
La conferencia hace unos días de Ceferino Maestú en el antiguo café Lyon -hoy transformado en "pub" irlandés-, que reunió antaño en sus sótanos a la tertulia de "la ballena alegre" como aquí ya lo evoqué, se vio presidida -¿del principio al fin?-, por los testimonios dispersos que me llegan, de un atmósfera innegable de tristeza y de frustración que no hicieron mucho por remediar o disipar las palabras del principal de los conferenciantes a lo que parece.
Frustración (colectiva) era también lo que se mascaba en la presentación, el 2008, del libro sobre la historia del FES -al que modestamente contribuí- que contó como aquí ya saben con mi asistencia.
La frustración de haber luchado en vano y "quemado" una parte de sus vidas todos o casi todos los allí asistentes en aras de una acción política que se acabaría soldando al final por un arriar o un plegar (cuidadosamente) banderas y una auto/disolución que decidieron los que hoy se siguen considerando "legítimos propietarios" de las siglas aquellas, que les habían congregado y alistado hacia ya tres décadas a todos ellos.
En aquel acto, al final de las intervenciones de los conferenciantes, declaré que el FES había sido víctima de los que se habían negado a concederle un espacio político tras la muerte de Franco y los inicios de la transición política.
Hoy, ya mas de dos años (y medio) después, habré acabado matizando un poco aquellas conclusiones mías. El FES se vió privado de un espacio político, es cierto -como el que seria dispensado en cambio a otros grupos minoritarios (particularmente del lado de la extrema izquierda)- pero cabe concluir que tampoco hicieron mucho sus responsables y dirigentes por ganárselo o procurárselo por su propia cuenta.
Lo que nos lleva a buscar ("a posteriori") la clave del diagnóstico del lado de las causas o factores intrínsecos o internos; "por dentro" en definitiva mas que por la vía de las causas externas u operantes desde fuera.
Y esa evolución en el enfoque del problema que acabé registrando en mí se vería plasmada en el cambio de la rúbrica que dedico en estas entradas a aquella formación hoy desaparecida en la que hice mis primeros pinitos en política y en fregados y discusiones ideológicas aún adolescente en mis años universitarios de finales de los sesenta y principios de los setenta (aún bajo el régimen de Franco)
De "espacio político vacante" (e inaccesible)" a "campo de batalla del choque de memorias (sobre la guerra civil)" va, es cierto, un no pequeño trecho que resume bien el proceso de maduración que se habrá dado en mí en el análisis y desciframiento del rompecabezas que les sigue planteando a algunos -y a mí también lo reconozco- la desaparición de aquella organización falangista/joseantoniana sin que se pueda decir en modo alguno que hubiera visto cumplidos sus metas u objetivos (confesos o aparentes)
A menos que quepa concluir que en la mente de sus principales responsables entonces la ley de Reforma Política (1977) que vendría a consumar y a coronar el desmantelamiento del régimen de Franco hubiera venido a colmar todas sus esperanzas y deseos dando así por cumplidos los objetivos mayores que se tenían marcados. Con lo que la organización que dirigían hubiera venido a desaparecer de muerte natural por así decir, por haberse visto extintas las razones y motivos que la habían llevado a la existencia.
"¿Que sabemos nosotros de los designios de nuestros pastores?" exclamaba -literariamente (en lengua francesa)- el sacerdote/tradicionalista francés Abbé de Nantes, en una de sus hojas volantes (de combate) refiriéndose a los jerarcas de la iglesia del concilio en Francia como en el Vaticano que tanto le margaron la existencia.
¿Y que sabíamos nosotros -se me ocurre exclamar ahora a mí, y me refiero a los que militamos entonces de simples reclutas (o escuadristas) en aquella organización (falangista)- de los designios auténticos que se escondían en las mentes de sus fundadores que les llevó a echar el cierre años mas tarde, sin sentimiento ninguno de fraude (o de traición) a los que le habían seguido fielmente (y obedecido) años y años, contra viento y marea.
