Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

El antiguo cardenal primado don Marcelo González, ¿un joven de su tiempo? (en respuesta al arzobispo de Oviedo)

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"Lástima, señora, que los pobres mientan tanto" Esa frase -ejemplo de sabiduría popular, de su quinta/esencia misma, por paradójico que parecer pueda- que Francisco Umbral atribuía al que fue arzobispo primado de Toledo en el tardo/franquismo Marcelo Gonzalez (Martín) "Don Marcelo", despertaría en el célebre escritor toda un legión de demonios familiares de su infancia y de su patria chica (vallisoletana) de donde procedía igualmente el arzobispo/primado.

En alguna de sus columnas periodísticas le mereció desde luego diatribas más que filípicas memorables rezumantes de (santa) cólera bíblica en las que por una vez se veían más que resecas las fuentes (inagotables) de la ironía umbraliana, tan arquetípica. ¿Por qué ese rencor o ese (justo) resentimiento? Una pregunta que no dejé nunca de hacerme, después de leerle, hondamente intrigado, en aquellos textos tan incendiarios y al mismo tiempo tan reveladores. Y la respuesta me la acabaría dando (a medias) la lectura ininterrumpida de obras sucesivas de Francisco Umbral en el marco de la investigación que le dediqué con vistas a una tesis de doctorado como aquí ya lo tengo dicho.

Don Marcelo se pasea por todas partes, visible a veces, medio disfrazado otras, a lo largo y a lo ancho de la obra narrativa umbraliana y en particular de su serie de novelas guerra/civilistas y más en particular de una de sus novelas -guerra/civilista y autobiográfica a la vez- mas íntimamente relacionadas con el sello religioso (como un "imprimátur") que la iglesia católica y el catolicismo imprimirían en la infancia del escritor, tal y como se vería plasmado en lo que sus críticos dan en llamar la novela de la infancia de Umbral (vallisoletana)

Y me refiero a "Pío XII, la escolta mora y un general sin un ojo" Fiasco editorial grandioso en la carrera literaria de su autor -como lo dejaría consignado su gran enemigo Ricardo de la Cierva- y una de sus obras tal vez mas crípticas y a la vez mas enigmàticas e interesantes de descifrar siempre que se cuente con las claves de hermeneúticas suficientes como creo que en mi caso sucedía.

Hasta al punto que se merecen en mi opinión una redición urgente ...comentada y explicada convenientemente por supuesto(...) Por los rasgos piscológicos -de autismo aparente- inegables en la infancia de su autor, aunque sólo fuera (...)

En esta novela guerra/civilista de Umbral "se aparece" -mas que otra cosa- la figura, con todos las trazas de tratarse de Don Marcel, de un joven coadjutor, que hacía las delicias de sus parroquianas viejas y jóvenes todas en éxtasis de embeleso y admiración delante de aquel joven eclesiástico tan santo, tan piadoso y de tanta unción, y tan por encima de todas las cosas humanas y divinas -mas aún que Nietzsche en el lago suizo de Silvaplana cuando "le acometió" Zaratustra (...)-al que deciden sin mas llevar a los altares a toda prisa (pasando por Roma por cierto, y por el Vaticano) a través de los conductos eclesiásticos pertinentes -como /dios/manda-...aún en vida del interesado (...)

Lo que provoca una especie de rebelión en lo mas alto de la bóveda celestial; de los siete coros (angélicos) del paraíso y también entre una corte (terrena) de vírgenes y santos y santas -"de paisano" a lo ojos de un niño (precoz), que es como Umbral, precursor, así los veía, años antes del concilio- bajados de sus peanas, que abarrotaban las buhardillas y sacristía de aquella iglesia de los jesuítas (de San Miguel) vallisoletana, de la posguerra inmediata tan emblemática en la narrativa umbraliana, de la Iglesia de Pío XII y de la España (nacional) católica (de la Victoria), en la que Francisco Umbral serviría de niño de monaguillo. Hasta el punto que deciden darle muerte aprovechándose de la intimidad que tan hierático personaje mantenía -en un santo/comercio espiritual- con todas las cosas santas (...)

Pero al final -en una de esas salidas en falso tan fecuentes en la narrativa umbraliana- el crimen/sacro no se consuma, como si su autor hubiera decidido "in extremis" el perdonarle la vida (en la memoria), por las razones que fuera.

En los "Cuadernos de Luis Vives" aparece Don Marcelo en carne y hueso -a saber, de nombre y apellidos- en un encuentro que tuvo con la madre de Umbral a la que su hijo acompañaría (de niño) en el marco de una gestiones piadosas y caritativas en favor de unas familias pobres -que servían en sus propia casa- que precisaban de ayuda; seguida de una correspondencia donde el celebre eclesiástico deslizaría la frase del escándalo con la que se ven encabezadas estas líneas.

