Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Piedad y compasión del pasado alemán: mi religión (en defensa propia)

  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido



El número del País del domingo traía una entrevista con el autor de un obra -"Después del Reich"- llamada sin duda a convertirse en un best-seller planetario. En esa obra se aborda la tragedia de las víctimas alemanas al final de la segunda guerra mundial y en la inmediata posguerra, un tema tabú durante décadas que solo algunos provistos de credenciales bastantes osan infringir, cada vez con más frecuencia.

David Irving trató en una obra célebre del bombardeo de Dresde y en la obra que aquí comento, de autor británico de ascendencia judeo/austríaca -acorde a su confesión propia- se pone sobre el tapete el alcance y la magnitud de la tragedia alemana en zonas afectadas directamente por la guerra en el frente del Este (en Prusia oriental especialmente)

Y lo mismo que en la obra del primero de los citados se contienen escenas y párrafos de mayor impacto que el resto -como la del momento que marcó la señal del inicio de aquel trágico bombardeo, cuando los cazas bombarderos aliados llenaron el cielo de luces señalizantes que se vieron seguidas de una carcajada -infantil- mutitudinaria, gigantesca (y en cierto modo eterna), así también la obra que aquí comento encierra escenas de particular fuerza de impacto.

Como cuando cuenta que en Praga los alemanes vencidos -rusos de las unidades "Vlasov" (de pronto se me ocurre) muchos de ellos- sirivieron de antorchas humanas, colgados de los postes y farolas en calles y avenidas de la ciudad barroca. Y ciertos datos recogidos en esa obra se ven también provistos de una particular fuerza transgresora -políticamente incorrecta-como el de los doscientos mil niños de madres alemanas, que por efecto de violación nacerían entonces.

Un tabú por partida doble como quien dice, el de las violaciones de la segunda guerra mundial, en relación con la polémica sobre el aborto que que envenena la convivencia en los países occidentales desde hace ya un rato y en particular entre españoles. Y muy en particular en la problemática suybacente en un caso ruidoso que habrán sido objetivo de acerba polémica en Brasil -en ámbitos civiles como eclesiásticos- no hace mucho.

Y el lazo innegable entre esas dos polémicas o problemáticas -el aborto y el revisionismo histórico- lo ilustran en la obra referida las evocaciones por lo menos irreverentes al tribunal de Nuremberg, a su falta de juridicidad, al carácter absolutamente atípico de algunos de sus miembros prominentes como el representante de la Unión Soviética, un general y no un jurista, que echaba la culpa de la matanza de Katyn a los alemanes. (...)

Nuremberg, sin embargo -como ya lo dejé sentado en estas entradas- se convertiría en un "lugar" (locus) o autoridad teológica inatacable para la iglesia del concilio y del postconcilio en el tema del aborto, lo que se vería plasmado en la doctrina -teológicamente "novedosa" (en lenguaje escolástico)- del "derecho a la vida" y en las diatribas contra "la cultura de la muerte" que el magisterio actual parece ver particularmente encarnada en las doctrinas y prácticas eugenésicas en vigor durante el III Reich en la Alemania nazi.

El juramento de Hipócrates viene fatalmente en socorro de los jueces y decretos de Nuremberg a pesar del paganismo filo/nazi con el que algunos no dejarán de asociarle o si se prefiere o del paganismo (nórdico) que se endosa fatalmente al nacional/socialismo.

Pero lo mismo que los teólogos españoles del Siglo de Oro ponían en la balanza la Ley (moral) con el libre albedrio, se puede sostener "a fortiori" la ley natural ("revelada") -en materia de medicina- contenida en el célebre juramento se vea sometida -todas las distancias salvas- a la misma suspensión o puesta/entre/paréntesis que la ley mosaica (en los casos "dudosos", "verbi gratia" los que "probablemente" escapen a su aplicablidad inmediata, en la práctica me refiero)

Y "pari passu" las mismas reglas de interpretación se imponen a todos los textos de la sabiduría antigua. Única forma de evitar ciertas conclusiones absurdas derivadas de una interpetacion literal de los mismos, como lo sería -en el caso del juramento hipocrático- la prohibición absouta y terminante de la cirugía.

