Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

A vueltas sobre la identidad del padre (biológico) de Umbral: ¿un testimonio creíble, el de Ángel Alcázar de Velasco?

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Recibo al punto un comentario a mi entrada de hace unos meses sobre la identidad -nombre y apellidos- del padre (biológico) de Francisco Umbral. De alguien que a todas luces se da por "aludido" (por lo que sea) Me viene a decir que me dedique a la literatura infantil -que exige buenas dosis de imaginación- y no a hacer periodismo de investigación por libre que no es tal (me dice) Y el gran argumento, como una maza, que me suelta el autor del comentario es el de la edad -en su tiempo de vida- de la persona mencionada con nombres y apellidos en mi entrada, Anselmo de la Iglesia (Somavilla)

Estuve documentándome de urgencia y tras estar a punto de arrojar la toalla -lo confieso- me repongo rápido y decido continuar en la brecha sobre el tema. Efectivamente, leo en un recorte de periódico ya antiguo, del diario el País de 1976, que Anselmo de la Iglesia -que pasa a la historia de la Falange y del nacional/sindicalismo como uno de los lugartenientes de Onésimo Redondo desde los primerísimos tiempos de la fundación de las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica en agosto del 31, y por ser uno de los firmantes del escrito de los 126 (los que votaron "No" a a la ley de Reforma Política) al que se refiere directamente el articulo aludido del País- tenía entonces "cincuenta años" (...)

La madre de Umbral, Ana María Pérez Martínez, y tomo el dato -entre paréntesis- de la biografía de Umbral escrita por Ana Caballé, había nacido el 6 de octubre de 1905 (op.cit. p. 62) De la misma edad pues (unos meses más joven) que Onésimo Redondo. Lo cotejo todo de inmediato echando cuentas con otros de mis datos y algo falla. Hay un problema, se me antoja de pronto, con la edad oficial -u oficiosa- de Anselmo de la iglesia; como la había con la edad pretendida de Francisco Umbral, tal y como lo demostró Ana Caballé en su libro: nacido el 11 de mayo del 32 y no en el 35 como siempre se daría a entender, por sugestión o visto bueno implícito sin duda del propio interesado. Cuando nació su hijo pues, la madre de Umbral tenía veintisiete años y cuando quedó embarazada de él, veintiseis todavía (...)

Porque si es cierto lo que se recoge en esa noticia atrasada del diario madrileño, Anselmo de la Iglesia habría nacido en 1920; quiere decir que al iniciarse la guerra civil tenía a penas quince o diez y seis años(...) Y el dato, un tanto insólito, se contradice con la imagen anclada en la memoria colectiva que lo recuerda perteneciente a la generación de Onésimo y de los fundadores de la Falange vallisoletana, y ya anteriormente de las JONS y antes incluso de las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica (e n agosto del 31)

Y desempeñando además un protagonismo del primer plano de jefe de los grupos de choque de Falange en los tiempos que precedieron al estallido de la guerra civil en Valladolid. Un adolescente impúber entonces, en cambio, Anselmo de la Iglesia; lo que nos quiere hacer creer ahora el autor del comentario que aquí abordo, en base tal vez a esa (sóla) información periodística. Reconocerán mis lectores que nos asiste el beneficio de la duda y que se puede (y se debe) seguir indagando en tema sin duda alguna.

En mi entrada anterior ya di cuenta de los motivos y jalones principales que me habían guiado en mis pesquisas, que pretendían limitarse en un principio a un dominio puramente literario en relación estrecha con mi trabajo -de natura esencialmente literaria también- sobre Umbral y sus novelas guerracivilistas del que tengo recogido el texto completo en esta bitácora. El libro de Ana Caballé dejaba abierta -irresuelta- la cuestión de la identidad del padre biológico de Francisco Umbral.

Algo, según declaraba la autora misma, que "no le competía" (...) En sus paginas afirma no obstante la autora, en términos explícitos, que el vallisoletano Miguel Delibes -fallecido no hace mucho- escritor y periodista célebre y figura sin duda de la mayor relevancia e influencia social del Valladolid de la posguerra -una ciudad en donde residiría siempre hasta su muerte- "conocía la verdad" de los orígenes del autor (...)

También recogí en mi entrada anterior la entrevista informal -en el bar de la Biblioteca Nacional, en Madrid- que tuve hace algo más de un año con César Alonso de los Ríos, vallisoletano, escritor y periodista, de la misma generación de Umbral al que conoció personalmente muy joven cuando coincidieron los dos en la redacción del norte de Castilla, quien dejaba por sentado -sin dar nombres y ni apellidos- que la identidad verdadera del padre (biológico) de Umbral era algo "vox populi", en Valladolid por lo menos. Y sin nombrarlo delante mía, ya digo, se extendió en una descripción del personaje que cuadra bien -en particular la mención que hizo de tratarse de "alguien del Movimiento"- con la hipótesis que vengo manteniendo.

