(Se cumplen dos años que di inicio a estas entradas. Echo la vista atrás y me entra vértigo -sin falsa modestia- del trabajo realizado en el tiempo ya transcurrido. Mis gracias más sinceras a los lectores amigos, y mi homenaje -discreto- de respeto, y en un espíritu de sinceridad y tratando de comprender, a los que no lo son en modo alguno)
El presidente brasileño Ignacio Lula da Silva se encuentra en mala postura. La campaña electoral que su partido hasta ahora llevaba como ruedas en favor de su candidata amenaza con descarrilar de pronto por culpa de la irrupción brusca del tema del aborto en la liza partidaria tras las declaraciones del arzobispo de Sao Paulo que no es precisamente un don nadie en política brasileña.
Y así, por paradójico que parezca el presidente saliente gran amigo del papa polaco desde sus tiempos (negros) de sindicalista y líder opositor al que aquél sacó a flote cuando más lo necesitaba, corre el riesgo ahora de pagar el pato de las trampas y celadas que el legado del papa fallecido sigue tendiendo (en vida y después de muerto) a los mas ardientes celadores de su memoria.
Marxismo (revolucionario) y cinturón de castidad. Ese era el mensaje un tanto surrealista y a la vez incendiario de la teología de la liberación que el papa polaco toleró -bastante mas al menos que a monseñor Lefebvre - y que tuvo en el actual presidente brasileño uno de sus mas ardientes partidarios por más que los años y el poder le hayan serenado y resfriado un poco en sus ánimos exaltados de cuando más joven (e inexperto)
A su imagen y semejanza, la mezcla o pócima mágica -de restauración y marcha atrás- que se sacaría de la manga el papa polaco al cabo de la primera fase de su pontificado contenía elementos heteróclitos y un tanto contradictorios que en lenguaje periodístico se podrían calificar de reaccionarios en lo moral y de progresistas (y un tanto incendiarios) en lo social y en lo político.
Lo suyo no era propiamente la teología de la liberación, es cierto. Tampoco lo era la teología propiamente dicha, sino la pastoral y en particular lo que vendría a ser su quintaesencia o muestra inmejorable en la era Wojtyla, a saber la estrategia -pastoral- (táctica y técnica) del viaje pontificio.
Porque difícilmente podía ser un partidario excesivamente ardiente de la teología de la liberación -por más que no dejara de hacerle tilín- y de su utilización beligerante contra regímenes autoritarios (de derechas) en países invariablemente católicos, un pontífice que había propugnando y practicado largos años de su carrera eclesiástica la colaboración y cooperación estrecha con poderes ateos como el régimen comunista (y estaliniano) en Polonia.
Pero bueno, la izquierda/eclesial ya se sabe que dispone de antiguo de una tradición -de socialismo/cristiano- mucho mas añeja que aquella corriente teológica (posconciliar) recién nacida cuando el papa polaco accedería al trono pontificio, sobre todo en Polonia. Lo que ofrecería a la iglesia polaca la cortada ideológica indispensable en la firma del protocolo (casi secreto) firmado con el régimen estaliniano a principios de la década de los cincuenta al que aquí habré aludido en detalle no hace mucho.
Un socialismo mas o menos rosa, más o menos cristiano (evangélico) y en modo alguno insurreccional -sobre todo de este lado del charco- era pues lo que se llevaba las preferencias sin duda del papa polaco en la lista de recetas mas emblemáticas que vendrían a renovar y a garantizar -en una segunda fase- larga vida a su pontificado (uno de los mas largos de la historia de la iglesia)
Y a la hora sobre todo de hacer tragar el lado mas impopular y e indigesto entre grandes masas de creyentes entre católicos y en amplios sectores de la opinión pública y me refiero a loa aparición de un (nuevo) tipo de mensaje pontificio posconciliar -ya de tiempos de Pablo VI- reservado a la temática de moral y buenas costumbres que acabaría viéndose "agotada" por decirlo así en la oposición a ultranza a la interrupción del embarazo y a la despenalización del aborto (en cualquiera de sus formas, o por los motivos que fuera)
Antiguos amigos míos, sin duda para hacerme rabiar, o por expresarlo en lenguaje "transicional" (de los años de la transición) para comerme el coco -una expresión que viene en línea directa (entre paréntesis) de la memoria de los vencidos de la guerra civil española- sacaban recientemente a relucir, a modo de exorcismo o de talismán se diría con ocasión de la útima de nuestras polémicas en temas de "doctrina", la foto -tan iconográfica- del papa polaco junto con la madre teresa de Calcuta.
