
Decía el gran duque de Alba que eran una "maravilla" los argumentos de aquellos "traidores" refiriéndose a los insurrectos protestantes. Lo mismo cabe decir de la ternura rezumante de moralina (blandengue) de algunos obispos; de siempre en todas las latitudes y no debía ser excepción a la regla los españoles. ¡Flor de las maravillas la carta abierta -con declaración final de amor inclusive- que le manda ahora el obispo jubilado de Mondoñedo residente en el Perú a Santiago Carrillo!
El "marques de Paracuellos" nos inflige regularmente ya de antiguo las entregas una a una de sus memorias interminables y no menos periódicamente brinda a la opinión publica sus reflexiones de actualidad que muestran claro como la luz cada vez que es superior quizás a sus fuerzas el no acabar volviendo siempre -como el criminal al lugar del crimen- a la guerra civil y sobre todo (detalle nada trivial quizás en él) a la efemérides del 36.
Otros rojos hablan siempre de "guerra civil" Carrillo gusta (mucho) mas de la cifra 36. Evocación sin duda de un momento de la historia de España y de su propia biografía cuando todos los sueños eran posibles (y los desmanes también) En sus declaraciones de ahora que han provocado la carta florida episcopal que aquí comento Carrillo pinta a la derecha española actual y a los obispos "peores" que los fueron los del 36. Carrillo cumple, acaban de cumplir (dice) noventa y cinco años. ¿Tiene miedo del infierno? Le vendría bien que lo tuviera porque aunque la hagiografía democrática lo haya presentado como un valiente desde la jornada del 23-F, algunos nunca lo tuvimos por tal.
Sino como una reliquia por su edad -el mas longevo entonces del hemiciclio- de una violencia (fratricida) de guerra civil. Y el miedo al infierno tal vez le ayudaría a exorcisar o le aliviaría un poco de otros miedos y terrores (mucho más verosímiles) que arrastra con certeza -pese a la imagen en vigor hoy día (¡a otro perro con ese hueso!)- de aquella efemérides del 36, de la guerra civil y fatalmente también de la derrota. ¿Fue valiente porque se presento con peluca en Madrid, cuando sabía ya que estaba todo arreglado y que podía contar con la caución suprema del trio/funesto que mandaba entonces en la nación -como lo recuerda Sigfredo Hillers en su entrevista que aquí comenté- Adolfo Suárez, Torcuato Fernández Miranda y el monarca reinante?
Yo no me creo desde luego como reza la vulgata mas divulgada en torno a su biografía que su entrada en España fuese cosa suya. Sino un manejo a tres, del monarca, de Torcuato (asturiano como él) y de Adolfo Suárez: el perjurio, el despecho y el arribismo (sin escrúpulos) conjugados en un acto de alta traición. Como quien no quiere la cosa además -así lo comenta Sigfredo en su conferencia- despachando a calzón quitao al aire libre con unas cañas o unos vinos en la Zarzuela a solas los tres (...)
Desde entonces Carrillo por su omnipresencia en la vida política española se habrá convertido en el bufón del rey en el sistema de monarquía/democrática que se nos inflige a los españoles, de recordatorio perenne de la tragedia de Paracuellos, asignatura pendiente de la reconciliación española. Esta aún por escribir es cierto la historia secreta y discreta de la transición democratica/española. Porque está claro que la intimidación que acompaña la figura del "marqués de Paracuellos" no es la suya propia, de su pretendida valentia o de su arrojo legendarios, un camelo que llevan vendiéndonos ya hace treinta años.
Sino de la caución poderosa que le ofrece un monarca que no trata de "usted" mas que a él entre sus súbditos (como ahora lo hace monseñor Gea) La alta traición no es idéntica al perjurio aunque sea su condición "sine qua non"; es algo que va mas allá, más lejos en el compromiso, en la componenda, en el contubernio. Y está claro que la alta traición del monarca reinante se consumó aquel sábado de gloria del 76 cuando el partido comunista fue legalizado -un error "trágico" lo calificaba el muy monárquico (y dinástico) Ricardo de la Cierva- tras la vuelta a España del marques/de/pega en peluca (o en catiminí)
Y desde entonces esa sombra negra -de la traición- nos apabulla e intimida sin descanso a los españoles sin dejar al bufón ni a sol ni a sombra, que trata de comportarse como todos los bufones, metiendo miedo a lo súbditos (a veces) y haciendo reír al amo (quiero a decir al rey)
Y me temo que un obispo -y ya mayor capaz de escribir algo tan candoroso- no se haya dejado pillar en las redes del sortilegio. La virtud se le supone al estado episcopal -rezan los decretos del concilio de Trento- pero no creo que dentro de esa mención un tanto vaga e imprecisa figure en primer lugar la valentía o el coraje físico. Y para enfrentar (y soportar) el órdago a la grande que nos llevan lanzando desde hace treinta años a media España por lo menos -a descendientes y herederos de los vencedores de la guerra civil- el monarca y su bufón hace falta sangre fría y tambien muchos arrestos llegado el caso, lo que excluye el prestarse e a ciertas cosas así de entrada.
¿Otro borboneo en ciernes pues, una operación publicitaria, me explico, de conversión del "marques" para contento de los correctos y para mayor regoizo (aun) del inquilino de la Zarzuela? No desentonaría desde luego de una cierta tradición más o menos apócrifa del catolicismo español de los últimos siglos de decadencia empeñándose en convertir a ultima hora a toda clase de disidentes como queriendo cubrir de un tupido velo así las disonancias flagrantes y ruidosas que suponían aquellos en la imagen de nuestra identidad colectiva.