En su descargo cabría no obstante decir que también ellos fueron víctimas sin duda de un fenómeno que habrá gravitado sobre la historia de España en la posguerra y en la vida de sus organismos y organizaciones más emblemáticas -como el Frente de Juventudes; en sus dirigentes y militantes-, y me estoy refiriendo a lo que cabe denominar el sueño (extinto) de "la revolución pendiente".
"¡Viva, viva la Revolución, viva, viva Falange de las JONS!" era un himno -con aires de opereta (acorde a sus orígenes musicales verdaderos)- que cantábamos en el FES y que heredamos sin duda entonces de aquellas organizaciones del régimen -de la Guardia de Franco y el Frente de Juventudes- desde los tiempos de la crisis del 56-57, cuando hizo eclosión en sus filas un neto sentimiento antimonárquico en contra de la operación sucesoria que ya entonces se estaba fraguando.
Lo cantaban -y cantamos- a la salida del teatro de la Comedia en aquellos veintinueve de octubre (efemérides fundacional de la Falange) que reventábamos al grito de "¡falange sí, movimiento no!", -y "¡Franco traidor!"- de los que algunos guardan a lo que se ve un recuerdo áureo en contraste sin duda con los míos, mucho más vagos y confusos, y también desazonantes y soliviantadores pese los años que ya pasaron, lo confieso.
Y sin duda que en la mente y en el recuerdo de los que todavía los evocan con tanto placer y orgullo (sin duda legítimos) vinieron a plasmar en su forma mas acabada o excelsa aquel ideal de la revolución pendiente (de José Antonio y de la Falange) por más que que no pasara de ser mucho más -como acabaría viéndose demostrado- que simples algaradas callejeras (a un ritmo de opereta...) y sin otra mayor trascendencia que la de debilitar el régimen -poco o mucho- desde dentro, en beneficio de lo que después vendría, con la transición a la democracia.
La Revolución, árbol de la discordia -el concepto como el vocablo- en la guerra civil y también en la posguerra: entre "rojos" y "nacionales" y también entre los mismos falangistas. En su célebre obra sobre la historia del siglo XX "La guerra civil europea", escribió el historiador Nolte -aquí ya tantas veces citado- , que la revolución comunista -por su radicalismo y potencia de deflagración destructora- traducía "una solución total", maximalista (con mayúsculas) mientras que las revoluciones/nacionales de los fascismos (y movimientos asimilados) pretendian dar forma a unas soluciones de "via media"" (o mediana) -de "síntesis", por emplear la fórumula joseantoniana (discurso del Cine Madrid), necesitadas como fuera de adjetivos frente a la Revolucion con mayúsculas, que no precisaba de ellos en modo alguno.
Y en la medida que el comunismo entronca histórica e iedológicamente sin duda con la otra gran revolución que se había producido en la Europa occidental -en Francia- poco más de un siglo antes, cabe decir que el análisis histórico del historiador alemán daba con lo justo; y y acertaba también en "el justo medio", en la medida que "la revolución fascista" pretendió ser un compromiso -en rojo y negro- entre los ideales liberales (y revolucionarios) del Risorgimento y un fondo doctrinal diferente heredero por distintas vías del antiguo régimen anterior a la unidad italiana (y a la invasión napoleónica); lo mismo que el nacionalsocialismo quiso encarnar una síntesis (ideológica) de la memoria del sacro Imperio romano/germánico y el nacionalismo (de signo liberal) de la revolución alemana del siglo anterior (del 48)
Y en España el rojo y negro de la Falange -que ideó Ramiro Ledesma- vendría igualmente a reflejar ese objetivo de síntesis -de termino medio en definitiva- que les llevaría a copiar e imitar la simbología anarquista o anarcosindicalista.
