
El cosmopolitismo de los españoles –algo de lo que tampoco nosotros carecemos por más que de antiguo y por culpa de de ciertos factores de orden coyuntural y también geo/estratégico por así decir se viese en estado de letargia manifiesto- arrastra en en la mayoría de los casos un sello indeleblemente romano/vaticano entre compatriotas.
Los colegios o las familias de acogida en Dublín y otras ciudades o localidades de la muy católica Irlanda para que los jóvenes adolescendentes españoles (de los dos sexos) aprendieran ingles, conforme a la costumbre arraigada en ciertos sectores sociales –y entre las buenas/familias desde luego- en la España de mis años adolescentes.
El viaje consabido a Roma de muchos, en familia, acompañados de sus cónyuges o por separado. La universidad (católica) de Columbia en Nueva York -y no digo nombres ni apellidos- o la de Laval -Universidad católica de Laval- en Canadá, donde enseñó Leopoldo Eulogio Palacios en la década de los cincuenta con cuya amistad me honré (nombre insigne, entre paréntesis, de un Opus primera época)
Los colegios de monjas distinguidísimos, de ordenes o congregaciones de origen extranjero -las Irlandesas, las Damas Negras...- y su galaxia de contactos institucionales y de redes familiares de intercambios, de hogares de acogida fuera de España para las chicas españolas en período de estudios o de vacaciones: serian -unos y otros- botones de muestra del único cosmopolitismo posible por asi decir en la España del tardofranquismo que se vería marcado hasta el final –aunque en menor medida que en la inmediata posguerra- de un sello de ostracismo internacional indiscutible.
Hablo de un cosmopolitismo viable o posible y no de otro heroico e intrépido y a la vez patetico y desesperado que encarnarían Don Angel Ganivet y su fin tan tragico. Con la transición y sobre todo tras la entrada de España en la UE (antes CEE) las rutas de expansión de lo español se expanderían considerablemente sobre todo allende los Pirineos.
Los españoles se pusieron a viajar mucho más a partir de entonces desde luego, lo que acabaría creando -en mi opinión- una especie de espejismo colectivo. El turista español comunicativo y abierto por naturaleza y por temperamento e idiosincrasia nacionales tanto o mas que nacionales de otros países europeos se sentía de pronto puertas afuera -tras siglos de introversión y aislacionismo- como si todos les recibieran los brazos abiertos. Y mas aun cuanto mas jóvenes por cierto. Y solo a lo que se decidían a cambiar el estatuo (temporal) de turistas por el de residentes les acabaría llegando Paco con la rebaja. Por la decepción y la frustración subsguientes, a menudo -¡ay dolor- cuando ya era demasiado tarde.
Y les ocurría así sin duda por haber abandonado -ley de vida- las vías consabidas y protegidas de antiguo a las que me refería más arriba. Y de esos itinerarios de tránsito y de expatriación voluntaria –y de un innegable cuño eclesiástico-, los que ofrecen de antiguo los tentáculos y ramificaciones internacionales (innombrables) del Opus Dei fuera de España se merecen mención señaladísima desde luego. Sobre todo en países católicos por cierto. Por ejemplo aquí en Bélgica.
El Opus esta (discretamente) presente en Bélgica de antiguo en las altas esferas incluso, relacionadas de cerca o de lejos con la familia real belga. Discretamente ya digo, y a base sobre todo de un protagonismo de cierto relieve en el ámbito de la enseñanza de preferencia; pero lo que aporten o transporten de presencia española o de sello hispano hasta esta país hispánico (del Norte) está por ver todavía desde luego en los años que llevo aquí residiendo. Harán mucho apostolado, patria en cambio hacen poco desde luego. ¿No están obligados? Lo dejo –con gusto- al juicio de mis lectores.
Un contrapeso sin duda lo que pretenden ejercer –en el ámbito de las influencias eclesiásticas- a la otra esfera de influencia –la de la masonería- con la que la iglesia se disputa desde hace dos siglos el control de las conciencias "urbi et orbe y en particular en los países de catolicismo sociológico como lo fue y lo siguen siendo (aunque en menor medida que el resto del mundo hispano) Bélgica.
Algo muy típico por lo demás –esos juegos de influencia subterráneos-, de los países de democracia indirecta (de corte anglosajona) como pretende serlo el régimen belga de monarquía constitucional y su sistema de equilibrios y contrapesos (check and balances) Con su pan se lo coman cabria decir. Porque la imagen de lo español aquí en este país sojuzgado y obnubilado de antiguo por los embustes y clisés (infamantes y claumniosos) de la Leyenda negra anti-española no se habrá visto redimido ni en poco ni mucho gracias a la presencia (poderosa y discreta) de la Obra.
