
La muerte del "mono Jojoy", el guerrillero colombiano, rubio de pelo -lo que quiere decir "mono" en el castellano (dialectal) de los colombianos- que habrá muerto (y nunca mejor dicho, hay que reconocerlo) con las botas puestas, y los pésimos augurios que la acompañan para el movimiento que de guerrilla que él dirigía, el mãs antiguo del planeta, suena a toque de finados a la vez para los sueños de una izquierda extrema que en el mundo, a tantos años ya de la caída del muro, sólo renquea -se diría- aún entre españoles.
Y es en los medios políticos -y sindicales- próximos del partido en el gobierno, sin duda alguna; pero se me antoja que más aún entre sindicalistas (o sindicaleros) que se aprestan a ponerle fuego mañana miércoles a España entera con sus planes (insurreccionales) de huelga general que nos habrán llevado a la situación mas (potencialmente) explosiva de las últimas décadas.
El castrismo, el comunismo a la cubana del régimen de Fidel fue el gran fetiche de los rojos mas rojos en la España de las últimas décadas, su propio faro de Alejandría por así decir, que les permitía guardar encendida la llama de la agitación y del encismamiento guerracivilista -y revanchista- en el seno de la sociedad española.
La guerrilla colombiana gozó sin duda de una imagen peor vendida entre la opinión pública que la revolución cubana pero ayudó aún más eficazmente que aquella a mantener en vida el sueño de un acción directa (y violenta) que no fue panacea exclusiva del fascismo ni mucho menos, desde las honduras del siglo XX. Y del cura Camilo Torres al "mono Jojoy", el (mal) ejemplo de la guerrilla colombiana no dejo de alimentar a una franja extremista (de izquierdas) en la sociedad española. Come/curas o meapilas de toda la vida, todos juntos -en el mismo sueño- y bien revueltos.
El activismo violento de (extrema) izquierda en la política española es un fenómeno -rodeado de una sombra de tabúes tan espesa como inexplicable (y exceción hecha del caso atípico vasco)- que encuentra ya de antiguo cobijo sobre todo en esferas propias al ámbito sindical mas que político.
Como si los mandamases de los dos principales partidos de izquierda (mas o menos guerracivillista) de la política española, en reunión a puertas cerrada con sus homólogos sindicales hubieran dejado el trabajo/sucio de una vez por todas a las centrales y a sus piquetes/informativos; y la consigna se viera renovado ahora para la gran movida que planean para mañana.
¿Y por qué esa anomalía? ¿Por qué ese fenómeno -de sindicalismo/democrático y a la vez violento y guerracivilista- con pocos parangones por no decir ninguno en el resto de los países (democráticos) de la Union Europea?
Yo comprendo que ese enfoque que es el mío - del tipo conspirativo lo confieso- choque de frente con el prejuicio democrático inseparable e indesarragaible de los cánones y de los baremos de lo políticamente correcto; pero no puedo evitar el verlo así tal vez porque desde fuera se ven claras como el agua cosas que consiguen pasar desapercibidas en cambio vistas desde dentro.
La democracia española fue cosa de un grupo de amiguetes -los tres mostequeteros de la Zarzuela-en su nacimiento, y lo sigue siendo. Y la práctica del faenar sindical -en el día al día y sobre todo en las ocasiones magnas como la de ahora- es algo que se cocinan con certeza entre los dos o tres o cuatro mandamases que vienen manejando el cotarro desde hace décadas en el tema, por concesión graciosa de aquellos mosqueteros, grandes artífices de la única transición que ellos sólo quisieron posible. Y la batalla de Madrid que se avecina es algo desde luego que tienen ya esos jerarcas discutida y programado con todo detalle en sus covichuelas.
¿Una repetición de la matanza de Atocha (la primera) como la que convulsionó la política española en los años de la transición política? A fuer de parecer cínico por demás aquí a algunos me temo que eso es algo dentro del orden de lo posible (e inminente incluso)
Aquella fue la crónica de una tragedia anunciada, por la decisión criminal e irresponsable del secretario del PC entonces y fundador y dirigente máximo también por aquel entonces (no se olvide) de las comisiones obreras, de declarar una huelga insurreccional por su cuenta y riesgo en el sector vital y neurálgico de los transportes como la que los fautores de huelga parecería que sueñan con lograr -como de rebote- mañana miércoles en todo el área urbana madrileña.