Aquí ya di cuenta bastante del desenlace de ese itinerario ideológico tal y como se vería plasmado en los discursos y escritos de José Antonio -e incluso en la trayectoria personal de Ramiro justo antes de su muerte-, y que vendrían a coronar en cierto modo los "papeles póstumos", en los que José Antonio abraza claramente la memoria histórica del imperio español y opta resueltamente a la vez por un ideal aristocrático o aristocratizante de norma de conducta y de estilo de vida, dando resueltamente la espalda al obrerismo y al sindicalismo/revolucionario que debió ver sin duda encarnados en sus verdugos (y carceleros) precisamente.
Y en ese sentido cabe decir que el sueño de la revolución pendiente murió entonces precisamente -en la prisión provincial de Alicante como en la Cárcel Modelo madrileña- en las largas semanas de aquel verano abrasador del 36 que precedieron al 20 de noviembre (y a las matanzas de Paracuellos y de la periferia madrileña)
Y en esa perspectiva se explica también con creces la trayectoria tanto del FES como la de los que militamos en aquella organización en diversos momentos de sus existencias. El FES murió en definitiva de muerte natural, sí, y fue cuando acabo extinguiéndose en muchos de sus seguidores -en un reflejo fiel de lo que sucedía en la sociedad española desde los tiempos sobre todo del tardofranquismo- ese ideal de "la revolución pendiente" (del nacionalsinsdicalismo) que había vivido un existencia agónica y renqueante los años del régimen de Franco, desde el final de la segunda guerra mundial y la derrota de las revoluciones/nacionales que encarnaban los nazi/fascismos por mas que el régimen lo recogiese en su patrimonio ideológico y proclamase hasta el final entre sus postulados como lo ilustrarían -en una época ya tardía (en el 74)- las numerosas invocaciones a "la revolución nacional" que se contienen en el texto del célebre "gironazo".
Lo que no exime (del todo) a los propios dirigentes y responsables de la organización en la medida que no suspieron estar a la altura del momento histórico -de mutación crucial profunda (al socaire del concilio y del mayo francés del sesentayocho)- que vivian los españoles, y no supieron dar con la vía de recambio, la alternativa o el nuevo modelo o proyecto (colectivo) capaz de reemplazar y sustituir el antiguo sin ningún arriar de banderas por cierto (como en cambio ocurriría)
"No hay nada más parecido a la muerte que una revolución" declararía Ramón Gómez de la Serna -fuera de toda sospecha- y sabía de lo que hablaba en su exilio argentino, tras haber podido abandonar Madrid en zona roja las primeras semanas de la guerra donde fue testigo presencial en primera fila del triunfo de la Revolución (con mayúsculas)
Y se me ocurre que ese factor -de memoria histórica- desempañase un protagonismo innegable no sólo en la trayectoria de Ceferino Maestú como aquí ya lo dejé sentado sino también en muchos de mis antiguos y camaradas del FES de entonces
Y no es alusión ninguna -y me curo raudo en salud- a los orígenes familiares de cada uno de ellos y a la cuestión (crucial es cierto) de saber o averiguar -en cada uno- donde estuvieron los suyos "entonces" (durante la guerra) que es algo -como diría Ana Caballé de los orígenes familiares de Francisco Umbral- que no me compete (de forma directa); pero sí a le extracción sociológica y geográfica de no pocos de ellos, procedentes mayormente -de lo que recuerdo- de un área geografica, Castilla la Vieja, que no conoció los excesos (y los horrores) de la zona roja.
Los de las grandes ciudades, o de Andalucía (en las zonas donde fracasó el Alzamiento) (...) El Madrid de los primeros meses de la guerra civil, por ejemplo , "la ciudad manicomio", "de los siete puñales" de la literatura de la posguerra inmediata.
Paraiso en la tierra para los unos -por efímero que fuera-, de la Revolucion (con mayúsculas) E infierno (en la tierra) para los otros.
Los comentarios para este post están cerrados.
El gran odio a la Falange por parte de la izquierda es porque la Falange además de tener una doctrina más socialista que la suya, sigue valorando a cada hombre como persona libre y única porque lo considera portador de valores eternos.
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català