
He estado visionando el vídeo del acto sindical (masivo) de ayer del palacio de Vista Alegre, en preparación de la huelga general anunciada para el próximo 29 de septiembre. Hace daño, lo reconozco. Es mi problema, no le ha hecho a nadie la culpa, es cierto. Como me hicieron daño siempre los testimonios gráficos -color sepia como diría Umbral por lo anacrónico muchos de ellos- de la manifestación en la Cibeles, con el edificio de Banco de España de telón de fondo, del 14 de Abril del 31 cuando la proclamación de la II República o el acto (multitudinario) en el Mestalla valenciano, de Manuel Azaña hacia el final del bienio negro; o mucho mas cerca y ya al natural -presente yo en ellas me refiero, de carne y hueso- aquellas asambleas multitudinarias de mi época de estudiante universitario -y la mas emblemática lo fue sin duda la del recital de Raimon (mitin además y asamblea) de mis años de la facultad (complutense) de Económicas- de las que me iría sintiendo progresivamente extraño hasta acabar por desertarlas; ellas y otras muchas cosas.
La "otra" España entrándote por los ojos a fin de cuentas, quisieras o no quisieras (...) Como a aquel pobre Finito de Palencia, torero de provincias de la novela de Hemingway "¿Por quién doblan las campanas?" -sobre nuestra guerra civil- enfermo del hígado y que malvivía del toreo y de los toros -que le producían espanto- y al que organizaban fiestas (para fastidiarle) de chunga y juerga flamenca, invariablemente presididas por los cuernos (gigantes) de toros disecados; como si quisieran (algunos) metérselos por los ojos a aquel pobre diestro (fracasado)
¿Queríais arroz? -c...de toro que me diga- ¡tres tazas llenas!, es el plante que se están cocinando ahora a costa de muchos españoles entre los que me encuentro la banda de los cuatro (de los sindicatos democráticos) Y de verdad que así pintado es un toro bravío -el de la huelga-de unos cuernos tan largos que no hay por donde cogerlos -como así animaba a hacerlo Ramiro Ledesma con la CNT de su tiempo- asomando en el acto de ayer tras las ojeras y el semblante serio preocupado -el convencimiento (militante y beligerante) en la expresión- de todos esos "liberados" sindicales -en número de hasta los veinte mil (...) según algunos cálculos- hombres y mujeres, jóvenes y menos jóvenes de todas las regiones de España sin duda (y no la mas insignificante la representación de Cataluña)
Tras su banderas rojas (y catalanas) y tras el lenguaje desafiante (y amenazante) como siempre de sus lideres más conocidos -la violencia (y la arrogancia) en el rostro y también en las palabras (y en los dientes), en permanencia- y magnificados además, como los toros más bravos en las corridas de lleno hasta la bandera, por el aforo al completo que mostraba la sala y por los miles que se quedaron o dicen que se quedaron fuera (los periodistas) Camuflados a su vez -el toro y sus cuernos- en las condiciones de "liberados" -de protegidos, privilegiados- de los asistentes, de su poder de decisión de voz y voto en ciertos medios o circuitos que habrán sido -allende fronteras- mi sino en Bélgica en los años que aquí llevo residiendo. Tentáculo español del pulpo sindical que les creció -como un tumor maligno- al conjunto de los países europeos tras el desenlace de la segunda guerra mundial. Esa es su fuerza (prácticamente) no tienen otra. La que les dan -que es mucha (...)- sus padrinos del extranjero.
Tigre de papel los sindicatos españole (democráticos) Como lo era la agitación subversiva de los tiempos del tardo/franquismo que me cerraría con todo las puertas de un futuro (normal) como el que se presentaba ante mis ojos. Porque toda su fuerza -los de entonces como los de ahora- les viene (y les venía) de la debilidad de los otros.
