
Me llega un comentario a mis entradas anteriores en el que se ve resumido un diagnóstico de la muerte (asistida) del régimen anterior radicalmente diferente al que en estas entradas he venido exponiendo. El régimen de Franco habría muerto ya (bien) antes del fallecimiento de su mas alto dignatario y su suerte la habrían sellado mayormente imponderables de orden económico íntimamente asociados a la defección de una parte considerable de la clase económica del régimen que habrían servido por decirlo así de motivo de reflexión -y de piedra de escándalo a la vez- a la iglesia española sacudida ya por el descontento de "sus bases".
Y en ese análisis incisivo sin duda y consistente -no me duelen prendas- brilla no obstante por su ausencia un factor de importancia capital y decisiva a mi juicio y lo es el Vaticano, o en otros términos la santa Sede, y tras suyo la Secretaria de Estado -y sus sustitutos- y la Nunciatura y que sé mas, todo junto y bien revuelto en una especie de complejo o conglomerado político/religioso -como el "complejo militar/industrial" de la ex-Unión Soviética- que no cabe honestamente reducir a la simple mención de "la Iglesia" (española), como parece desprenderse del comentario que aquí evoco.
La Iglesia/española no existía políticamente hablando, no desempeñó el menor protagonismo político propio en los años del régimen. Y el caso Segura viene a ser la excepción sin duda que confirma la regla. Y así acabaría -en desgracia- como acabaría. ¿De Roma viene lo que a Roma va? No estoy de acuerdo. Nunca lo estuve, ni en Ecône -cuando me oponían algunos de mis cofrades de argumento el célebre aforismo en nuestras conversaciones o discusiones (en los ratos libres) En el caso español -a la actitud de la iglesia hacia el régimen franquista me refiero- no se cumpliría la regla (vaticana) al menos.
El espíritu malo -o "genio malvado"- de la política religiosa por no decir de la política a secas en la España de la posguerra y del franquismo tardío lo fue sin duda alguna -como ya lo dejé insinuado en entradas anteriores- monsignore Montini, futuro Papa Pablo VI tras la muerte (prematura) de su predecesor Juan XXIII.
Ya desde su puesto (superinfluyente) de sustituto a la secretaria de estado que desempeñaría ininterrumpidamente desde su nombramiento en 1937 bajo el régimen fascista, la segunda guerra mundial a través y en los años que siguieron, hasta su apartamiento en el 54 por decisión de Pío XII -y su caída en desgracia subsiguiente - para regresar a la curia crecido en poder e influencia tras el nombramiento del sucesor de aquél, el buen/papa Juan, al que Montini sucedería a su vez a su muerte en el 63, en un período crucial que precedería inmediatamente -como por casualidad (...)- a la mutación profunda que sufriría la sociedad española en el plano de las mentalidades a partir de la segunda mitad de la década de los sesenta como ya lo tengo aquí a menudo señalado.
Hasta el punto que se puede considerar en toda justicia al concilio vaticano segundo que el papa Montini dirigió de mano de hierro (como quien no quiere la cosa), -pese a la imagen de un Hamlet dubitativo que acertarian a difundir de él los medios- como la gran cobaya de lo que después se les vendría encima a los católicos españoles y a la sociedad española toda entera y al papa Montini, aprendiz de brujo en el concilio y gran maestro de ceremonias de la operación de desenganche que iniciaría la iglesia española entonces bajo su supervisión directa y su alto patrocinio.
¿Hamlet el papa Montini? En política española por lo menos esta claro que sabía bien lo que quería. Y no ignoro desde luego que enfoques o análisis de "real politik" como el que aquí me estoy permitiendo siguen siendo tabués entre la mayor parte de comentaristas de la cosa (res) religiosa. Por no hablar de los vaticanistas (casta aparte como ya dije), italianos -no se olvide- la mayor parte de ellos.
Pero es evidente que el gran objetivo -de "real politik"- del concilio lo fue el desmantelamiento por las buenas o por las malas del régimen de Franco, intención primera, en cualquier caso, en los designios del pontífice de entonces. Tal y como la marcha de los acontecimientos acabarían por demostrarlo.