Para escandalizarse de que otros lo intentasen a su manera en cambio, sin duda que si que habrán servido. Y pienso en particular al incidente que protagonicé en el palacio de Justicia de Bruselas en el 93, en el vestuario de los abogados por defender la memoria de Isabel la Católica puesta en la picota en los medios belgas un día sí y otro no un año antes con ocasión del Quinto Centenario.
Una actitud de sepulcros blanqueados, la de los sectores cercanos a la Obra aquí en Bélgica que me excusarán aquí algunos de tener que probar: a la medida en resumidas cuentas del silencio -ominoso, clamoroso- que me reservaron en ese y otros momentos de infortunio. En tres o cuatro ocasiones se me puso (a lo grande) en la picota en Bélgica (en lo medios), es cierto. Por dos veces me vería sentado en el banquillo de los acusados; y en prisión incluso -durante varios meses- desde que aquí resido.
Sacándoseme siempre a relucir mi gesto de Fátima pero sin que nunca se omitiese -al contrario, realzado y acentuado -mi condición de español y la impronta española innegable de mi trayectoria individual como de mis raíces geográficas y familiares. Un linchamiento flagrante -de un español en Bélgica- por motivos -se me reconocerá- mitad políticos mitad religiosos que debería haber inmutado en principio a mis compatriotas aquí presentes por poco que fuese. Nunca.
Ni el menor gesto de solidaridad de españoles aquí residentes me merecí aquí nunca en mis momentos de infortunio Ni muy en particular de los miembros –socios o militantes-de una Obra que a los ojos del mundo entero encarna y representa la España católica en el extranjero (por excelencia). De los emigrantes no cabía (fatalmente) esperar tal vez mucho en principio por razón de las barreras (fatales) de todo orden sociológico y del tipo ideológico sobretodo -y en el plano de la meoria- que aquí habré venido analizando desde los inicios de mi blog en algunas de mis entradas.
Pero de esos otros/españoles de la Obra presentes en Bélgica, en ambientes cercanos a los que yo frecuenté aquí –judiciales y universitarios- e ideológicamente mas afines a mi que todo el resto –en razón de mis orígenes y de mi medio de procedencia- hubiera cabido esperar algún gesto tan siquiera.
Nada ya digo. Como si fueran apátridas (en el extranjero) o como si yo no fuera para ellos un (católico) compatriota. Sin duda que me trataron como un excomulgado (sin estarlo) O si lo estoy -en secreto- a tenor de la conducta de algunos, que se diga al menos (...) Como si en algunos se identificase (íntimamente) el sentimin eto religioso con la capacidad de escan dalizarse (...)
También podría decirse que dentro de España los gestos de ánimo o de apoyo hacia mí no fueron mucho mas numerosos tampoco (...) Recuerdo sólo un pequeño comentario del "Sol de Bélgica" editado y redactado por españoles residentes (temporalmente) aquí –hoy desaparecido- cuando me detuvieron en el 2000 delante del palacio real de Bruselas con motivo de la visita de Juan Carlos a Bélgica, extrañándose de todo el revuelo –linchamiento acompañado- que se había montado por cuenta mía.
Pero en fin, no saco aquí el tema a relucir en señal de (auto) desagravio sino mas bien a titulo de un testimonio personal -de cerca e inmediato- de los tentáculos poderosos e influyentes del Opus Dei en el extranjero. Y también de su estilo de actuación fuera de España, discreto, invisible, silencioso, aún mas que en la península -en las antípodas de lo "directo ardiente y combativo" desde luego, tan caro a algunos- como también de lo extraño y sideral (a años luz) a ojos de otros compatriotas residentes fuera de España también pero que no comparten las miras/apostólicas de la Obra ni su estatuto (eclesiástico) de privilegiados, que se vería acentuado en el pontificado del papa polaco con la concesión de la prelatura/personal (título pontificio)
Como una especie de cónsules o procónsules volantes del Vaticano "urbi et orbe" y al servicio (estricto) de sus intereses de política (internacional) del orden religioso o eclesiástico. Digamos pues que si se descuenta el fenómeno de la inmigración -de los sesenta-, además del funcionariado español destinado en las instituciones europeas presentes aquí en Bruselas –que están aquí por general un poco de paso-, o el turismo compatriota de todo el año o de temporada; lo español se concentra en Belgica -y con més poder e influencia desde luego que en todo el resto del nventario- a través del Opus. Pero de una forma invisible y silenciosa como digo. Sin que se note a penas.
