
Aparta de mi este cáliz. El aborto quirúrgico. El tema que me resistía a tratar a toda costa. Pero está visto que el pensar que fuera algo posible siquiera era sin duda pura utopía (e ingenuidad mía) Los argumentos o contraargumentos que se me viene oponiendo en la discusión en ascuas- me obligan a continuar y a profundizar en la polémica y abordar de lleno el aspecto más melindroso y a la vez más infranqueable e inaccesible en apariencia a una argumentación serena y sosegada por mínimo que lo sea.
No matarás. El mandamiento del Decálogo se yergue desde el principio de esta polémica con la misma fogosidad y magnificencia que el Moisés del célebre film (de Cecil B. de Mile) "los Diez Mandamientos" "A partir del momento que se admite que hay una vida", empieza argumentando mi contradictor. "Petición de principio" -estará de acuerdo-, una figura (falaciosa) de la lógica antigua consistente en dar por supuesto lo que se quiere demostrar precisamente.
Pero entrar al trapo de la polémica -interminable- en torno a este punto preciso me parece no obstante camino que no lleva a ninguna parte mas que a un dialogo de sordos sin remedio como el que venimos completando desde hace años (y décadas) entre abortistas y anti-abortistas.
Y por eso no lo voy abordar aquí sino que me voy concentrar en el no matarás, el interdicto principal que aquí se esgrime. Lo que esconda tal vez -como cabe perfectamente conjeturar- un problema hondo y complejo de culpabilidad tanto colectiva como individual (según los casos)
Una cuestión innegablemente de orden moral, como sea, inesperable a la vez -por insólito o paradójico que a algunos les parezca- de un conflicto ubicable en el plano de la memoria (histórica) Remontando atrás en el tiempo hasta la segunda guerra mundial...y hasta la guerra civil española.
Los países beligerantes en la segunda guerra mundial arrastran una memoria propia -individual y colectiva a la vez- de aquel conflicto sensiblemente diferente a la que heredamos los españoles que no fuimos parte directa en el mismo. Y eso nos da de entrada, pienso yo, el derecho a permitirnos unos enfoques y unos análisis distintos en relación con aquello; en lo referente en particular a la génesis y al desenlace del conflicto y a no sentirnos tampoco obligados -en conciencia- a tomar por palabra/revelada la verdad judicial (y oficial) tal y como fue dictada en los juicios de Nuremberg.
El celebre tribunal internacional (erigido por los vencedores) no solo dictó sentencias -en muchos casos a la pena de muerte (o de horca)- sino que formulo también una doctrina propia jurídica ya la vez de carácter histórico e ideológico- indiscutible; por cuenta de los vencidos y la naturaleza (o gravedad) de sus actos individuales y colectivos. Y dejo sentado -a modo de corolario de su condena inapelable e imprescriptible de unos regímenes derrotados en el 45 y presentados como la encarnación de una "cultura de la muerte"-, la doctrina de lo que hoy se da en llamar "urbi et orbe" "el derecho a a la vida".
Una novedad (teológica) que el magisterio eclesiástico acabaría haciendo suya en el postconcilio y se vería explícitamente recogida también en la jurisprudencia del tribunal supremo de la república federal alemana (como ya lo recogí aquí en una de mis entradas) "Todo lo que no es tradición es plagio" escribió Don Eugenio d'Ors. Y aunque solo fuera por ese carácter novedoso del llamado derecho/a/la/vida los llamados a deber acatarlo (en conciencia) se merecerían el beneficio de la duda, lo que no parece vérseles concedido ni el ámbito civil ni en el eclesiástico, en la argumentación en voga de la propaganda anti-abortista.
Pero sobre todo ese derecho a la vida se me ocurre que acaba redundando fatalmente en perjuicio y en desdoro de la memoria histórica de los españoles. De un pueblo cargado de tradiciones guerreras y de un historia rebosante de hechos -y gestas- de carácter bélico a través de los siglos, en una serie (interminable) de hitos históricos que harían de la regla -me refiero al mandamiento bíblico aludido- una excepción y de la excepción la regla.
Mi contradictor formula en su réplica un principio que se vuelve fácilmente en contra suya cuando viene a afirmar que la regla no sufre excepción ninguna. Y digo que se vuelve fácilmente en contra suya porque esta discusión está discurriendo no solo en el terreno de la doctrina católica (y del magisterio eclesiástico) sino también en el de la memoria histórica, ya digo.