Yo al papa Montini lo odié con toda mi alma, aquí lo dejo escrito (por mi cuenta y riesgo) Era al final, en mis años universitarios tardíos algo obsesivo en mí. Más fuerte que yo lo confieso, hasta el punto que me vetaba por veces el leer la actualidad religiosa -entonces de mucho mayor releive informativo que el que acabaría quedándole (prácticamente nulo) en los días que corren- y en especial las crónicas de ABC del inefable Martín Descalzo para que no se pusiera ya mal cuerpo (para el resto de la semana)
No podía comprender -y sigo sin comprenderlo (del todo)- el poder tan omnímodo de aquel pontífice en la política española (y de sus títeres y correveidiles); y el que nadie o casi nadie lo denunciase de una forma creíble y con mínima audiencia por lo menos, ni tampoco que todos o casi todos en mi medio circundante obraran o pensaran o se expresaran como si no se dieran cuenta de aquel fenómeno, el mas "extraordinario" e "inaudito" -parafraseando a Nietzsche en sus párrafos célebres sobre "la muerte de Dios"- que vivía la época aquella. Me refiero entre españoles.
El chivo expiatorio de la cólera de los "ultras" -y asimilados- que estallaría a la luz del día tras el asesinato de Carrero Blanco lo seria desde luego el cardenal Tarancón puesto en la picota -a los gritos de "¡Tarancón al paredón!"- a la salida de los funerales del almirante asesinado, pero no dejo de pensar hoy que en Roma -y en la Nunciatura- se debieron reír no poco de los infortunios de aquel pobre "fámulo"(ambicioso) -español para más "inri"- que les había caído en suerte. En sus tejes y manejes de alta política religiosa en relación con el régimen de Franco.
Martín Descalzo fue -otro de mis rompecabezas- amigo y paisano de Francisco Umbral y uno de sus referentes mayores en materia religiosa, hasta el punto que el escritor le dedicó un articulo memorable que le merecería el premio "Mariano de Cavia" (de periodismo) donde venia a decir que la nueva teología era algo que se habían inventado a tres, él mismo, Umbral, el cura Martín Descalzo y el escritor -y novelista, en temática religiosa- José Jiménez Lozano, vallisoletano (de adopción) -de Alcazarén- como los otros.
Hoy pienso que de la actitud "progre" de Umbral en materia religiosa en su encaprichamiento con el cura paisano suyo se destilaba una vez mas no poco del resentimiento -justo sin duda o justificable- de los perdedores de la crisis de régimen del 56-57, precisamente los años aquellos de sus pinitos teológicos de a tres que más tarde evocaría, por lo que deduzco. Como sea, Martín Descalzo compartió desde luego -por pasiva me refiero- los odios que me despertaba la figura del pontífice de entonces. De forma distinta no obstante, en la medida que el uno quedaba muy distante e inaccesible para mí y al otro en cambio lo tenía prácticamente el desayuno cada mañana.
¡Una tortura de la gota de agua la lectura de la pagina religiosa de ABC en todos aquellos años que precedieron a mi marcha al seminario de Ecône! Y sin duda que esta aún por escribir la crónica (al revés) de aquellos años bajo el prisma de la política religiosa y en una clave de explicación e interpretación que es l que nos ofrece una critica medianamente objetiva de la tarea informativa y redacción inagotable del célebre cura/periodista.
Yo la llevo registrada desde luego -en parte al menos- y bien grabada en mi cerebro como aquí algunos ya saben (o se barruntan) Vi en persona una vez (solo) en mi vida al cura Martín Descalzo en una conferencia que dio en ICADE -en su colegio madrileño de Areneros- en la que me levanté al final parar rebatirle entre el silencio y el estupor generalizado del público -joven en su mayoría-y recuerdo aun la expresión de extrañeza y de irritación mal disimulada de una de mis compañeras de la facultad con la que me crucé al salir, bajando las escaleras: simbólico en extremo del desencuentro (final) que fue el mio con mi propia generación(universitaria)
Martín Descalzo habló a la prensa de mí en términos beligerantes cuando me detuvieron en Fátima evocando sin duda aquel encuentro pero en unos términos que dejaban traslucir que me conocía sin duda...y que se equivocaba a la vez de contradictor (joven), lo que ofrece muestra palpable que no fui yo el único aquellos años, como yo así me lo pensaba (...)
