
La mecha (encendida) que habrá prendido fuego a la pólvora en la polémica desatada en torno al sitio digital Hispaniainfo y a su principal animador José (Pepe) Cabanas lo habrá sido mi alusión al Opus Dei (la Obra ) Y no era inocente, desde luego pero tampoco pretendía ser provocación ninguna ni siquiera me movía el mencionarlo resentimiento malsano alguno o rencores mal disimulados de experiencias pasadas, por la simple razón que nunca pertenecí al Opus. Nunca prácticamente "se me insinuaron" tampoco -una forma de hablar-, por lo que fuera.
Y mas de una vez me pregunté la razón teniendo en cuenta mi entorno social y familiar -el estamento militar al que pertenecía mi difunto padre- especialmente receptivo a la labor de proselitismo que caracterizó de siempre a los miembros de la Obra. Mi padre -cosa rara- no nos habló en casa nunca del Opus ni en bien ni en mal. ¿Por qué? Sin duda porque le plantearía los mismos enigmas e interrogantes sin respuestas que siempre a mí me plantearía.
Y que siguen sin resolver hasta hoy, debo decir; hasta el punto que se me antoja hablar del Opus Dei, de su nacimiento de su existencia, de su auge y crecimiento en la España de los cincuenta y de los sesenta como de una gran fatalidad histórica, de España y de los españoles. Ya me he expresado en alguna ocasión en estas entradas sobre el tema de la génesis histórica de esta institucion (de derecho eclesiástico) y su papel -en una fase incipiente de su trayectoria- de un signo claramente político en la España de la posguerra (desde finales ya de la década de los cuarenta)
Política y literatura, un binomio inseparable como el de la Literatura y la Vida misma, e indisociable a la vez de la historia de la Obra en su faceta secular al menos; si se piensa que sus miembros harían acto de presencia organizada por vez primera en la vida cultural y política española -tal y como lo registra José Carlos Mainer en su obra "Falange y literatura"- a través del grupo reunido en torno a la revista (y editorial) "Arbor" que plantearía con su simple existencia una alternativa a la cultura y a la ideología oficial encarnada en la inmediata posguerra por los que Umbral llamaría el grupo de "los laínes" -falangistas todos ellos-, reunidos principalmente en el equipo de redacción de la revista "Escorial" que contó en Dionisio Ridruejo uno de sus principales animadores.
Y esa alternativa clara que pretendía ofrecer el Opus en el seno de la sociedad y de la política española se vería claramente expresada en la polémica que protagonizaron por aquellos años (lejanos) Pedro Laín Entralgo y una figura emblemática de la Obra desde sus inicios, y a la vez del grupo de la revista Arbor, y me refiero a Rafael Calvo Serer -que pasó la guerra en zona roja- mucho mas tarde director (malogrado) del diario Madrid, en el tardo franquismo que acabaría literalmente dinamitado (...)
Y fue a través de dos obras de titulo inequívoco, en lo que a la claridad de los unos -de un cielo azul/católico-, y de la confusión (intelectual) de los otros se refería; y lo fueron "España como problema" de Laín y "España sin problema" del segundo de los nombrados. Porque estaba claro que en aquellos años la Obra ofrecía a la sociedad española la imagen de un potente faro de luz (espiritual) frente a las tinieblas de la confusión y de la autocrítica que parecía arrastrar en el seno del régimen una clase cultural dirigente, compuesta de falangistas mas o menos vergonzantes todos ellos (tras el 45)
Con el concilio cambiarían no obstante las tornas, y tras su clausura vendría a darse -como dicen los franceses- una redistribución general de cartas, en política lo mismo que en el panorama cultural e ideológico de la España de entonces. Los progresistas de la víspera -los falangistas vergonzantes a los que aludí mas arriba- seguirían siendo (religiosamente) progres, y se harían más progres todavía; pero la gran metamorfosis -o travestimiento como se prefiera- la ofrecieron en cambio los integristas de la víspera, me refiero a los miembros de la Obra", que se lanzaron -después de mucho pensarlo tal vez (...)- en las aguas del "aggiornamiento y de las reformas conciliares a ojos cerrados sin dejar por eso de guardar (un tanto) las formas (...)