El modelo mas acabado de mujer sin duda en un papa que tanta incomprensión )-y frustración e irritación sorda (y ni eso sólo, ¿para que callarlo?)- suscitó de siempre en auditorios femeninos. De una monja/religiosa convertida por la propaganda (fidei ) de los medios del mundo entero- en heraldo "urbi et orbe" del derecho/a/la/vida y en apóstol incansable a su vez de la buena/muerte (sin cuidados paliativos ni aspirinas tan siquiera) en los morideros de Calcuta.
Buenos o malos, nuestros gustos son nuestros, decía Carlos Maurras, francés y reaccionario (y filo/fascista) amén de bautizado. También, por cierto, en las cosas del espíritu. Y la madre de Calcuta no es que sea objeto (con perdón) de nuestras preferencias. Y mucho menos nuestro modelo de mujer o de ideal femenino. Todos aquí sin duda hace rato que se dieron cuenta..
Con la iglesia hemos topado querido Sancho, debe estar no obstante diciéndose ahora la candidata del partido de Lula da Silva a la presidencia en las elecciones brasileñas. Favorita con gran distancia desde hace meses en los sondeos, la primera vuelta electoral que pensaba ganar con mayoría absoluta le habrá deparado la pequeña amarga sorpresa de la irrupción sorprendente de una tercera fuerza -el partido de los Verdes- y de una rival femenina (...), que se ven de esa forma erigidas en arbitro de la segunda vuelta y de obstáculo insosyalable por lo tanto en las aspiraciones presidenciales de los dos principales contendientes.
Así las cosas irrumpe también de pronto en la campaña electoral como un fantasma -como el de Margaret Thatcher en el caso Pinochet antes de ser (finalmente) devuelto a Chile por los ingleses- la polémica antiabortista en las declaraciones políticas, electoralistas, de uno de los más altos representantes de la iglesia brasileña, protagonistas principales de antiguo en la política de aquél país, el más poblado de entre todos los países católicos de la tierra.
Tesitura mortificante sin duda en el actual presidente desde luego. Entre privarse de una franja electoral preciosa -y sin duda decisiva en la segunda vuelta- mayormente femenina, y el tener que asegurarse en cambio su apoyo con riesgos (serios) de alienarse en cambio el apoyo masivo de un franja (mayoritaria) de su electorado, fiel -hasta la ceguera- a las consignas de los obispos brasileños.
Con la iglesia hemos topado, querido Sancho, se debe estar diciendo también el mandatario saliente que debe no saber ya el santo al qué arrimarse tentado sin duda de poner al papa polaco -camino de los altares (a punto más bien de serlo, si el tiempo no lo impide....), contra la pared de haberle puesto en semejante atolladero.
Nada extraño pues que la candidata presidencial, de un currículum personal -a ojos de los creyentes- desastroso e impresentable ciento por ciento, de izquierdista, de antigua guerrillera, de notorias posiciones laicas (o laicistas) -que el arzobispo de Sao Paulo no habrá dudado en restregarle (pastoralmente) ahora- y además mujer, e hija de emigrantes, y de padre comunista (búlgaro) para mayor "inri" o abundamiento, se haya apresurado -siguiendo sin duda consignas de lo alto- a reafirmar por cierto su oposición al antiborto y su voluntad (inquebrantable) de preservar la actual legislación brasileña en la materia, una de las más equilibradas o moderadas -con dispensas sólo en caso de violación y de riesgo a la vida de la madre- de las legislaciones en vigor en la materia.