Y evocaba el odio (sic) tan inaudito que había sentido en mis palabras -no insulté ni injurié ni amenacé ¡mi palabra!- visiblemente escandalizado sin duda -de mí o de otro que confundió conmigo, ya digo- , lo que se explicaba perfectamente sin duda en alguien como él que tenía la palabra amor tan a flor de labios. De gran coartada -se me antoja hoy- en una tarea periodística tan corrosiva (y tan partidista) y tan encismante, y propiamente tan "odiosa" que era su pan nuestro de cada día. Descanse en paz (y descansemos todos)
La política y la actualidad en el terreno religioso fue sin duda uno de los motivos de discordia que me cabo separando del FES. Como sale tan clamorosamente a relucir en las recentes polémicas de las que me habré echo echo (bastante) en estas entradas. Tras lo que hoy, efectivamente, se me antoja ver -tantos años después- un factor de separación o elemento diferenciante de orden generacional...que me diga hereditario. Mis antiguos camaradas del FES eran en su mayoría -como sus fundadores Sigfredo Hillers y Ceferino Maestú- antiguos del Frente de Juventudes (y de la OJE, y anteriormente de las Falange Juveniles, para los mas antiguos entre ellos)
Aquellas aguas, estos lodos. El Frente de Juventudes después de la guerra, a creer a Francisco Umbral, se acabaría convirtiendo en "un refugio de hijos de rojos" que escarmentados se apuntaban en sus filas para tener asegurado el condumio y que les dieran buenos escarpines (y conseguirse otras regalías) Se lo cité a Sigfredo en la correspondencia digital que tuvimos y fue tal vez lo que desato en él la caja de los truenos. Por lo que fuera.
Pero el mayor "refugium peccatorum" de la posguerra para los hijos de los vencidos -de los rojos- lo fueron sin duda -de preferencia al Auxilio Social falangista- la iglesia y sus instituciones: desde los comederos parroquiale y otros organismo de caridad y beneficencia hasta los propios seminarios -menores y mayores- por los que pasó una buen parte de la juventud de aquellos años cuarenta y primeros de los cincuenta, de una España en la que había recobrado el poder y la influencia social de antiguo, acentuado además por las penurias y escaseces de la época que llevaba a muchos a ver un futuro (posible) para sus hijos en la carrera eclesiástica.
Aquí ya evoqué la hipótesis -más que plausible- que Francisco Umbral, niño atípico "de derechas" hubiera tenido alguna experiencia (por corta o fugaz que fuera) -además de su años de monaguillo- de paso por un seminario menor -de jesuitas- a tenor de lo que escribe o da a entender (o a barruntar) en algunas de sus novelas de un sello autobiográfico omnipresente todas o casi todas ellas.
Un fenómeno innegable de importancia innegable y alcance e influencia decisiva al que es imposible creer que fueran ajenos los designios de alta política religiosa (vaticana) a los que aquí he venido refiriéndome. En el comentario al que aquí aludo se evocan "las bases" de la iglesia española de entonces. ¿Y quienes eran? Es la pregunta que tal vez muchos no se atrevieron a hacerse hasta hoy sin duda porque no se atrevieron tampoco a mirarse de frente -como el personaje de la novela (guerra civilista) de Michel del Castillo- en lo mas hondo del espejo "para saber de donde vengo" (...)
Católicos -o iglesia- somos (casi) todos los españoles arguirá aquí tal vez algunos (ya lo estoy oyendo) De acuerdo, pero muchos no se han preguntado nunca sin duda si en algunas de las organizaciones o instituciones mas emblemáticas de la iglesia española el porcentaje de los hijos de los vencidos no fuera (proporcionalmente) acaso mucho mayor que el de los "otros" (...)
Como lo ilustra a todas luces la deriva que sufriría la acción católica obrera -HOAC, JOC (etcétera, etcétera...)- y su trasvase en masa a organizaciones en dependencia (estrecha) del partido comunista y otras organizaciones subversivas a partir de la década de los sesenta. E incluso los seminarios, como ya hemos visto. Lo que da desde luego una clave de explicación más que suficiente de la facilidad con la que la operación "desenganche del régimen" -de inspiración vaticana- se vería llevada a cabo.
