietzsche) se olvidó de dar una explicación cualquiera (...)- se me antoja que sigue gravitando en esta polémica (envenenada) sobre el sindicalismo y la huelga general del pasado miércoles 29. En la medida que su figura como su obra, como también el movimiento que dirigiría en auge entonces -a pesar de la condena pontificia-, no dejó de gravitar tampoco sobre los orígenes de la Falange y del nacionalsindicalismo.

Y en particular sobre la elaboración del Punto Veinticinco de la norma/programática: de la cosecha o redacción -como así se puede dejar sentado- de dos figuras destacadas del movimiento falangista, de innegable huella o impronta maurrasiana en sus ideas como en su posturas en materia de política religiosa; y me refiero a Ramiro Ledesma Ramos, y a Rafael Sanchez Mazas.


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