Y ese proceso de cambio profundo que experimentó la Obra entonces -sin duda impulsada por los eclesiásticos que en ultima (y suprema) instancia la dirigían, ellos mismos completamente al pairo de los vientos y corrientes que venían de fuera (de Roma) o de dentro de las alulas cociliarers-, paralelo o en un simple eco si se prefiere de la mutación cultural (drástica y radical) que experimentó la sociedad española en la segunda mitad de los sesenta tras el concilio, marcaría un antes y un después en la historia de la organización, o al menos de su rama seglar (o brazo secular si se prefiere); entre una época inicial correspondiente a los primeros gobiernos de coloración Opus que empezaron a sucederse tras la crisis de régimen del 56-57 a la que tan a menudo me habré venido aquí refiriendo, y los años finales del tardo/franquismo, del Estado/"Opus Dei" que bajo la impulsión del Almirante Carrero se vería progresivamente instalado en los años finales del tardo/franquismo, y que vendría a encallar clamorosamente con el atentado que segaría la vida de aquél (en la madrileña calle de Claudio Cuello)
Y se esté de acuerdo, o en modo alguno -como es mi caso-, con sus planteamientos (espirituales) más emblemáticos, hay no obstante que reconocer que el Opus consiguió hacerse un sitio y rerservazrse a la vez todo un capitulo incluso de la historia de españa contemoranea, en una fase particulremnte crucial de la misma que abracaria un tramo cronològico "grosso modo de dos décadas.
Ahí esta, ahí está -como la puerta de Acalá- la presencia, influencia y protagonismo innegables de la Obra en la historia española contemporánea,y en particular en una fase tardía (y decisiva) del régimen de Franco, de su singladura histórica (azarosa) en la posguerra y muy en particular tras el desenlace de la segunda guerra mundial en el 45. De nada sirve pues ensayar una descalificación completa del estilo de la que intento la célebre obra de Ruedo Ibérico sobre el Opus Dei -bajo el subtítulo "génesis y desarrollo de la Santa Mafia"- que venía a ocultar o a camuflar, visto con enfoque retrospectivo y a tantos años ya de su aparición (en julio del 70), el hecho histórico innegable que la Obra ofreció y aportó realmente una alternativa al régimen tras la crisis del 57, y el fracaso ostensible sellado entonces de la otra opción perseguida anteriormente, el franco/falangismo.
Y ello por más que los costos -en todos los planos y en particular en el orden social- fueran particularmente caros o elevados. Y, a propósito, no deja de ser curiosa la contradicción aparente en la que incurre Sigfredo Hillers en su obra "Ética y estilo falangistas" que he estado leyendo ahora -Oh Félix culpa!-por vez primera al calor de esta polémica, desde su publicación en el 75; que por una lado se muestra escandalizado en uno de sus párrafos (punto 341, op. cit. p. 109) del fenómeno emigratorio -de finales de los cincuenta y principios de los sesenta- consecuencia directa, es cierto, de un plan de Estabilización concebida, immpulsada y y puesto en práctica ("nota bene") por los titulares de los ministerios económicos de los gobiernos que e sucederían tras la crisis del 57, notorios miembros de la Obra.
Y pienso en particular en los mas emblemáticos de todos ellos, Navarro Rubio y Alberto Ullastres. Y al lado de eso, como digo, no deja de imprimir en otro párrafo, hacia el final de la obra (punto 252, op. cit. p. 89) un innegable sello "Opus Dei" al conjunto de sus páginas, por la mención explícita (y elogiosa), en una de sus máximas o sentencias recogidas hacia el final de la obra, de Monseñor Escrivá -que lo era ya entonces-, y de una cita suya referente -dato nada trivial- a la disciplina del celibato eclesiástico (...)
Y sin duda que es todo menos una pura casualidad que Sigfredo Hillers muestre el plumero -una forma de hablar- de su adhesión y apoyo (en una postura de sumisión y dependencia intelectual por lo menos) a la Obra y sus representantes con una cita sin duda de las mas polémicas de entre las más plémicas de su Fundador (hoy elevado a los altares)
El libro de Sigfredo es sin duda valioso por muchos conceptos y no el menor, el literario, en un género moralista poco prodigado en la historia de la literatura española contemporánea, si se exceptúan las obras de un cazracter propiamente religioso, de las que "Camino" de Escrivá de Balaguer ofrece con toda justicia sin duda de uno de los principales botones demuestra.
