
Vivo en el extranjero y no voy a ir la la huelga aunque quisiera (que no quiero) pero he estado ojeando discusiones en foros digitales de última hora sobre la convocatoria en ascuas y me parece útil e interesante expresar aquí en plan de exposicion/de/motivos -de lo que tanto aficionan algunos y cuanto mas detallados mejor, se diría, como si el mundo para ellos se redujera a una sala de tribunal o una tribuna (docente o universitaria)- de las razones personales e intransferibles como digo, por las que no iría ni aunque me maten a esa huelga que nos tienen de antemano "cocinada" los que nos gobiernan.
No iría a esa huelga porque no me siento solidario de la suerte de unos grupos sociales -laborales y profesionales- que nunca se solidarizaron en lo mas mínimo de los infortunios de alguien que no era de "su cuerda" so pretexto -de pacotilla (y bien que lo sabían muchos)- que se trataba de un enemigo público numero uno allí como aquí quiero decir en España o fuera de ella (por ejemplo aquí en Bélgica) y me estoy refiriendo en particular a un colectivo sociológico -globalmente considerado-, a saber, los emigrante/españoles y sus hijos y sus nietos que se encuentran en principio (salvo prueba en contrario) dentro de un sector (sociologico) de opinion de los (más) proclives a prestar oídos a los convocantes de esta huelga (mas que política).
Ir a la huelga ¿para qué? ¿Para que puedan seguir conservando sus empleos los que los tienen asegurados a costa de otros (entre los que me encuentro)? Ir a la huelga ¿para qué? ¿para que algunos sigan disfrutando de todo un manojo -o un ramaje- de derechos/sociales a cual mas complejo -primas, pagas extra, vacaciones pagas, cheques en especies, kilometraje etecétera, etcétera- como un artilugio o maquina maravillosa o cajita mágica que solo entienden (bien) los que los disfrutan y que no son capaces de descifrar ni de explicar en clave de matemática/laboral ni ellos mismos tan siquiera?
Ir a la huelga ¿para que? ¿para que el nieto del español/ emigrante pueda seguir disfrutando de una garantía (vitalicia) contra el despido (libre) cuando otros no pudimos disfrutar siquiera del derecho (célebre) al pre/aviso, no ya para que se nos despidiese ni para hacer huelga tampoco sino ni siquiera para poder dejar un puesto de trabajo manual (esclavo) -en régimen de trabajo (semi) forzado- porque era la única alternativa que el mercado laboral -aquí en Bélgica me supongo como en España- ofrecía a desclasados (en vias de re-inserción) como yo, que por lo visto teniamos que seguir pagando con ello -y no solo con la expatriación- no sé que errores o faltas pasadas (presentes y futuras)
Ir a la huelga ¿para que? ¿Para que la nieta del emigrante/español en un francés perfecto (ojalá que su castellano fuese también así), desde el otro lado de la barrera -de las taquillas o de los despachos de los organismos de paro o de búsqueda de empleo me refiero- me siga dando lecciones de moral -a mi edad- (culpabilizantes) de por qué en tantos años ya aquí en Bélgica no he podido todavía encontrar una situación estable (como la de ellos)?
Ir a la huelga ¿para qué?, ¿para que el nieto o la nieta del emigrante/español que se refinaron y afrancesaron y promocionaron que es una maravilla -¡quien los vio en España a ellos y a los suyos y quien los ve ahora!- y se enriquecieron además con una cultura ajena a costa de la suya propia, puedan seguir adelante en sus carreras (brillantes) de subalternos/brillantes en el extranjero?
Ir a la huelga ¿para qué? ¿Para que los hijos y nietos de emigrante/españoles puedan seguir cobrando brillo/social a costa del que otros perdieron (por propia culpa o sin culpa alguna)? Porque es mayormente lo que se me ocurría mirando y volviendo a mirar y tratando de analizar en fotos y documentos recientes la imagen que ofrece esa burocracia sindical (dirigente) que se nos inflige desde hace rato a los españoles.
Una nueva/generación sí por cierto que tal vez no sea culpable de nada individualmente examinados pero que parece cargar con todas las culpas de los que los dirigen desde muy alto o por lo bajo. Por el brillo culpable sobre todo -o no del todo inocente- en sus trajes, chaquetas y corbatas de liberados sindicales al servicio y a las ordenes de los que hace nada pasaron de la pana a los trajes caros, del bocata a los restaurantes de moda o de los veraneos en el pueblo de los suyos (con botijo) a cruceros por el mar Báltico.
