
La justicia argentina -¿contradictio in terminis?- ha decidido reabrir la causa de la reapertura de la causa por las "fosas del franquismo". No me equivocaba; tras la calma estival, de nuevo los muertos en danza. La jurisdicción universal es un mito, como el de la separación de poderes en los regímenes democráticos. Como lo fue el ideal pacifista e humanitario de la sociedad de naciones.
Escribió el francés Celine en uno de sus panfletos político/literarios -"Bagatelles pour un massacre"-, del periodo de entre guerras, y refiriéndose a aquellos pulcros/funcionarios con sede en Ginebra, que se sacaban de la manga en un santiamén, de un plumazo o de un simple juego de manos como quien dice, autenticas masacres de millones de personas como quien no quiere la cosa.
Se refería a los ejecutivos y funcionarios de aquella organización predecesora de las Naciones Unidas, pero a los jueces y juristas al servicio de la justicia o jurisdicción universal se les puede aplicar un rasero idéntico.
Una justicia subalterna además, propia de países subalternos inferiores, a partir del momento que las principales potencias del planeta los Estados Unidos, la Gran Bretaña y la ex-Unión Soviética -por no hablar de lo que queda de regímenes comunistas- siguen sin ser signatarios de las convenciones y resoluciones de derecho internacional -que los recuperacionistas tanto gustan de tirarnos a la cara- en favor de los derechos humanos, que definen por ejemplo el crimen/de/genocidio.
Ven el tema del otro lado de la barrera sin sentirse de una manera u otra ligados o sometidos a aquella, y así les va a ellos y así nos va a nosotros. ¿Por qué no emplaza la justicia argentina al gobierno británico o a su anterior titular, Tony Blair, por haber mandado a las tropas inglesas al Irak como tanto le acusan, o por todas las exacciones cometidos por el ejército británico en Irlanda del Norte durante décadas, o por las operaciones de guerra química en el Waziristán -en la actual frontera afgano/pakistaní (...)- al seguir al final de la primera guerra mundial? ¿O a Roosevelt o a Winston Churchill por los bombardeos de Dresde, Hamburgo y un sinfín de pueblos y ciudades del continente europeo víctimas de los bombardeos salvajes de los anglo/aliados por cuenta de la democracia?
Y la lista de casos suceptibles de encausamiento se alargaría "ad infinitum" si la justicia argentina se dedicase a bucear en el pasado "justiciable" mas o menos reciente del mundo anglosajón. Pero esta claro que la derrota de las Malvinas es una pesada capa de plomo sobre la Argentina de hoy y sus actuales dirigentes entre los que cabe incluir los responsables de sus principales instituciones y entre ellos sus magistrados.
E incapaces de asumirlo y de intentar de una forma u otra sacudirse ese peso de opresión -y de oprobio- de encima, acaban fatalmente escogiendo la vía fácil del tubo de escape y de los subterfugios. Y entre todos los chivos expiatorios posibles e imaginables esta claro que la leyenda negra anti-española operante del otro lado del charco y entre hispanos más aún por paradójico que parezca -a nivel de las instituciones y organismo del estado me refiero- que en entre anglosajones o en suelo europeo (allende los pirineos) les tiene designado de antemano como quien dice a quien poder emplazar de preferencia.
Y así ponen ahora en la picota a España entera en sus instituciones y por vía de consecuencia el honor en entredicho del conjunto de los habitantes de la que llaman la madre/patria por acusaciones por crímenes de lesa humanidad aidad -una noción que tiene su origen en el tribunal de Nuremberg, hueca y ruidosa como unas cacerolas grandes y vacías; tres veces nada como dicen aquí en Bélgica.
Entre el crimen (o delito) de genocidio, los crímenes de lesa humanidad, los crímenes de guerra y las desapariciones, la figura de la jurisdicción universal es como el árbol que no deja ver el bosque: de la falacia de la injusticia y de la manipulación partidista,que forma todo ese jerga de léxicos y de conceptos propia e intransferible del ordenamiento internacional jurídico (y democrático)
Y la impostura se ve ilustrada por la personalidad del responsable supremo en de la comisión argentina de los derechos humanos, un antiguo terrorista, como ya lo recogí en una de entradas. Y acerca de ello no es nada trivial que entre los tres casos cuidadosamente escogidos ahora por la justicia/argentina -en una operación milimetrada (de estrategia judicial y a la vez de guerra psicológica) en su blancos y objetivos por descontado-, figure un condenado por pertenecer a una organización terrorista (del FRAP) de las que actuaron en el tardo/franquismo.
