Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

El Valle de los Caídos cerrado al público: ¿qué (mala) sorpresa nos espera?

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El Valle de los Caídos es para mi no mas que un reliquia, que quede claro. Como lo son la comunidad de monjes que siguen en el recinto (a costa de tomar prudente distancia de ciertas cosas) Estuve allí hace un año y medio no con el sentimiento de estar realizando una peregrinación, pero sí de encontrarme en un alto lugar del catolicismo hispano.

Quiere decir que no hago de su apertura al culto o a los visitantes una caballo de batalla por mas que si le ocurriese algo al conjunto monumental lo sentiría sin duda como en carne propia. Porque está claro que el Valle es un sitio amenazado. Y por si dudas había me llega la información que por razones que no se explican se encuentra -mientras escribo estas lineas- cerrado al público.

El Valle depende aparentemente de la dirección general del Patrimonio; pero el tema no parece tan simple, en la medida que el jefe de Estado actual -el monarca reinante- se desentendió de su gestión con lo que en la practica o en el vacío jurídico e institucional creado pasaría a depender en línea directa de las buenas gracias gubernamentales, y en concreto de la vice/presidenta del gobierno.

Dicho esto, está claro que el fantasma que sobrevuela por encima el destino pendiente de un hilo del Valle y de la Abadía no es otro que el de la ley (funesta) de la memoria histórica. Tras la defenestración de Millán Astray de la que noticiábamos hace algunos días, elrlumor (confirmado) cargado de negros presagios del cierre del Valle viene al tiro -como dicen los chilenos-a alimentar toda clase de rumores y conjeturas. En una reacción de respuesta tal vez -como un una reacción a la desesperada, de huída hacia adelante- al la decisión del supremo de no sobreseer y continuar adelante en cambio con el procesamiento por prevaricación del juez estrella.

Lo que nos vale a los españoles nuevos ataques del extranjero; el ser puestos (de nuevo) en la picota -de puertas auera- como el último reducto del fascismo en Europa....El procesamiento del juez Garzón va traer cola desde luego en la prensa extranjera que lo endiosó a raíz del folletín de la extradición (fallida) del general Pinochet.

Viene mal dada desde luego para el juez estrella la confirmación de su procesamiento y las revelaciones que no hacen más que subir y subir como un globo imparable sobre el chivatazo en el bar Faisán de San Sebastián, en las que sale a relucir su nombre...¡Queríais arroz fachas tres tazas! ¿No aparecieron los restos de García Lorca? No importa, volveremos a empezar -como en la canción de la posguerra- por el Valle de los Caídos.

Y el primer paso en el furor desenterrador lo es sin duda el cerrar los accesos a la Basílica y convertir el sitio en un lugar siniestrado a la merced de todas las (malas) sorpresas. Ya en 1999 el GRAPO quiso volarla, sin éxito. Y se diría que frustrados en su pulsión primera necrófila algunos anduvieran rabiosos de desahogarse con estatuas, y monumentos, y en particular con este símbolo central de la reconciliación entre españoles que algunos siguen sin aceptar simplemente porque no perdonan (la derrota)

Es su derecho...por su cuenta y riesgo, como dije pocos días antes de que me detuvieran en Bruselas en el 2000, en una función de teatro que reventé con telón de fondo (inevitable) de la guerra civil española, que me parecía destapar la inquina irreconciliable de algunos españole residentes en Bélgica, que a todas luces se encontraban detrás del estreno (en Bruselas) de la obra.

Tuve un paso fugaz por la OJE solamente, como aquí lo tengo dicho, quiere decir que las grandes ceremonias en el Valle están ajenas a mis recuerdos al contrario que en muchos de mi generación o no mucho mas viejos. Y son unos recuerdos que respeto y defiendo por supuesto. Dije en alguna ocasión que la ley de la memoria histórica era el buque insignia del programa del gobierno Zapatero.
Y con el buque encallando irremediablemente está claro que cabía esperarse alguna reacción a la desesperada.

