Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Caretas fuera: la CGT, una banda de provocadores, de un protagonismo y beligerancia que no se explica

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Leo la noticia del comunicado que ha emitido una organización sindical (la CGT) de tendencia anarcosindicalista "moderada" -como la presentan algunos medios- detectando la presencia en su seno de personas de ideología "neofascista" y la adopción sin falta de medidas en consecuencia. El comunicado desde luego no tiene desperdicio y vale la pena el descifrarlo -y desmenuzarlo- (casi) linea por linea. Empieza anunciando la expulsión fulminante de los elementos (fascistas) ahora descubiertos y amenaza tirarles sus estatutos a la cabeza a todos lo que pretendan emularlos. Declara además una "intransigencia total" y una actitud de "tolerancia cero" para este tipo de infiltraciones; para otras sin duda no, por muy políticas que sean.

Hacen hincapié en su compromiso de lucha permanente contra "el fascismo, el racismo y la xenofobia" y se les olvida -del latiguillo convencional y consabido en todas las legislaciones (antifascistas) europeas- hacer mención de la intolerancia, por lo que sea (sin duda por aquello de "perro escaldado del agua fría huye") Se arrogan una capacidad de movilización que está por probar y terminan amenazando al conjunto de la población española con la huelga general que tienen convocada (con otros) para el próximo mes de septiembre.

Y en otra noticia de un valor informativo complementario sobre el tema, uno de los responsables de la organización explica ese fenómeno de infiltración por un deseo de proselitismo en los nflitrados y les echa en cara argumentos "racistas" y "a favor de los españoles" Una coletilla que me ha llamado la atención y me habrá obligado a inquirir un poco lo que realmente quería decir su autor con esa frase sibilina.

Y llego sin pena a la conclusión -recapacitando un instante- que se trata de una clara alusión a los inmigrantes, que denote a s u vez una presencia fuerte de extranjeros en la propia organización o en los medios en los que ejercen su acción de proselitismo. Y sin duda que sea ese su futuro inmediato (tan oscuro); su pasado mas o menos remoto es lo que esta menos claro para mi todavía.

Leo en una noticia de internet por cuenta suya que se trata de una escisión "moderada" de la CNT (segunda época) La CNT -todos lo saben- se hundió bajo el peso de la derrota al final de la guerra civil española (y de todos los crímenes y atrocidades que entonces cometieron o dejaron cometer en su nombre) y resucito en la Transición como las demás centrales sindicales -aglopes de varita mágica de los titulares del poder político entonces- pero sin derecho a tajada alguna en el reparto del patrimonio (cuantioso) de la antigua Organización Sindical que fue a parar en sus lotes mas jugosos y suculentos a las dos centrales mayoritarias (o eso decían) que se acabaron grosso modo el cotarro entonces, la UGT y las Comisiones Obreras.

Esta claro para mi no obstante que esta CGT -de resonancias más que francesas, argentinas (¿montoneras?)- no viene de aquella CNT ni dando un rodeo siquiera. Una pista nos la da en cambio el prptagonismo que desempeñarian antiguos cenetistas en las filas del sindicalismo vertical incluso hasta ciertos niveles de decisión, y situados (o infiltrados) en el seno de sus instancias dirigentes.

Y una ilustración de aquella presencia en los sindicatos oficiales del régimen anterior lo ofrecería la revista (falangista en su origen) "Índice", fenecida en el 75 (sin pena ni gloria) por voluntad propia de su fundador y propietario Juan Fernández Figueroa -antiguo falangista y alférez provisional en la Cruzada-, que gozaba de financiación sindical y legó a propulsar hasta sus primeras páginas y a conceder amplia tribuna a destacadas figuras del sindicalismo cenetista (y anarquista) de los años de la Républica y de la guerra cvil. De la lectura febril -en mis años universitarios- de alguno de sus números retuve su frase, "la Revolución es un fuego en el que ardemos todos" que recordada ahora se reviste sin duda (en su autor) de un significado profético iinegable (...)