Gracias a la transición democrática es cierto y también a costa de los que esa transición se dejo de una forma u otra en la cuneta (que fueron muchos) social, laboral (y económicamente hablando también y no solo en el terreno ideológico o puramente político tan siquiera.
Ir a la huelga ¿para qué? para que los emigrante/españoles y sus hijos puedan seguir disfrutando de las pre/pensiones que consiguieron con cincuenta y uno, cincuenta y dos años y de la vida de paseantes de villa y corte que llevan después y de sus retiros muelle en la (segundas) residencias que se hicieron construir España por cuenta de la seguridad social belga y de los contratos de trabajo que el Instituto nacional de Emigracion les gestionó en su día a sus padres o a sus abuelos (que esas son cosas que se heredan, y me estoy refiriendo a las conquistas/obreras)?
Ir a la huelga ¿para qué? ¿para que la vieja guardia (roja) sindical pueda seguir en activo todavía algunos años más a costa de seguir teniendo a gente joven -y no a los suyos ni a los hijos de los suyos- permanentemente en lista de espera? Ir al paro para qué? ¿Para que los liberados sindicales sigan mangoneando expedientes/laborales y discriminando y sancionando injustamente según se sea de los suyos o no se sea?
¿Para que sigan aprendiendo a hacerlo a costa de tantos otros que no tiene su suerte ni su privilegio y a costa sobre todo de los sufridos o estoicos que tiene o tuvieron el infortunio de caer en sus garras, porque no quisieron equiparse (convenientemente) -porque nos nos daba la gana- de una caución sindical y dl carnet correspondiente, por lo que fuera? Lo que nos da ahora por cierto el derecho de pensar y de actuar por libre, ¿no les parece?
Una vocación de tribuno (de verdad): de dar y prestar la voz a los que (de verdad) no la tienen, eso es -me imagino que aquí algunos ya se habrán dado cuenta- lo que habrá despertado poco a poco en mí el trabajo redaccional, de escritura, cotidiano que me habré impuesto desde hace ya casi dos años en esta bitácora.
Y a esos y a esas que se les da una higa como a mí todos los intereses supuestamente amenazados que he venido mas arriba exponiendo, les importa poco esta huelga. Les importa un bledo desde luego a los millones -cuatro o seis, los que sean- de parados con o sin el carnet sindical correspondiente, que no van a recuperar su trabajo el día 30 de septiembre y menos todavía desde luego a los más/desempleados de todos ellos, sin contrato temporal ni a tiempo parcial por no tener derecho a ello ni perspectiva de adquirirlo a corto plazo siquiera por no estar integrados como otros (de nacimiento) en el mercado laboral del empleo por lo que sea.
Les importa un bledo esta huelga irresponsable (y criminalizable) a tantísimos jóvenes que se encuentran sin comerlo ni beberlo en la perspectiva de quedarse indefinidamente en lista de espera con la sombría perspectiva, gravitando mas o menos a corto plazo en su horizonte, del desclasamiento inevitable, hayan estudiado lo que hayan estudiado, hayan sacrificado sus años jóvenes los que lo hayan hecho; porque les dijeron o les vendieron -pobres ingenuos- que los estudios y los títulos les iban a abrir puertas. Sin darse cuenta que no estaban contrayendo más que hipotecas no con la sociedad (de verdad) sino con esas mafias que se reparten el cotarro, me refiero laboralmente y profesionalmente hablando.
Les importa un bledo por cierto esta huelga a tantísimos autónomos que no tienen derecho ni a pensión ni a subsidio de paro siguiera (garantizado) como algunos otros y que son los que irían a pagar en primera linea de los damnificados las consecuencias de un día de huelga (con éxito) aunque solo fuera, si acabara yéndose al traste la vaca de las ubres de oro -para todos por más que lo sea más para los unos que para los otros- que es la buena marcha o el funcionamiento regular siquiera de la economía (por un día, repito, tan siquiera)
Les importa un bledo, a los que ejercen profesiones liberales (de verdad), una huelga que no va a aliviar sino a ensombrecer todavía un poco mas su horizonte tan incierto, para ellos como a otros tipo de "trabajadores"- (como ellos) Les importa un bledo esta huelga a tantísimos pensionistas que no van a ver menos sus pensiones amenazadas (de recorte) triunfe o no la huelga general, conscientes que no son más que un pretexto o una cortada para una banda de "artistas" y aventureros y de pescadores a río revueltos para los que no cuentan las fatigas, ni lo sinsabores del día a día, ni la incertidumbre del mañana mismo.