¿Que sorpresa nos espera ahora? La expulsión quizás de la comunidad de monjes. Tal vez fuera providencial en cierta forma. Porque una gran idea lo sería -cuando pase de una vez este furor recuperacionista- que el Valle pudiera servir -como fue la idea de origen que inspiró su fundación- de lugar de memoria y de reconciliación (sin desenterramientos por supuesto) Y es la idea que ya expuse aquí en alguna entrada que me inspiró -como una argumento a contrario- la ley catalana de la memoria que privilegia las làpidas a la apertura de fosas, de que el Valle pudiera ser el sitio ideal para una manifestación permanente de catarsis patriótica y a la vez reconciliadora en relación con la guerra civil.

Para lo cual la iglesia tendría que hacer esfuerzo en el tema y aflojar un poco amarras en materia de requisitos canónicos o eclesiásticos a la hora de exigir mención de nombres cualesquiera. Así mataría dos pájaros de un tiro, honraría el lugar y segaría la hierba bajo los pies de los comentarios encismantes que la acusan de hacer funcionar la máquina de los canonizaciones a costa de los muertos de una guerra civil, entre contendientes de la misma sangre.

Una especie de memorial -como el que tiene los judíos en Tel Aviv (comparaciones odiosas)- que diera cabida a nombres y apellidos y les preservara en una memoria de vencidos pacificada y reconciliada con la otra memoria, sin exclusivismos ni pretensiones de querer erigirse en la sola memoria de la guerra civil española.

Y un político catalán, de padre ingles y madre catalana -lo que tal vez explique ciertas cosas- se insurge ahora, en un acto de deslealtad inaudita (y de colusión contra nuestros enemigos de fuera) en el tema de la inculpación del juez Garzón, acusando a España de todos los pecados de Israel; en una demostración mas elocuente imposible de la pasión/española de los extranjeros -y también oriundos asimilados- de la izquierda internacional, que heredó de su progenitor sin duda .

Recuerdo en Bruselas en un film "Land and Freedom" hace ya una decenas de años sobre la guerra civil que seguí haciendo esfuerzos de paciencia y al final -para variar dirán algunos- acabe montando el cirio, pacíficamente por cierto, que la imaginación de nadie de los que me leen se desate con lo que cuento. Dije en voz alta que ya estaba bien de hacer de la guerra civil española un objeto de divertimiento (o algo así) El caso es que me vi de pronto rodeado de una serie de individuos enfurecidos que me increpaban y me insultaban en lengua inglesa, lo que me pareció mas que significativo.

Un realizador inglés y un público inglés (en parte) para un film sobre la guerra civil española, elemental querido Watson. Y siempre fue así el tiempo que llevo e Bélgica, los mas exaltados y mas beligerantes e irreconciliables con los que me crucé en el camino a propósito del tema (siempre en ascuas) -salvo algunas excepciones un tanto atípicas- lo fueron siempre extranjeros, y de preferencia -sin intención de generalizar- anglosajones.

Y esa pasión (española) de izquierdas se traviste a veces -como ahora parece ser en el caso que comento y también en el caso de un holandés que trabajaba en la FNAC de Bruselas del que aquí ya hablé- en un emperramiento con la causa catalana -catalanista que me diga-; en el caso de los holandeses, algo sin duda explicable (en arte) por razones históricas de haber sido aliados objetivos contra el Imperio español (y me refiero a los segadores, antepasados ideológicos de los calanistas)

En los ingleses y oriundos lo es no obstante un poco menos. Un poco paradójico desde luego que defiendan a capa y espada al juez estrella y no se revuelvan en cambio contra sus propios compatriotas que acabaron poniendo en ridículo a su ídolo. La comunidad de monjes del Valle pude que sea el chivo expiatorio de esta nueva querella en nombre de la memoria histórica. Altamente significativo también (lo seería) de la actitud de la iglesia española en la materia como ya vengo señalándolo en mis entradas. Y es un poco lógico si bien se mira, aun a riesgo de pasar por cínico por demás aquí a los ojos de algunos.

