
La muerte del jesuita (exclaustrado) José María Diez Alegría no deja de arrastrar una profunda moraleja por mucha moralina (progre ) que se le ponga a su necrológica. Sin bilis ni rencor -aunque solo sea porque no le conocí personalmente al contrario que al padre Llanos, su amigo intimo y compañero, de viaje- y también sin tapujos ni inhibiciones ni complejos.
¿Se puede (moralmente) hablar mal o no del todo bien de los muertos? Una objeción implícita sin duda en las objeciones que me habrán llegado en respuesta a algunas entradas (necrológicas) de mi bitácora. La misma "grosso modo" que me planteó el caso García Lorca -y de sus restos- desde que me puse a escribir en vísperas del verano tórrido del 2006 sobre el tema.
Decía y lo repetía mucho Don Miguel de Unamuno aquello tan judicioso -y evangélico-de dejar que los muertos entierren a los muertos. ¿Quiere decirse que haya que dejarlos pasto de los buitres (o de los vampiros) como haría la partida del cura Santa Cruz tras tirarse al monte, con sus rivales carlistas? Mas valdría entonces darles decente sepultura donde sea o donde se pueda, y no sigo que por ahí me desvío del hilo conductor de estas líneas necrológicas.
Porque enterrar a alguien supone también el dejar en claro -y en paz -y de una vez- las cuestiones que siguen agitándose entorno a su figura en el recuerdo, o al recuerdo su trayectoria. Y el jesuita ahora fallecido hermano de Manuel Diez Alegría, el general celebre del tardofranquismo, ex-combatiente en el 36, jefe a finales de los sesenta del Alto Estado Mayor (un respeto) que no quiso velar o seguir velando la agonía de un régimen (como el portugués Spínola)- iría por el mundo en la últimas décadas indisociablemente ligado a la teología de la liberación, a la religión de los pobres (con mayúsculas) y al viraje de la iglesia española en el posconcilio y a su desenganche del franquismo tan estratégico (y tan oportuno)
Fue perito conciliar en el concilio -como tantos miles- y a principios de la década de los setenta rompió -él también, como otros lo hicieron con Franco, en el frente de Juventudes (...)- el lazo (sagrado) de disciplina con la compañía de jesús a la que pertenecía, bajo la égida entonces del padre Arrupe, el papa negro vasco/nacionalista, que no le condenó no obstante a las tinieblas exteriores sino que permitió que fuese a refugiarse en el pozo del Tío Raimundo con otro jesuita exclaustrado y en desobediencia también como él pero sin ruptura de lazos jurídicos (canónicos) con sus superiores, y me refiero al padre Llanos.
Y allí pasaría los años (decisivos) de la transición política en la efervescencia comunista y revolucionaria que se vivía en aquel trozo del cinturón de miseria del extrarradio madrileño de entonces como también en toda la zona del bario de Vallecas de lo que apuesto que muchos de sus protagonistas de entonces deben sentir cierto rubor (al menos) cuando se ponen a pensarlo ahora (...)
Como me imagino que les ocurrirá a no pocos de mis compañeros de Económicas y de la Universitaria de los últimos tiempos del tardofranqusimo; y mejor no meneallo porque aquí ya todos saben que me embalo y no paro (fácil) en el tema. Y viene a cuento porque el mitin mutitudinario del partido comunista en mayo del 77 en Vallecas donde los dos jesuitas rojos aparecerían de principales atracciones del acto aquél saludando los dos el puño en alto -yo para entonces lo confieso humildemente había ya puesto (es un decir) los pies en polvorosa,que me diga tierra (y cielos) por medio hasta el seminario de Econe en Suiza-, me hace pensar irremediablemente como digo al recital abarrotada de público (militante) en mi vieja facultad de Económicas -de la Univesitaria- seis años antes, en el 68, cuando llegué a la conclusión (de negro pesimismo y no menos realista por desgracia) que me había "equivocado de noche" (como dicen los belgas) o lo que es lo mismo que aquella no era mi fiesta, con todas las consecuencias que se seguirían en mi vida y en mi trayectoria (...)
