
Vaticanología. Ciencia de los ángeles, materia a parte desde luego que exige concentración y horas de estudio; sentarse, como me apremiaban en casa cuando estudiaba el bachillerato. Pero no hay que desesperar de acabar siendo un experto en ese campo, por mas que no hayamos nacido en la tierra del Dante y no llevemos -ni la más pequeña duda en ese punto- ningún apellido italiano.
Que lo mismo que se aprende mucho mas de agricultura biológica practicándola, quiero decir trabajando la tierra a la antigua, sin el menor aditamento que pudiera remotamente parecer -Dios nos libre- a un producto químico (lo que se traduce por pasarse el día escardando a cuatro patas con las manos llueva o haga sol); por lo mismo como digo no es tal vez necesario el haber residido nunca a orillas del Trastevere ni haber frecuentado los pasillos vaticanos cuando se lleva de padres e hijos soportando el peso e influencia de los vaticanólogos en propia carne, a expensas propias, como es el caso de los católicos españoles, segundo/génitos ante/el/altísimo (por los siglos de los siglos) l'Osservatore Romano órgano de la santa sede lanza hoy en su primera pagina un virulento ataque contra,el gobierno Zapatero lo que nos causaría gran regocijo...
Si no fuera por el titular que anuncia el ataque. "La epidemia española". Ahí no, eminencias. Por ahí no pasamos algunos, por más que nadie pueda poner en duda nuestro anti/socialismo militante. Confundir España con su gobierno actual pase tal vez; pero hacerlo con ayuda de uno de los clisés mas manidos y consabidos de leyenda negra es lo que nos "echa la sal" a algunos de todas todas.
España, infierno en la tierra conjunto de todos los males sin mezcla de bien alguno (y por ende caldo de cultivo de todas calamidades y epidemias): la frase empleada rima demasiado con esa gripe/española que no tenia de española mas que el nombre. Para muchos pase, pero al órgano de la santa sede se le podía pedir un poco mas de sensibilidad y delicadeza a la hora de tratar de España y de los españoles. ¿Peras al olmo? Como quiera que sea esta claro que la frase no es trivial sino reveladora de las baterías anti-españolas que se tiene guardadas en alto lugar listas a emplearlas si la ocasión se presentase de nuevo.
La política religiosa de la santa sede en el actual pontificado parece verse encaminada a poner en solfa como sea un gobierno socialista que les parece desahuciado y sin duda con razón, pero se diría que todo vale en el empeño. La movida anti-abortista sigue formando parte a todas luces de los planes del alto-mando, y en esa perspectiva haya que situar tal vez la durísima carta del antiguo obispo de Mondoñedo -del que ya nos ocupábamos en anterior entrada- dirigida al ex-ministro (socialista) José Bono. José Bono es socialista pero hay que concederle que no lo es del todo o por lo menos que su socialismo tiene no poco de atípico, para andar por casa se diría.
El antiguo presidente de la comunidad de Castilla-la Mancha arrastra un reputación "vox populi"-no es culpa mía- de un hijo de fachas que se acabo pasando a los rojos tras el concilio, haciendo escala en el movimiento de los cursillos de cristiandad que tuvo gran auge en España allá por la segunda mitad de la década de los sesenta y principios de los setenta (cunado el y yo eramos jóvenes)
Y de esa andadura tan personal -y tan frecuente entre muchos en las últimas décadas hay que reconocerlo- hay que destacar ciertos rasgos un tanto atípicos, se me reconocerá, y lo son entre otros sin duda el natural abierto y tolerante -y reconciliador- del ex-ministro socialista que fue sin duda de los pocos que se tomo en serio aquello de cerrar heridas y de los pocos también que se siguen creyendo que eso sea lo que pretende en el fondo y en lo mas hondo la ley de la memoria histórica.