Y en el ultimo coloquio sobre Umbral celebrado en el Escorial el pasado mes de julio donde puse sobre el tapete el asunto -con nombre y apellidos por supuesto- sin ganarme en el acto ningún desmentido del tipo que fuera aparte algunas reacciones de protesta propiamente irrelevantes, sí tuve en cambio una conversación a solas con una de las participantes, profesora universitaria de nacionalidad francesa, hispanista de destaque y especialista de Umbral, de una postura frontalmente adversa a la iniciativa que tomó Ana Caballé de desvelar datos inéditos de la biografía del escritor -por tratarse, me decía, "del derecho a su intimidad" y de asuntos de "su vida privada". Y en el transcurso de la cual acabó declarándome de un tono fervoroso y convencido que ella sí sabía quien era el padre de Umbral pero que no se lo diría nunca a nadie.

Un silencio que tal vez se explique por sí sólo; pero ¿por qué el de los otros, de los que saben como ella y que le pasaron "el secreto" (a voces)? ¿Por qué ese tabú en torno a datos normalmente conocidos en la vida de las personas (y de todos y cada uno de los ciudadanos de una nación civilizada como la española)?

Y comentando el tema con un amigo y pidiéndole a la vez su opinión- en un asunto que presenta perfiles un tanto delicados y engorrosos lo reconozco- me vino a decir que no había por qué sacar a relucir las vergüenzas (sic) de quien fuera.

Lo verdaderamente vergonzante me lo parece a mí en cambio el tupido velo sobre la filiacion (biológica) de uno de los autores mas insignes de nuestra literatura en el siglo XX, que viene fatalmente a arrojar un manto de oprobio de una manera u otra sobre todos los españoles. En unos más que en otros desde luego y me refiero a los herederos de la memoria histórica de los que ganaron la guerra.

En el coloquio del Escorial declaré justo al final, en presencia de la viuda del escritor, María España, y del antiguo ministro de Cultura, César Antonio Molina, el haber sido durante años "un lector resentido" de Umbral por culpa del guerracivilismo -en contra de una de las dos Españas contendientes en la guerra civil- que destilaban el conjunto de su obra y en particular su serie guerracivilista, y que solo había acabado reconciliándome con él tras haberme parecido el penetrar un poco aunque sólo fuera en el drama mayor de su vida, resultante de la denegación (injusta) de paternidad de la que vería víctima a lo largo de su existencia.

En un itinerario paralelo concluyendo así, el mío, se me antoja, al del propio Umbral que al final de su vida y en sus últimas obras -al cabo de su "largo viaje a la derecha"- venía a reconciliarse con esa media España a quien no había dejado nunca sin duda de echar en cara el haberle negado al nacer -y sobre lo que no dudo en arrojar anchas y pesadas capas de oprobio en sus novelas a lo largo de los años, a partir de cierta época, o de cierta fase de su trayectoria.

Y haciendo así venía a reconciliarse en definitiva con al propio autor de sus días que a todas luces -no hay que ser ni psiquiatra ni psicólogo para verlo así ni una especialista literario o del relato biográfico tampoco- debía ser alguien significado en uno de los dos bandos, el de los que ganaron la guerra.

No es la mía pues una simple ocurrencia ni un antojo cualquiera fruto de mi propia fantasía como en el comentario que evoco parece querer reprochárseme; pero sí confieso que hay algo de apuesta y si se me antoja de aventura en mi tratamiento del tema y en mi decisión de dar un nombre (y sus apellidos) de resolución del acertijo, o en la tarea de desciframiento del enigma Umbral (de su vida y de su obra)

Y la apuesta estriba en haberme decidido a dar credibilidad a la fuente principal de la que me habré servido a la hora de señalar con el dedo -sin ánimo de acusación en absoluto- y a dar nombres (y apllidos) en mi anterior entrada en el tema de la pfiliación biológica de Umbral. Por la aureola sobre todo de aventurero y de figura rocambolesca que rodea al personaje, un célebre falangista de antes y después de de la guerra; y me estoy refiriendo a Angel Alcázar de Velasco.

No conocí personalmente a Alcázar de Velasco. Por lo pelos, según deduzco ahora. Pero me habré quedado con las ganas desde luego porque de un tiempo a esta parte no hacen mas que llegarme ecos de anécdotas suyas cada una mas sabrosa que la otra. Su experiencia taurina de muy joven -inmortalizada en una foto vestido de torero y charlando con el propio Franco-, su militancia falangista precoz -Palma de Plata- de los primeros momentos, bajo la República; su participación -del lado de la facción hedillista- en los incidentes de Salamanca del Abril del 37 que precedieron al decreto de Unificación; sus actividades de espionaje y en el marco de los servicios secretos del régimen -en misiones por veces extremadamente delicadas como la que llevó a cabo en Londres justo antes de la batalla de Inglaterra- y su faceta de escritor que le brindaría un protagonismo innegable en los años de la transición y una repercusión no menor en los medios.