Pero leído ahora por lo menos este librito de Sigfredo -no se desde luego cuales hubiera sido los efectos producidos en mi caso de haberlo hecho en el momento de su aparición, cuando yo ya me encontraba en otras órbitas muy distintas-, no puedo menos de decir que se me cae literalmente de las manos este breviario moral (falangista) por lo innegablemente anacrónico -y al margen de la Historia- de muchos de los enfoques que se ven plasmados en algunos de los párrafos mucho mas flagrantemente que en otros.
Debido sin duda a la génesis misma de la obra, comenzada a principios de los sesenta y publicada casi quince años mas tarde -sin solución de continuidad, como si nada hubiera pasado entre medias (...)- en un tramo de cronología histórica que coincidiría con acontecimientos de tanta trascendencia en el ámbito internacional como dentro de la península. Como el concilio (y el posconcilio) y la mutacón cultural profunda de la sociedad espanola de finales de los sesenta.
Y sobre todo, por el moralismo rigorista ("estricto", en la terminología favorita de su autor) que rezuma desde la primera hasta la ultima de sus páginas; del texto propiamente dicho me refiero, descontando los numerosos apéndices o nexos que la acompañan. Sigfredo Hillers no niega es cierto el principio -par él sin duda equivalente a un dogma, por ser católico- del libre albedrío, pero en la practica -en el terreno de los comportamientos que es el ámbito en el que se sitúa preferentemente la obra, cabe decir que es como si así fuera.
Una moral de renuncia y de sacrificio -y de abnegación y de obediencia (ciega) y de disciplina- y de una práctica de la humildad basada esencialmente en la autoculpabilización y el arrepentimiento (incluso en público...) Como lo es la moral católica se me dira, y sin duda que no es falso (del todo)...
Con la salvedad no obstante de tratarse de una presentación de la moral católica inseparable de ciertas formas culturales cronológicamente localizadas por entero y propias a nuestro proceso historico de decadencia -como ya lo habré dejado explicada en algunas de mis entradas-; como también de una visión retrospectiva y revisionista de la historia del catolicismo y en particular de la España católica, tras nuestra derrota (de alcance mundial) en la Guerra de los Treinta Años. A la luz todo ello me explico, de una revisión -como la que vengo propugnando desde la primera de estas entradas- de lo que el mismo concilio vaticano segundo daría en llamar "historia de los dogmas".
Y ese moralismo severo, rigorista, tan sofocante y abrumador por veces, rezuma como digo desde la primera a las últimas páginas de la obra que aquí comento en unos líneas y párrafos plagadas de recriminaciones de avisos, de consejos y exhortaciones amigas también, pero siempre bajo el signo omnipresente de la culpabilización (y de la advertencia grave, o seria)
"Veritas liberabit vos", una cita que el propio Sigfredo Hillers no deja de incluir en una de sus sentencias; pero no es esa la impresión primera que e desprende desde luego de la lectura de ese libro, especie de "Camino" para uso de falangistas, en la intención de su autor y también a tenor de la acogida que recibió entre sus principales destinatarios que sin duda lo vieron y lo leyeron ellos también un poco al revés como digo; en una mezcla indefinible de sorna y aprecio (de la impresión que me quedó al menos de lo que llegó a mis oídos entonces)
El libre albedrío -o el foro (interno) de la libertad interior- sale en cambio no poco maltrecho al cabo de la lectura de esta obra de un autor laico o seglar ajeno al estado eclesiástico, pero que no deja de reflejar en esas páginas una cierta nostalgia de aquella forma de vida; señal sin duda de un estado de espíritu aflictivo (o de atrición por llamarlo así-como una enfermedad o dolencia (espiritual)- no poco frecuente en grandes figuras de nuestra historia, y es de no haber podido o no haberse decido nunca a abrazar el estado eclesiástico (...)
