Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Mineros (leoneses) contra sindicalistas, un hito historico entre españoles (en la tierra de Zapatero)

03.10.10 | 00:02. Archivado en Arte, Cultura y Literatura
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"El mundo al revés", dice mi informante y amigo. Y es efectivamente lo que parece que sucedió en León (capital) durante la jornada de huelga general del pasado miércoles que coincidió con la llegada a aquella ciudad de "la marcha negra" (minera) que llevaba recorriendo varios días la provincia en protesta por la situación en las minas de Matarrosa del Sil que llevan dos meses sin cobrar unos salarios que les deben los dos empresarios directamente envueltos en el conflicto, Victoriano Alonso y Manuel Lamelas Vitoria, este último -de notoriedad publica- en muy buenos términos con el padre de José Luis Zapatero, figura de destaque en la vida política de León y de su provincia, y siempre en activo como lo estaba ya en el tardofranquismo (que memoria, felizmente, tenemos todos)

La marcha de los mineros leoneses tras sus zigzagueos y de unos ensayos de entendimiento con los organizadores de la huelga general acabó en enfrentamiento abierto entre los dos cortejos, que se saldaría con una victoria abrumadora a favor de los primeros de lo que da idea el exito de publico que acabaron cosechando -muy superior al de los otros- y el que los dincalistas d(de UGT y de comisiones) se vieran obligados grosso modo al desalojo por los mineros.

Lo que que viene a marcar tal vez un hito decisivo en el rumbo de la minería leonesa y de los movimientos reivindicativos que gravitan en torno suyo, y también en el destino -sentenciado o desahuciado a todas luces a lo que parece- del sindicalismo democrático y guerracivilista que se nos inflige desde hace décadas a los españoles.

He estado pasando revista detalladamente a relatos diversos de los sucesos acaecidos durante la jornada de huelga general en León a los que aquí aludo, y en particular las escenas inéditas y de gran dramatismo que tuvieron como teatro la Gran Vía (leonesa) de San Marcos, y todo parece indicar que como en caso de de la Gran Vía madrileña a la altura de la plaza de Callao -donde los circundantes y vecinos de de las zonas adyacentes a uno de los lugares de concentración de sindicalistas piqueteros acabaron reaccionando airadamente en contra de estos últimos- haya que acabar concluyendo que nos encontremos en un punto critico de la evolución de las mentalidades en León y en España entera en relación con la problemática mas acuciante en materias sociales y laborales y en el juicio de valor que les merece a los españoles este fenómeno -teñido ya de anacronismo,y sentenciado por obsoleto en la mente de muchos- del sindicalismo/democrático, en su versión española, ya antigua, de los tiempos de la transición política.

Las reivindicaciones mineras en España -y en particular en la zona geográfica astur/leonesa- se revisten de antiguo de una connotación ideológica íntimamente asociada a la guerra civil y al periodo de la segunda república, algo que prácticamente nadie se habrá atrevido a poner en tela de juicio hasta ahora.

Mineros/asturianos -o astur/leoneses- iguales a revanchismo guerra civilista, esa era la ecuación inatacable como un tautología, como si lo uno se confundiese con lo otro fatalmente y sin remedio. "Estamos negros pero seguimos siendo rojos" declaraba no hace tanto (sin el menor sonrojo) -de lo que recuerdo de una de mis lectura aquí (a diario) de la prensa española- un dirigente sindical minero, asturiano, con motivo de un conflicto (uno más) en la cuenca minera, en la órbita sin duda de UGT (o de Comisiones obreras)

Y tras los sucesos del pasado miércoles 29 de setiembre en León quizás se pueda empezar a hablar de un punto critico en el discurrir del movimiento reivindicativo minero entre españoles que parece querer volver a sus orígenes, fiel a su destino insperable de las honduras (negras) de la carbonería (minera), y sin el rojo (ya) no obstante de la revolución/social y del enfrentamiento guerracivilista. Negros, más negros si cabe y también mas dignos que nunca. Nunca puse el pie en el fondo de una mina.

No compartí las experiencias ni las angustias de un picador -en la mina- ni me llené de tizne el rostro como las manos, ni cargué vagonetas, ni hice huelga con ellos ni participé (ni de lejos) en sus manifestaciones, ni mucho menos me vi en el trance de vivir un accidente o desastre minero allí dentro como la que sirve de telón de fondo a la novela -"best seller" de mis años de adolescente- "Sexta galería" del cura/escritor José Luis Martín Vigil que marcó época, inspirado sin duda en catástrofes ajenas (...) Digamos que el mundo de la mina representó siempre para mí uno de esos espesos enigmas de los que se ve invariablemente rodeada nuestra existencia de seres mortales; desesperando en cierto modo de llegar a descifrarlo algún día.

Desesperando sobre todo de los mineros, lo confieso. Porque la suerte o la mala suerte me deparó el venir a coincidir durante mi expatriación (ya tan prolongada) en la contigüidad o en la vecindad mas o menos próxima (por decirlo así) de una población española emigrante en Bélgica de origen minero, asturianos la mayor parte aunque también de otras regiones españolas (por ejemplo los originarios de entre ellos -en una proporción numérica absolutamente excepcional aquí en Bruselas- de la localidad cordobesa, minera, de Peñarroya.