Por lo que a interrupción (artifical) del embarazo se refiere cabe decir que aborto y sangría -o carnicería sangrienta- en la Antigüedad (griega) eran conceptos sinónimos. En su obra polémica "el Anticristo" Nietzsche atacaba el cristianismo/paulino en el nombre de la Filologia (clásica) y de la Ciencia Medica de la Antigüedad -de los tiempos de Galeno- inspirada en el juramento de Hipócrates, que hacían convicto (según él) al apóstol de los gentiles de "aberración" y de "superchería".

Pero cabe de entrada también excluir una interpretación de la célebre obra del filósofo alemana que venga a sustituir la verdad revelada (mosaica) por otra verdad que en sus orígenes no se vería menos de acompañada de idénticas pretensiones: así el autor del célebre juramento no deja de jurar sin falta, en el encabezamiento del texto, por Apolo, por Esculapio -dios de la medicina- y sus hijas y por todos los dioses y diosas del Olimpo.

Una vía media -o "mediana"- se impone pues ahí también, entre los mas fervientes discípulos y seguidores del autor de "Así hablaba Zaratustra". Entre la ley mosaica y la ley natural (de los Antiguos) Como también entre la Ley con mayúsculas y el libre albedrío. Lo mismo en lo que se refiere al "no matarás", como en lo referente al interdicto antiguo en contra de "los pesarios destructivos".

En la obra más arriba mencionada se evoca también el caso de los soldados alemanes hechos prisioneros en la batalla de Stalingrado. En numero de 90.0000 los cifra el autor, de los que se sobrevivirían unos diez mil apenas. Y es sumamente curioso e ilustrativo que el tribunal que condenó en términos tan lapidarios todas las formas de "cultura de la muerte" pasara sobre silencio las prácticas (criminales) de tortura generalizadas contra los alemanes prisioneros de los que se haría culpable los soviéticos.

En su célebre articulo -"El pasado que no pasa"- que encendió en Alemania al final de la década de los ochenta la llamada "querella de los historiadores" ("historiker streit") el historiador Ernst Nolte levantaría grandes ampollas por la relación -"nexo causal"- que establecía en su tan polémico texto entre "la solución final" y la psicosis (de guerra) colectiva que se apoderó del alto mando alemán tras el desenlace de la batalla de Stalingrado, tal y como se vería ilustrado en un célebre discurso del Innombrable, poco después de la rendición del VI Ejército, en las que aludía a las "ratoneras", cajones especiales que los soviéticos tenían reservado de instrumento (refinado) de tortura a los alemanes derrotados en el célebre asedio y en particular a sus jefes y oficiales (...)

Y lo que más suscitó la indignación de los detractores de Nolte lo fueron sin duda algunos de sus párrafos en los que el célebre historiador venía a decir que la solución final se veria proseguida, e intensificada incluso, en la medida que la plana dirigente de la Alemania nazi no podía dejar de pensar (obsesivamente) en las "ratoneras" de Stalingrado". Las ciencias adelantan que es una barbaridad decían nuestros bisabuelos y tatarabuelos, y así habrá sido desde los tiempos antiguos con los métodos de tortura; y también con la medicina y la cirugía (curativa, o terapéutica)

El concilio instó a los católicos a "escrutar los signos de los tiempos". Algo que se había visto rodeado igualmente de un espeso tabú desde la Edad Media. Y no cabe negar que la generalización de las prácticas abortivas -quirúrgicas o sin serlo- pasará a la historia (de la salvación) -junto con la caída del Muro- por uno de los grandes signos del mundo que vivimos, en especial en las últimas décadas.

Un fenómeno indisociable de "la rebelión de las mujeres" al que aludí con unos acentos que querían (expresamente) recordar los de Ortega en su célebre ensayo sobre la rebelión de las masas. Y la respuesta a la rebelión de las mujeres no puede en modo alguno traducirse en una violencia de signo contrario, capaz de degenerar en una guerra de sexos comparable a la guerra de clases de la que se vio -en gran medida- revestida la guerra civil española o a la guerra de razas que se vivió en el frente del Este. En eso creo que estemos de acuerdo, el que esto escribe y los lectores habituales de mis entradas.