No leí -por supuesto dirán aquí algunos recalcitrantes- al padre Díez Alegría y desde luego estarán aquí también de acuerdo que no tenía más motivos entonces para hacerlo de los que pueda tener ahora. Pero sí me estado documentado -de urgencia- sobre su figura y sobre su obra- a base de semblanzas geográficas escritas por los unos y los otros por su cuenta y también de algunas declaraciones que no escamitaba sin duda en los medios, hasta el final de su vida.
Y en una de ellas leo un fábula moral que el jeusita ahora fallecido evocaba a modo de colofón de su palabras y era el relato de una pobre mujer con la que se había cruzado uno de su compañeros de correrías apostólicas, madre de seis hijo que se había ido a vivir con un viejo (rico) y que frente a las recriminaciones apostólicas que le hacia el misionero o (propagandista en/medio/obrero) le respondió que el viejo estaba a punto de morirse y que cuando se muriese ella heredaría y así se podría traer de nuevo a su marido y a sus hijos a vivir juntos (en unión) bajo el mismo techo; y paz donde hubo guerra y aquí no pasó nada.
Y viendo el escandalo del otro poniendo/a/dios/por/testigo de la impiedad aquella, le respondió sin el menor sonrojo que ella había llegado a una arreglo a lo más alto y que estaba seguro que el altísimo le perdonaba lo mismo que ella le perdonaba (a Él) el tenerla tan pobre en la tierra. Ilustración perfecta -no me digan- del compromiso histórico católico marxista en sus fundamentos teológicos mas altos; y de la reconciliación de los pobres y desheredados con el dios del cristianismo, a costa de los ricos (y de los viejos...), por boca de una sencilla mujer del pueblo, tal vez no tan simple y sencilla como lo parecía.
Y modelo también de desacralización por cierto. De aquellos "dioses vestidos de paisano" sin duda a los que hacia alusión a un texto perdido -del que no consigo entrar hoy, palabra, el menor rastro (a pesar de la divulgación que tuvo entonces) del canónigo José María González Ruiz otro de los compañeros de viaje del jesuita.
Porque mientras algunos no acabarían desacralizando nunca del todo muchas cosas de la religión que habían heredado de su tradición catolica, los teólogos de la liberación desacralizaban la cuspide misma de la bóveda celestial y la echaban a bajo con estruendo, sin conseguir no obstante qutarse de encima del toddo las ataduras -esencialmente sacerdotales para dejarnos de efuemismos- que arrastraban por así decir desde la noche de los tiempos. Lo que cuadra cien por cien a este teologo de la liberación (insigne) del que sus necrológicas -dicho sea entre paréntesis- celebran ahora el haber donado "post mortem" sus organos -y miembros- inservibles (ya al morir me refiero)
Y así en cambio, el muy transgresor y muy anticlerical Francisco Umbral podía ponía al retortero en la novela guerra civilista más teológica o religiosa de todas las suyas -"Pío XII , la escolta mora y un general sin un ojo"- santos y vírgenes bajados de sus peanas, y también los ángeles, querubines y serafines incluso de los círculos celestiales -y hasta a Pío XII, el papa angélico y hasta la Virgen de Fátima- enfrascados todos ellos en pláticas y diálogos bien profanos y bien terrenos (e irreverentes) con el pobre mortal de protagonista; pero de ahí no pasaba (por lo que fuera) (...)
La desacralización de los teólogos de la liberación arrastraría en cambio un tufo indiscutible a violación del foro interno de las conciencias, y por supuesto a lavado de cerebro, y que se me perdone si alguien aquí se escandaliza. En la forma al menos como muchos vivimos -o soportamos que me diga- aquel fenómeno, y me refiero en concreto a la brutal mutación cultural de la sociedad española al socaire del concilio y del posconcilio a finales de la sesenta a la que habré aludido ya aquí con frecuencia.