¿Un puro malentendido pues a la base de sus problemas de ahora con la iglesia española? Quizás lo sea no lo excluyo desde luego. Desde luego la polémica dice ya en su favor que el asunto le preocupa y le afecta (en lo mas hondo) El antiguo obispo de Mondoñedo que lanzaba una insólita declaración de amor a Santiago Carrillo hace unos días sorprende de nuevo a su feligresía (digital) con una carta abierta en la que las cañas se tornan lanzas en relación con su misiva anterior.
¿No vale también para el socialista/cristiano las misma mano tendida que para el viejo estaliniano impresentable? Llamada a la vuelta al redil para el uno y exclusión inmisericorde al otro en cambio en el nombre de la iglesia: ¿por qué dos pesos y dos medidas?, ¿a qué" viene ahora la ley del embudo, eminencia? Qué sabemos nosotros de los designios de nuestros pastores, y menos aun de lo que puedan tener "in mente" obispos dimisionarios (no se se seguirá diciendo ahora) que siguen en la brecha por lo que parece. Entretanto la operación de desestabilización que parece estar cociéndose en las alturas vaticanas responde sin duda a motivos que se hunden fatalmente en el arcano profundo de los misterios pero esta claro que su buque insignia lo sigue siendo la campaña anti-abortista.
No mataras, dice el obispo bloguero. ¿Por qué no se le ponía así de claro en su carta al "marques de Paracuellos" y se hubiese dejado de paños calientes? La interrupcion del embarazo es un asesinato, dice monseñor, ¿y los crímenes de guerra dejan de serlo en cambio por el hecho de cometerse en situación de guerra declarada? Padre perdónalos porque no sabe, lo que dicen. Porque entonces habría que exigirles ser consecuentes con lo que afirman. Y que pidan para las mujeres/culpables -a la luz del día ante la opinión publica- tratamiento de criminales y no solo de delincuentes, que se les reserve sitio y lugar en los pabellones de las prisiones de derecho común reservados a los acusados (o condenados) por delitos de sangre (...)
Y no digo que haya que haber estado presos para poder hablar de ciertas cosas pero es cierto que la experiencia nos habrá hecho mucho mas cautos circunspectos a la hora de emplear ciertos calificativos y a la hora sobre todo de ponernos a tirar la piedra contra quien sea. Dejémoslo no obstante en un contencioso político. La iglesia se siente atacada como si le hubieran declarado la guerra de una forma además tan irresponsable -lo que es cierto- y toda la artillería (pesada) es poca contra el gobierno socialista.
La mosca no se me va no obstante de detrás de la oreja; de un plan maquiavélico de altos vuelos -con el beneplácito por cierto de la Zarzuela-, una versión de catarsis "a la griega" (quiero decir venida de fuera, de importación, y como tal mal avenida) que ofrezca indulgencia plenaria a los unos para mejor poder dar a los otros con el báculo en la cabeza. O para ponerlo mas claro aun: propiciar un cambio profundo a fin de salvar al régimen democrático (de nuevo) como en el 23-F.
Pero hay otra mosca todavía mas engorrosa si cabe, que no se me va ni de broma. He estado ojeando un poco el currículum (eclesiástico) del antiguo obispo de Mondoñedo. Perteneció a todas luces a lo que un buen amigo mio -un hombre de otra época que estuvo entre los que me aconsejaron de dar el paso e irme al seminario de Econe- llamaba con admiración encendida "el creciente fértil" con lo que se refería al sector del episcopado español que a sus ojos seguían siendo leales al régimen de Franco (entonces en sus prostrimerías)
El "creciente fértil" de mi buen amigo -un viejo carlista bilbaíno radicado en Madrid donde disfrutaba de una situacion profesional boyante, que había sufrido lo indecible durante la guerra en zona roja- quedaría al final en agua de borrajas. ¿Y por que seria? ¿Por una especie de segunda naturaleza que conferiría el estado clerical -de los que imprimen "carácter"-que transforme mentes y personalidades hasta hacerlas irreconocibles? Es posible pero a mi se me antoja una explicación mas pertinente tal vez, que ya avance en anterior entrada tratando de la carta abierta del obispo Gea a Santiago Carrillo.