Que los monjes que no se atrevieron a erigir en objeto de culto las figuras de dos grandes héroes (católicos) de nuestra historia contemporánea acaben viéndose en la línea del medio a la merced de todas las intemperancias, parecería hasta cierto punto lógico. El Valle de los Caídos fue un monumento erigido con el primerísimo designio de honrar -lo que ya de entrada es una cierta forma de culto- a los héroes y mártires de la guerra civil, y en particular a los mas destacados de todos ellos, allí presentes en sus restos mortuorios. No es óbice que nació bajo el signo de la polémica, con ocasión del segundo traslado de los restos de José Antonio en 1957 como lo recuerda evocando la efemerides alguien fuera de toda sospecha, el escritor falangista.

Pero el culto al Ausente venía de antiguo, del traslado sobre todo de sus restos hasta el monasterio del Escorial desde la prisión provincial de Alicante una de las manifestaciones mas grandiosas de (para) liturgia falangista en la inmediata posguerra, de la que se conservan numerosos testimonios graficos y escritos. Ismael Medina contaba no hace mucho que el acto de traslado de los restos de Jose Antonio hasta el Valle fue ocasion para un acto de protesta ruidoso contra el almirante Carrero que segun él reprochaba a los falangistas su tendencias republicanas y "gibelinas" por llamarlo así, anti-papales y en favor de la separación de la iglesia y del estado.

Como quiera que sea de las reflexiones que pudiere merecer aquel (infeliz) desencuentro en visión retrospectiva, no deja de ser irónico que el almirante Carrero que resistió (silenciosamente) a las reformas y aplicaciones del concilio como testimonaría el antiguo vicario del cardenal Tarancón, José María Martín Patiño, acabaría defendiendo y encarnando en cambio una idea de la dignidad del estado (español) y en contra de la intromisiones del clericalismo (en política), análogas a la que se verian plasmada en el punto veinticinco de la Falange que tanta polémica crearía antes y después de la guerra.

Y no menos irõnico lo es también que Ismael Medina acabase rindiendo un verdadero culto al papa polaco (en vida) -en sus tiempos de corresponsalía en Roma- sin duda por un aferrarse a la desesperada a su vision "falangista" del concilio, heredada a su vez de una concepción de la política religiosa tal y como se vería plasmada en el punto/veinticinco.

El traslado de los restos de José Antonio que yo no viví por demasiado joven y los de Franco que tampoco seguí de cerca por encontrarme fuera de España marcaron la memoria colectiva de los españoles. Y es bueno y es justo que se encuentren allí enterrados. Anque sin duda rodeados de amenazas y de peligros en la situación en que nos encontramos. La profanación de sus restos sea tal vez el objetivo fácil que algunos estén acariciando en reacción a las frustraciones acumuladas desde la puesta en marcha de la operación ley de la memoria histórica.

Si no habrán conseguido desenterrar los restos del poeta mártir que al menos el culto que puedan rendir los otros a sus héroes y a sus muertos -parafraseando a Martín Heidegger que evocaba los héroes alemanes de la primera guerra mundial "inmolados antes de tiempo"- no pueda seguir impune por los siglos de los siglos, en un espíritu de guerra de religión travestido o disfrazado de choque o lucha de memorias. ¿Exagero? Es posible, pero el espíritu de la ley, como dirían los filósofos del derecho, no se identifica forzosamente con los designios últimos de sus mentores.

Y en el caso de la ley funesta está claro que su espíritu -y el "pathos" que genera- es cien por cien guerra civilista, sacado de una pseudo religión de la memoria (de los vencidos); cualesquiera que puedan ser los motivos ocultos de su gran mentor, el presidente Zapatero. El fantasma de la ley funesta sigue pues gravitando en el día a día del régimen democrático.

Y en cualqier modo los responsables -quienes sean- de la actual situación en el Valle no podrán guardar silencio mucho tiempo. Porque la ola de las sospechas y los rumores no lo duden que va en aumento


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