Un movimiento emigratorio del que habré venido -paciente, perseverante- abordando hasta hoy en mis entradas una historia mal conocida y en cierto modo oculta y desfigurada. Oficialmente los mineros asturianos comenzaron a afluir a Bélgica cada vez en mayor número a finales de la década de los cincuenta para reemplazar una población minera anterior en vías de desertar la profesión tras la catástrofe de Marcinelle en la que mas doscientos cincuenta mineros, de origen italianos muchios de ellos, perecerían en las circunstancias mas atroces (achicharrados vivos)

Y se da la curiosa circunstancia que el rojo de la cólera correspondiera en plena propiedad entonces a un movimiento migratorio italiano perfectamente apolítico como el de los protagonistas de la tragedia aquella, que carecían de una connotación política (de izquierdas) cualquiera, en claro contraste con el caso de los mineros españoles que aquí acabaron llegando para sustituirlos, que si que la tenían (por mas que el tema se haya visto siempre rodeado de un espeso tabú, en España como en Bélgica)

Estuve hace ahora algún tiempo, con motivo del cincuentenario de la tragedia de Marcinelles -en el 56 (...)- pasando en revista reportajes informativos de aquella efemérides y la impresión de desclasamiento de aquellos infelices mineros, italianos en su mayoría y en menor proporción polacos y alemanes -sin tradición familiar minera a todas luces- que habían acabado en el fondo de la mina en condiciones de gran riesgo y de gran precariedad, huyendo de la situación que había acabando siendo la suya en su Italia natal en los años que siguieron a la segunda guerra mundial (por lo que fuera...) era algo para mi fuera de duda. Y la catástrofe de Marcinelle fue sin duda la cortada pefecta de aquella emigración española, pero los motivos -entre los que se iban y los que les despedían (...)- fueron sin duda muy distintos.

"Déjese, déjese, nos vino muy bien aquello, incluso desde un punto de vista político" me dijo tratando de refutar mis alegaciones -sobre lo calamitosos de aquel fenómeno migratorio que gozo de protección estatal (caso excepcional en comparación con os demás e-fenómenos migratorios europeos en Bélgica)- sin dejar de guiñarme un ojo, el cónsul español (PP), asturiano (...), que se dignó recibirme (amablemente) pocos meses antes de que me detuvieran delante del palacio real de Bruselas en mayo del 2000 -con ocasión de la visita de Juan Carlos a los belgas- para tratar con él de los fregados judiciales en los que me veía envueltos aquí en Bélgica precisamente por entonces.

Como si él mismo hubiera estado en el ajo de aquello -a los suyos me refiero- por razón de su lugar de procedencia; como si supiera más que una inmensa mayoría de españoles supieron o aparentaron siempre saber de los entresijos y claves secretas de explicación de uno de los fenómenos mas emblemáticos desde la transición aquella...no a la democracia, sino desde un franquismo primera época a lo que se daría en llamar el tardo/franquismo al que daría inicio el desenlace de la crisis interna del régimen del 56-57.

No fueron los franco/falangistas -por decirlo de una vez sin eufemismos y por muy crudo que parezca- sino los que les sucedieron quienes mandaron españoles fuera a que crearan focos de anti-España o por lo menos condenándolos a una expatriación definitiva (en apariencia) -y a la subsecuente perdida de raíces-, a ellos sus hijos y sus nietos, como seria el caso en la mayoría de los que acabaron arribando a Bélgica.

Y así el fenómeno sin precedentes de tierra de nadie -como una especie de limbo/sociológico- que representa Bélgica para muchos emigrantes segunda tercero (o cuarta) generación en la que se siguen sintiendo sin duda españoles pero sin una voluntad de regreso relevante por mínima que sea -en sus descendientes por lo menos (so vivuven algunoss, acabarn exptriandose otra vez, porque la cosa no cuaja, por lo que sea...)- ni viéndose integrados plenamente en la sociedad belga como fue siempre la regla en el caso de la emigración española del siglo XX y del anterior en los países hispanoamericanos o incluso del exilio español de la guerra civil en Francia (de sus hijos y de sus nietos)

Como lo ilustra el caso un tanto atípico de la nutrida comunidad emigrante/española de Vilvoorde ("entidad andaluza del exterior" la bautizó la Junta de Andalucía...) en la periferia flamenca de Bruselas -antiguos obreros de la planta enclavada en dicha localidad por la Volkswagen, la mayor parte de ellos- que celebraban a peurta cerrada el triunfo de España en el campeonato del Mundo -hasta que se fundieron los plomos del establecimiento (...)- en compañía del alcalde (flamenco) de la localidad, Jean Luc Dehaene, que tiene buenos motivos personales -remontando a sus años de jefe de gobierno cuando España y Bélgica estuvieron al borde de la ruptura de relaciones diplomáticas en el peor momento de la historia de las relaciones entre os dos países, por culpa de una pareja de etarras refugiados en Bélgica (en Vilvoorde) a su vera, que ahí siguen (...)- para intentar congraciarse a la opinión pública española y de paso cosechar una importante clientela política entre sus (nuevos) paisanos (españoles expatriados).