El anarquismo no obstante murió hace mucho en nuestros países occidentales, como idea política (de futuro) me refiero. Y que un sindicalismo de ese cuño parezca desempeñar hoy por hoy un protagonismo de destaque protagonismo y se vea recocida (de lo alto) una beligerancia innegable en la política (sindical) española, es algo pues que no deja de plantearnos interrogantes a algunos ni de verse rodeado de espesos enigmas.

Los pueblos de la América española de donde procede un porcentaje mayoritario de los inmigrantes llegados a la península estas dos ultimas décadas carecen mayormente -salvo casos excepcionales y mas o menos atípicos- de esa tradición anarcosindicalista de españoles, franceses e italianos (y belgas), propia a la cultura política (y sindical) más representativas de de ciertos países de la Europa occidental.

Y tal vez precisamente por eso, un sindicalismo de corte anarquista les ofrezca un elemento de novedad, y de aliciente suplementario del que carecen otros modelos mas gastados digamos o mas difundidos del otro lado del charco.

¿Rumanos emigrantes en España, otra de las clientelas principales del sindicato anarquista? Me parece poco probable aunque es un hecho que la ciada del régimen de Ceausescu no supuso la desaparición automática de muchas de sus secuelas inevitables entre otras la supervivencia de un sindicalismo heredero del régimen rumano fenecido que desempeñaría un fuerte protagonismo en los tiempos que sucedieron inmediatamente a la caída del Conducator.

Como lo ilustraría la toma por asalto entonces de la ciudad de Bucarest -en su centro urbano- por una masa enfurecida de mineros llegados en tromba a la capital en auxilio del nuevo hombre fuerte entonces Ion Iliescu -miembro prominente del partido en la Era Ceausescu- y teledirigidos por jerarcas sindicales de un pasado (oscuro) de connivencia con el derrocado régimen comunista todos o casi todos ellos. Pero en la medida que el fenómeno de la inmigración pueda abrir ciertas vías de futuro a ese tipo de sindicalismo, está claro que su horizonte de futuro no deja de verse a la vez drásticamente restringido y limitado, en la vida política (y sindical) española.

Otra pista de explicación de su presunta audiencia y protagonismo lo es la que ofrece un estrato sociológico, a años luz -ideológicamente como sociológicamente halando- de todo lo que encarna y representa es central sindical (anarquista) Y me estoy refiriendo a personas precedentes de medios familiares o sociológicos de lo que se da en llamar convecionalmente la derecha o como decía (literariamente) Umbral "la derechona", en un eco portugués de la revolución de Abril de cuando se empezó a evocar al antiguo régimen (salazarista) derrocado con el apodo de la "Vieja Señora"

¿Que sera pues -cabe preguntarse- lo que les pueda atraer de esa corriente sindical? Y la respuesta es sin duda un tanto polimorfa. Como lo es la realidad sociológica enfocada como objeto de análisis de la actualidad más rabiosa. Los casos de "fascistas" ahora denunciados tiene sin duda una clave de explicación -en parte al menos- en ese señuelo del sindicalismo revolucionario -y de la autogestión/obrera- que arrastran muchos, herederos (de una forma u otra) de la memoria de los vencedores de la guerra civil del 36 y que se vería plasmado en sus inicios en la formulaciones programáticas de la Falange y del nacionalsindicalismo.

Lo que ya aquí describí -en réplica a Ceferino Maestú- como un ideal indisociable del "penúltimo José Antonio" dado que "la última" de sus encarnaciones, en aquella antesala de la muerte en la prisión provincial de Alicante acabaría vomitando o dejando de lado sin dobleces esas ensoñaciones primeras como aquí ya lo dejé sentado.