El escandalo viene ahora pues por tres casos ejemplarizados: dos alcaldes del PSOE fusilados en los primeros meses de la guerra civil, y uno de los últimos condenados a muerte en el último consejo de guerra del franquismo.
A uno de los de los alcaldes ejecutados se le reconoce abiertamente en los datos e informaciones que circulan por su cuenta en la red su pertenencia a la masonería y al otro su militancia de antiguo -desde sus años de emigrante en la Argentina- , en el PSOE, una organizacion beligerante como tal en la guerra civil, por mas que los padres de la constitución y los principales artífices de la transición decidieran otorgarle carta de beligerancia democrática.
Tales aguas tales lodos. Lo del carnet de masón es un tema encambio un poco más capcioso y complicado. Y lo digo por habermelo aprendido la lección a mis propias expensas, como quien dice La masonería como tal se evaporo por decirlo así -como su principal criatura en suelo de la Península, la institucion libre de Enseñanza- en los inicios de la guerra civil.
Pero fue beligerante en cambio -y cómo!- durante los años de la II República en un asalto general interrumpido a la instituciones del estado al que solo pondría fin el alzamiento del 18 de Julio. El carnet de masón seria en los años aquellos el equivalente del carnet de un partido político (democrático) en la España de la transición y de la democracia, trampolín preferido y infalible a efectos de trepa y ascenso en la vida profesional y en el día a día.
Azaña era masón, y acorde a los libros de Pío Moa su ingreso tendría lugar ya durante la República. Lo que prueba que su poder influencia no servía solo a modo de trampolín sino de garantía de supervivencia en política por la proyección internacional que "ipso facto" otorgaba aunque solo fuera.
Fue prenda indispensable de ascenso profesional y promoción social en aquellos años y a medida que la situación se agravaba y que el clima social se enrarecía y se politizaba acabaron siendo, sobre todo a partir del febrero del 36, índice fidedigno de influencia y de importancia y poder en el plano político.
Giral como Portela Valladares, su predecesor, dos figuras de la II República de una papel tan crucial y decisiva tuvieron en el tobogán que condujo a los españoles a la tragedia -el primero dió acceso a las instancias de poder al Frente Popular, el segundo les proveería de armas (...)- eran masones (y gallegos) los dos. El alcalde/masón de la II República acabo siendo pues madamas emblemático de un régimen que había perdido su legitimidad y como tal blanco escogido de los sublevados. Dura lex sed lex. El carnet de masón en una zona, por la sotana o la medalla o el crucifijo en la otra.
Y es altamente significativo -de "la larga marcha a derecha" en la fase final de la trayectoria del autor- que Francisco Umbral que tanto ensalzo e intento rehabilitar la figura del alcalde de pueblo socialista (o masón) fusilado en el 36 a lo largo de sus novelas guerracivilistas escogiera -él o los suyos- al final, no un entierro civil (y masónico) sino el rerposar -junto a su hijo- en la Almudena.
Por lo que al otro alcalde incluido en la causa se refiere no es menos significativo que sus restos tuvieran que ser desenterrados primero de una fosa/común (como ellos le dicen)...situada no obstante al interior del recinto definido lugar/sagrado, acorde al derecho canónico en vigor entonces como ahora. Un expolio que pretendieron sin duda repetir hace días pasados en el cementerio de Loja.
La sombra del juez Garzón continua pues -pese a su alejamiento provisional o definitivo- a cernirse sobre el futuro inmediato amenazando de una forma u otra la armonía social y la convivencia entre españoles. Y no es trivial tampoco que sea su conexión/argentina la que le esté suministrando su última baza a él y a la política seguida hasta ahora por el partido socialista en el tema de la memoria.