Era negacionista, sí (muerto el reo muerto el delito, reza el adagio jurídico...) A unos periodistas atolondrados que fueron una vez a entrevistarle -no sospechándose sin duda de la talla de actor y de la capacidad de escenificación del personaje- les espetó, "no hubo seis millones pero sí que los va a haber, ¡salgan de aquí inmediatamente!"

¿Motivo suficiente para poner en duda todas su afirmaciones? Algunos tal vez lo piensen como también les podrá parecer restarle credibilidad el hecho de haber proferidos afirmaciones osadas lo menos que se puede decir en asuntos de una temática análoga o parecida a la que aquí estamos tratando.

Y sin embargo algo me habrá decidido en última instancia a acordar credibilidad y volcar de su lado la balanza del veredicto, me refiero él y su testimonio referente a la paternidad biológica de Francisco Umbral, que él mantenía sin pelos en la lengua y que me habrá sido transmitido por segundas fuentes que me merecen absoluta confianza.

Y se trata de la circunstancia de una evidencia más que transparente que Ángel Alcázar de Velasco fue un hombre de accion, un aventurero perseguido por la imagen -de libertinaje- que arrastrarían algunas de las figuras mas emblemáticas (a comenzar por la de José Antonio Girón) del sector franco/falangista del Régimen; y primero de todo, fue un hombre de honor. Fiel a unas convicciones de las que nunca renegaría.

No conocí a Ángel Alcázar de Velasco, es cierto; pero sí conocí a su hijo Fernando. Algún tiempo antes incluso -a principios de los setenta- de un suceso en el que él se vería envuelto que ocuparía las primera plana de revistas y periódicos entonces -como mi detención en Fátima- y de lo que siempre pensé y con la perspectiva del tiempo transcurrido no habrá hecho más que reafirmarme en mi convicción primera que "había gato encerrado" en el tema.

Aunque solo fuera por haber sido entonces la comidilla de cierta prensa y de ciertos sectores que se aprovecharon sobre todo para cebarse en la significación ideológica -próxima a la de su padre- que se atribuía a Fernando Alcázar de Velasco (hijo) En una operación de linchamiento no sin afinidades, como digo, con las muchas y repetidas de las que yo mismo seria víctima, durante más de dos décadas.

El honor familiar es algo -se me dirá aquí- que concierne directamente a los propios familiares; porque no es algo puramente individual sino también familliar, y colectivo. Y por eso precisamente, queriendo reivindicar un apellido que me parece perfectamente digno de consideración y respeto como acabo de exponerlo, me parece igualmente oportuno y procedente el llamar a ese apellido -ilustre- a la barandilla de los testigos en un asunto de honor que nos concierne a todos .

Por estar con él en juego el honor de un escritor ya fallecido; y por vía de consecuencia, el de toda una nacion y de de todos los españoles. En particular el de media España heredera de la memoria histórica de los que ganaron la guerra.

3 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Alejandro Alcázar de Velasco 02.09.10 | 11:18

    Francisco, creo conveniente que se plantee dos cuestiones:
    1. Una segunda lectura de los textos que pretende comentar.
    2. Una segunda lectura de lo que Vd. mismo escribe.
    Esto le evitará hacer el ridículo en más ocasiones.

  • Comentario por Juan Maria Fernandez Krohn [Blogger] 31.08.10 | 23:48

    No sé de que me hablas. No he empleado ese término yo el primero. Es mi contradictor el que lo emplea en sus comentario; que no lo soy o sólo de pacotilla. No es investigacion policiaca ni para/policiaca lo que aquí practico desde uego. Y asumo mi guerracivilismo pero en su origen fue defensivo contra el guerracivilismo de los otros. Y tengo muchos testigos de lo que digo. Dos no se reconcilian si uno no quiere. Aquí en Bélgica me pasé casi veintinco años intentando reconciliarme con los emigrantes españoles. En vano (ya desistí de hacer el primo por cierto) Compatriotas sí, pero no tanto. Saludos François (y no te tomes esos pollos a pelar)

  • Comentario por Francisco 31.08.10 | 23:26

    Se ruega que pase el corrector ortográfico a sus "redacciones", señor don "periodista de investigación". Por cierto, ¿qué pruebas aporta para otorgar a este señor la paternidad de Francisco Umbral? ¿Tal vez que alguien le dijo que le dijeron que se creía que habían comentado que...? Y si así fuera, ¿usted se cree que a los 4,6 millones de parados, señor don "periodista de investigación", le puede importar mucho en este momento si Umbral fue hijo de Rompetechos o de Carpanta? Además, como hace siempre en sus escritos, señor don "periodista de investigación", lisa y llanamente escribe lo que escribe para encontrar una disculpa (o culpa) sobre la Guerra Civil, las dos Españas, la época que muchos apenas vivimos (tengo 45 años) llamada dictadura, etc. Usted acusa a otros de "guerracivilismo", pero ya le vale, usted es el que fomenta el "guerracivilismo" a toro pasao, es decir, 30 años después de que ya vivimos en democracia.

    Ni una frase para acercarnos a la obra de Umbral. Ni...

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