Como fue el caso -tal vez el mas emblemático de todos- de Don Miguel de Unanumo, embutido siempre hasta el final de vida en unos atuendos que tenían algo de eclesiástico (protestante)- (...) y que trataría en unas frases de lo mas elocuente, de las grandes "nieblas" conceptuales que rodean la noción ("oscura) de "la vocación religiosa" (sacerdotal, para entendernos), "responsable -y estoy citando de memoria- de tantas tragedias existenciales"
Para Sigredo en cambio tal y como se veía reflejado en su libro, el celibato era el ideal absoluto, la norma suprema y el estamento eclesiástico la forma de vivida más perfecta -para los "llamados" por cierto(...)- frente a lo que el resto no eran más-como decía su mentor Escrivá- que "clase de tropa" (ibídem) Celibato eclesiástico pues....pero para los otros.
Con lo que se nos quería sin duda decir que el modelo inmejorable de ética y de estilo (falangistas) lo venía a encarnar el modo de comportamiento propio de clérigos y de eclesiásticos. El criterio supremo. "Clericat" o "non clericat", como se decía en el seminario de Ecône (sin andarse con bromas) Y para un viaje así, me lo reconocerás querido Sigfredo, de verdad que no nos hacían falta alforjas (ni marchas, ni albergues, ni campamentos)
Los comentarios para este post están cerrados.
.../...pero el mentís mas irrebatible a esa imagen liberal que pretendes dar de la Obra la ofrece la imagen diametralmente opuesta difundida de antiguo por culpa de las prácticas -de exclusion y de discriminación y de sectarismo- típicas de la norma de conducta de muchos de sus miembros notorios como las que denuncio en una de mis últimas entradas. Algo -lo confieso- de lo que me sentí víctima de antiguo. Desde los tiempos de mi dentención en Fatima y del linchamiento consiguiente en los medios en contra mí y de la presion psicológica rayana en el acoso directo de lo que fueron víctimas los miembros más allelgados de mi familia, de personas del vencindario, inquilinos del mismo inmueble -perteneciente a un bloque de casas militares (un medio sociológico blanco predilecto del proselitismo del Opus)- y miembros notorios de la obra. Algo que tuvo consecuencias trágicas en mi vida (como aquí algunos ya saben, o adivinan) Dicho sin rencor y sin inhibición ninguna tampoco. Un cordial saludo
Lo de la libertad -estarás de acuerdo- entendida en un sentido filosófico o teológico es una de esas grandes cuestiones de la historia del pensamiento humano en las que nunca se tendra dicha la última palabra. Que la doctrina del Opus tal y como se vió difundida en la época de mayor auge de los miembros de la obra en España -en el plano político- antes de la muerte de Franco arrastrase un mensaje de libertad o de liberación es inegable pero no se veia exento de un lado falacioso. En la medida que los miembros de la Obra etaban sometido a un regimen de "libertad condicional" por así decir, en la imagen que darían hasta hoy desde luego, y a partir del momento que algunos de sus miembros, los más consagrados, hacían voto (perpetuos)de obediencia y de castidad (y no sé si también de pobreza).../...
No me extraña que no esté usted de acuerdo con el Opus Dei, porque el Opus Dei que usted retrata no es el Opus Dei. En todo caso, y como mucho, es una parte de la historia de alguno de sus miembros. Esto me induce a sospechar varias cosas: la primera que no ha captado la finalidad exclusivamente espiritual de esta Prelatura de la Iglesia Católica nacida, no por ninguna fatalidad, sino por querer de Dios. La segunda que quizás se ha quedado usted en el franquismo y no entiende usted la total libertad de los católicos -y, por tanto, de los miembros del Opus Dei- en sus tareas sociales, profesionales, políticas, culturales, deportivas, etc. En el fraquismo podía ser más difícil entender una libertad que no existía y que, casualmente, solo predicaba San Josemaría Escrivá. Tampoco sé qué le dice a usted lo que predicó un Santo y las aprobaciones de la Iglesia.
Como apenas queda espacio, le envío un cordial saludo
Coincido totalmente con la opinión que el Sr. Calvo Serer (q.e.p.d.) tenía sobre Manuel Fraga Iribarne.
