
"¡Gracias Fidel hijo de...(tu madre) por haberme hecho conocer este maravilloso pais!", exclamaba en voz alta (y atiplada) por los pasillos -como una oración- en el colegio mayor (hispanoamericano) Nuestra Señora de Guadalupe de la ciudad universitaria madrileña a principios de la década de los setenta, un exiliado cubano colegial de aquel centro -un gusano- que sus compañeros llamaban un poco jocosamente (por lo que fuera) "El Clavelero" (...) Un prodigio de surrealismo el clavelero aquél desde luego, cuando hasta el director de aquel colegio mayor (del Instituto de Cultura Hispánica) -no digo el nombre, en la mente sin duda de muchos todavía- se sumaba al coro de ditirambos generalizados -en España y "urbi et orbe"- en honor y loa al Líder Máximo.
Y nadie (prácticamente) en aquella masa (universitaria) de despotricantes de la Universitara madrileña podía sin duda comprender que hacía aquel intruso -o infeliz-en aquel pais tan/maravilloso (de la España del tardofranquismo) Y mucho menos llegar a la conclusion que los exilados cubanos -demócratas pro/yankis de guerra fria y anti-fascistas de un poco antes casi todos ellos- fueron los últimos conversos sinceros que el régimen de Franco cosechó en sus últimos estertores (de agonía)
Fidel, puestos ya hablar en serio, habrá sido una de las grandes pesadillas de mi vida tal vez, en parte por culpa de la distancia que nos separaba de él como en general de los hispanos del otro lado del charco. Cuando cayó el muro, en un programa radiofónico -bastante rojillo no obstante- que me llegaba desde España aquí en Bélgica, justo después exactamente de la caída Ceasescu (enero del 90), los participantes de la tertulia aquella hicieron votos (unánimes) que el próximo en caer sería el tiranuelo cubano.
Diez años más tarde -Fidel al timón, todavía (...)- llegó el caso del niño Elián que seguí como aquí todos ya saben con el alma en vilo entre predicciones de la caída pronta del régimen de Castro; pero Clinton le echó una mano con su ayuda preciosa ("in extremis"), robó al niño con nocturnidad y alevosía -ante las cámaras de la gran prensa- y se lo devolvió a su padre que me diga a su "abuelito", como el niño hoy ya un joven adolescente llamaría más tarde a Fidel, cuando se dirigiría a él en publico o en carta abierta. Hace cuatro años ahora se echaron las campanas al vuelo de nuevo ante el anuncio de su grave enfermedad que estuvo a punto de llevárselo por la vía rápida a la tumba. Se salvó, con ayuda preciosa de la medicina española.
Y de repente, ¡ay sorpresa! reaparece ahora -en los medios- con mas fuerza que nunca como si se no se hubiera tratado más que de una broma. ¡Dios/padre, dios/abuelo Fidel, de generaciones enteras de españoles! De la mía para comenzar, de la que él me separo como lo haría con tres millones (tres) de cubanos exiliados del resto de sus compatriotas. Castro fue el dios/padre -hay que reconocerlo- de toda una generación de universitarios que fue la mía, de la universitaria madrileña de los años (tardíos) del tardofranquismo.
Su aventura le sorbió los sesos o les comió el coco como ahora dicen a la inmensa mayoría de los que me circundaban en aquellos años para mí tan aciagos (¿por qué debería decir lo contrario?) Recuerdo en el Robledo un compañero de estudios (de Económicas), destinado en mi misma compañia, que se dirigió de pronto a mí una vez con sorna en presencia de muchos otros y me espetó de golpe: "tú, Juan, cambiaste de facultad porque te quedaste más solo que la una"
Y puestos a echar la culpa de aquello -porque en el fondo tenía razón aquel amigo/enemigo- a mis compañeros de entonces ya al borde de la jubilación o del retiro muchos de ellos, preferí hasta hoy escoger a otro chivo expiatorio con el que compartía muchas menos cosas si no era sus raíces de "oriundo" "Dios es grande y mahoma su profeta". Y el profeta de Fidel Castro en la universidad española de entonces -la que yo viví- lo fue sin duda el Che Guevara.
Recuerdo poco antes del mitín/recital de Raimon (mayo del 68) en la facultad de Económicas que aquí más de una vez ya habré evocado, otro acto publico en el mismo escenario -que se vería lleno a abarrotar un poco después, en aquel recital legendario-, aquel patio enorme interior hoy ya desaparecido o por lo menos irreconocible (de las últimas veces que allí habré estado), flanqueado por todas partes del retratos ("posters") del Che (ya entonces fallecido y convertido en mártir y mito) y unas cuantas bandera roja con la hoz y el artillo.