Era de prever no obstante esta tormenta en plenas elecciones brasileñas. El fantasma del aborto y de la polémica anti-abortista se ve convertido ahora en caballo de batalla (electoral) en la opinión publica brasileña después de llevar agitando hace rato las mentes y los espíritus; en particular tras la noticia que saltó a la primeras páginas de los medios del mundo entero que el arzobispo de Recife (la antigua diócesis de Monseñor Hélder Cámara) decidió castigar con pena de excomunión el haberle sido practicado un aborto a una víctima de violación, una niña de nueve años.
Lo que desataría una agria y acerba polémica entre el gobierno brasileño -y el propio Lula- y la conferencia episcopal de aquel país y provocaría gran conmoción sin duda entre los católicos y en los medios eclesiásticos como se vería reflejado en las disensiones que acabarían saltando a la luz en la cúpula misma del principal organismo vaticano competente en materia de bioética.
Hélder Cámara (aparta de mi este cáliz) La figura del obispo rojo ("vermelho") gran amigo del papa polaco que le colmó de todos los honores (eclesiásticos) en uno de sus primeros viajes pontificios apenas pisar tierra brasileña se yergue sin duda de convidado de piedra de esta irrupción tan inoportuna con trasfondo electoral de la polémica anti-abortista en la actualidad brasileña más rabiosa.
Laboratorio gigante el Brasil -por su elevada tasa demográfica y por el catolicismo cendrado (y abrumadoramente mayoritario) de sus habitantes- para aprendices de brujo (eclesiásticos) de toda laya, y teatro preferido de operaciones en las grandes maniobras a escala internacional de inspiración vaticana en materia de política religiosa. Y es cierto que la imagen del célebre obispo de Olinda-Recife conocido "urbi et orbe" por la figura proverbial que ofrecía con su sotana blanca episcopal -de países de misión (...)- , su cruz pectoral y su pequeña estatura se ve de pronto proyectado en pantalla gigante de telón de fondo de esta polémica tan inoportuna.
Y entre la teología de la liberación que simbolizaría como ningún otro el obispo/rojo brasileño y la cruzada anti-abortista que acabaría encabezando su intimo amigo protector el papa polaco; el presidente Lula, de un carisma notablemente inferior al de aquello dos-no goza tampoco, en trance tan delicado e imprevisto, del ancho margen de maniobra que se vería dispensado "urbi et orbe" el anterior pontífice en su larguísimo pontificado.
Tan estrecho sin duda como lo era la tercera vía -"ni de izquierdas ni de derechas"- en el Brasil de los años treinta (allí como en tantos otros sitios) que quiso encarnar entonces el movimiento integralista al que perteneció Helder Cámara de muy joven lo que no dejaban de recordarle sus enemigos de la TFP y en particular el profesor Plinio que ´reclacaba siempre a sus partidarios (socios y militantes) -a modo sin duda de exorcismo- que el célebre obispo/rojo había sido ordenado sacerdote con la camisa verde debajo de la sotana (de los integralistas de Plinio Salgado)
Y entre un integrismo/católico anti-fascista y anti-modernista -y no poco puritano- y un progresismo cristiano de raíces filo/fascistas; entre el recuerdo del Imperio (brasileño) y el señuelo del socialismo/evangélico -de "guerras del fín del mundo"- que genera la miseria moral y religiosa amén de material o de económica; y entre feministas y anti-abortistas, la actualidad política brasileña y con ella la operación sucesora (en peligro) de su actual mandatario se adentran peligrosamente en vísperas electorales por las horcas caudinas de una izquierda socializante y una derecha fanáticamente anti-abortista teñidas los dos de clericalismo.
Fatalidad (clerical) brasileña: entre la TFP y los antiguos guerrilleros; entre santos y cangaçeiros; y el hechizo (siempre vivo en el recuerdo) del profeta nordestino, el pobre Antonio el Consejero.
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català