Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Ante el anuncio de huelga general (réplica a Ceferino Maestú)

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No tengo nada contra Ceferino Maestú, de personal me refiero. Ya dejé aquí bien sentado lo que pensaba de su trayectoria política o digamos de sus puntos mas polémicos o más necesitados de aclaración para algunos entre los que me encuentro, y del problema de memoria histórica -del choque en él como en tantos otros, mas bien, de dos memorias antagonistas- que me pareció reconocer tanto en él como en la organización a la que pertenecí un tiempo -el FES- que él fundaría (con otros cuantos)

A parte de eso me avengo perfectamente con todo lo que, de bien, dicen de él algunos que le conocen de cerca. Pero su articulo reciente sobre la convocatoria de huelga general para el mes que viene no podía pasar menos sin respuesta. Es el texto de un periodista y de de un (ex) cronista de política y de actualidad sobre todo, hábil y escurriendo el bulto todo lo que puede desde luego. Pero con todo y con eso, se le ve el plumero de adonde quiere llevar a su lector, de plena advertencia o con los ojos vendados.

El mito de la huelga general. Hoy como ayer. Como si no hubiera pasado nada. Como si no hubiera habido guerra civil, ni régimen de Franco ni tardofranquismo ni transición a la democracia ni 23-F ni nada de nada. Una versión española de "Las reflexiones sobre la violencia" de Sorel para andar por casa y cien años después de haber sido escritas. Corregidas y revisadas según mandan los cánones (de lo políticamente correcto) El mito de una historia posible a la vez, que no fue posible por un tris (según él) que me diga.

De una huelga general que hubiese triunfado por todas partes el 18 de julio del 36 como así lo intentaron (por todas partes) las partidarios del frente Popular -en Sevilla por ejemplo, en Zaragoza, en las Palmas, la Coruña, Valladolid (...)- y hubiera evitado la guerra civil haciendo fracasar el alzamiento (militar) y dando así la victoria como por arte de birlibirloque a las masas obreras sin necesidad de que se mancharan las manos -como al final lo hicieron- de la sangre de sus compatriotas (por muy ricos o menos pobres que ellos que fueran), en un conflicto fratricida.

La verdad o la entidad metafisica de lo posible que diría el maestro Heidegger. Eso es lo que hay que concederle -y no es poco-a los análisis socio/políticos (y económicos) de Ceferino Maestú y al mensaje latente,, de telón de fondo, que arrastran de tipo histórico. La historia de lo que pudo ser, que se ve fatalmente abocada al enfrentamiento por la vía del choque dialéctico aunque solo sea con la verdad histórica de lo que realmente fue (y no solo de lo que acontecer pudo)

Hay no poco de ucronía, se me reconocerá, en los planteamientos de esta fase tardía en la obra y trayectoria de Ceferino Maestú (hijo): una figura narrativa que se puso de moda hace algunos años en relación estrecha con un género de novela histórica versado precisamente en la guerra civil. Como lo ilustra una novela de un recuperacionista sobre la figura de Franco y su muerte/ficción durante la guerra civil que me fue dado en suerte el traducir (a la fuerza) en cursos que seguí aquí en Bélgica.

Eppure se muove. Y sin embargo la Historia fue así. Franco murió en la cama y la guerra la ganaron los nacionales. Digan o escriban setenta años después Ceferino Maestú y a sus ancas los recuperacionistas lo que quieran. Su articulo sobre la huelga general es una ensoñación despierto y a la vez una apuesta clara -hoy como ayer- en favor de sus antiguos compañeros de viaje, de la UGT y las Comisiones Obreras.

Los critica no por anunciar (amenazantes) la convocatoria de huelga sino por no saber según él lo que se traen entre manos con ella, y en definitiva lo que harán de ella en el caso que tenga éxito. Para lo que ahí está Ceferino Maestú, que les dará llegado el caso el suplemento de visión global y de doctrina de la que los otros -pobres/obreros mal instruidos- están mas necesitados que del aire que se respira. Y en su entusiasmo Ceferino va hasta imaginar un escenario -para al mes que viene- de enfrentamiento armado (entre partidarios y adversarios de la huelga)(...)

Sueño típico (guerracivilista) de idealistas doblados de doctrinarios. Como lo era -toda las distancias salvas- el comunista/disidente -leninista o trotskista según se mire- Andrés Nin que acabaría como acabaría y que tras la revolución (asturiana) de octubre del 34 pretendió sacar lecciones de la derrota/obrera. Del fracaso de la huelga general precisamente (en toda España)

¿Trotskista o "falanjo/trotskista" (o "trosko/falangista") Ceferino Maestú, por muy rociado que se vea -él y sus textos y declaraciones- de agua bendita (de la del posconcilio)? No seré yo quien le ponga la etiqueta; pero reconocerá que hace poco últimamente porque se nos vayan de la mente a algunos las malas ideas.

Según él la jornada anunciada de huelga general seria una fecha historica y tal vez el tiempo le de la razon por mas que acabe agarrando el rabano por las hojas.

Histórico podría ser desde luego el fracaso más que previsible de las dos centrales que usurpan el poder en el terreno laboral desde hace ya tanto, a condición que sepamos explotar su derrota. El líder supremo del sindicato filocomunista (CCOO) sale al quite en la prensa de hoy de "su" huelga general (revolucionaria) sin dejar de anunciarnos -con huelga o sin huelga- cuatro años (más) de vacas flacas.