Sino en un recoger resueltamente el guante del desafío en el nombre del libre albedrío, en el hombre como en la mujer por cierto. El feminismo lo confunde y complica todo a drede. Los derechos de la mujer -como los derechos del hombre- no dejan de presentar una rostro -o frontispicio-falacioso.

Porque el derecho a disponer de su cuerpo no es menor en el hombre y en la mujer y desde luego en uno y otro se ven sujetos a cortapisas y limitaciones. Lo que nos lleva de bruces a otra problemática en materia de moral y buenas costumbres -la del suicidio- mas o menos directamente ligada con las anteriores.

El tribunal constitucional español en una célebre sentencia declaró que el suicidio es "un acto que la ley no prohibe". Lo que arroja luz sobre uno de los casos mas discutidos y sumidos en la oscuridad de la historia militar española contemporanea.

Y me refiero Annual y al caso del general Silvestre, y de su trágico final. Silvestre en Annual -como lo dejé escrito en un trabajo ya antiguo de finales de la década de los noventa (del pasado siglo) es el héroe irredento. Que se vería condenado al olvido por culpa de los rumores persistentes desde entonces sobre su suerte, muerto suicidado -a creerlos- abandonado de todos hasta de sus oficiales mas adictos.

Silvestre se vería condenado al ostracismo por un ejército abrumado por culpa de las cuentas y responsabilidades (políticas) que se le pedían, y sobre todo por una iglesia que prohibía el entierro canónico -y su mención incluso- a los suicidas. Y está claro que una redención de nuestra historia colectiva pasa por una actualización conforme a los tiempos y a los signos mayores de nuestra época, de nuestras leyes y principios en todos los ámbitos y en particular en materia de moral y de buenas costumbres. En materia de interrupción del embarazo por cierto, de cuidados paliativos, de matrimonio (civil o eclesiástico) y por supuesto en todo lo que se relaciona con la vida y con la muerte (y tal vez más que nada con esta última)

"El hombre desde que nace está ya maduro para la muerte", reza "El campesino de Bohemia", un apócrifo alemán de la baja Edad Media, que cita en su célebre obra "Sein und Zeit", Martin Heidegger. Y ese pesimismo existencial -de innegable raíz cristiana- impregnaría la cultura guerrera y heroica de los vencedores de nuestra guerra civil.

Incluso el célebre principio y fundamento "del libro de los ejercicios" de Ignacio de Loyola, de tanta raigambre en nuestra tradición religiosa, cabe ser leído e interpretado en una perspectiva heroica -cara a la Muerte (con mayúsculas),- conforme a su espíritu original sin duda alguna, si se tiene en cuenta que el fundador de la Compañía de Jesús había sido soldado y herido en el sitio de Pamplona (por los franceses) Y en esa perspectiva la célebre meditación del infierno no deja de ser superflua y accesoria. Como una ilustración o imagen proyectada de los infiernos (bélicos) de esta tierra (...)

Porque la fuerza y la garra psicológica de ese método de recogimiento y concentración -y de combate y de acción- que acabaría copiando el comunismo/marxista se lo daba precisamente esa meditación de la muerte, presente en el horizonte insoslayable, mas o menos próximo, de nuestras vidas humanas. Y una de las formas esenciales de heroísmo ante al muerte lo es sin duda la piedad hacia el pasado, como decía Nietzsche.

Y el pasado alemán de la segunda guerra mundial -de muerte y de derrota- nos inspira de siempre (nada que ver con una nostalgia cualquiera) piedad y compasión a algunos. Por lo que sea. ¡Dresde, trece de febrero del 45, esa es mi religión! Lo dije y lo mantengo. No tengo otra


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Miércoles, 30 de mayo

    BUSCAR

    Editado por

    Los mejores videos

    Síguenos

    Categorías

    Hemeroteca

    Sindicación