El padre Díez Alegría -y las necrológicas que se le dedican recuerdan unámines todas ellas- no era un cualquiera ni en el seno del catolicismo español de su época ni al interior tampoco del régimen de franco. Su hermano el general -el del Alto Estado Mayor- al que muchos postulaban entonces para un papel análogo al que tocaría jugar en Portugal al general Spínola -si "la conspiración de los "húmedos" hubiera alcanzado sus objetivos- era una de las grandes vedettes del régimen en el tardofranquismo.
Y es todo menos significativo que la entrada en ruptura de obediencia de su hermano jesuita se viera precedida de dos años a penas de la caída del en desgracia de este militar (franquista) tan emblemático, tras entrevistarse en 1970 con "el marqués de Paracuellos" en Rumanía (bajo la mirada vigilante de Ceausescu el Conducator)
La política (oficial) española aquellos años la dictaba (de cerca o de lejos) el Nuncio en todas y cada una de sus rúbricas -ya me habré explayado aquí a menudo sobre el tema- porque no me refiero solo ni mucho menos a la política religiosa; pero en la oposición era Carrillo el que llevaba a todas luces la batuta. Y está clara que lo mismo que ocurriría con la política oficial de régimen también la oposición (comunista) al régimen en el tardofranquismo encerraba una no pequeña dosis de política religiosa (...)
Lo que no podía menos, estarán aquí todos de cuerdo, que confortar a los recalcitrantes -entonces aún, cuatro gatos a penas- que tras la clausura del concilio vaticano segundo no podían remediar el ver en aquella augusta asamblea, detrás de sus proclamaciones y definiciones,de sus móviles y designios mas explícitos y manifiestos un "leit motif" oculto e inconfesado -de (real) politiek- innegablemente político tras su mascara religiosa, y lo era sin duda el de echar abajo por las buenas o por las malas al régimen de Franco y el anacronismo inadmisible a los ojos de muchos encarnado en el modelo de catolicismo/sociológico -aún superviviente en el mundo hispano grosso modo en exclusiva- en que aquél esencialmente sustentaba.
Yo se que muchos sin duda de buen fe no lo vieron ni los siguen viendo así, pero aquello marcaría fatalmente sin duda una línea divisoria que me separaría en lo sucesivo de mis antiguos amigos y compañeros del FES (y me temo que lo siga haciendo) a pesar de los reencuentros. Y la brecha por la que se colaría el disentimiento y semilla de la cizaña y del encismamiento (guerracivilista) se me antoja que lo fue el terreno disputado de la política religiosa, objeto de acerva polémica entre católicos desde los tiempos de la fundación de Falange Española.
El Punto Veinticinco -ahora lo veo claro como el agua ya tantos años después- fue la gran coartada que posibilitó la aceptación del concilio y de sus reformas sin la menor reserva entre los sectores más o menos adictos al régimen a los principios o ideales que en él se veían encarnados.
Pero lo que no vieron muchos -y me temo que continúen aún sin verlo- fue que la sana secularización de la política que propugnaba la norma programática de FE de las JONS tenia poco que ver con ese nuevo clericalismo de izquierdas que no acababa de romper del todo con el caparazón -resistente como una coraza- de cortapisas eclesiásticas en las que seguían viéndose envueltos sus más destemidos celadores y mensajeros, como lo ilustran lo casos de los jesuitas evocados mas arriba; que venía fatalmente a sustituir al clericalismo que se había acabado imponiendo en España de corolario inevitable del desenlace de la segunda guerra mundial, y sobre todo tras la muerte del franquismo en la mas grave crisis de régimen de toda la historia del régimen, del 56-57.