Los brasileños de la TFP quiero recordar que verían ahí sin duda una muestra más de "herejía blanca" que era la la expresión que utilizaban refiriéndose a la falta de pugnacidad del tipo humano forjado por la educación católica (y religiosa) en los últimos siglos.
Así, se verían confesados y comulgados en el ultimo minuto figuras tan dispares como Ortega y Gasset o Ramiro Ledesma, o absueltos de toda sombra de culpa o de sospecha en la ""autodemolicion" de la iglesia" -verbi gratia del catolicismo- los papas que la habrían mayormente presidido; o lavado de toda acusación y reproche el monarca reinante por quienes no se atrevían a concluir que el testamento de Franco fue un trágico error.
Y así por ejemplo en el seminario de Ecône cundía como una plaga entre algunos un reflejo sensiblero que les llevaba a ver a Pablo VI, el pontífice reinante entonces, rodeado de enemigos que le tenían prácticamente secuestrado, le echaban polvos en los alimentos y bebidas y no dudaba incluso en servirse de sosias de rostro más que idénticos al suyo; como si aquellos pobres sonambulos no pudieran resignarse a la muerte del padre (de reemplazo)
Y la andadura espectacular de ahora del obispo (jubilado) de Mondoñedo en relación con Santiago Carrillo hace pensar que el viejo prelado se viera vencido al final -a la vejez viruelas- por fuerzas o ataduras con las que en un momento dado de su vida no se resolvió a romper. ¿Hijo de rojos -dejándonos de eufemismo- como correspondería a una imagen de "refugium peccatorum" de la iglesia en la posguerra?
¿Como lo venía a reconocer en una declaraciones que le leí una vez al antiguo comunista Jorge Semprún en las que decía que la iglesia supuso un freno a la represión? De una iglesia que -como ya lo tengo aquí explicado-por culpa de la red de contactos jerárquicos entre España y el Vaticano dimitió de un política religiosa propia cualquiera, reanudando así con una vieja tradición de sumisión que denunciaba Rafael Sánchez Mazas en sus libro prohibido publicado durante la República?
La presentación de ternas, era algo que se cocinaba el franquismo a través de su personal político, jerarcas del movimiento alcaldes, gobernadores civiles y demás; o mas bien justo al revés, una cocina eclesiástica que iba y venia de Roma -de Roma viene lo que a Roma va según el viejo refrán- cuando la terna estaba ya mas que cocida y recocida antes de cruzar los umbrales del palacio del Pardo; como lo ocurrido con la terna la que decidió (en otra esfera) la nombramiento de Adolfo Suárez? (...)
Todos aquellos obispos silenciosos del concilio vaticano segundo y del posconcilio -"el creciente fértil", lo llamaba (iluso) un conocido mio- ¿lo eran por obediencia a Franco o mas bien por lo contrario por las viejas querencias que arrastraban?
Yo no quiero decir que el obispo Gea sea un rojo o hijo de rojos disfrazado que se viene a destapar como quien dice en el ocaso de su vida -y de su carrera- cuando ya poco le importa; pero es cierto que no parece que lo tuviese muy claro. Habla de la guerra civil en unos términos neutros ("hubo muchos muertos y muchos atropellos"), y no precisamente disculpando sino culpabilizando mas bien a diestro y siniestro que es la forma que tienen algunos -y no diga que sea al caso- de traicionar sin que se note.
Si todos fueron culpables ¿que mas dan unos que otros? Y habla sobre todo del interesado en unos términos que son escandalosamente y afrentosamente disculpatorios: "un luchador por sus ideas y sus principios muy asimilados e intensamente vividos (!?) según se desprende de sus actitudes". Y tan intensamente, tiene razón el monseñor. Una operación de altos vuelos me barrunto, ya digo, como la que algún rojelio pretenden ahora en foros de opinión que acompañó la conversión de última hora del dirigente comunista Antonio Gramsci, muerto en prisión -de tuberculosos- mientras sufría pena de cárcel, en la era fascista.
Sería desde luego lo nunca visto en materia de borboneo. Flor de las maravillas, ya digo, de la Corte de los milagros, porque la conversión del viejo demonio bolchevique (primero, y más tarde estaliniano) mataría desde luego dos pájaros de un tiro: resolvería el problema Carrillo del régimen democrático que soportamos los españoles, y de paso le daría al viejo indigno un balón de oxígeno de lo que está bien necesitado en sentido literal como figurativo. Que según los rumores, la seguridad, quiero decir el garantizar la integridad física del "marques de Paracuellos" lo pagamos (y bien) de nuestro bolsillo todos los españoles.
La declaración de amor que pone el broche final a la carta del obispo es quizás lo que me habrá decidido en ultima instancia a lanzarme en esta entrada sobre el tema. Nadie nos pide tanto, eminencia. Nadie le obligaba a lanzarse en una andadura como esa (y sin alforjas) y cabe pues deducir que la iniciativa la haya salido de dentro. Y obrando así no puede impedir que algunos nos hagamos preguntas como las que aquí van expuestas.
¿Que sabemos nosotros de los designios de nuestros pastores?, exclamaba -con estilo literario-en una de sus cartas (abiertas) el abbé de Nantes logrando expresar fehacientemente así la desconfianza profunda que le merecía la iglesia francesa de su época.
¿Qué saben, qué sabemos los católicos españoles -a parte Fernández de la Cigoña- de lo que se cuece o esta cociendo en estos momentos en las alturas de la iglesia española? Mientras tanto cabe pedirles un poco de dignidad (elemental), por favor, eminencias.
Domingo, 19 de febrero
Juan Fernandez Krohn
Juan Fernandez Krohn
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Ángel Sáez García
Baldomero Gómez
Chris Gonzalez -Mora
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Padre Fortea
Atticus-444
Paulino Toribio
José Pómez