De la noche a la mañana una iglesia que hasta no hacía mucho se mostraba de la mas adicta del régimen, a comenzar por su más altos e influyentes prelados -saludando brazo en alto en los atrios de las iglesias o en las entradas de Franco bajo palio en los recintos sagrados- cambiaba de chaqueta, y los curas adictos al régimen se veían condenados al ostracismo o a la puesta en cuarentena como aquel pobre y patético Don José, párroco de la iglesia del hospital del Niño Jesús a principios de los setenta que atronaba todos los domingos desde el público la iglesia patéticamente vacío -salvedad hecha de cuatro estoicos que le hacíamos compañía- repitiendo una y otra vez congestionado de santa/cólera que él le debía su fe a Franco y no al papa (y punto)
Una memoria entretanto, llamémosla ex-cautiva, caracterizado por el fuerte sentimiento de culpa de muchos que sufrieron cautiverio en la zona roja explica en parte a mi juicio ese fenómeno de trasvase ideológico que protagonizaría la iglesia española en el tardofranquismo, simultáneo con una reconstrucción o recomposición -en un plano testimonial como también en otro literario a veces- de la memoria propia individual como colectiva.
"Mi padre aprendió en la checa a perdonar" me decía no hace mucho un antiguo del FES, de su padre que sufrió cautiverio en zona roja, al calor de estas discusiones que he venido manteniendo -con un pasado mio de muy joven de telón de fondo- a lo largo de mis últimas entradas; en el curso de una conervación telefónica en la que no hacía más que culpabilizar a los "otros" familiares suyos, mas lejanos. En resumidas cuentas (...)
¿Discusión envenenada esta polémica sobre la memoria histórica, como lo fue la polémica del perdón en el pontificado del papa polaco? Enrevesada sobre todo y azarosa y "procelosa" que era como veían clásicos a la diosa (antigua) de la memoria. Y sometida -me refiero a la memoria histórica de la guerra civil propiamente dicha- a desciframiento y a purificación permanente...de todo lo que no le pertenece (propiamente hablando)
Porque la condición primera de una verdadera catarsis de reconciliación con la que aquí vengo propugnando lo es el no confundir las memorias antagonistas. Como puede ocurrir -y ocurre de hecho- por la vía de la memoria ex- cautiva (y auto/culpabilizante) evocada más arriba.
Que en cuanto tal no dejaba de ser una memoria irredenta (...) Como lo son en principio todos los ex-cautivos y lo digo -aquí todos lo saben- por experiencia propia.
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Le dáis muchas vueltas. A mi entender Franco no poseía ideología política, sino que utilizó todos los recursos que pudo para unificar el bando nacional, erigirse en líder, ganar la maldita Guerra Civil y perpeturase en el poder. Y claro que rehuyó de la II GM, alejó del Gobierno a los falangistas, no casualmente sino que ls acontecimientos demuestran hacia dónde dirigía sus pasos y desde luego no camino del Este.
Le dáis muchas vueltas. A mi entender Franco no poseía ideología política, sino que utilizó todos los recursos que pudo para unificar el bando nacional, erigirse en líder, ganar la maldita Guerra Civil y perpeturase en el poder. Y claro que rehuyó de la II GM, alejó del Gobierno a los falangistas, no casualmente sino que ls acontecimientos demuestran hacia dónde dirigía sus pasos y desde luego no camino del Este.
El mundo que hubiera quedado tras la victoria del eje sería el infierno en la tierra. Los aliados no eran hermanitas de la caridad, y mucho menos Stalin. Pero si queremos confundirlo todo, sacando las cosas de quicio, invitando a un link igualmente estupefaciente que recuerda, qué curioso, a las insospechadas profesiones del "uomo" nostálgico de las buenas virtudes y los tiempos todavía no corrompidos (Maquiavelo por aquí, Gobineau por allá), entonces ahí ya se ha dado la inversión de los valores, la misma que parece denunciarse, con el propósito de contemplar la historia como argumento para este espíritu de la pequeñez, el revanchismo y la exaltación de los agravios inadaptados.
No es éste el mejor de los mundos posibles, cierto es. ¿Cuándo lo ha sido? Pero siempre hubo mentira, y de ésta, en que recomponen y revisionan la historia a su provecho, alimentan otra peor.
Comentario por Perplejo 26.08.10 | 19:05
"Yo creo que si hubiera ganado el Eje viviríamos en un mundo mejor, más acorde con la religión católica".
