
El paro, fantasma amedrentador, de olor desagradable además para algunos, cuando no es el paro (ni el individuo en paro) el que huele mal sino -como muchas veces acontece- todo o casi todo lo que le rodea. Iba yo regularmente casi todos los dias a la biblioteca nacional (royal)- de Bélgica en mis primeros años de estancia en Bruselas, cuando empecé a toparme todas las mañanas en la inmediaciones del edificio (bastante imponente y majestuoso) con el espectáculo extraño de un joven de apariencia normal en principio, de un notable grado de instrucción a todas luces que se encontraba acampando en uno de los soportales que daban acceso al edificio en señal de protesta por encontrarse en el paro, con todas las señales de las inclemencias del tiempo que sufría día y noche desde que había empezado su acción de protesta.
Le presté un poco de atención al principio sin duda impresionado (un poco) por el espectáculo y por la imagen de desamparo que ofrecía hasta que acabe pasando del tema. Desanimado por la reserva y el mutismo del aquel joven que parecía ofrecerse en espectáculo intentando así llamar la atención sobre un tragedia que en su caso acababa cobrando perfiles de tragicomedia.
El paro es desestabilizante, y ese se me antoja que sea su lado mas terrible y desazonante sobre todo; ese encontrarse a la intemperie que era para Ramiro -que acababa de ser despedido de su empleo de funcionario de correos por sus posiciones políticas- una de las notas distintivas y características de la juventud o si se prefiere de "las juventudes de España" de su tiempo. A la intemperie o sea la merced de todos los imprevistos sin la confortable seguridad de un futuro bien trazado y asegurado de antemano, sin poder labrarse un porvenir como/es/debido. Y esa experiencia propia e intransferible de Ramiro es inseparable sin duda del juicio histórico que nos pueda merecer su figura y su trayectoria.
"Arte para identificar revolucionarios" fue un corto texto de José Antonio que no llevaba destinatario con nombres y apellidos pero que todos se acuerdan en decir que estaba destinado a su rival directo en la jefatura de la Falange. Es un botón de muestra del nervio polémico de José Antonio y de su estilo literario (del género del panfleto) inconfundible pero nadie se rasgará las vestiduras si digo aquí que su autor se mostraba también no poco injusto con Ramiro.
"En la rivalidad entre José Antonio y Ramiro -escribe Umbral en "Capital del dolor"- había no poco de odio de clase" No que hay que dramatizar, en todo caso la sangre no llego al río; pero lo que José Antonio reprochaba a Ramiro no dejaba de ser una superioridad humana -en ese punto- de su contrincante.
Ramiro era un joven a la intemperie (en el paro); José Antonio en cambio era un heredero con todo lo que la noción comporta de respetable, de noble y de grande incluso; y a la vez de engorroso y de encumbrante (a veces) Y era sin duda -esa fidelidad a la memoria de su padre- lo que le redimía y a la vez le separaba de muchos otros.
"El ser hijo de dictador -le reprochaba Ramiro en "Fascismo en España- es una circunstancia bastante a influir de forma decisiva en el propio destino" Y digamos que el paro no deja de suscitar una montaña de enigmas de todo tipo y no de la especie mas nimia, lo que se podría considerar del orden existencial. El paro va a todas partes con el individuo en paro, su fiel compañero en lo bueno y en lo malo, sin dejar de ponerle a prueba, de cuestionarlo -en lo mas íntimo (casi)- como en francés dicen.
Y lo que explica que para algunos se acabe convirtiendo en una prueba insoportable que no encuentren otra forma humana de de ponerle un fin sino sea tirando por la calle de en medio. Me produjo impresión desde luego la noticia de un suicidio que se produjo en Bélgica de un antiguo piloto de la Sabena padre de cinco hijos que se encontró sin trabajo tras la desaparición -po quiebra- de la compañía nacional de aerolíneas belgas.
Pero el paro no es tampoco el mal absoluto, ni el final del trayecto (de una vida) tampoco; la vida sigue su ritmo y su rumbo por más que el individuo en paro no acabe de de verlo en torno suyo y tenga que frotarse los ojos una vez y otra; y por más que el afirmarlo venga a infringir uno de los dogmas -otro más-de lo político y laboralmente/correcto.
Según la ideologia en vigor -en los países europeos- en materia de desempleo, el paro es por propia definicion psicologicamente desestabilizante lo que hace que los centros y organismos responsables en la materia se vean asistidos de despachos e psicólogos al quite de los problema de todas clases -y de ese orden- que enfrentan por definición ya digo las persona que se encuentra sin empleo.
El cuestionarse a sí mismo es una especie de rito del régimen democratico que encuentra una de sus aplicaciones mas ilustrativa sin duda en el terreno de la búsqueda de empleo (y no digamos en el de la introspección íntima de carácter religioso) El parado tiene que empezar primero -el lenguaje les parecerá abrupto quizás aquí a algunos pero no deja de ser representantivo de lo que pienso en el tema- reconociendo su parte de culpa en la situación en que se encuentra, como el loco antes de verse declarado curado tiene que empezar primero reconociendo su locura. Y esa dramatización (intensa) del paro -de un signo democrático indiscutible- lejos de ofrecer solución al problema se acaba convirtiéndose en una parte esencial del mismo.
Lo que impide para comenzar otros enfoques u abordajes de la situación (o del problema) Y si enfrentarlo en espíritu de aventura traduce de inmediato una marca flagrante de irresponsabilidad, el pretender devolver como un "boomerang" el garfio del sentimiento de culpa se ve sometido al mas estricto de los controles en el ordenamiento demócratico que vivimos -bajo el signo de Yalta y de un compromiso histórico sellado entre las fuerzas conservadoras en el orden socio/económico y las fuerzas reivindicativas (por definición la izquierda obrera)
Digamos que para permitirse una actitud de protesta -aunque solo sea en el foro interno- frente un sistema (democrático) que te niega el pan y la sal hay que estar afiliado (o sindicalizado)- sin lo cual la protesta individual acaba hundiéndose fatalmente en el marasmo o en el abismo (de la situación de impotencia o del ridículo) por individual (o individualista) e insignificante.
