Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

El caso Javier Iglesias, o la memoria escindida del peronismo argentino...y de los falangistas españoles

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Me pongo a escribir de pura compulsión sin saber bien -como a veces me ocurre- lo que voy a decir sobre un tema que se apodera de mí así de pronto sin estar en modo alguno preparado, y se trata de la muerte en circunstancias no esclarecidas en 1996 de un joven español de treinta y tres años, Javier Iglesias, -la edad del cristo y de josé antonio- que arrastraba un pasado de militancia falangista ("auténtica") en el momento de su muerte; en la Argentina bajo la presidencia de Saúl Carlos Menem, figura de notoria filiación peronista; en lo que a creer a sus amigos cobraría los visos de un crimen político.

El peronismo es una larga historia mal conocida de una gran mayoría de españoles, peor incluso de los que nos pensamos. El peronismo; el régimen de Perón (primera época), su auge y su caída cruenta, violenta -mucho mas de lo que a tenor de la imagen que se vió trasmitida hasta hoy muchos siguen creyendo- siguen trayendo cola en Argentina. El tiempo que allí residí -en el marco de la Fraternidad San Pío X (FSSPX) coincidió con el periodo de la primera junta militar del general Videla y de la segunda, al mando del general Viola.

Los grupos de curas y seglares católicos que colaboraron entonces con la obra de Lefebvre en Argentina procedían en su mayoría del peronismo (de derechas) aunque no faltaban los "anti" tampoco, en un fiel reflejo de la division que acarrearía el enfrentamiento -en una fase final del régimen- del régimen peronista (me refiero a la primera presidencia de Perón) con la jerarquía eclesiástica en el seno de la sociedad y del catolicismo argentinos.

"El segundo peronismo", el de las luchas internas que acompañaron la segunda presidencia del general Perón tras su vuelta del exilio español, arrancando con la matanza -de más de quinientas personas- entre la multitud que le esperaban a su llegada al eropuerto de Ezeiza, arrastraría desde el principio la marca del enfrentamiento entre facciones y del desgarramiento intestino.

En la Argentina, como en la guerra civil española, como en Cuba, como en Nicaragua después, había que escoger, tomar partido sin duda alguna. Y yo allí así lo hice por mas que cuando yo allí llegué las cenizas cubriesen ya prácticamente por entero las brasas aún en ascuas. No me arrepiento de nada entre otras cosas porque nada hice a parte de predicar y difundir una forma de catolicismo preconciliar -y en el fondo hispana- ya en vías de desaparición por todas partes entonces y también -aunque a ritmo y velocidad menores- en el mundo hispánico.

Y tomé partido entonces -contra la guerrilla/marxista- por un imperativo de memoria histórica, el mismo que me ligaba y lo sigue haciendo al bando de los vencedores de la guerra civil española de 1936. Y acepto a la vez que mi opción no fuese la de muchos otros españoles que de una manera u otra se vieron atrapados del otro lado del charco en las erupciones volcánicas de las que fue teatro la América hispana, las décadas que siguieron "grosso modo" al triunfo de la revolución cubana.

El que esté libre de pecado, no obstante, que tire la primera piedra. Y si el mismo Fraga Iribarne de muy joven mostró comprensión hacia la lucha de Fidel Castro y por lo que se ve lo sigue hacendo; difícilmente se le podría reprochar a un joven como Javier Iglesias haberlo hecho cuando allí llegó, por el ala mas radical del peronismo (de izquierdas) lo que decidiría fatalmente su final tan trágico. El suyo por lo que tengo entendido fue un militantismo ardiente pero no violento (en principio); como no lo fue tampoco el mio en la Universitaria madrileña en los años que la frecuenté de estudiante (Por más que se viera envuelto en atracos a mano armada en ciertas versiones que sobre él corren)

Su opción -como la de los teólogos de la liberación con los que a todas luces ligaría indefectiblemente su destino- lo fue por los pobres/de/América, la mía por la memoria (histórica) de la conquista, la colonización y evangelización española en aquellas tierras. Y ya digo que no me arrepiento. Como no me arrepiento de mi gesto de Fátima tal y como ya tengo a menudo declarado... por mas que no volviera a repetirlo. Y así tampoco me arrepiento de haber tomado partido en Argentina del bando opuesto a aquel al que lo haría Javier Iglesias, por mas que lamente sinceramente -algo de lo que quiero dejar constancia en estas líneas- su final tan triste. En la medida además en que no sería otra cosa más que una deriva fatal de sus convicciones ideológicas primeras.