Les importa un bledo estas huelga a los mas paganos y directamente afectados por la crisis que son los mas socialmente indefensos: a saber las clases medias (lato sensu) en un país en el que hace mucho que llegaron a ser mayoría (absoluta) Les importa un bledo esta huelga a las víctimas de esa especie de desempleo particularmente trágica en sus secuelas -al paro intelectual me refiero-, de personas particularmente cualificadas y preparadas y con una bagaje intelectual muy superior a la media que no encuentren de pronto su camino o su vía ni el norte siquiera en sus vidas. Por lo que sea.
Como lo ilustran los casos de tantos pobres vergonzantes, mas indefensos que los pobres/pobres (que ya no existen, entre españoles) Como toda esa serie de estampas a cual mas triste y patética que me veo condenado contemplar en mis visitas a Madrid cada vez mas frecuentes de personas de porte discreto bien/vestidas (aún) y en paro, pidiendo como última solución en las bocas del metro.
Como aquel caso al borde del surrealismo que comento Umbral una vez en uno de sus columnas mas esperpénticas, de toda una ristra de funcionarios o empleados cesados de organismos oficiales -ingenieros algunos de ellos-, como una pequeña tribu que habían caído hondo en el marasmo, mostrando así ser mas indefensos que muchos otros, hasta el punto -al cabo de la rampa del fracaso, de la inadaptación y del desarraigo y del desclasamiento- de tener que acabar encontrando sitios donde dormir en refugios subterráneos, en tuneles e instalaciones en obras o abandonadas, de donde salían cada vez menos -cada vez mas desconectados del mundo y de las sociedad de la personas normales- si no era para pasarse, cada vez más de cuando en cuando, por un organismo más o menos fantasma encargados de darles noticias de un recurso que nunca llegaba ni les llegarían.
¿Querríais arroz fachas? ¡Tres tazas llenas! ¡Os pensabais que os ibais a comer el mundo con vuestros estudios y vuestros títulos y vuestros idiomas -"dos títulos universitarios, (perfectamente) acabados y además de eso dos idiomas, ¡lo que quieras! (¡mi pobre padre!...)- y vais a acabar mas hondo y más bajo aún que la famélica legión de los años treinta!
Porque esos son los términos (exactos) de la ecuación o si se prefiere del chantaje o de la intimidación que el reto sindicalista -de estos sindicatos españoles "democráticos" (y guerracivlistas) que nos han caído en suerte a los españoles- en el fondo esconde. Y por si no hicieran falta, y para dejarlo todavía un poco mas claro por aquello que letra con sangre entra, ahí están los piquetes/informativos al achecho, en espera que llegue el miércoles, vociferantes, amenazantes, y sembrando tras suyo una estela de insidias y de calumnias contra los que no consienten en plegarse a sus coacciones; y un clima sobre todo de acoso psicológico a la larga en contra de los que se les resisten tildados (a mucha honra) de esquiroles o de anti-piqueteros o rompe/huelgas.
"¡Un poco mas de esfuerzo que la libertad ya llega!" gritaba el marqués de Sade justo antes de estallar la revolución francesa y en su caso era un alegato pro domo -y así es como hay que interpretarlo- por el hecho de encontrarse preso. Un ultimo esfuerzo resistiendo pasado/mañana a los piqueteros y a sus insidias en todas partes y como sea.
Y nos veremos de una vez -yo y conmigo tantísimos con los que de uan forma u otra me siento indentificado- libres de un vez de esta peste negra, de esta nueva/clase, de este rojerío endémico que no cesa. Resistencia por todas partes en las entradas a lugares de trabajo, en las fabricas y en los depósitos de los transportes público: la consigna urgente.
¡Demostrémosles a ellos y a los suyos de una vez que no son más que tigres de papel, títeres, sombras chinescas, pura invención de una democracia a/la/española, sin paragones ni siquiera en el resto de Europa. Y que nos somos los muertos/de/hambre (en potencia) que querrían ver en muchos de nosotro (Como me lo dió a mí a entender no hace tanto un español/emigrante en Bélgica)
Que nobleza obliga, por cierto. ¡Hasta en el resentimiento social...y en el desclasamiento (en el extranjero)!
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català