Se produjo de pronto un movimiento de protesta en la masa de estudiantes allí congregada y los organizadores (rojelios) se vieron obligados al final en una maniobra de repliegue táctico "in extremis" a quitarlas mientras el retrato del Ché se veía en cambio plebiscitado por la actitud ostensible de la inmensa mayoría de los asistentes. No sin dejarse oír el comentario sardónico del que las retiraba, que "al Che le gustó siempre mucho esa bandera" (...)
Y un film sobre la figura del medico revolucionario argentino que proyectaron el pasado año aquí en Bruselas me dio también huesos no poco duros de roer, lo reconozco; en la imagen que daba de aquellos niños de papá, de buenas familias -tanto Fidel como el Che al menos- en la que se veían un poco reflejados mis compañeros de la Universitaria. Y luego más tarde en mi estancia del otro lado del charco a finales de los ochenta el fantasma del castrismo y de su líder resurgió de nuevo en mi vida proyectando una nube oscura que no dejaría de gravitar sobre mí todo el tiempo que allí estuve antes de volverme a Europa.
He estado releyendo de urgencia las páginas que en su último libro, "Amado siglo XX" -especie de testamento (último)- dedica Umbral al Líder Máximo, "Castro, un invento del sglo XX" Habla Umbral de él a su manera, a su estilo (típicamente umbraliano); porque no se sabe al final si lo execra o si lo adora, en unas lineas escritas como a regañadientes, donde confiesa haberse propuesto "escribir contra si mismo".
Y sin duda que en la medida que la imagen de Fidel formaría parte del mobiliario por así decir del horizonte umbraliano próximo y lejano, o lo que es lo mismo de sus sueños mas caros y mas intimos, Umbral, al pintar como lo hace el retrato en líneas gruesas -como un daguerrotipo- de un Fidel lleno de contradicciones que era más que Fidel el otro/yo (contradictorio) del autor, se estaba auto/retratando en lo que no tenia visto o notado antes de sí mismo, y en esa medida se puede decir que sí, que escribiendo esas líneas (críticas) de Fidel, Umbral estaba escribiendo "contra sí mismo".
"La aventura de Castro -escribe Umbral- me redimió de mi propia historia". Lo que como todos aquí sin duda intuyen admite claves de explicación -o tipos de lectura en clave- tanto del conjunto de la obra del autor como de su propia trayectoria. Tal y como aquí ya lo tengo a menudo explicado. Castro "redimía" a Umbral de una Verdad y de una Memoria con mayúsculas que se volvían fatalmente en contra suya (y por eso las huía, por la vía de la literatura): la verdad -y la memoria- de sus raíces, de sus orígenes y también la verdad (y la memoria, individual) de su propia trayectoria y en particular de los momentos más oscurecidos o escondidos de la misma, que saqué a relucir, en medio de cierto asombro y estupor del auditorio, en el encuentro sobre Umbral en el Escorial el pasado mes de julio.
Fidel Castro, el comunista/converso que había flirteado -en Sierra Maestra y antes- con los falangistas españoles (del otro lado del charco) "redimía" a Umbral -por la vía de la revancha o del desquite- del anonimato (infamante) de sus orígenes desconocidos. Dando la espalda como lo acabó haciendo (sin romper del todo) a un mundo -la España de los años aquellos, de régimen de Franco- que le había dado a él (Umbral) también la espalda en cierto modo.
Pero el castrismo venía a "redimir" a Umbral también por una vía y unos motivos que no estaban sin duda tan claros en los lectores potenciales de su libro/testamento. Y era del fracaso histórico con el que se sellaría para sus perdedores la crisis de régimen del 56/57 en la que como aquí vengo sosteniendo un joven Umbral en una fase precoz y mal conocida de su trayectoria despempeñaría a todas luces un protagonismo indiscutible y hasta hoy poco o nada divulgado; y en la que sin discusión ninguna también tomó resueltamente partido (por los que perdieron)
Y si no estaba muy clara (para mí) todavía la cosa caigo ahora releyendo este libro nada trivial del autor en unas párrafos, bajo la rúbrica "Diario íntimo", en la que evoca su llegada a Madrid a principios de los sesenta, y en las que se describe como "un hombre perdido", "un joven perdedor que había caído en Madrid sin tener nada que hacer allí" (...)