Sus amigos españoles siguen convencidos que fue víctima de un asesinato por motivos políticos a manos de la policía política bajo la presidencia Menem. Se ha dicho también que en los últimos tiempos antes de su muerte se hallaba embarcado en una campaña por la recuperación de la memoria de las víctimas de la lucha antiterrorista emprendida por las juntas militares que se cobró vidas de españoles allí residentes; lo que equipara el suyo al de otros casos de víctimas de represalias en el marco de campaña de opinión publica buscando el esclarecimiento de la suerte de las víctimas del bando de los vencidos en los diferentes conflictos que alumbrarían movimientos subversivos de lucha armada, de inspiración cubana china o soviética en la América española, la década de los sesenta y de los setenta.

Y el sino fatal de Javier Iglesias era sin duda el verse envuelto en aquella serie de erupciones ya entonces medio extintas cuando él cruzó el charco a principios de los ochenta -él llegó cuando yo ya me había ido(...)-, salvo en Nicaragua que conocía entonces el triunfo de la revolución sandinista la cual contaría con una imagen de marca excelente en los medios occidentales en sus inicios y ejercería así un gran influjo sobre sobre la juventud de los diferentes países europeos, especialmente entre católicos y más en particular entre jóvenes españoles (y también en Bélgica en los medios -flamencos- de la Universidad Católica de Lovaina)

Una moda irresistible (el sandinismo) en el punto de afluencia -me refiero al caso de Javier Iglesias- con una trayectoria personal de innegable cuño ideológico ("revolucionario") -de izquierdas- que era el que ostentaban ciertos sectores falangistas ya en mis años universitarios y de lo que me acabé conscientemente despegando cuando me fui del FES -como aquí ya lo tengo a menudo contado- en Noviembre del 70 tras tres años de militancia ardiente y febril...pero no violenta.

Supe de Javier Iglesias por vez primera hace unos meses como digo navegando en internet a través de una foto suya presidida por un el retrato de Evita Perón que se se destacaba en el fondo de la foto. Evita Perón sigue gozando de culto para-litúrgico entre muchos argentinos. Y su memoria vive perenne igualmente entre españoles, de los de mi generación por lo menos que nacimos entonces cuando cuando la primera dama argentina llegaría al auge de su poder y de su gloria pero precisamente por eso contraímos desde entonces una deuda moral con ella y con su régimen.

Por la ayuda preciosa -y de urgencia vital- que la Argentina peronista concedió a la España de Franco en los momentos más duros del bloqueo internacional y en particular hacia 1949, "año del hambre" -en la memoria familiar de los míos y muchos españoles- el año precisamente que yo nací (...) Y tal vez fuera eso lo que me haya decido a dedicar estas lineas reconciliadoras a Javier Iglesias, sin animo de recuperación de verdad histórica ninguna por su cuenta, ni mucho menos sintiéndome investido de un espíritu de vindicta cualesquiera hacia los causantes de su muerte.

En señal de rehabilitación de su memoria en lo que tuvo de idealismo y de desinterés su trayectoria...y sin reexhumaciones ni desenterramientos, en una pauta de conducta a la que me habré atenido escrupulosamente desde le principio hasta el final de la operación restos de García Lorca. El periodismo se vio asociado en su singladura al régimen de Franco. Un hecho histórico indiscutible hasta el punto que cabe decir que la caída del peronismo marcaría el final del primer franquismo precipitando la crisis interna del régimen -la mas grave de su historia- del 56/57 que aquí ya tengo explicado en detalle.

El peronismo segunda época en cambio -como de deduce de lo que tengo dicho en las líneas que preceden- seria ya una historia muy distinta. Perón tras su vuelta del exilio español se propuso a todas luces abanderar -rivalizando con Fidel ("por la vía revolucionaria")- la causa de la revolución americana, o si se prefiere de la "rebelion mestiza" (por emplear la expresión de un autor, profesor de la facultad de Politicas y Económicas de la Complutense en los años que yo por ella pasé; y gravitando de cerca en este artículo, por sus orígenes falangistas, que ya entonces tenía arrumbados en el cuarto de los trastos viejos)

Y esa nueva singladura del peronismo acarrarearía fatalmente su división irreversible o para ser exactos su partición en dos facciones enfrentadas a vida o muerte, la izquierda y la derecha peronista, en una escalada de violencia armada que encontrarían su desenlace ya en tiempos de Isabelita (María Estela) Martínez de Perón, viuda del general, bajo cuya presidencia se pusieron en marcha las primeras operaciones de lucha antiguerrillera a cargo de militares ("operativo Independencia"), que desembocarían en lo que se daría en llamar en lenguaje periodístico "la guerra sucia" (antiterrorista) en tiempos de las Juntas Militares de Videla y e Viola cuando yo residí en el país.

Los colaboradores más estrechos y más activos de la obra de Lefebvre en Argentina todos ellos partidarios incondicionales del régimen militar eran destacados peronistas (de extracción nacionalista) algunos de ellos, o próximos de la facción "azul" (pro/peronista) del ejército argentino -que acabaría liderando el general Onganía- enfrentada a los "colorados" ("gorilas", liberales) en el período que siguió a la caída de Perón tras la revolución Libertadora.