Pero otra clave de explicación la da tal vez la crisis, con la formación de una masa creciente de personas en paro que en situaciones normales no deberían haberse visto así; con su corolario de desclasamiento inevitable en los afectados, y de secuelas tan dramáticas (y dolorosas) en tantísimos de los que lo sufren. Y para ese tipo de personas el sindicalismo es como una serpiente de mar que surge delante de ellos de repente como un fantasma sin rostro y les obliga bucear en busca de una escapatoria (y de asidero firme)

Sindicalismo (marginal, o minoritario) como vía de escape. Una alternativa que al responsable de la central sindical aquí puesta en foco no le vino sin duda a la mente a la hora de dar cuenta de ese fenómeno de infiltración de "fascistas "en sus seno, que tanta curiosidad producía al periodista autor de la noticia.

Porque si se descuenta una cierta dosis de espíritu de aventura o de gusto innato por la política o por unas formas combativas de existencia que puedan encontrar en una militancia sindical una especie de sucedáneo o de paliativo está claro para mi que muchos se ven obligados a pegarse a la vera de una central sindical por muy "contra natura" y alejada que les parezca esa vía de sus querencias, sus convicciones y sus aspiraciones mas profundas, simplemente como forma de supervivencia.

El sindicato (y la afiliación de rigor); o si no las asociaciones caritativas o la asistencia publica, esa es la dramatica alternativa que se les presenta a algunos -¿muchos, pocos?- en estos tiempos de crisis, y se un poco (como aqui ya saben) de lo que hablo. El sindicalismo seria en otro países un ariete durante décadas de una agitación obrera de signo (más o emnos) revolucionario y después del 45 sobre todo, artífice, en la mayor parte de los países europeos (y bajo un signo reformista), de importantes "conquistas de la clase obrera" -con el contrapeso decisivo que les ofrecía la segunda potencia del planeta (y me refiero a la ex-Unión Soviética)- que tendría los beneficiarios principales en su propia clientela; de padres a hijos (y nietos) hasta nuestros días.

En España en cambio fue sobre todo un regalo (escandaloso) -a unos cuantos- del régimen/democrático que nos deparo en suerte a los españoles la transición política. Con los afiliados a las dos centrales mayoritarias (y sus hijos y sus nietos por supuesto) de beneficiarios directos de aquella venta en almoneda. Y los que se quedaron fuera del reparto o sin un trozo de pastel -me refiero en el ámbito laboral-, en tiempos de crisis como los que vivimos, y en caso de accidente laboral -me refiero a quedarse de pronto en situación de paro por lo que sea- lo tienen mucho más crudo y mucho más mas difícil que los pertenecientes al primer grupo de nombrados en lo referente a la lucha por la supervivencia. En materia de derecho a subsidio (de desempleo),para comenzar; y ya me explayé aquí en varias ocasiones sobre el tema.

Y me viene a la mente el caso, en los últimos tiempos de la era Aznar, del que fue secretario del PP de Madrid, Ricardo Romero de Tejada que se vió (injustamente) emplazado en los medios -sobre todo en los ideológicamente hostiles- como un estafador o poco menos por verse de forma ficticia en la nómina de un amigo para poder así cotizar a la seguridad social y poder ser titular de sus derechos. Por la simple razón en definitiva que en una legislación laboral "standard" propia a los países democráticos no todos los sectores profesionales -contra lo que dice la imagen"d'Épinal" difundida en el vulgo- se ven reconocido ese deber, que es mas que eso un derecho (o un privilegio)

Y sin duda que el político aludido ejercía una actividad profesional -perfectamente legítima- al margen de la politica, que no "cotizaba" por lo que fuera. Y se olvidaban sus linchadores que esos subterfugios tan incómodos para el que se ve obligado a ellos, no regían ni siguen rigiendo en cambio para una casta (privilegiada); a saber, los afiliados y sus descendientes que disfrutaban de toda una serie de ventajas derivadas del régimen 'democrático) de seguridad social por derecho digamos de nacimiento.