Joe, lo que tiene uno que leer... estupefaciente. ¿No nos acordamos acaso que los decretos antisemitas de Mussolini despertaron las protestas del Papa? ¿Y que Pío XI escribió la "Mit brennender Sorge" contra el nazismo como fuerza que odiaba y discriminaba la verdadera doctrina de Cristo? ¿O el desprecio que Hitler, Pontifex Maximus de su destructiva ideología, tenía por el cristianismo y el deseo de reemplazarlo por una disciplinada Iglesia aria de un dios tribual de sangre y tierra? El mismo europeísmo salvaje de eugenesia filodarwiniana -ni siquiera Darwin-, intoxicaciones alla Nietzsche -ni siquiera el verdadero Nietzsche- y un sin fin de tóxicas especulaciones de pseudomística, decadencia de occidente e inmanentismo (por aquí y por allá también muy modernista), tejieron las urdimbres de esta ideología über alle...
Bueno, eso no lo acabo de tener claro. Visto el resultado, seguramente fue una bendición que España no entrara en la IIGM. Pero, ¿y si su entrada hubiera provocado que ganara el Eje? Contra lo políticamente correcto, incluso entre los nuestros, yo creo que si hubiera ganado el Eje viviríamos en un mundo mejor, más acorde con la religión católica. Eso no me impide criticar ciertas monstruosidades de los nazis, como en la discusión anterior sobre aborto/eugenesia (que por cierto, tengo novedades al respecto, que ya te comentaré en su debido momento). Te recomiendo que le eches un vistazo a esta interpretación teológica de la IIGM, de un bloguero católico 100% ortodoxo:
http://caminante-wanderer.blogspot.com/2007/12/fin-de-juego.html
Estoy bastante de acuerdo con lo que dices, Perplejo. Pero aún aviniéndose con tus razones por completo, los enigmas no dejan de seguir en pie bien enhiestos. Como el que sigue rodeando a Franco tantos años después de su muerte. "De una vez por todas, Ramón -dice en "la Leyenda del César Visionario", cortando en seco al "cuñadísimo"- yo no soy fascista" "Y no lo era" concluye Umbral por su cuenta. Y no lo era, hay que seguir reconociéndolo. ¿No seria pues mejor mas realista -en el buen sentido del término- dejar de lamentarnos (yo lo hice hasta hace no mucho, confiteor) que España no hubiese entrado en guerra? ¿Y acabar así asumiendo por vía de consecuencia que la neutralidad fue una bendición que salvó al régimen -en sus primeros años- de una muerte vioenta? Lo cual no excusa que en su fase de convalescencia (al final) le dieran la puñalada por la espalda, como lo hizo la Iglesia. Saludos
Esa veta tuya, Krohn, de ultra irredento, te lleva a soltar saliva venenosa contra los del FES, que te han "calado" y marginado por traidor a los valores de la ética y del estilo.
Por eso corres a borrar sus réplicas. Para que no se lea su legítima defensa. Así eres tu. Que lo sepan los que puedan leer este comentario antes de que lo suprimas.
Anda, corre con el tipex. No sea que llegues tarde.
Termino y pido disculpas por la extensión: quiero hacer notar que es la misma tradición de la Iglesia la que, al margen de conflictos entre güelfos y gibelinos de nueva hornada, se ve a sí misma como “nunquam infida”, nunca traidora, ni a sí misma ni a nadie
¿Suena todo esto un poco cínico? No. El cinismo nos mata, todo hay que decirlo. Sólo me he puesto doctrinal, y por una vez, al lado del vetusto tradicionalismo, pero sin entrar en humorísticas consideraciones sobre lo sibilino que puede llegar a ser un señor con alzacuello (de Lefebvre o no) cuando se pone al ajuste fino teológico. Se firmara o no la Carta Pastoral de los Obispos y el tema de la Cruzada, y la ‘utilitas’ que hubo entre Franco y la Iglesia Española, lo cierto es el que perdedor natural era la Falange, porque ésta sin el apoyo del régimen, eso sí, como muñequita vestidita de azul y con canesú, hubiera muerto "joseantonianamente" en manos de grupos fascistoides controlados por Roma o Berlín.