¿Que juicio les merecen a aquellos, hijos y nietos de mineros en su mayoría -si opinan algo sobre el tema- esos mineros (leoneses) nueva hornada que reventaron la jornada de huelga general el pasado miércoles en la capital leonesa? Una pregunta que exigiría sin duda una encuesta urgente (periodística aunque fuera)

El sello guerracivilista del fenómeno minero en España y en particular en la zona astur/leonesa -en Río Tinto también, en Peñarroya (...)- no es algo que me haya inventado yo -como pensará aquí (maliciosamente) más de uno- sino que se ve en cierto modo reforzado por el origen minero -en la mayoría de sus protagonistas- de uno de los episodios cruciales de la historia de nuestra guerra civil y me estoy refiriendo a la participación de voluntarios italianos del lado de los nacionales mayoritariamente a base -del lado de la tropa- de antiguos mineros que si hay que creer al escritor siciliano Leonardo Sciascia, venían a España en parte engañados en parte desertando de la minas (de azufre) y sus peligros. Y entre estos primero y principal el de las explosiones de "grisú" ("antimonio" en italiano lo que prestaría al autor citado el título de una de sus novelas cortas, sobre el tema)

El fracaso (general) de la jornadas de huelga del pasado miércoles, como lo habrán subrayado prácticamente unánimes los observadores habrá asestado un rudo golpe a la credibilidad de los sindicatos guerracivilistas y también a la imagen del presidente Zapatero, leonés, que habrá sabido capitalizar políticamente hasta hora una tradición manera -que le es extraña en el plano familiar el menos- de lucha y reivindicación y agitación que tiene en su región, su patria (chica) de origen como quien dice.

El abucheo que se llevo el miércoles pasado el nombre del actual presidente -en la boca del actual (PSOE) de León- por parte de mineros leoneses participantes de "la marcha negra" antes de producirse la escisión en el itinerario de las dos manifestaciones de protesta viene a corroborar un movimiento de desafección en relación con el actual jefe de gobierno en ese sector laboral, iniciado unos meses antes en la localidad (leonesa) de Rodiezmo.

Marcha negra leonesa, sindicato libre (en Cataluña), comparaciones odiosas sin duda (para algunos)...pero inevitables. Los fundadores del sindicato libre procedentes totalidad -detalle poco conocido- de la CNT (primera época) fueron en su totalidad obreros y trabajadores manuales a imagen y semejanza de su fundador Ramón Sales Amenós al que recordé no hace mucho en una de mis entradas.

Y esta "derechización" -como la llaman ya algunos algunos- del movimiento de de reivindicación minero (astur/leonés) iniciado el pasado miércoles,viene a ilustrar mejor que nada a mi juicio un fenómeno que habrá pasado desapercibido hasta ahora o sin la glosa (urgente) que se merece por lo menos. Y me refiero a lo que a todas luces cobra todos los carices de una deserción del ámbito del trabajo manual por parte de los actores y protagonistas y mentores operantes en los medios sindicales en España y fuera de ella.

Y en la jornada del huelga general del pasado miércoles -salvedad hecha del sector (atípico por tantos conceptos) de la automoción a la que ya aludí- se vería (parcialmente) seguida sobre todo en sectores laborales compuestos esencialmente de funcionarios y empleados. O incluso en sectores donde no se repetiría el fracaso (estruendoso) de otras partes como en el sector de los transportes cabe decir que el factor trabajo manual es de una incidencia sensiblemente inferior al de otros sectores como el de la construcción, y la minería sobre todo, o el mundo rural agrícola y ganadero.

Todo lo cual parece augurar una rehabilitación -de carácter y alcance histórico-de la obra bien/hecha y una resurgencia del trabajo artesanal anterior a la revolución industrial. En todos los sectores y también en el fondo de la mina.

2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por eva 05.01.11 | 20:23




    el libro y la imagen dicen mucho el libro y la imagen no es lo mismo lo de dentro es el libro lo de fuera es la imagen el libro no es cartón sí es papel el libro no encierra se cierra la cara del libro no es un mensaje contactas con algo dentro de la persona que escribió no con la persona el libro es la propia función del libro frente a la imaginación enrollarse es libro no es de ser libro para serlo hay que ser más escritura que persona para serlo hay que dejar de ser persona y no ser tecla tampoco sí carecer de sentido el teclear pero nunca ser ritmo o rímica tu mano dejarla dejarse llevar por el sonido no por ritmo mecánico el que escribe así es un artista si no es una máquina no me gustan las máquinas escribas mejor entonces escribir a mano que con uso de dedos de las dos manos el que escribe debe ser información contacto comunicación control descontrolado el arte es más intuición que inspiración para ello existen los fondos de las palabras dadas si no hay tota...

  • Comentario por eva 22.12.10 | 21:36



    Guerra civil

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