De los que no tienen el coraje mínimo de ponerse a mirar la cosas de frente y a hacer un esfuerzo de memoria además indispensable y acabar reconociendo que los sindicatos/democráticos no son la solución ni panacea ninguna a los problemas laborales sino que forman parte indisociablemente de la resolución de los mismos y que en el caso español se revisten además de un sello de guerra/civilismo -en sus fundadores y principales dirigentes por lo menos- que los torna propiamente imposibles de homologar con sus congéneres del extranjero.
Mi problema con los sindicatos democráticos españoles es no obstante de orden mas bien intimo y personal, como aquí ya todos habrán acabado por darse cuenta. Decía Umbral que Jacinto Benavente recibía con toda la amabilidad y deferencia del mundo al pobre Valle Inclán -empantanado en la bohemia- porque era consciente que estaba pisando el puesto al otro, en la posición social que aquél se merecía como en el mundo de las letras.
Y en mi caso albergo sentimientos análogos -todas las distancias salvas-, y son los de haberme pasado veinticinco años en Bélgica frenado en unas aspiraciones legítimas de integración social que aquí perseguí -y ¿por qué no?- por culpa en parte de mi pasado, de mi trayectoria pasada que me diga- y en parte del ascenso de unas nuevas/clases bajo estricta/tutela en el orden laboral, de las que me sentía excluido de entrada; de nacimiento como quien dice, y sin duda que lo estaba (con o sin el carnet sindical correspondiente)
Nunca me sindiqué, ni en España ni aquí en Bélgica. Un derecho/sacrosanto que proclamo ahora alto y fuerte en vísperas de esta huelga general absurda y provocadora que nos anuncian sus fautores, provocadores y amenazantes. No menor y no menos sagrado que el de libertad de sindicación o del derecho de huelga que algunos consideran intocable.
Y me viene a la mente -al final es la memoria (todos se habrán aquí ya dado cuenta)la que me salva, en el papel como en la vida (...)- el recuerdo del Sindicato Libre que tenía mala prensa en la España de la posguerra. Por más que el sindicalismo vertical se pudiera considerar a su vez su heredero y sepulturero. Me he estado documentado un poco sobre la historia de este movimiento emblemático y a la vez perfectamente atípico que marcaría de su presencia la sociedad española de las primeras décadas del siglo XX.
Y sólo ahora me entero por ejemplo de su extracion social e ideológica carlista y del paso -no se olvide- de sus fundadores por la CNT antes que esta emprendiese una deriva revolucionaria violenta (y pistolera) No eran rompedores de huelga mercenarios (esquiroles) ni obreros/amaestrados ni pistoleros aunque respondiesen (legítimamente) a la violencia con la violencia. Pero es sobre todo su apelativo -de "libres"- lo que más viene a encandilarme ahora.
Libertad de defender unos intereses obreros legítimos, frente a la tiranía sindical (de izquierdas) y de unas consignas que venían invariablemente de fuera. Libertad de poder trabajar -y de aamar y gustar del trabajo bien hecho- sin plegarse al chantaje de los piquetes de huelga. Y libertad de poder actuar y responder en legitima defensa. El Sindicato libre dejo sólo vagos recuerdos en apariencia. No le sobrevirían en el recuerdo rostro conocidos ni nombres de relevancia (a penas)
Dejó un vacío, una ausencia no obstante, que es la que otros llenarían cuando se derumbó el sicalismo viertical, su fachada mas bien -o lo poco que de el quedaba ya- en los tiempos del tardofranquismo, antes de la llegada de la democracia (cuando aparecieron las comisones obreras)
Fueron una reliquia en pleno siglo XX de la "otra" España decimonónica del carlismo vencido que no alcanzó a vivir lo bastante como para celebrar el compromiso histórico que sellarían descendientes de carlistas y liberales del bando nacional en la guerra del 36 y en la inmediata posguerra, como aquí ya creo haberlo dejado sentado. Desparecieron con la caída de Cataluña en zona roja -por la vía de la eliminación fisica y del martirio incluso de sus principales dirigentes, trabajadores manuales todos ellos (...)- y el régimen en la posguerra se negó a resucitarlos (por lo que fuera)