Y en "Amado siglo XX" último libro del autor -especie de testamento literario (último), entre los varios que escribiría a lo largo de su vida- vuelve a salir de nuevo a relucir, revoloteando por así decir bajo la figura de Don Agustín, el cura de la iglesia vallisoletana de San Miguel -aún tratándose de un jesuíta- que intentó abusar de él de niño, una figura que por varios conceptos recuerda al coadjutor, camino aún en vida de los altares -siempre en el pedestal- de esa novela guerracivilista, sin que deje de concederle al final -absolviéndole o perdonándole así la vida una vez mas- el beneficio de la duda (...)

Con lo que deja tambaleante pero enhiesta también (como de rebote) la figura del célebre eclesiástico (pro) franquista. Y a merced también -que todo hay que decir- del menor empujoncito (...)

Don Marcelo acompañó de lejos mi juventud y adolescencia. Frente a Tarancón por cierto, que se había convertido en por su actitud flagrante, desleal y oportunista de desenganche del régimen de Franco -al que tanto debía- en el espantajo de muchos a los que tras un periodo (largo) de vacilación acabaría sumándome yo mismo (a seguir a los funerales de Carrero Blanco, cuando me vi entre la masa de curiosos que le increpaban -a lo que yo no me atrevía- agolpados delante de la iglesia de Santa Bárbara junto a la Cibeles donde se celebraron-; frente a él como digo se erguía, o se veía mas bien aupada en lo medios la otra figura de eclesiástico de alto rango de Don Marcelo, rival de Tarancón (como su alter/ego) que seguía siendo fiel y leal al régimen...y a la vez al vaticano.

Cómo lograba conciliar en su conducta publica (y privada) de arzobispo primado y sobre todo en su fuero interno las dos lealtades que en su persona y en su cargo se entrecruzaban (en larvado conflicto al menos) es algo, lo confieso, que me planteó siempre los mas hondos enigmas.

Ya cuando le nombraron -justo en los inicios del pos-concilio- arzobispo de Barcelona con el trasfondo del renacer del catalanismo que supo servirse -más impecablemente no cabe es cierto- de la cortada casi perfecta que les ofrecía -como en bandeja- la reivindicación (conciliar) de la liturgia en lengua vernácula, llego a la Ciudad Condal -con el mar de fondo de un clamor de gritos hostiles, "de ¡queremos obispos catalanes! (en catalán)- literalmente propulsado por las esperanzas de todos los católicos de aquella región que se sentían -por encima de todo- españoles en Cataluña y que le brindaron una cogida apoteósica a su llegada a la catedral en la ceremonia de la toma de posesión; y a los que acabaría defraudando -y traicionando- en su labor de gobierno desde su sede episcopal donde no dejaría de marcar pronto y solícito el paso tras las directivas de alta política religiosa -en relación con España y los españoles (y el País Vasco y Cataluña)- que se dictaban implacablemente desde Roma. Que era para lo que sin duda habia sido nombrado.

Cuando me fui al seminario de Ecône, Don Marcelo ya se había visto nombrado arzobispo de Toledo, para alejarle así sin duda de Madrid que tenia otro candidato mucho mas firme y seguro, influyente prometedor; y su seminario diocesano -que nunca llegue a visitar sin duda por culpa del prestigio que irradiaba ya en España en ciertos círculos restringidos al menos el seminario ("internacional") de Ecône en los Alpes suizos- se veía rodeado de la imagen (en menos brillo) de un baluarte de la tradición ...peninsular -por no decir local o regional (...)- a los ojos de algunos devotos

Al igual que algunos otros -como el de Siguenza (Guadalajara)- regentados por obispos conservadores de la tendencia pro/franquista ya entonces en retirada y en clara minoría en el seno de la conferencia episcopal española. Unos sucedáneos de Ecône para andar por casa -y sin amenaza de problemas canónicos en el horizonte por cierto (por lo que fuera...)-, dejándonos de efuemismos (...) Para que los jóvenes no se les marcharan fuera (...)

En Toledo nunca estuve ni en su semanario diocesano; ni de visita tan siquiera. En Siguenza sí en cambio en audiencia (en privado) de su obispo de entonces Castán Lacoma que me recibió (con todos los honores casi) estando yo ya en Ecône. Y también un poco mas tarde en Cuenca estando ya de obispo alli Guerra Campos.

No vi seminarista alguno pero lo que ví me bastó y sobró del ambiente de decrepitud por no decir de muerte/civil (y eclesiástica) que reinaba allí hasta en los más recónditos rincones, como si al antiguo dinámico y brillante primer secretario de la conferencia episcopal española puesta a funcionar en el posconcilio imediato (con la venia del régmen) le hubieran acabado reservando de alto lugar un asilo o un moridero ideal (como los los de la madre Teresa de Calcuta), en premio a sus servicios/prestados; al régimen de Franco me refiero (...)

