
Tras la renuncia (aceptada por el monarca) del pre-formador Elio Di Rupo, Bélgica se hunde de nuevo en la crisis política que dura ya desde hace meses. Como en Holanda. Signo de los tiempos, la crisis política y la irrupción de movimientos de un impacto electoral innegable y de un signo que por aquí llaman de "populista" por estos lares.
El fracaso de Elio Di Rupo es bastante estrepitoso, hay que reconocerlo. Candidato a jefe de gobierno de la forrmación más votada en las elecciones -el partido socialista francófono-, el italo/belga Di Rupo habrá acabado (a la segunda) arrojando la toalla y la suya sea sin duda la crónica de un fracaso anunciado ya de entrada.
El aspecto novedoso de su candidatura era desde luego innegable. Italiano en Bélgica y en la misma medida portavoz de una comunidad inmigrante cargada de promesas de futuro aquí por su importancia numérica -la primera de los colectivos emigrantes por delante de turcos y marroquíes (separadamente considerados), Elio Di Rupo -salvedad hecha de su homosexualidad notoria- había hecho acariciar a algunos la esperanza de un cambio -dentro de un orden- en la política belga de las últimas décadas que es siempre lo mismo, un juego de ajedrez interminable y mas interminable aun para los no aficionados a ese juego -para iniciados- de la política democrática.
La novedad no ha hecho irrupción (del todo) todavía pero las palabras que vuelan ya habrán sido pronunciadas, y con ellas abierta la caja de Pandora de todos los truenos y relámpagos: amnistía, y reducción del numero de "comunas" (ayuntamientos) de la aglomeración de Bruselas. Recogido de mis propios oídos esto último, en la radio belga.
Lo primero se habrá merecido ya aquí un exhaustivo análisis en algunas de mis entradas. Y sin duda que los que no buscan mas que sabotearla al interior del partido socialista aprovechando el fracaso de Di Rupo -que se había echo tímidamente eco ( a través de terceros) de la propuesta de amnistía (de los vencidos del 45)- volverán ahora sin duda a la carga en su posición intratable en el tema.
Lo segundo es mas laborioso tal vez y mas complejo de descripción para los no iniciados; quiero decir para los que no estén interiorizados con la vida municipal de Bruselas (y de sus "diez y nueve comunas") La "comuna" ("commune"), del tipo interurbano en el caso de las diez y nueve con las que cuenta la aglomeración de Bruselas- es una creación del poder francés de los tiempos de ocupación de Bélgica por las tropas de la Convención a seguir a la Revolución Francesa.
Inédita en la organización muncipal española de todas formas. Y combinada no obstante con la tradicional descentralización administrativa de las villas y ciudades de los antiguos países bajos que los españoles dejarían intacta -al menos en la zona francófona- acabaría dando como resultado las diez y nueve "comunas" de las que se compone actualmente "la aglomeración", a no confundir tampoco -otro pasillo del laberinto- con "el gran Bruselas" compuesto de la aglomeración y a su vez de la periferia flamenca por mas que en algunas (seis en concreto) de esas localidades limítrofes los francófonos gocen de un estatuo -y sus privilegios subsecuentes-de minoría reconocida en materia lingüística.
El balance histórico de esa estructura administrativa se ve hoy -lo menos que se puede decir- bastante mitigado en sus resultados. Bruselas es la capital de Europa, sede de los organismos e instituciones europeas, y a la vez una ciudad llena de problemas. Es la impresión que sigue dando hoy como ayer. La que me dió a mí al llegar, de cualquier modo.
No la sigo llamando no obstante ciudad/cáncer ni ciudad/fantasma como lo hacia con frecuencia al poco que aquí llegué; porque la conozco un poco mejor y por un simple purito de agradecimiento aunque solo sea del alojamiento que me dio "nollens vollens" gran parte de los años que aquí ya llevo residiendo. Y de factores (cancerígenos) de su mal interno cabe señalar por partes iguales el fenómeno migratorio -aún fuera de control- y también, ahora solo caigo en la cuenta, el desorden y desorganización propios a la anarquía de su descentralización administrativa.
Los problemas de Bruselas son inseparables de la inmigración descontrolada, por mas que sea empresa perfectamente vana el ponerse a buscar y a separar la causa del efecto. La del huevo y la gallina, es cierto. Y es altamente significativo que en las propuestas de compromiso previas a la formación de gobierno, según lo habrán filtrado los medios, se haya barajado la posibilidad de la reducción -o supresión lisa y llanamente- de la autonomía administrativa al interior de la aglomeración, y en concreto, de la supresión de algunas de sus "comunas" y en particular de la mas problemática de todas ellas, Saint-Josse, que alberga un autentico "gueto" turco, del que ya me habrá ocupado en alguna de mis entradas.
