Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

El juez Garzón se da de bruces con la otra memoria argentina (incidente en Córdoba)

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El juez Garzón está empezando a llevarse buenas dosis de su propia medicina. Los vientos de discordia que lleva sembrando desde hace décadas por culpa de su "a priori" (sectario) -e irreconciliable- en favor de la memoria de los vencidos de la guerra civil están empezando a tornar tempestuosas sus apariciones publicas del otro lado del charco que hasta hoy fueron o bien discretas o bien triunfales y apoteósicas.

En su aparición ayer en la sala del tribunal de la ciudad argentina de Córdoba que viene juzgando -por crímenes/de/guerra (y contra/la/humanidad)- a dos figuras principales del régimen militar, los generales Jorge Rafael Videla y Luciano Menéndez, Garzón se vio abucheado y abiertamente increpado por una parte de los asistentes, familiares de los encausados y miembros de la Asociación en Defensa de la Verdad Histórica que reivindica el combate antiterrorista llevada a acabo por las Juntas.

El gobierno peronista (de izquierdas) bajo la presidencia de la señora Kirchner lleva adentrándose hace ya un rato en una zona de (grandes) turbulencias en su empeño de llevar adelante (nuevos) juicios por crímenes de guerra (y contra la humanidad) de figuras principales de los regímenes militares que conoció la Argentina hasta la guerra de las Malvinas, que se saldaría con la victoria inglesa (en junio del 82)

Lo que crea gran conmoción social del lado del Río de la Plata y no deja de agrandar la factura que el pasado emergente de aquellos años tan traumáticos inflige al conjunto de la nación. De una forma análoga -todas las distancias salvas- a la fosa (histórica) que habrá reabierto entre españoles la polémica levantada al socaire de la ley (funesta) de la memoria.

El juez estrella llego a la sede del tribunal acompañado del secretario argentino de los Derechos Humanos, una figura particularmente controvertida entre sus compatriotas por su pasado en la década de lo setenta y principios de los ochenta, directamente ligado a grupos de carácter terrorista. A la llegada del juez Garzón -en una muestra de dudosa parcialidad/judicial-a la sala de audiencias, todos los encausados presentes se levantaron y abandonaron la sala al unísono , en señal de protesta.

A la salida, la viuda de uno de los militares asesinados (acribillado a balazos) en el asalto -a cargo de un grupo terrorista- al cuartel de la Tablada (provincia de Buenos Aires) a finales de la década de los ochenta, increpó en voz alta al juez estrerlla y a su acompañante; al que acusó de ser uno de cerebros fundadores -en Managua- del grupo terrorista que asesinó a su marido.

Dime con quien andas y te diré quien eres. El juez Garzón sigue metiendo la nariz en conflictos internos puertas afuera y haciendo así nos obliga a otros a meternos en el fregado también, ahora, en defensa de una memoria propia individual como colectiva. La tragedia que vivió la Argentina a mediados de la década de lo setenta fue consecuencia directa de una estrategia de lucha armada subversiva puesta en practica en todos los países de la América española conforme a unas consignas y voces de mando que llegaban "grosso modo" de Moscú vía la Habana, y en menor medida a través de otros movimientos guerrilleros de obediencia china, o disidentes de una de las dos grandes centrales de actividad guerrillera (y terrorista) del otro lado del charco.

El régimen militar argentino fue una consecuencia directa de aquello y lo ilustra el hecho que el ejercito se viera ya obligado a intervenir en operaciones de gran envergadura de lucha anti-guerrillera en tiempos de la presidencia de Isabel Martínez de Perón, viuda del general, y elegida en las urnas, y de su sustituto interino durante unos meses y destacada figura del peronismo histórico, Italo Luder; que firmaron (ambos) sendos decretos aprobando y refrendando la incorporación del ejército en la lucha antiterrorista.

Y como consecuencia de la intervención militar en la represión de la actividad guerrillera el peronismo acentuaría y consumaría fatalmente sus divisiones internas. Los años que viví en Argentina -finales de los setenta- los partidos políticos estaban oficialmente "en suspenso" y ese era el caso del partido peronista.

Personalmente, durante mi estancia allí me vería influenciado pro un libro -de un cuño de anti-peronismo militante indiscutible- publicado a poco de mi llegada al país por la TFP "los Kerenskis argentinos" en el que se acusaba a Perón y a los peronistas de llevar a la Argentina por una vía que acabaría desembocando en una dictadura marxista (comparable al régimen de Castro en Cuba)

Un libro que habría tenido en el fundador de las TFP, el profesor Plinio, su mentor e instigador a todas luces y del que sus firmantes -responsables entonces de la TFP argentina- hoy parecen netamente distanciarse.

Entre los amigos y bienhechores de la FSSPX en Argentina se contaban -ya lo tengo señalado aquí- no pocos peronistas o nacionalistas filo/peronistas pero también otros de una sensibilidad más bien "gorila" (liberales antiperonistas) pero no menos anti-comunistas.

La segunda presidencia de Perón fue en realidad un campo de batalla entre las principales facciones que se disputaban -a derecha ya izquierdas- el control del movimiento justicialista bajo cuerda. Lo que preparó innegablemente la vía a la instauración del régimen militar. Y guardo de aquel capitulo borrascoso de la historia argentina que coincidiría con la última fase de mis estudios universitarios recuerdos confusos y a la vez innúmeros amontonándose en mi memoria en cuanto que me pongo a evocar la actualidad argentina de entonces que seguí febrilmente en los medios españoles, como me ocurrió por regla general aquellos años (revueltos) con los demás países de la América española.