El sindicalismo libre fue en su origen no obstante un fenómeno típicamente -y predominantemente catalán (en gran medida)- nacido en respuesta a la revolución industrial que cuajó en Cataluña bastante antes que en el resto de las regiones españolas, y también a sus subproductos principales entre lo cuales se contaría el movimiento/obrero (revolucionario)
En la concentración sindicalista de ayer en Vista Alegre que aquí evoco, y a tenor de los vídeos que habré estado visionando por su cuenta, se podía observar un flamear de banderas catalanistas que se destacaban del fondo de banderas rojas, dando la nota con su acto de presencia. ¿Queriendo acentuar su diferencia o su origen (catalán) diferenciante a todas luces? Más bien -se diría- cubriendo o disimulando su poca fuerza (relativa) en aquella región: legado más que presumible de una ausencia flagrante en Cataluña, la de un Sindicato Libre que moriría sin dejar herederos, durante la guerra (en zona roja)
¿Gérmenes de otro sindicalismo, émulos del Sindicato Libre de entonces, unos sindicatos "independientes" de nuestra época, distintos de las sindicatos de clase;
o simplemente botones de muestra de una actitud de resignación -y de aceptación del mal/menor- frente a la hegemonía de los otros sindicatos? Como sea, en la jornada de huelga general que se anuncia tendrán desde luego ocasión de demostrarlo.
¿Se plegarán una vez más a los ucases e imposiciones de las centrales guerracivilistas, como llevan haciéndolo ya más de treinta años? ¿O se acentuará la disidencia que comenzó ya aflorar últimamente en anteriores jornadas de protesta? Como sea, está claro que el recuerdo del sindicalismo/libre se yergue en convidado de piedra ante la jornada de enfrentamiento entre españoles (si la autoridad no lo impide, lo que no lo hará- que se avecina (a toda prisa)
El Sindicato Libre arrastra mala prensa entre muchos y en mi en particular era algo que se debía sin duda en parte a la tutela eclesiástica que por un defecto de óptica sin duda se le atribuía. Está desde luego por investigar por completo todavía la historia de este movimiento emblemático y de sus orígenes, pero en la medida que el carlismo residual y sobreviviente en el 36 era en parte de extracción "integrista" a saber procedente de una corriente carlista que se había emancipado al final de la tercera guerra carlista del patrocinio y control de las autoridades eclesiásticas, se puede dejar sentado que ese era a todas luces el caso en el sector del carlismo catalán del que acabaría naciendo el Sindicato Libre; al margen -hasta cierto punto al menos- del llamado sindicalismo/catolico.
Doblemente sentenciado pues el Sindicato Llibre tras la guerra civil: por el sindicalismo/revolucionario falangista y por el corporativismo católico al servicio siempre fiel -en definitiva- de la política religiosa (vaticana)
Como sea la lista (innombrable) de su caídos irredentos de la guerra civil y de las décadas que la precederían me sirven a mí ahora de valedores en la postura de revindicacion del trabajo manual y de oposición y de repulsa de la la tiranía sindical guerracivilista que vengo defendiendo en estas entradas.
Fiel a mí mismo en definitiva: a mi propia trayectoria y en particular a mi experiencia de trabajador manual -de obrero- aquí en Bélgica por espacio de cinco años, medio voluntaria medio forzosa y por cuenta de los circuitos de reinserción (social) que me vería obligado a seguir aquí a pesar mío, y en los que llegué a despeñar -con gusto y aplicación (y provecho)- los oficios de albañil, de mecánico -en mecánica/blanca me refiero, de bicicletas y de maquinaria agrícola, sin motor/de explosión ni gasolina (que detestaba)- y de jornalero también -en la recogida de manzanas y sobre todo de fresas (...) toda una larga temporada - y en fin de peón agrícola (en una explotación d agricultura biológica durante dos temporadas completas)
Semper Idem. Quiero decir, sin afiliarme ni a la UGT ni a las comisiones/obreras (ni a otro sindicato cualquiera)
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català