[Por cierto, mucho antes de que el blogger oyera hablar del abad benedictino, ya un gran capuchino como el P. Rivera de Ventosa se encargó de estudiarlo (vía san Buenaventura, bien es verdad). Convendría que le diera un vistazo antes de pronunciarse sobre esta cuestión]
Pues bien, el orden de la ‘convenientia’ que rige las relaciones de la Iglesia con la sociedad civil y política, es de “persuasión de que se cumple un deber” (Enc. Sapientiae Christianae, Leon XIII, 1890). Seguimos con la tradición: solo hay persuasión. Y persuadidos de que todo régimen acaba, y que la victoria es siempre de Cristo (et ecclesia), no hay más fidelidad al 18 de Julio que la que podría dispensarse al 26 de Agosto, que es hoy, si de fechas aleatorias hablamos,… ‘cetera beneficia’.
Bien, esto supone que la “invicta stabilitate” de la Iglesia no se une en ‘fidelitas’ a ningún régimen, aunque sea “per gratia Dei”; a lo sumo, ‘convenientia’ (relación por convenio) y, en el caso que nos ocupa, mutua ‘utilitas’ por relativa convergencia dado que el régimen de Franco servía de protección y garantía de la predicación y libertad de la Iglesia. Repito lo dicho: en este punto, soy de lo más tradicionalista posible. ¿Traición? ¡Por Dios! La Iglesia nunca traiciona; sería así fuera, san Agustín hubiera quedado deslegitimado. Precisamente, ya que el blogger habla de Joaquín de Fiore, éste, aunque fuera utópicamente, reservaba fidelidades metafísicas al proceso del Espíritu Santo en la sociedad perfecta futura. Pero ya se encargó la misma Iglesia de quebrar cualquier garantía de fidelidades metafísicas (y políticas) cuando en el Concilio Lateranense IV (1215) dictó aquello de que el Espíritu es “pariter ab utroque”.
Basta recordar la vieja ‘Demonstratio Catholica’ del XIX para saber que la ‘Ecclesia Romana’, y lo digo en latín ‘inter omnes rerum vicisitudines, invicta gaudet stabilitate’. Esto lo escribía ese furibundo antimodernista que fue Tanquerey, manual por excelencia de los viejos seminarios cuando éstos estudiaban eso de la ‘Vera Religione, de Ecclesia et de Fontibus Revelationis’ (T.I Synopsis theologiae dogmaticae, n.799). ¿Qué significa esto? Vuelto del revés, lo que el famoso Código de Malinas reconocía -al blogger le toca cerca-: no hay régimen de “derecho divino”, por cuanto la legitimidad del poder no está ligada providencialmente a ninguna forma política. Y para abundar más en esta cuestión, consúltese el texto del obispo Pla y Deniel (nada sospechoso por cierto) “Las dos ciudades”, Salamanca 1936, donde hallará sustanciosa noticia sobre el particular.
Como se ve, aquí cada uno tiene su particular ración de guerracivilismo en conserva. Como yo sólo hablo de mí mismo y no soy órgano oficioso de nada, simplemente me ocupo de leer con respeto lo expuesto por el blogger, sin entrar en su vida y milagros ni ofender a su persona, lo que me parecería indigno, pues cada uno administra su “novela personal” y ésta debe ser siempre respetada.
Vuelvo a insistir en lo dicho anteriormente: ¿es el concepto ‘traición’ una clave para entender la historia? Muchas traiciones ha habido en la historia, sin duda, pero me da que los aquí escribientes, según parece avezados en el conocimiento del tradicionalismo católico, olvidan que éste mismo, por su propia naturaleza teológica, no pueden asumir que la ‘Unam Sanctam’ traicione nada. Ni antes ni después.
Bien, pero esos son los líos del FES y de ciertos neofalangistas que lo confunden todo. Para mí es claro el 18 de julio fue una fecha providencial. Y, sí, es cierto que la Iglesia se portó muy mal con Franco. Pero no es menos cierto que Franco y su régimen empezaron a abdicar muy pronto de los ideales que habían inspirado el 18 de julio, especialmente a raíz de la derrota del Eje en la IIGM. Arrese lo explica muy bien en su libro de la "Etapa constituyente", aunque intente salvar el buen nombre de Franco. No pretendo exculpar a la Iglesia de su indudable traición, pero creo que conviene tener esto presente.