Una asonada, un movimiento de cariz claramente insurreccional ya listo y presto que busca a todas luces paralizar Madrid como no lo consiguieron del todo en la huelga de metro madrileña hace unos meses y como no lo consiguiò hace treinta años el marqués de Paracuellos.
La ocasion pues que ni pintada de quitarse la espina del fracaso aquél que lleva clavada el rojerío; una entre tantisimas, se diría que desde los tiempos de la guerra civil española. El presidente de la confederación de empresarios ha dado ahora la voz de alerta con un lenguaje claro y sin rodeos, hablando de piquetes violentos, de pinchazos de ruedas, de pegamento en la cerraduras, y de gente armada de palos por las calles y en los lugares de trabajo que habrá desatado un desgarre de vestiduras.
Pero no ha hecho sin duda mas que enseñar la punta del iceberg y de decir en voz alta lo que tantos españoles llevan sufriendo y soportando en silencio y resignadamente desde hace décadas.
Porque los actos de violencia que esa mafias sindicales cometen impunemente de antiguo, de esos que se quedan grabados y se revisten de mas elocuencia que todos los eslogans y mensajes de todos los piquetes informativos, son de una gravedad muy superior sin duda alguna.
El sector industrial fue sin duda el vientre/blando del régimen de Franco por donde le vinieron todos los golpes bajos. El precio sin duda -esa reaparición de un movimiento obrero de signo subversivo (y guerracivilista)- del desarrollo tan vertiginoso de la sociedad española en los años del tardo/franquismo y de haber conseguido sacar definitivamente a España de los lindes del subdesarrollo -y del Tercer Mundo- donde gemían tantos españoles.
Como lo fue también -todas las distancias salvas- la corriente migratoria del otro lado de los Pirineos. Y en los años de la transición la violencia sería sin duda -con su reguero sangriento de muertes encubiertas vergonzantes e irredentas- el pan nuestro de cada día en ciertos grandes polígonos industriales de los pueblos y ciudades mas industrializados de la geografía española (muchos más -en un balance contable- que en los sucesos de Vitoria) y a todas luces lo siguen siendo ahora.
Fue entonces cuando se consolidó el poder de esas mafias que se vera mañana crucialmente puesto en juego. Pero la suya fue entonces una victoria amañada a los puntos gracias a las concesiones mayores que les brindaron graciosamente los tres mosqueteros aquellos y los regalos cuantiosos y millonarios que les harían.
El sindicato unificado de policía y su homólogo de la guardia civil declaran hora por la vía de uno de sus portavoces apoyar sin el menor sonrojo la huelga de mañana, lo que presagia del escenario de intimidación que se tienen montado de antemano -con esa complicidades tan cruciales y decisivas- los instigadores de la asonada. El gobierno -nos dicen- se la juega mañana; pero sobre todo su ministro del interior, Rubalcaba.
Porque si están contra la huelga irresponsable tienen que demostrarlo. Si no, se les podría acusar de estar fomentando e instigando bajo cuerda un golpe/blando contra la convivencia entre los españoles -más o menos estabilizada en el bipartidismo- en una clima de tranquilidad y de armonía social que viene de antiguo, de décadas antes incluso -se diga lo que se diga- del advenimiento de la democracia.
El "míster GAL" de la política española -en la imagen que arrastra inevitablemente entre muchos-tiene sin duda mañana la gran ocasión de distanciarse de su gran patrón y de situarse así en buena posicion en la carrera por su supervivencia política tras la era Zapatero.
A mi Rubalcaba para que lo voy a negar no me cae mal. No le veo ese "tic" guerracivilista que tanto revienta (y repatea) en su superior jerárquico. Y por eso prefiero apostar que mañana sabrá estar a la altura de las circunstancias, e impedirá por todos los medios a su alcance (que son muchos) la actuación de los piquetes violentos, sobre todo en el área urbana madrileña.
No creo que les quede otra opción además tal como se esta poniendo el patio en las últimas horas, con los comunicados irresponsables emanados de las centrales organizadoras evocando "los peligros a la seguridad física", y sobre todo del estado de animo en la opinión masivamente en contra de la huelga.