Y su compañero de viaje de la UGT enseña mas la cola todavía de los móviles reales de esa huelga general de un tufo tan fuerte a maniobra a la defensiva. Y es de los privilegios amenazados por la reforma laboral de una clase social o de todo un sector laboral, el de los trabajadores manuales sindicados y como tal puestos pues bajo el control social y la tutela (social, política e ideológica) de las dos grandes centrales que componen el grueso de su clientela: al quite de una clase/obrera -todo junto como un nombre propio- beneficiaria directa de una conquistas sociales -traducibles esencialmente en subsidios y mas subsidios- que le entregó en cesto de rosas el régimen democrático en sus inicios.

Aunque para salvarlos a ellos haya que desahuciar a sectores laborales y estratos sociológicos mas desfavorecidos que aquél y sobre todo (mucho) más jóvenes. Un alegato "pro domo" el de estos jerarcas sindicales intentando "vender" su huelga ante la opinión publica. ¿Al enemigo que huye puente de plata? Eso es tal vez lo que se piensen.

Que van a poder aprovecharse una vez más de la inacción y de la dimisión del gobierno (socialista) cara a sus exigencias. Como parece anunciarlo la dimision ya cantada por todos del actual ministro del trabajo (del PSOE) que se va huyendo de la quema, se diría, a refugiarse en "su" Cataluña.

Ceferino escribe que la huelga general no afectará a los que están ya en paro. Tal vez. ¿Les servirá de algo sin embargo? No creo que se atreva a afirmarlo y menos a hacerse garante de sus promesas. Llevar a muchas miles más, no al paro -al paro con derecho/a subsidio como lo tienen su caritativas de/nacimiento, me refiero - sino a las colas -y comedores- del auxilio social y de las organizaciones caritativas: ese es en cambio su resultado más que previsible.

Porque si se toca la economía -como la vaca (con perdón) de las tetas de oro-, aunque sólo sea por veinticuatro horas, los paganos mas directos lo son los que se benefician más directamente de una actividad económica floreciente pese a todo y no estancada o en recensión y me estoy refiriendo "grosso modo" a las clases medias, económicamente o profesionalmente mas favorecidas; pero socialmente mas indefensas en la medida que se ven mas a la merced de las fluctuaciones y altibajos del estado de la economía, de la crisis y sus secuelas.

Y de cara también a la hostilidad y desconfianza de otro sector , de economía mas "saneada" por modesta que se vea y me refiero a uno clase/obrera (sindicada) que disfruta de ingresos y de una situación social menos favorecida sin duda pero de unos derechos/sociales en cambio mucho mas seguros y garantizados que las otras clases (no/obreras) que es lo que ocurrió en la II República.

Como lo denunció en escritor falangista Antonio de Obregón en una alocución radiofónica célebre -"Nuestros enemigos"- durante la guerra. Y es esa situación de innegable privilegio la que ven ahora amenazada las centrales convocantes de la huelga.

¿Lucha de clases (al revés), mensaje anti-social el que se desprende de estas líneas y otras del mismo tenor que vengo vertiendo en algunas de mis entradas sobre ciertos temas? Pienso que no por mas que no me resulte sin duda tarea fácil el demostrarlo.

La vía ancha o el camino real de explicación y esclarecimiento de la (eterna) "cuestión social" y de ennoblecimiento del trabajo (con mayúsculas) como valor social y virtud moral (individual como colectiva) e incluso de garantía y profecía de futuro -y de un destino en lo universal- nos la ofrece un tratamiento o abordaje de los temas de orden social y lbaoral libre de amenazas como la que arrastraría el comunismo -y sus compañeros de viaje- ni culpabillizaciones ociosas como las que pusieron de moda el concilio y el postconcilio a las que algunos parecen querer aferrarse todavía.

Decir que el paro es "un pecado social" como gustan tanto de decir algunos, suena bien, muy demagógico y muy pegadizo sin duda en los oídos y en la mente de muchos; pero es una fórmula que lo dice todo y a la vez no dice nada (de nada)

Por mas que ilustra con creces de la mentalidad culpabilizante -e hipócrita- de los responsables sindicales que luchan contra el paro pero siempre desde la barrera, a saber desde sus posiciones "conquistadas" (de clase/obrera) que incluye por lo general -y por añadidura- el derecho (a corto o a medio plazo) a un puesto de trabajo por derecho/de nacimiento, que me diga de/afiliado.

Luchan por los pobres/miserables en situación de desempleo, pero su lucha tiene un sabor innegable a la oración del fariseo, del dar las gracias por no ser como lo otros: los esquiroles, los desclasados, el "lumpen" que para ellos tiene siempre un significado -acorde a la ortodoxia marxista- muy amplio. Y suena fatalmente también a un canto de alabanza en loor de una burocracia sindical que les permite a ellos el ver como quien dice los toros desde la tribuna. Y dando además lecciones (de moral y de democracia)

Entre tanto el enigma, la aporía del trabajo manual sigue en pie. Hoy como ayer. En la era posmarxista que vivimos como en el tiempo de la erección de catedrales o de la construcción de las pirámides. Sin conseguir librar (del todo) al trabajador manual de la maldición bíblica ni librarnos (del todo) tampoco a todos el sentido oculto de su profecía como hubiera dicho el maestro Heidegger.

O como los nacional/bolcheviques alemanes del periodo de entreguerras que veían en el trabajo (manual) "la tercera figura imperial": exponentes -todas las distancias salvas- del fascismo (o falangismo) de izquierdas, que no deja por lo que se ve ni a sol ni a sombra a Ceferino Maestú, a sus noventa años. Aunque se hunda el mundo. Y España entera.


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