España/Vaticano, política religiosa. Una idea o constelación de ideas gravitando de cerca -todos se habrán aquí ya dado cuenta- desde la primera de estas entradas, y que se verian plasmadas por escrito de forma insólita y prácticamente sin precedentes (hasta entonces) en el libro/prohibido que ya evoqué y comente aquí algunas veces de Rafael Sánchez Mazas que gravita de cerca -igual que los escritos de Ramiro Ledesma Ramos- en las concepciones de política religiosa (o en materia religiosa) que inspiraron la Falange (y el nacionalsindicalismo) de los origenes, tal y como se verian plasmadas en el punto Veinticinco de la norma programática de la Falange
Y en esa política religiosa (española) del vaticano el Opus adquiriría un protagonismo capital en los tiempos del tardo/franquismo como aquí ya hemos visto. Lo que se vería seguido tras la Transición -por razones obvias ligadas al cambio de régimen- por el aumento significativo y progresivo de su protagonismo en política religiosa en el extranjero, siempre al servicio (estricto) de los intereses vaticanos. Y lo ilustra sin duda mejor que muchos otros un caso que conozco un poco de cerca y me refiero al de Polonia.
Recientemente ha saltado a la luz publica un escándalo -uno más- de carácter eclesiástico o religioso/eclesiástico con motivo de la polémica desatada en torno a una cruz (gigante) instalada frente al palacio presidencial de Varsovia en memoria de Lech Kaczynski, el anterior presidente fallecido en accidente de avión hace unos meses en territorio ruso. Kaczynski no sería tal vez del Opus pero el sello Opus Dei de su presidencia y del partido al que pertenecía se deja traslucir a mil leguas, para algunos por lo menos entre los que eme encuentro.
Y si hay algo que caracteriza el sello (vaticano) de la política religiosa trasplantada fuera de los límites territoriales del estado italiano (concordatario) lo es desde luego el efecto de encismamiento entre nacionales del país afectado -y entre católicos incluso- que la acompaña. Algunos quieren sin duda presentarlo en España ahora como un botón de muestra de un rebrote de anti-clericalismo pos/comunista o pos/marxista en la católica Polonia cuando no es en realidad más que una muestra del rechazo "in crescendo" de una parte de la población (catolica) polaca a la intromisión clerical (y por ende vaticana) tal y como se vería consagrada "urbi et orbe" y sobre todo en Polonia en lo largos años del pontificado (interminable) del papa polaco.
El presidente fallecido en el avión siniestrado había sido miembro del grupo de consejeros de Lech Walesa los tiempos primeros de Solidarnosc. Esas eran sus grandes credenciales (que valen lo que valen y ya saben aquí todos lo que pienso sobre el tema) De hecho, su partido fue el primero en sacar a relucir el escándalo de las infiltraciones de la policía del régimen comunista en la alta jerarquía católlica polaca...y los primeros también en enterrarlo bajo presión eclesiástica (...)
La causa de beatificación del papa polaco. Un asunto de (alta) política religiosa en la que están en juegos envites que superan los límites estrictos de Polonia y del vaticano. Y en la medida que el prestigio del partido del presidente fallecido se enfrenta a una oleada crciente de protesta y de disentimiento entre la opinión pública está claro que la causa de beatificación del papa polaco se ve mas comprometida cada día que pasa. Un "test" la causa de beatificación del papa Wojtila entre lo católicos del mundo entero.
Y para comenzar, entre españoles y entre falangistas. El español arrastra un pasado de proyección universal. Y entre los españoles, en aquellos que se reclaman del legado de José Antonio esa vocación de lo universal se ve particularmente acentuada hoy sin duda como entonces. El Opus Dei intentaría una alternativa a la proyección que ejerció el régimen de Franco desde los tiempos de la guerra civil y y en la inmediata posguerra a través de sus servicios de acción y propaganda en el exterior y de la Falange de Exterior principalmente.
Pero no pasaría como aquí acabo de explicarlo de un sucedáneo (eclesiástico); de una capacidad de infiltración "ad extra" mas que acreditada y de una presencia cultural (y espiritual) de lo español e hispano prácticamente nula, fuera de la Península.
Y entre esa internacional Opus Dei (de derechas) y la hegemonía internacional de la masonería (con mayúsculas) de puertas afuera, una vía "en lo universal" (José Antonio) sigue ofreciéndose a los españoles de hoy como a los de hace setenta años y como los de hace cuatro siglos.
(Angosta, estrecha pero siempre posible: ni de izquierdas ni de derechas)
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català