Y está claro que la guerra civil española supondría una excepción clamorosa al mandamiento del no mataras en uno y otro de los bandos, en un plano individual como colectivo. Como toda guerra, se me dirá: con la salvedad que uno de los bandos se vio bendecido sin dobleces por la autoridad eclesiástica. Se mató (y mucho) en uno y otro de los dos bandos en lucha; injustificadamente y justificadamente también.
Murieron muchos españoles a manos de otros españoles en la guerra, en la posguerra también (sin duda); y también antes del estallido del conflicto en aquella guerra civil larvada -ya a todo arder ya en algunos sitios - desde meses -e incluso años- antes de estallar propiamente la guerra civil en julio del 36.
Y el erigir pues el mandamiento bíblico del no matarás de principio absoluto -sin excepciones- equivale de una manera u otra a culpabilizar todo un pasado, todo un pueblo y también a todos y cada uno de sus individuos en la medida que de una manera u otra todos los españoles somos herederos y legatarios de aquel pasado conflictivo. Lo que me hace pensar que la posición antiabortista de algunos esconda una dosis no pequeña de complejo de culpa (guerra/civilista)
Mataron los comunistas, los socialistas y los anarquistas; y del otro lado mataron -en situación de guerra (justa) o en legitima defensa- militares, requetés...y falangistas. Y este ultimo punto de la enumeración es sin duda el mas pertinente en la discusión que aquí estoy manteniendo.
La Falange fue un partido que adoptó de norma de conducta el estilo directo ardiente y combativo y por ende la acción directa...Y también violenta. Lo que se tradujo a partir de un momento dado -tras el asesinato del falangista Juan Cuéllar y el subsiguiente, en respuesta, de una militante socialista - en la eclosión de una espiral de violencia (recíproca) de atentados en represalia que acabaría fatalmente llevando al estallido de la guerra civil en campo abierto.
Y la diferencia entre una violencia legítima -como alguno no habremos dejado de sostener nunca- y un terrorismo a base de crímenes políticos (y ajustes de cuentas) es la misma -en un plano moral-, se me antoja, que la que habré venido sosteniendo en esta polémica, entre la trangresión crasa (e injustificable) del principio del no matarás y las excepciones perfectamente legitimas y justificables que confirman la regla (se vean o no recogidas en el derecho canónico): en el terreno de la bioética y en particular de la interrupción del embarazo, que justifican en determinados casos la practica del aborto quirúrgico.
Como son los casos de malformación del feto y de peligro para la vida de la madre. Y también en el caso (claro y flagrante) de la violación, piensen lo que piensen las instancias eclesiásticas en el tema. Y pronunciándome así soy consciente del escandalo montado en torno a algunos casos de gran impacto en los medios como el protagonizado no hace mucho por un obispo brasileño.
Convertir el catolicismo pues, como algunos parecen pretender, en un religion esencialmente anti-abortista basada en la Ley (bíblica) y en el precepto (bíblico) del no mataras, erigido en norma suprema sin excepciones cualesquiera equivale a deformarla y rebajarla -en mi opinión- al rango de un código de tablas, o un sistema -rígido y cerrado- de tabúes y de interdictos.
Y es sin duda lo que ciertos sectores políticos y eclesiásticos están empeñados en difundir y propagar contra viento y marea. Decir como alega mi contradictor que no hay real interés ni voluntad política detrás de la campaña anti-abortista que se viene prosiguiendo sin pausa ni descanso en España desde hace varios años, no es un análisis muy ecuánime que se diga, ni que responda por poco que sea a la realidad de lo que estamos viviendo y observando desde hace ya tiempo.
Y no lo es desde luego a los niveles de una discusión de familia (política) -entre joseantonianos o falangistas- que es la forma de la que se habrá visto revestida está disputa en su inicio. Porque esta claro que hay por hoy, en la política española, se destaca una formación -minoritaria sin duda pero dotada de fuertes tentáculos y ramificaciones tanto a nivel político como eclesiástico y fuertemente implantado en el panorama político nacional y en el seno de la sociedad española pese a su condición de extraparlamentaria- que apuesta fuerte en el combate anti-abortista, en lo que cobra por veces los visos de ser el caballo de batalla primero y principal de la actuación de ese partido y de su programa. Y me estoy refiriendo a Alternativa Española.