Los gobiernos militares reprimieron a la dirección política del partido justicialista pero sin llegar a su disolución, y lo confirma el hecho que una figura como Italo Lúder pudiera continuar en el ejercicio de sus funciones en la dirección del partido, bajo las juntas. Por eso parece exagerada la visión de la que parecen adolecer algunos en España asociando sin distingos ni matices al peronismo en bloque con la resistencia (armada) al régimen militar, y tratando en consecuencia a los peronistas de derechas (para entendernos) u opuestos al gobierno actual que hoy se da en llamar el sector histórico (u ortodoxo), de traidores al movimiento peronista.

Y pienso en la figura de Saúl Carlos Menem particularmente denostada por los celadores de la memoria del joven español al que ya dediqué aquí una entrada que murió en circunstancias sin esclarecer en la Argentina -durante la presidencia de, aquél- a mediados de la década de los noventa. Menem estuvo preso durante varios años de régimen militar y seria puesto en libertad un año antes de la caída de la restauración del régimen democrático tras la guerra de las Malvinas.

Y en unas declaraciones que le leí al poco de haber asumido a la presidencia -estando yo ya en Bélgica- asumía sin dobleces la represión del terrorismo iniciada ya bajo un gobierno de los suyos. Y recuerdo particularmente uno de sus párrafos en donde se decía orgulloso de figurar entre "los vencedores" (de la lucha anti-terrorista)

Una cosa esta clara desde luego y lo fue el apoyo unánime del peronismo al régimen militar cuando estalló la guerra de las Malvinas, por lo que era una reivindicación histórica unánime de los argentinos y que no dejo de esgrimir el peronismo en el poder -en la primera presidencia de Perón- hasta el punto que grupos surgidos de entre las filas del peronismo llevarían campaña sobre el tema en la década de los sesenta, y alguno de ellos llegó a protagonizar acciones sonadas como el secuestro de un avión de Aerolíneas Argentinas que se vió obligado a aterrizar en territorio del archipiélago.

Las Malvinas son el infierno (en la tierra) de la historia argentina de las tres últimas décadas y amenazan con serlo también de los que se se sienten de pronto (nuevamente) interesados en su actualidad política -como es mi caso- en los días que corren (...) Porque todo parece indicar -¡aparta de mi ese cáliz!- que los españoles (todos) tengamos que acabar asumiendo por completo ese capítulo tan trágico (y doloroso) de la historia del país hermano.

El otro día, en un de mis entradas, me permitía cuestionar el culto de martirologio que algunos en España -incluso en sectores falangistas- parecen reservar al joven que evoqué mas arriba muerto hace ahora quince años en la Argentina. Y el mismo derecho de memoria que les concedía con todo en mi entrada en ese punto, me siento en derecho de arrogarme yo mismo a la hora de recordar los miembros -en una gran proporción (muy) jóvenes guardiamarinas- que perecieron en el hundimiento del acorazado Belgrano por orden expresa de la primer ministro británico Margaret Thatcher cuando la guerra estaba ya decidía -y de los que llegué a conocer personalmente a algunos de ellos (de ideología nacionalista) a través del obispo castrense argentino en aquel entonces cercano a la obra de Lefebvre en Argentina- víctimas como lo fueron de una acción bélica superflua, con fines sobre todo de guerra de propaganda.

El régimen militar cayó de resultas de la derrota frente a los ingleses pero en el frente interno los militares no tuvieron que enjugar derrota alguna y por eso es fácil de comprender que se sintieran hasta hoy invictos lo que ilustra la actitud de la mayor parte de los que se verían encausados hasta ahora de entre su,s filas, de asumir abiertamente y por completo lo que hicieron y lo que se hizo o pudo hacerse bajo sus órdenes.

Y lo que explica el anuncio que acaba de hacer públicas uno de los posibles candidatos presidenciales de las próximas elecciones el ex-presidente Eduardo Duhalde -que mereció las mas lapidarias criticas del juez estrella en la conferencia que pronuncio, en vísperas del incidente que aquí estamos comentando, en un seminario en curso de celebración en Buenos Ares sobre derecho penal internacional- que cuenta, si se ve elegido, con organizar un referéndum sobre la prosecución (hasta ahora) de los juicios contra figuras del régimen militar.

El gobierno actual no obstante parece haber escogido la huída hacia delante -de todos los problemas que enfrenta (la corrupción generalizada no el menor de ellos)- prefiriendo perseguir fantasmas del paso que no pasa. Con lo que a todas luces se esta cavando su propia tumba. Tal y como parecen apuntar todos los indicios.

Entre ellos la emergencia de un fuerte movimiento opositor que tiene en Eduardo Duhalde, peronista -del sector "histórico" (u ortodoxo) y ex-prresidente (al final de la era menem, del que fue vicepresidente- y en el actual alcalde de Buenos Aires, Mauricio Macri, una figura independiente de un perfil -de brillante hombre de empresa, antes de entrar en política- que proyecta fatalmente de él una imagen no sin parecido con la del italiano Berlusconi o la del chileno Sebastián Piñera.

Dos figuras emblemáticas, de gran formato y de gran impacto en la opinión -a tenor de los sondeos -y que dan sin duda el tono de la situación política argentina imaginable para después de los Kirchner, "los K." como escriben algunos. Porque se logren o no se logren las promesas que inspira a algunos el Berlusconi argentino, el peronismo sigue ahí de serpiente de mar de la política argentina, fatalmente insoslayable.

Pese a sus divisiones o tal vez precisamente gracias a ellas. Y que el principal movimiento político de la Argentina -mayoritario hoy como ayer hasta prueba de lo contrario- haya conseguido conjurar no poco hasta ahora sus divisiones intestinas debería hacer reflexionar a los aprendices de brujo que cruzan el charco buscando reencender de sus cenizas los enfrentamientos de un pasado aún en ascuas, como es el caso del juez estrella.


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