Como así "grosso modo" ocurriría (...) Y desde luego nunca pude imaginar que en qeullos lugares tan decrépitos por dentro al menos, entre aquellos techos tan altos e inhóspitos y auqellas paredes y efificios tan vetustos y sombríos pudieran florecer vocaciones/jovenes de las que llenaban la boca de sus más ardientes proagandistas (sotto voce)

En Ecône por lo menos se sentía vida joven -por muy carcas o cavernícolas que lo fueran (o lo fueramos)- y sobre todo una vía nueva por el propio radicalismo de vida tradicional -entre montañas y al aire libre casi y a la vez rigurosamente enclaustrados- que allí se seguía, y del desafío que desde aquellas montañas suizas lanzábamos por así decir a Roma, al Vaticano y al mundo entero.

Tenia algo indiscutiblemente de nuevo -y de odres nuevos- en los recuerdos que guardo de mis años allí, que no se veía en España en parte alguna -de signo tradicional (o tradicionalista), me refiero- o yo por lo menos no lo ví , lo confieso.

¿Fui víctima de (trágico) desencuentro con toda una generación o una serie de promociones de eclesiásticos jóvenes (de corte tradicional o conservador) de las que parece ser exponente de destaque el nuevo arzobispo de Oviedo -el más joven del episcopado español- del que ahora leo que pasó él también por el seminario de Toledo (con Don Marcelo) al que ahora habrá dedicado una encendida y vibrante homilía- que se sucederían inexorablemente en aquellos años por muy minoritarios o víctimas do ostracismo que se vieran o lo parecieran?

Tal vez, no lo excluyo. Pero ahora -leyendo las declaraciones del nuevo arzobispo- se diría que (ya) es demasiado tarde (...) En una homilía reciente en homenaje al que fue su insigne mentor desde la sede primada el nuevo arzobispo de Toledo califica a Don Marcelo de triple hijo: de Dios de la Iglesia y de su tiempo ¿Hijo de su tiempo? (...)

¿Fue realmente un joven de su tiempo Don Marcelo, encerrado y ensimismado -como lo describe invariablemente Umbral- en la torre de marfil (o en el sarcófago dirán algunos) de sus devociones por los pasillos y sacristias de aquellas iglesias vallisoletanas y de aquellos edificios diocesanos de la España de los cuarenta mucho mas secularizada por la guerra -y por la Victoria- de lo que hoy comunmente se piensa?

¿Obispo siquiera de su tiempo, si se piensa que su fulgurante mombramiento (en 1966) al borde ya del cambio de época, por la mutación cultural tan profunda que se daría precisamente entonces en el seno de la sociedad española- no fue mas que una medida inevitable de política religiosa (vaticana) destinada a ofrecer el contrapeso indispensable al ascenso y emergencia de una nueva/iglesia conciliar (y "progresista")? La duda es perfectamente legitima, no me lo negará aquí ninguno.

Lo que lleva fatalmente a pensar que expresándose así sobre el ilustre prelado que le precedió por las vías (archi) episcopales, el nuevo arzobispo de Oviedo -de una carrera fulgurante por lo que leo en los años del pontificado del papa Wojtyla, y que se señalaría por su ataques virulentos nada mas tomar posesión contra la nueva ley del aborto-, figura emblemática sin duda alguna junto con el obispo Munilla de los nuevos nombramientos acaecidos en la iglesia española bajo la égida de Benedicto XV; estaba en cierto modo al menos proyectando o dejando reflejar su propia imagen (eclesiástica) con sus palabras encomiásticas.

Y es lo que me habré sin duda movido a dedicarle estas líneas. Jesús Sanz -me entero ahora un tanto absorto lo confieso- es más joven que yo. No lo parece. No me lo parece a mí por lo menos, viéndole siempre revestido de sus atuendos y recubierto a la vez de la imagen tan "eclesial" (y episcopal) que de él difunden los medios.

Fueron curas y obispos de su tiempo sin duda alguna; pero su tiempo -y con él la juventud (suya, propia)- se les escaparía sin derecho a una segunda juventud (ni a una tercera) tan siquiera. Y no es que me inspiren lástima, pero sí enfocándolos así ahora alcanzo sin duda a comprenderlos mejor y a juzgarlos -en lo que cabe que se le juzgue por supuesto- sin contemplaciones y también sin acrimonia.

A condición que no quieran vengarse -en el nombre del derecho a la vida, y mayormente en las mujeres- de una vida -con mayúsculas- que se le escapó -trágicamente- a ellos. Por lo que fuera.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por José Arteche 23.08.10 | 02:02

    Farragoso e imposible de seguir este artículo que por otra parte destila hacia D. Marcelo y el arzobispo de Oviedo un rencor que trata de justificar en la obra de Umbral. Todo a cuenta de qué? La obra de D. Marcelo en Valladolid y en Toledo está ahí y los curas salidos del Seminario son hoy gente importante en la Iglesia. El autor de éste relato es un desconocido. Hay que estudiar más a fondola labor de algunos y dejrse de prejuicios que responden a razones con seguridad no eclesiales.

Miércoles, 30 de mayo

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