Fue el caso del ingeniero Roberto Gorostiaga y del escritor de orígen catalán Alberto Boixadós; y más destacado por su peronismo claramente militante aún lo fue el caso del padre Raúl Sanchez Abelenda que había sido decano de la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires bajo la presidencia de Isabelita Perón, siendo rector de la Universidad Alberto Ottalagano y ministro de Educación Oscar Ivanissevich (de origen croata) peronistas prominentes ambos.

Y sin duda que la suerte trágica de Javier Iglesias, falangista joseantoniano (de izquierdas) embarcado en la aventura del peronismo/revolucionario -montonero- ilustra esa división fatal del movimiento peronista a la que aquí he venido aludiendo en estas líneas. Si se la compara además con otra trayectoria que me pilla digamos un poco mas de cerca en las antípodas de las suyas a pesar de compartir ambos unos orígenes ideológicos afines y con el que acabaría compartiendo igualmente la misma suerte trágica.

Y me refiero a Jordán Bruno Genta, nacionalista y peronista que no oculto nunca sus convicciones joseantonianas, asesinado enla puerta de su domicilio poco antes de mi llegada a la Argentina, en un atentado terrorista a manos de un grupo guerrillero trotskista (ERP) compañeros de viajes de los montneros peronistas, mientras acudía a asistir en domingo a misa. Y cuyo recuerdo gravitaría sin duda sobre sobre todos lo que me cruzaron y acompañaron y ayudaron el tiempo que peramnecí en el país.

La división del peronismo tuvo efectos trágicos sin duda en la sociedad argentina, y se revistió sin duda de un carácter particularmente doloroso y desgarrador entre los propios medios peronistas. Y recuerdo aún la impresión de consternación rayana con el desespero de una familia peronista que visité estando allí en el marco de mi apostolado integrista que acusaban al régimen militar de arrojar con su política represora en los brazos de izquierda a muchos de los suyos (peronistas); y se notaba por el patetismo que se traslucía en su actitud y en su situación de asilmaiento innegable un asuntode familia.

Eran amigos y discípulos de Carlos Alberto Disandro escritor de notoria y destacada trayectoria personista y líder de una corrente católica tradicionalista al que no llegué a conocer pero del que se me quedaría el halo del lliderazgo ideológico y espiritual que su nombre desprendía. Y ese desencuentro mío con una figura tan emblemática me pareció hasta hoy doblemente sintomático; a la vez de de division interna y del distanciamiento de algunos en relación con el régimen militar, embarcado entonces en una lucha sin curtel contra la izquierda peronista.

Memoria del peronismo, memoria dividida, escindida; o si se prefiere campo de batalla de una lucha de memorias, como lo seria en España la guerra civil española. Los amigos del joven español de ascendencia falangista muerto en Argentina siguen aún hoy echando al "otro" peronismo el muerto encima.

Pero el gobierno de Saúl Carlos Menem -del que recuerdo que asumía abiertamente la lucha antiterrorista de los años "bravíos" al poco de asumir la presidencia (a pesar de haberlos pasado en prisión casi todo el tiempo...)- no traicionó mas al peronismo tardío de lo que los montoneros pro/marxistas lo harian con el primer peronismo -de la primera presidencia de Perón- concidente cronológicamente ("nota bene") con el franqusimo primero.

Y no fue desde luego más corrupto que "lo" que hoy conocen los argentinos. Descanse en paz Javier Iglesias. En una memoria reconciliada entre peronistas argentinos y entre españoles (falangistas)

2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Juan Maria Fernandez Krohn [Blogger] 02.08.10 | 12:33

    ¿Y por qué -no se si te lo habrás tú mismo preguntado- los que están ahora allí en el poder (entre ellos, de "vox populi", muchos antiguos montoneros), que tanto vienen escarbando en el pasado turbulento, no han hecho por lo que se ve nada hasta hoy por esclarecer su muerte?

    Y si se trata de hacerle "presente" para restregárselo a la cara -y para conseguir emplazarlos de una vez- a muchos peronistas y tambien no pocos falangistas, de éste y del otro lado del charco, mejor que descansen en paz, él y su memoria. ¿No te parece? Saludos desde Bélgica

  • Comentario por Juan Carlos 31.07.10 | 21:52

    Conocí personalmente a Javier Iglesias cuando militaba en la "Auténtica" en Valencia. En su última visita a España tuve la oportunidad, junto a algunos camaradas, de cenar con él. Javier Iglesias era peronista y, por supuesto, siguió siendo falangista hasta el momento de su asesinato.
    ¡Javier Iglesias, presente!

Domingo, 19 de febrero

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