Cuando llegué yo aquí a Bélgica, con lo puesto, el capellán -próximo de Izquierda Unida- de los españoles del barrio de "Marolles" en el centro de Bruselas me dió como sola receta el que me pusiera a hacer turnos de noche en las fabricas (como si quieres arroz Catalina), para poder así adquirir un derecho (al subsidio) al que un simple carnet de UGT o de las CCOO me hubiera dado acceso sin mayores tardanzas. Y yo comprendo la actitud de los que por razones profesionales -pequeños o medianos empresarios- se ven obligados a pactar de una forma u otra con esa realidad (sindical) insoslayable.

Pero deducir de ahí una lectura política o ideológica -como dicen los franceses- susceptible de poder suministrarle balones de oxigeno a la ideología sindicalista en estado (notorio) de defunción en nuestros días es cerrar los ojos a la realidad y también al sentido (evidente) de la historia en las últimas décadas, por ciega obstinación o por una nostalgia incurable de una visión sindicalista revolucionaria que algunos habrán mamado como quien dice.

Ceferino Maestú -¿a la vejez viruelas?- viene ahora en el tramo (terminal) de su trayectoria a dejar constancia que los trabajadores con Franco -y "contra Franco"- vivían mejor que ahora. A buenas horas mangas verdes. Y en su ultimo artículo enumera -con elocuencia periodística sin duda- la serie de ventajas (capitales)que disfrutaban entonces y de las que se ven privados ahora, a pesar de los buenos oficios del sindicalismo/democrático (y guerracivilista).

¿Quiere decir -en la mente de ese veterano sindicalista/revolucionario ("de derechas")- que el sindicalismo/vertical fue la matriz original, o auténtica al menos y lo demás puras desviaciones o remedos del ideal sindicalista? Cabe el interpretarlo así pero entonces -estarán todos de acuerdo aquí- se me antoja que estamos hablando de otra cosa, o de realidades divergentes bajo una misma nomenclatura. Un fenómeno típico sin duda de las palabras de origen griego por su etimología presentes en as lenguas modernas y de su influjo talismánico como lo denuncio (con acierto) Plinio Correa de Oliveira -profesor Plinio- en relación con el termino "diálogo" (y sus derivados)

Lo que daría cuenta sin duda del diálogo de sordos en que las discusiones sobre el tema acaban encallando (sobre todo entre falangistas) La CGT con el ejemplo de sectarismo e intolerancia que acaba de ofrecer a ojos de todos de ha quitado sin duda la mascara y mostrado su verdadero rostro a algunos que podían ver en ellos hermanos separados enlazados pro el mismo ideal: de una banda de provocadores e irresponsables a la que desde luego no se le debe permitir en modo alguno el derecho de poner a un país entero contra las cuerdas (en la huelga que nos anuncian)

2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Capi Vidal 14.08.10 | 13:45

    Le pediría un poquito más de rigor en sus lecturas históricas, no basta con consultar wikipedia a última hora. En lo único que tiene usted razón, es en que la CGT nada tiene que ver con el anarcosidicalismo.
    Decir que el anarquismo como idea política (de futuro) feneció es algo intelectualmnte pobre (o mezquinamente interesado). Tal vez se refiera usted al anarquismo dentro de las organizaciones; derrotado, sí, puede que por su propia ética intrínseca que niega la conquista del poder. Negar la importancia del anarquismo (como potente síntesis entre liberalismo y socialismo) es tener una cultura política de corto alcance. Al margen de su presencia explícita en organizaciones (le diré que la CNT y la FAI, así como multitud de grupo ácratas, siguen existiendo), la influencia de una compleja filosofía sociopolítica y su constane adaptación y revitalización.
    En cualquier caso, le aconsejo también que repase la diferencia entre las nociones de anarquismo y sindicalismo (más bien ...

  • Comentario por Ángel 11.08.10 | 11:42

    Madre, como se ponen las cabezas con el calor...

Miércoles, 30 de mayo

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