La Argentina fue provincia, que me diga virreinato -del Río de la Plata- de nuestro Imperio antes de declararse independiente y de acabar convirtiendo en el/dorado no de conquistadores como los del del siglo de oro, pletóricos de sueños y energías -y de heroísmo y de espíritu de aventuras- sino de emigrantes de una España en decadencia, gallegos en su mayoría.
Viví durante mi estancia en Argentina, en Buenos Aires -aquí ya lo saben-, en el popular barrio en torno a la calle Belgrano -junto al obelisco del 9 de Julio-, en pleno centro de lal ciudad y lugar proverbial de concentración de la emigración gallega, algo visible en la gran cantidad de establecimientos comerciales que ostentaban el sello galaico en sus letreros y escaparates.
Eran los tiempos de la primera y la segunda de las juntas militares -aquí todos lo saben también-, de un orden publico sin la más mínima fisura y un clima (risueño) de tranquilidad y de prosperidad en la calle por todas partes. Es lo que yo ví y sentí, ¿por qué debería contarlo de otra manera? Y los emigrantes gallegos de buenos Aires -hijos o nietos o bisnietos de emigrantes-, de izquierdas o de derechas, galleguistas o socialistas, votantes del PSOE o de Manuel Fraga se compaginaban bien con la nueva situación creada a todas luces.
Ellos, lo mismo que los vascos allí llegados emigrantes o exiliados, que tenían entonces -bajo el régimen militar- su principal sede (abierta al público) en buenos Aires, precisamente en aquella calle Belgrano a unos pasos de donde yo vivía; la bandera separatista ondeando siempre al viento en su balcón hasta que desaprecio por lo que fuera. Sin que ello interrumpiese el ritmo y la actividad corriente de aquel centro tan emblemático.
La emigración es algo trágico para los que emigran y para los que acogen, como le leí una vez a un líder neofascista italiano (fuera de toda sospecha en la materia) Pero además en el caso español se reviste de un sello particularmente aciago y funesto en la medida que se traduce fatalmente -para propios y extraños y en especial para los que residimos fuera de España y que por una razón u otra podemos divisar el fenómeno "desde fuera"- en un recordatorio no solo de la pérdida irreparable de nuestra grandeza antigua sino también del brillo -extinto pagado- de civilización que irradiaba por todas partes la España de entonces como lo haría mas tarde -hasta hoy- la "langue et civilisation françaises"- y el poder y la hegemonía de la técnica y de la tecnología anglosajonas.
Yo comprendo que a algunos les deje fríos ese aspecto del problema de la emigración española fuera de nuestras fronteras; pero también otros tendrán que acabar emprendiendo que para los que no perdimos esa fibra (de patriotismo) sensible suponga una fuente un tanto insoportable de dolor lacerante de vergüenza (patria) y de sufrimiento (insufrible) ese espectáculo de subalternaje -de sumisión al extranjero en definitiva- que ofrece invariablemente la diáspora española de los cien últimos años fuera de nuestra fronteras, allende los pirineos como del otro lado del charco. En el simple fenómeno -innocuo en apariencia- de la exptriacion linguistica emigrante generalizado desde la segunda generación quí en Bélgica (...)
Un estado de espíritu latente al menos en una inmensa mayoría de españoles cuando salen fuera -de visita o de viaje- y sin el que no se explica por ejemplo una obra tan clarividente sobre el fenómeno de nuestra decadencia como "Genio de España" de Ernesto Giménez Caballero, escrita significativamente tras una estancia de su autor -años treinta- allende los pirineos (precisamente en Estrasburgo)
Un peso de la historia y de la memoria (todo juntas, bien revueltas) agravado y aumentado por el sello guerracivilista del que se ve fatalmente imprimido, en conjunto como por separado (en una mayoría de casos por lo menos), el movimiento migratorio española (hacia fuera) de las últimas décadas, dsde el final de la guerra cvil.
Como lo ilustra la diáspora gallega en la Argentina, última baza tal vez del partido socialista (PSOE) en el tema de la memoria histórica.
Viernes, 17 de febrero
Juan Fernandez Krohn
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Ángel Sáez García
Paulino Toribio
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Padre Fortea
Ángel Gutiérrez Sanz
Carlos Ferrer
José Donís Català