El paro da miedo, pánico incluso a los que nunca lo han vivido. Y hay que comprenderlos sin juzgarlos ni condenarlos pero sin dejarse arrastrar tampoco por la carga emocional -de signo defensivo- que invariablemente arrastran en su abordaje del problema. Y sobre todo en un plano politico.
Recuerdo mis primeros tiempos de estancia en Bélgica -años (felices) del felipismo interminable en la política española- yendo a "fichar" una vez al mes (para hacer méritos), como me aconsejaron almas piadosas, que de aquella masa informe de parados (la mayoría extranjeros) era yo sin duda el que iba allí a "fichar" por amor al arte (parq empezar a ir ponienndome -poco a poco en regla, me decían...)
Y un día coincidí con el empleado de la ventanilla que nos hacia "fichar" cada vez con el que estuve liando un rato la hebra y me acabo confesando que era judío -tras las sus evocaciones de rigor ala guerra civil española- y que había llegado a Bélgica ya en edad adulta y que solo había estad unos días en su vida -pocos, dos o tres, creo recordar- en el paro pero que guardaba una marca (insufrible) en el recuerdo de haberse sentido culpable como nunca antes en su vida (...)
Lo que me transportaba -una forma de hablar tan sólo, un eufemismo a penas- a un universo mental propio de otros cielos y de otras tierras. Sin dejar de captar la ironía implícita en la confesión aquella de estar ganándose la vida a costa de la "culpa" (objetiva) de los otros, la sintieran o no la sintieran en un plano íntimo como aquel probo funcionario de una conciencia obrera tan exquisita que había hecho a todas luces del trato a distancia con el "lumpen" (de desempleados) -más o menos al margen de los cauces sindicalmente correctos-, una forma...y un estilo de vida.
El paro es pues de entrada un arma de doble filo en los que lo padecen y en los que se ven obligados a enfrentarlo mas o menos desde fuera, o desde el otro lado de la barrera. Y por eso me produjo (de antiguo) un alergia invencible la retórica anti--desempleo de la que se llenan la boca en función de la coyuntura (y de sus cifras) los responsables políticos de uno y del otro lado del tablero ideológico pero sobre todo -lo confieso- del lado de la derecha. Para hablar de una cosa hay que conocerla un poco, y por mucho que nos sepamos al dedillo la libreta de la compra de un ama de casa y los problemas que enfrenta a diario, hay que reconocer que la vista que ofrecen adolece de sus propios limites.
"Angustia social" fue un termino de cuño existencialista -creo que se deba en su origen a Martin Heiddeger- que utilizo por vez primera e inedita creo recordar Ramiro Ledesma Ramos. A no confundir con la lucha de clases en la que ese sentimiento se ve segado de raíz por propia definición cabria decir. Y la realidad que traducía la noción aquella un tanto enigmática no dejaría de gravitar poderosamente los años treinta en la escalada de confrontacion en el plano social que acabó haciendo eclosión en la guerra civil española y en la segunda guerra mundial a penas tres años mas tarde.
La Falange recogió a su manera el guante del desafío que aquella angustia social de grandes sectores de la población española de entonces arrojaba al ruedo de la politica española. Lo mismo -todas las distancias salvas- cabe decir de los movimientos fascistas y fascistizados de la época.
Y en las teorías económicas en voga entonces y me refiero en particular al keynesianismo se dejaba traslucir sin duda aquel sentimiento de angustia social (heredado) que como inglés le venia sin duda a Keynes de antiguo, de una tradición remontándose a la revolución industrial que el historiador alemán Nolte en una obra sobre el marxismo incluye entre las influencias intelectuales y fuentes ideológicas más características de la construcción marxista, y se refería en sustancia a una corriente de conservatismo social situado por paradójico que pueda parecer en la órbita, no de los ""wighs"" (liberales), sino de los ""tories" (conservadores)
Lo que parece encontrar como un eco en la preferencia de Marx -que tanto evocaban ciertos estudiantes de mi generación de ideología tradicionalista (de Carlos Hugo)- el bando digamos "reaccionario" de las guerras carlistas (...)
José María Aznar, tras conocerse las ultimas cifras catastróficas del paro habrá declarado -refiriéndose a José Luis Zapatero- que "nadie hizo tanto mal en tan poco tiempo". En lo que parece una información no exenta de ambiguedad en la medida que no se sabe bien si se esta refiriendo al paro o a la situación de la economía.
Paro y situación económica global, un debate que a algunos nos sigue dejando un poco fríos. En la era Aznar la economía mejoró, el paro disminuyó (dicen) pero eso no impidió que se siguiera sembrando mala semilla que cobraría mas tarde su tributo. Y lo digo con la agudeza y perspicacia de culaquiera que habrá vivido una situación desde fuera (en todos lo sentidos del término)
El paro es en definitiva una lacra inseparable de la democracia; con Franco no existía. Me replicarán aquí algunos que lo ocultaba la sangría de la emigración; pero esa otra historia (que como todos aquí ya saben me conozco un poco)
Domingo, 19 de febrero
Juan Fernandez Krohn
Carlos Juan Gómez Martín
Peio Sánchez Rodríguez
Antonio García Fuentes
José Pómez
Juan Fernandez Krohn
Padre Fortea
Atticus-444
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
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Baldomero Gómez
Chris Gonzalez -Mora