Monseñor Gea es valenciano, tierra de rojos de cuando la guerra (y la inmediata posguerra) Y se que me voy a atraer flechas y venablos por expresarme así y que corro el riesgo también de estar tirando piedras contra mi propio tejado, contra una autonomía de la periferia (de las pocas) que no vota socialista; pero si digo de Jaén -la tierra de mi familia paterna- que fue una provincia roja durante la guerra, no creo que nadie en en la provincia ni fuera de ella se rasgue las vestiduras. Era el sentir general además en la inmediata posguerra. Y recuerdo una anécdota una vez viajando en tren de un viejo valenciano que se quejaba que en la mili los discriminaban después de la guerra.
"Valencianos, todos rojos" le decían los cabos y sargentos. Y sus palabras eran acojidas en el vagón aquel con gran contento y divertimiento como algo de notoriedad publica. La posguerra inmediata se confunde demasiado íntimamente con el régimen de Franco (primera época) y como tal arrastra su misma suerte, de ser mal conocida; porque la historia secreta y discreta del régimen de Franco aún por escribirse versa sobre todo de los años heroicos que llevamos bien anclados en la memoria colectiva sin que hayan salido nunca del todo a flote.
En su novela guerra civilista "Madrid 1940. Memorias de un joven fascista Francisco Umbral pone en boca de sus protagonistas una secreto a voces, a saber que el Frente de Juventudes se acabaría conviritiéndose después de la guerra en un refugio de hijos de rojos, lo cual no quiere decir que lo fuesen todos, ni siquiera dice nada en desdoro de aquella agrupación tan señera y tan grata en el recuerdo. Acogieron a los hijos de los rojos porque eran españoles y punto.
Luego ya cada cual iría haciendo sus cuentas en la posguerra, actuando en consonancia y volviendo cada uno por donde solía llegado el momento, y me refiero a la muerte de Franco y a la transición política. Pero también desde bastante antes, desde el franquismo tardío cuando empezó a darse un destape generalizado entre antiguos de la OJE, al socaire del concilio y de mayo del 68. El villano en su rincón.
Comparaciones odiosas dirán algunos pero cabe suponer -aunque solo sea a mero titulo de hipótesis- que el fenómeno que se dió en el frente de juventudes se repitiese de forma análoga -y todas las salvedades hechas- en la gran otra cantera de formación de la juventud española de la posguerra (inmediata) y me refiero a los seminarios.
Los obispos "del creciente fértil" que no se "destaparon" en el tardofranquismo -como parece ser a todas luces el caso del anterior obispo de Mondoñedo consagrado obispo por una de figura emblemática de la iglesia española (pro/franquista) de la posguerra, el doctor García Lahiguera (que predico retiros a Franco y a su familia) ¿se comportaron así por un imperativo de lealtad al régimen anterior o mas bien por culpa de un choque de memorias contra puestas que arrastraban en sus fueros internos sin decidirse a resolverlo de una vez por todas?
Lo que tendría la ventaja de explicar la gran liviandad que trasluce la carta del obispo aludido a Santiago Carrillo y podría traducir al contrario un ajuste de cuentas -clerical a la manera eclesiástica- con el hijo (de notoriedad publica) de una familia de vencedores de la guerra, y me refiero a José Bono. En el nombre de la iglesia, del no matarás que me diga: lo que en la mente de monseñor parece condenar a unos y absolver otros en desigual medida.
El manto de la culpabilidad colectiva sobre los unos -en el tema del "nasciturus"- y la absolución colectiva de todos los asesinatos (reales) que se cometieron en zona roja (en la región valenciana entre otras)
Domingo, 19 de febrero
Juan Fernandez Krohn
Carlos Juan Gómez Martín
Peio Sánchez Rodríguez
Antonio García Fuentes
José Pómez
Juan Fernandez Krohn
Padre Fortea
Atticus-444
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Ángel Sáez García
Baldomero Gómez
Chris Gonzalez -Mora