Porque el fenómeno de la emigración musulmana en su conjunto -y en particular de su pionera que fue la de los marroquíes- fue sin duda el resultado de acuerdos concluidos en el marco de de las relaciones diplomáticas entre dos estados soberanos.
Pero en el caso del gueto turco de Saint Josse, quepa sin duda hablar de un fruto (envenenado) de la política del partido socialista belga (francófono) en materia de inmigración y en particular de de las decisiones personales de uno de sus prohombres de décadas de posguerra -al que yo alcancé a conocer- Guy Cudell, burgomaestre de Saint-Josse, de biografía tan pintoresca como un cuadro (o un desastre o un disparate) de Goya, hasta en su aspecto físico -y en su peluca-, de ascendencia catalana (remota) como su nombre indica -descendiente, para más señas, de protestantes catalanes refugiados en Bélgica de antiguo (¡vivir para ver fantasmas míos!...)-; que en su longeva gestión municipal de alcalde ("bourgomaestre") de esa "comuna" emblemática de la aglomeración de Bruselas- consiguió al cabo de más de dos décadas de una política municipal -de un cuño personalísimo- obstinadamente proseguida en la materia, vaciar esas líneas de demarcación pertenecientes a la aglomeración de Bruselas de su población de origen -"las clase pudientes" del barrio como él referido las denominaría en declaraciones a la prensa hacia el final de su vida a guisa de justificar su política en materia migratoria-, y llenó el vacío directamente, por la vía expeditiva, con los emigrantes de una (pequeña) localidad turca que como por efecto de varita mágica se vería transplantada hasta el centro de Bruselas desde una remota región de la Anatolia (Turquía continental) Para mas "inri" histórico, situada en la antigua Capadocia (cristiana) de los tiempo de las Cruzadas y mucho antes aun del paso de los visigodos por la zona (...)
En lo que se reviste -visto y analizado con la perspectiva histórica de las décadas transcurridas desde los inicios de ese micro/fenómeno migratorio tan atípico, de la segunda mitad de la década de los sesenta- de todos los carices de una venganza de clase, llegada a cabo y consumada gracias a la la coartada ideal que ofrecía los lazos que les prestaba -a los patrocinadores de la operación de lado turco como del belga- su pertenencia común a la Internacional socialista Y de una traición de lesa patria para dejarnos de eufemismos.
Y como era de prever treinta años después los recién llegados (de entonces) siguen viviendo entre ellos como si nada o poco hubiera cambiado como si no hubieran hecho mas que trasplantar su localidad entera -y sus habitantes dentro- de un sitio al otro, por los aires y en alfombra mágica como quien dice, atravesando de uno al otro confin todo el continente europeo (...)
Caricaturizo un poco -a efectos pedagògicos- pero no creo exagerar mucho presentando así las cosas. E ilustra la situación tal como aquí la describo la imagen que da en esa zona municipal de Bruselas, y en el barrio mas céntrico de la misma, el espectáculo nocturno por demás surrealista de su bella iglesia barroca del mismo nombre -de Saint-Josse- de la época española (faltaría), cerrada a cal y canto ya al anochecer e iluminando el barrio de noche, habitado casi en exclusiva de población de origen turco.
Como un cuerpo extraño en un medio (silenciosamente) hostil, llamado -se diría- a un destino análogo al de la catedral Santa Sofía de Constantinopla (...) Y ahora cuando supe que la autonomía de Saint Josse estaba en juego en las conversaciones con vistas a la formación de un nuevo gobierno, comprendí de golpe muchas cosas.
La autonomía administrativa de la capital de Europa es el vientre blando del estado belga independiente y mas aún de la unidad y cohesión del país amenazado por las tensiones lingüísticas entre valones y flamencos. Y su propia debilidad ofrece el flanco ideal a la punta de lanza del choque de culturas que busca -sin tregua- el colarse tras la inmigración musulmana en Bélgica; más entre turcos que entre marroquíes por paradójico que parezca. Y la diferencia innegable se ve ilustrada en un hecho flagrante e irrefutable los turcos forman aquí guetos (los marroquíes no en cambio o en mucho menor intensidad y cuantía)
Otra de las "comunas " amenazadas por una fusión lo es la de Saint Gilles, lugar de acogida de gran parte del colectivo emigrante español en Bélgica de los sesenta, y feudo socialista de antiguo en la política belga; qué de más lógico, se diría.