El autor juan Fernández? más que escribir en un blog acerca de lo que cree, pontifica, piensa en sus juicios de valor -sin capacidad de que los aludidos le contesten- debería ir al psiquiatra con una mochila bien grande y vacía para que día a día, ir llenándola con sus resentimientos y malestares generales con la iglesia y con todo hijo de vecino. Es una pena que no puedas respirar el aire de la libertad que da el perdón. Pienso que has inutilizado la muerte de nuestro Jesús en la cruz por nuestros pecados o ¿es qué tu no tienes?
Un abrazo Juan,
por favor no te sientas obligado a contestar, yo no volveré a leerte.
(Al Perplejo) Diálogo de sordos por los siglos de los siglos, me lo reconocerás, Perplejo. Si resulta que al cabo de cuarenta años, los del FES -su núcleo primigenio (de la Casa de los Perros) me refiero, del que formé parte un tiempo- no son capaces todavía de determinar con claridad -para que se les entienda- si el 18 de Julio fue una efemérides providencial y salvatriz de nuestra historia o simplemente una ocasión perdida...y efemérides funestísima a la vez en la medida que permitió que "los fantasmones se encaramaran en el poder" como decían entonces los del FES que dijo -de Franco- José Antonio (y no tienes más que echar un vistazo a Hispaniainfo) Traicionarse -por segunda vez- a sí mismos ¿es lo que quieres decir? ¿Lo que les habria merecido la puñalada por la espalda de la iglesia del concilio (como se la asestaron también a los portugueses del Estado Novo)? Un castigo más que de madre, de madastra, estarás de acuerdo, Perplejo. Saludos
Pues bien -y termino-, lo que reveló la Iglesia española es, una vez más, la aplicación estrica en política de la teología de la doble ciudad agustiniana o "civitas permixta". En el movimiento de la historia, y si cabe si se la interpreta mediante los "corsi e recorsi" de Vico, no existen torceduras o desviaciones consustanciales de un Todo Absoluto -que es lo que pretende instilar el tradicionalismo- sino impactos, acomodaciones y, permítame el blogger decirlo, "eclipses" de las vigilancias de guardianes eternos, gracias a los cuales nos desembarazamos de la unidad cerrada entre historia, conclusión necesaria y Gracia, para pasar a la relación entre Gracia, situación y libertad electiva. Eso enseñó la Iglesia: que tras Franco no se sucedían las postrimerías, y ello con indoloro y progresivo olvido.
Por eso, cualquier retorno a cierto tradicionalismo religioso necesita reintegrar el "latigazo culpable" del Pecado Original. Sin él, no hay reviviscencia.
Lo que enseñó la Iglesia a partir de finales de los 60 fue que abandonar a un supuesto "Padre", fuera caudillo o no, no es consecuencia de ningún "Pecado Original" sino algo propio del juego entre necesidad, elección y perspectiva histórica. Ya sabrá usted que secularmente el tradicionalismo ve al Pecado Original como categoría fundamental del proceso histórico, el cual permite entender a éste como la desencialización de la necesaria unidad social, la cual, tomada en sí, es independiente e incomensurable con las acciones de individuos o asociaciones. La unidad de la esencia debe regir todo, y el modernismo liberal, frente al cual se enfrentó el tradicionalismo del XIX, disuelve aquélla en prismas, fuerzas y fragmentos accidentales. Sentir la comezón de que se "traiciona" a esta unidad esencial -y al Padre per analogiam- es sentir que la historia es un proceso de disolución y pérdida de identidad que conduce al oscurecimiento de la noción de Providencia.
Traicionar, traicionar... ¿Qué significa esto? A lo sumo, un mero concepto sin ningún tipo de adecuada perspectiva política. Al margen de que el Papa Montini deseaba para España un régimen al estilo de la Democracia Cristiana italiana -sin comunistas, claro está- y toda la influencia social y "prelatura personal" que impondría un político calcado al de Giulio Andreotti, la verdad es que el abandono del régimen por parte de la Iglesia (entre otros) fue provechoso. El término "traición", no sé, evoca cierta componente de facción y toma de postura que más parece interpretar el pasado como una alterntiva irredentista entre ser Vellido Dolfos o el Cid Campeador; es decir, ve la historia como melancolía y justificación más que como acción, complejidad y grado de interpretación, lo que en realidad es.
La Iglesia sí traicionó al Régimen de Franco. Pero es que este, a su vez, venía traicionando al 18 de julio desde mucho antes.
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català