Por lo que cabe fatalmente preguntarse si ese clericalismo de izquierdas no acabaría siendo a su vez la coartada ideal en algunos otros que les permitió el resolver un conflicto irresoluble de memorias que arrastraban individualmente o por la vía de la herencia familiar desde los tiempos de la guerra civil española. El FES -un dato cronológico a penas- fue fundado en el 63, en plena celebración del concilio (...)
Porque si hasta los propios fachas, hijos o hermanos incluso de los mas fachas de todos, -se dirían algunos- cruzaban el rubicón (mental) que les separaba de los vencidos de la guerra civil, derrotados pero sin tener desenterrado aún entonces el hacha de la guerra civil en modo alguno, -como así ocurriría con José Bono - ¿por qué deberían seguir ellos -hijos de los vencidos, o nietos, o sobrinos o lo que fueran- consumiéndose en escrúpulos de conciencia y no tirar mejor por la vía de en medio, por donde les tiraba el cuerpo (desde niños)? Y a buen entendedor pocas palabras sobran.
Lo que no quiere decir ni mucho menos que vea una fatalidad ciega en la memoria, y ni en los que se dejan guiar por sus imperativos unos seres esclavizados por el recuerdo. ¿No juzgues y no seras juzgado? Según y como, que dirían los escolásticos.
"In dubio libertas", lo dije lo mantengo. Libertad de poder juzgar también -al menos en el fuero interno- hasta que punto por ejemplo algunos puedan seguir siendo esclavos de una memoria/histórica.
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EL DOCUMENTO MAS RECIENTE SOBRE DIEZÁLEGRIA ES UNA TESIS DOCTORAL DEFENDIDA EL 28 DE MAYO EN LA UAM
Pasando por alto errores -y falsedades incluso- que se vierten en el mensaje de más arriba me debo de precisar dos cosas. Primero, que no acepté nunca en el fondo el concilio vaticano segundo y por eso sin duda me acabé separando del FES, y de su jefe (supremo) Sigfredo Hillers que se manifestaba -y a todas luces no ha cambiado- un catolico conciliar convicto y confeso entonces.
Y segundo que tampoco acepté nunca en el fondo al papa polaco, Karol Wojtyla, y fue la razón por la que rompí con la fraternidad de Monseñor Lefebfvre el día antes (sólo) de mi gesto de Fátima. Y si algunos buscan crear un conflicto de caracter eclesiástico so pretexto de mis opciones de politica religiosa -y de moral pública y de bioética- aquí vertidas que están bien claras, mi consejo es que se lo piensen dos veces.
Los pueblos que no aprenden de la historia están condenados a repetirla. Y algunos nos tenemos bien aprendida la historia del catolicismo español en los últimos setenta años. Saludos a mis lectores
DANIEL.-Muchas gracias
DANIEL.-Muchas gracias
para LUPI:
El autor de este artículo no es sacerdote, en su día perteneció a un grupo cismático de la Iglesia Católica. Esta es la información que consta en la ficha "autor", y ha sido dada por el mismo.
Se omite una información, la agresión a Juan Pablo II en su vísita -que el autor menciona-, si tuvo efectos. El Papa fue alcanzado y herido, aunque se omitió dicha información al público. Consta en el libro testimonio, del secretario del Papa, hoy cardenal en Polonia.
En cuanto a tu pregunta, sospecho que va con segundas, y sí, es cierto. Apostatar es un acto declarativo que expresa una voluntad de separarse de la Iglesia fundada por Jesucristo sobre Pedro y sus sucesores. Es siempre pecado grave para el católico que lo comete.
La misericordia de Dios da su tiempo a la persona para que pueda algún día recapacitar y cambiar su decisión, arrepintiendose y volviendo a la Iglesia.
Padre fernandez.le quiero hacer una pregunta tal vez incomoda.Hay muchos cristianos que por lo que sea quieren apostatar al no estar de acuerdo con esta iglesia tan falsa.¿es una ofensa a Dios apostatar?
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català