No, no era para tí, Vox; era para el que me escribía desde el Oriente (...) De lo que me dices, hago lo que puedo. Umbral, que aquí citan, escribía por escribir -como él lo mismo lo decía- y por ahí decía también cosas. Yo procuro decir cosas y por ahí escribo, como puedo. Un cordial saludo desde Bélgica
De occidente a oriente. una sugerencia, que es una súplica: no le haga eso a sus alumnos. Ellos no tienen la culpa de nada. Y menos de la prosa farragosa, infumable, de este imitador penoso de Umbral.
No insista usted. Es como darse cabezazos contra la pared. Usted debe saber que el de este hombre es un caso curioso de masoquismo. Cuanto más le contradigan, le insulten, le "calienten", le encarcelen, persigan de cualquier modo (policías o bandidos), siempre encontrará placer en ello; porque su placer es mostrarse a los demás, héroe o villano, pero con la mayor notoriedad, incluido el escándalo sobre la materia más despreciable y sobre la persona que pase por su lado, aunque apenas sepa de ella un detalle para inventarse una historia que no venga a cuento, pero que le permita soltar el aluvión de palabras desordenadas, a borbotones, de esa prosa suya que quiere imitar, con ningún éxito, a don Francisco Umbral
Me parece, "ex-camarada", que este "filón" no te va a reportar mucha publicidad, que es por lo que "matarías", si menester fuere. Difamar y calumniar, entonces, es un juego infantil.
También se te dijo: niño en el bautizo, esposa en la boda y muerto en el entierro. Lamentable estampa la tuya. Hasta me han dicho que no te quisiste perder el cadáver de tu mito Umbral, para hurgar en las entrañas de su memoria y mostrar la intimidad sobre la identidad de su padre, porque tenía morbo el que fuese vieja guardia de la Falange de Girón. Y asa ocasión tu no te la pierdes. Si haces daño a alguien, si ofendes alguna sensibilidad, etc, a ti qué más te da. Y no lo que sea falso, dudoso, pueda destrozar el corazón a alguien, sino cualquier cosa, lo que sea, el caso es "parasitar" persona, institución, memoria, afectos, lealtades, valores, .... Esa ha sido tu lamentable historia personal. Nos conocemos bien.
Lo peor: no vas a cambiar.
Si es a mí, no capto lo de Ferrán, y mucho menos conozco a franceses (y catalanes) que usen de semejante expresión. No sé de donde viene eso, salvo que sea parte de un sutil humor belga trasplantado al caso, o por demasiada asiduidad a la Neuhaus, que ya se sabe que es un peligro por exceso de manteca de cacao.
En fin, saludos igualmente a usted.
Gracias por el consejo Ferrán, lo consultaré con mi director espiritual (como dicen los franceses, tan afines a algunos catalanes) Saludos
Como profesor de lengua le pido permiso para utilizar su artículo como ejemplo de texto infumable. Un consejo: tómese un tiempo para pensar antes de escribir. Y si puede ser, también después. Y si resulta que al final no tiene tiempo para escribir de tanto pensar, no se preocupe. Nadie le echará en falta.
Y desde luego no entro en los viejísimos vericuetos, recelos incluidos, entre el falangismo del régimen y el Opus del mismo. Sería como discutir sobre el reinado de Recaredo.
El universo de la Obra es, a mi entender, una simple constatación de que en cualquier modelo religioso con cierta extensión pública y uniformidad interna (a lo mejor más pretendida que real), siempre aparece esa clave de superioridad basada en los ejes dentro/fuera - centro/periferia - arriba/abajo.
No se trata de simple jerarquía, como siempre ha sido en el ámbito de la teología eclesiástica, sino de creer que existe cierta íntima e inquebrantable relación entre lo que es salvo y lo que es necesario, sobre todo si ese grupo particular cree que sin él la “esencia” –entre comillas– de la confesión general quedaría gravemente dañada.
Pero eso, a mi entender, es un alejamiento desfigurador de lo que imprime el evangelio en la capacidad inteligente y cordial de la fe.
Por cierto, ¿no cree sr. blogger, que sería más útil para su sintaxis evitar frases demasiado largas? Al final uno acaba perdiéndose. Es un consejo amable.
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català