Y lo mismo que le ocurriría con Umbral, se puede decir que Castro -y la revolución cubana- pareció redimir de su fracaso (histórico) -de la posguerra y de una paz que acabarían "perdiendo"- a muchos falangistas o si se prefiere franco/falangistas españoles. Y es lo que da la clave sin duda de ese espeso enigma que me planteó siempre la querencia (irresistible) que despertaba el régimen de Castro entre muchos que procedían de los mismos medios sociológicos -y a la par ideológicos (fachas)- de los que procedía yo mismo.
Umbral escribía esas lineas en claro/oscuro sobre el líder de la revolución cubana cuando la muerte de Fidel, tras caer repentinamente enfermo, todos la daban ya como noticia cierta, Umbral entre ellos. El líder máximo sobreviría hasta hoy no obstante y Umbral moriría en cambio unos meses mas tarde, por lo que su glosa del revolucionario cubano -todos estarán aquí de acuerdo- quedaría incompleta , como un fragmento/literario (inacabado)...
Y ahora viéndole reaparecer en el centro de la escena como un muerto/aparecido, con esas ojeras cavernosas y esos ojos hundidos y esa mirada perdida que me recuerda a la de Castilla del Pino (en las fotos suyas mas tardías); entre gritos de albricias y parabienes de los medios del mundo entero aplaudiéndole al unisono todos al compás, como de pie (al viejo estilo); y oyéndole hablar de guerras del fin del mundo -sin una palabra a penas de la situación en isla y de lo que más le atañe a él mismo- que deja a todos incluso a sus mas fanáticos partidarios de antiguo un tanto escépticos, me siento como investido de la carga pesada -¡aparta de mi este caliz!- de acabar la glosa umbraliana que la muerte de su autor al final dejaría incompleta.
O si se prefiere de servirme de motivo de inspiración de ese "fragmento" (en su acepción literaria más estricta) que Umbral nos dejaría en legado sobre el muerto/en/vida que le acabaría enterrando a él mismo. Como el que nos legaría -en la misma obra- sobre Federico García Lorca (sin poder sospecharse el fiasco completo -años mãs tarde- de la operación de búsqueda de los restos del poeta...)
Y me habrán ayudado a decidirme, a orientarme en esta vía -de la catarsis hispano/cubana me refiero- las novelas del norteamericano James Ellroy -en especial su más reciente trilogía- y la visión (lúgubre) que da -en su propia salsa- del anti/castrismo en la América (USA) de la década de los sesenta enraizado en la sociedad americana o si se prefiere en los más bajos fondos de la América subterránea (underworld USA), de aspectos por veces propiamente indigeribles, como el de los retratos que consigue plasmar en sus novelas de algunos de los voluntarios -del lado de los perdedores- de la operación de Bahía de Cochinos (que seguí con once años -aquí todos ya lo saben- como si me fuera la vida en ello)
Castro -"sicario convencional de la URSS" lo llama Umbral en su libro- nos debe, como sea, un gesto de reconciliación a los españoles que seguimos profesando fidelidad a una memoria histórica (española) que tanto escarnecería él con sus palabras y sus gestos -y su (mal) ejemplo- los largos años que lleva ya (de una manera u otra) en el machito.
Y el gesto que muchos españoles (como yo) llevan aguardando cincuenta años lo es sin duda un homenaje (por modesto que fuera) de agradecimiento y de público reconocimiento de quien hizo posible la supervivencia de su régimen y me refiero a Franco que ofreció al castrismo una vía de escape (y de salvación) -entre occidentales me refiero- cuando en Occidente, en aquel mundo dividido en bloques de guerra fría, todos le daban la espalda.
Un gesto indispensable de reconciliación en definitiva con la memoria de los vencedores de la guerra civil española heredera por la vía de la filiación histórica -y emparentada por los lazos de la sangre a la vez- con la memoria histórica de los españoles de Cuba (de los vencidos del 98)
Porque lo mismo que la actitud del Caudillo, por lo menos neutral hacia a la revolución cubana, le llegó a merecer al Líder Maximo en unas de sus declaraciones a la prensa extranjera -al periodico "Le Monde Diplomatique" hace ya unos años- una glosa en clave biográfica y en señal de reconocimiento por tímida (y vergonzante) que fuera -y por cuenta de los recuerdos de infancia en el Caudillo del desastre del 98- de la actitud del régimen de Franco hacia el castrismo; "a fortiori" se la merece el conjunto de la trayectoria del anterior jefe de estado.
y me refiero en particular al protagonismo (decisivo) de Franco durante la guerra civil española. Y sólo un gesto así devolvería a la vida -a ojos de muchos- la imagen -para la posteridad- de un muerto/aparecido.
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català