Y hasta el punto además que parece estar influyendo a todas luces en los comportamientos políticos e incluso en los de orden privado entre todos aquellos grupos o individuos -de significación "azul" o sin serlo- que de una forma u otra gravitan al interior de su propia galaxia político/religiosa o se mueven en torno suyo. Dictando directa o indirectamente a los otros conductas o practicas de exclusión -y descalificación- hacia aquellos que no se deciden a marcar el paso como es debido en la materia, y en el terreno político me refiero. Lo que ilustra si necesidad hubiera el carácter dominantemente político -mas que ético o moral-, de tema de propaganda y de objetivo primordial de política religiosa de esta problematica del aborto o de la interrupción del embarazo.
Y así, por una ironía de la historia los que me dejaron solo hace más de treinta años -en sentido literal como figurado (...)- después de haber apoyado públicamente en España la causa de Lefebvre (hasta que las cascaras se volvieron amargas...) en defensa de una tradición (con mayúsculas) que ellos también proclamaban -y me refiero a Blas Piñar y a Fuerza Nueva- me estarían condenando ahora de nuevo al ostracismo y a la exclusión en nombre de esa misma tradición que disfrazan ahora bajo la coartada (cuasi-perfecta) del combate anti-abortista. Con lo que tal vez sin darse cuenta, están tirando piedras contra su propio tejado, "verbi gratia "contra su propia memoria histórica....
Tal y como omo lo ilustran las campañas de difamación orquestadas desde hace ya un buen rato -y al socaire de la polémica (anti) abortista- contra grandes lumbreras y celebridades de la medicina y de la psiquiatría española de la posguerra, como lo fueron Antonio Vallejo Nájera, Juan José López Ibor o Francisco Marco Merenciano, puestos sin parar en la picota -como sádicos, perversos y criminales (sin la menor prueba)- en el nombre del sacrosanto derecho a la vida.
Y por cuenta de una fórmula ("eugenesia de la Hispanidad") que la iglesia española hizo suya no obstante en la inmediata posguerra, y de la que ahora reniega de forma tan clamorosa.
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(A Perplejo) AES estará vetada en la cadena COPE, pero no en los palacios episcopales, ni en los corredores y aposentos vaticanos, te apuesto lo que quieras . Y si no pregúntaselo de mi parte a Fernández de la Cigoña.
De los psquiatras de Franco y de la eugenesia de la Hispanidad ya me explico en mi última entrada.
Eso de que mi ex-camaradas me intentan llevar por la buena senda es un eufemismo, ¿verdad? A golpe de vergajazos (morales) y de sofiones desde luego.
Saludos y gracias por los mensajes
(A Francisco. Lo de anti/ético es tu opinión muy respetable pero no la mía desde luego; a menos se que dé por sentado que ética equivale a interdicto, el que sea)
Artículo farragoso, antiético y enredador, en el que mezcla el tocino con la velocidad, careciendo de claridad. "Mucho zurrón para tan poca merienda", si conoce el refrán.
Se le habrá quedado la boca un poco empalagosa con tantos términos grandilocuentes con los que parece ofrecernos una intelectualidad hueca para no decir NADA.
La misma NADA que es el aborto tanto para el niño que no nace, como para la madre que no lo parió.
(Se me cortó la última frase)
Simplemente quería responderle a las objeciones que usted suele plantear, pero sin intención "moralizante".
Pero vamos a ver... ¿En dónde Vallejo Nájera o López Ibor abogan por el aborto eugenésico? ¿En dónde la Iglesia habla de "eugenesia de la Hispanidad? Le agradecería que me proporcionase citas o me remitiese a alguna fuente.
AES es un partido insignificante que está vetado en la propia cadena de la Iglesia.
Ya le reconocí que el "no matarás" admitía excepciones: la legítima defensa y el castigo por delito grave. La guerra justa entra dentro de la legítima defensa. Pero que el aborto del niño por nacer no entra dentro de estas categorías, pues ni ha agredido a nadie ni es culpable de ningún delito. De todas formas, tampoco tengo interés en convencerle de esto. Si no lo ve, no lo ve. Me interesaba más bien que me respondiera al resto de objeciones.
No me confunda con alguno de sus camaradas o ex-camaradas falangistas que intentan llevarle por la "buena senda". No tengo nada que ver. Simplemente quería responderle a las objeciones que usted suele plan...
Miércoles, 30 de mayo
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