Lo más desazonante y desconcertante del escenario que nos tiene preparado lo sea tal vez no obstante el papel previsible de ciertos grupos como el sindicato de policía arriba mencionado, por lo que de entrada ya nos anuncian. Un colectivo que no pocos asociaron a la segunda matanza de Atocha (...) Y algunos de sus responsables mas destacados no dejaron de verse señalados con el dedo entonces, es cierto, a nivel nacional y en particular en Asturias de donde vino la dinamita (o lo que fuera)
¿Estamos vendidos de antemano, desde el 53 cuando Franco se vió obligado a firmar los acuerdos con los norteamericanos, como siguen pensando algunos? ¿Estamos vendidos ahora de entrada el conjunto de los españoles ante esta huelga de mañana si se confirma que los piquetes al servicio de las mafias (rojas) acaben pudiendo actuar en impunidad que les permita alcanzar sus objetivos?
Los españoles no son un pueblo cobarde contra lo que el mensaje subliminal asociado a ese clisé tan difundido -de una población laboral sometida y habituada a plegarse a los caprichos e imposiciones e intimidaciones de una exigua minoría desde hace de décadas- parece desprenderse.
Decía, al contrario, Eugenio Noel que el español -y lo decía con conocimiento de causa sin duda por haber viajado y vivido en el extranjero (por ejemplo aquí en Bélgica)- era un pueblo que admiraba mas que ningún otro el coraje físico. Lo que puede saltar sorpresivamente a luz en la jornada de mañana.
Para Rubalcaba sería desde luego la gran ocasión de limpiar (del todo) su imagen y de dejar claro ante una mayoría de españoles, contra la nube de rumores que le siguen y persiguen a sol y a sombra, que no tuvo nada que ver con el 11 de marzo ni con los instigadores y fautores (o autores/intelectuales) de aquella gran tragedia, algo de lo que algunos estamos convencidos. Y que no dudará en recurrir llegado el caso a la fuerza pública -y si es preciso al ejército incluso- para que se mantenga la legalidad a toda precio y se garantice el derecho a trabajar de todos y para todos (y de cada uno)
Y por supuesto que dejará actuar subsidiariamente a las compañías de seguridad que están dispuestos a cumplir sus cometidos. Porque se me antoja que en la España de hoy los agentes de seguridad (particulares) en las entradas de los polígonos, de las fabricas o en los transportes públicos son lo que eran los grises tan denostados en tiempos del los tiempos del tardofranquismo, garantes "in extremis" de la Ley y del Orden en los sitios de conflicto, como así acabe viéndoles entonces justo al final de mi estudios universitario, en la tesitura aquella de los exámenes de fin de carrera, de tener que plegarme a las imposiciones de los piquetes o de liarme la manta a la cabeza como lo acabé haciendo por mi cuenta y riesgo, con lo que conseguí arrastrar a un puñado de estoicos detrás mío, consiguiendo así por las buenas o por las malas acabar juntos nuestros estudios.
Porque aquello vino a sellar en mí (solo ahora tantos años después acabo dándome cuenta completa) la muerte de un sueño -el de la "revolución pendiente" (de mis años de militancia en el FES)- que había muerto en España ya hacía décadas, digamos desde el descabezamiento de la Falange -y del nacional/sindicalismo (muy nacionales y poco sindicalistas) en los inicios de la guerra civil española.
Los grandes momentos liberadores en la vida de los pueblos y de los individuos sólo acontecen haciendose realidad algunos de nuestros sueños más caros...mientras otros no menos caros acaban hechos añicos. Y un gran momento de nuestra historia el que nos aprestamos a vivir los españoles mañana miércoles.
El de hacer fracasar entre todos la apuesta (criminal) de ruptura/democrática que algunos se traen a todas luces entre manos. Lo que no lograron hace mas de treinta años. Piqueteros, recuerden Atocha y también Vitoria (un año antes)
"Addenda" urgente. ¿La familia real -el rey, el príncipe- cómplices de los piquetes? Eso es lo que deja insinuar la consigna hipócrita de "neutralidad" emanada de la Zarzuela
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català