El burgomaestre de Saint Gilles -a titulo vitalicio yo no conocí otro desde luego- en los años que aquí llevo residiendo lo es Charles Piqué -¿cualquier parecido con la realidad pura coincidencia (sólo) o una huella (mas) de la presencia de "oriundos" en la realidad sociológica y en la política belgas?- presidente a su vez de la mancomunidad correspondiente a los diez y nueve municipios de la aglomeración -"la región de Bruselas" como aquí la llaman, por surrealista que suene o que parezca- quien curiosamente residía hace algunos años -no se siga siendo el caso- justo delante, a escasos pasos, del gran portalon de entrada de la cárcel de Saint-Gilles -como en servicio de guardia (...)- donde fueron encerrados muchos "colaboradores" belgas"; en terminología jurídica de aquí "incívicos" en el 45, y condenados a muerte algunos de ellos, por más que el apelativo cuadrase mas a algunos de sus adversarios de entonces, simples terroristas (sanguinarios) en los parámetros en vigor hoy den día. A buen entendedor pocas palabras bastan.
Y como si se tratase de una bestia herida, la reacción del partido socialista francófono tras la renuncia de su candidato (de compromiso) Di Rupo, no se habrá hecho esperar. Amenazas de nuevo de chantaje al separatismo, irrumpiendo de pronto de labios de varios de las figuras principales del partido.
Una actitud que no es nueva en la política belga del lado francófono, que en parte se explica como una reacción comprensible a las tendencias centrifugas o claramente separatistas del lado flamenco, pero que en el caso de los socialistas francófonos se reviste de no poco de demagógico e irresponsable rayando con la traición a la causa común de la unidad entre los habitantes de estas tierras a uno y otro lado de la frontera lingüística.
Una actitud no poco escandalosa que evoca la parábola del rey Salomón sin falla y dice muy poco del sentido de patriotismo entre los miembros de la principal formación política de Bélgica. Y evoca a su vez -comparaciones odiosas- la actitud equívoca de los socialistas españoles con los separatismos vasco y catalán (y gallego) durante los años de la República.
La unidad, causa sagrada en estos Países Bajos (del Sur) En Bélgica como en España. La que defendieron los españoles a uno y otro lado de la frontera lingüística amenazada entonces por un protestantismo combatiente y subversivo en su versión calvinista que se vería traducida mayoritariamente y de forma casi exclusiva en lengua flamenco/neerlandesa. La Unidad es además la bandera que los españoles aquí residentes estamos fatalmente llamados a izar en la medida que como es mi caso al menos habremos acabado solidarizándonos con el destino de estas tierras y de sus habitantes, sin romper en modo alguno los lazos de lealtad que nos ligan a nuestra propia memoria histórica (española)
Los socialistas francófonos se lanzan ahora irresponsablemente sin embargo en una retórica separatista mucho más explícitay descarada -vendepatrias pro/francesa- que la de sus congéneres parlamentarios del lado flamenco; por una reacción sin duda de huída hacia adelante que tiene no poco de irresponsable y también de confesión de culpa.
Porque pretendiendo salvarse ellos mismos y con ellos sesenta años de gestión partidista no les importa que arde el país entero en las llamas de la querella lingüística (y "comunitaria") Laurette Onckelinckx, ministra incombustible desde hace quince años, francófona de ascendencia flamenca como la onomástica de su apellido lo indica -que evocó una vez por la radio ante mis odios absortos su época universitaria (mayo del 68) de cuando "la caída (sic) de Franco"- prefiere a todas luces darle barreno al estado belga actual aun sobreviviente por mucho que se encuentre en avanzada fase de partición, que reconciliarse con su propios orígenes familiares; sin importarle así en pariencia abandonar a los belgas a su propia suerte y a la capital del país Bruselas a los demonios que la acechan entre otros el de la bomba espoletada -de efecto retardado- escondida en el fenómeno migratorio.
Una capital de Europa poblada -acorde a cifras no oficiales- de mas de un treinta por ciento de poblacion musulmana. Fruto (envenenado) en gran parte de la apuesta migratoria de antiguo del partido socialista.
Domingo, 12 de febrero
Juan Fernandez Krohn
Juan Fernandez Krohn
Padre Fortea
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Atticus-444
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Chris Gonzalez -Mora
Antonio García Fuentes
Juan Granados
Carlos Ferrer
José Pómez