
El escritor jiennense (de Ubeda) Antonio Muñoz Molina acaba de publicar un nuevo libro sobre la guerra civil o mas bien en relacion con ella. No conozco mucho de su obra, pero no la desconozco tampoco del todo; lei y traduje al frances hace años unos textos en un clase de traduccion literaria a cargo del traductor en lengua francesa de sus libros, y he leido mucho de él en la prensa y declaraciones suyas (profusas) tambien desde hace ya un buen rato. Su ultima novela, "La noche de los tiempos" se veia anunciada en el Pais del domingo en uan entrevista que se le concedia a doble pagina (1) No lo he leido todavia pero lo hare en cuanto pueda lo que no es obice no obstante para poder dar aqui mi opinion -de todo lo que ya he leido ya sobre ella- o para verter mas bien mi impresion, la primera, que como suele ocurrir es sin duda la que cuenta.
Es una novela sobre el exilio o mas bien sobre un tipo particular del mismo, y es el de los escritores liberales (de izquierdas) que dieron el portazo nada mas estallar la guerra civil y no volvieron nunca. El fantasma dominante de la novela no obstante -y no solo de la portada de esta primera edicion (de Seix barral)- lo es sin duda el de Juan Negrin, presidente del consejo de ministros en zona roja a seguir a Paracuellos y artifice de la escalada al poder del partido comunista entre las demas formaciones de izquierdas durante la guerra civil. Un niño/bien, madrileño de adopcion de ascendencia canaria...y con no poco de guanche entre las venas (¿por que habra que seguir respetando un tabu tan espeso en torno a algo tan visible y tan evidente?)
Muñoz Molina presenta a Arturo Barea, uno de los escritores que se exiliaron desde el principio, de modelo princial del personaje de protagonista de su novela. Esta claro no osbstante que el molde de personaje arquetipico de unos y otros, de los personajes de la novela como las figuras de politicos y de escritores tambien que habran servido a su autor de modelo de inspiracion, lo ofrece sin duda el dirigente comunista canario (de extraccion burguesa) arriba mencionado. Negrin es ademas -y es sin duda la faceta suya que Muñoz Molina pretende resaltar en su novela- figura emblematica de una intelectualidad liberal de izquierdas aglutinada en torno a la Institucion Libre de Enseñanza y a la Residencia de Estudiantes; un caso -analogo en cierto modo al de Fernando de los Rios y otros politicos de izquierda del periodo de la guerra civil- de joven brillante y de una carrera mas brillante aun, gracias a los poderosos padrinos que le ofrecio sin duda la todopoderosa (o casi) Institucion, en el ambito de la enseñanza universitaria en España en las decadas que precedieron a la guerra civil.
En una España de alpagarta, de charanga y pandereta como gustaron de presentarla siempre los intelectuales -de izquierdas sobre todo- de los primeros años del siglo XX, Negrin no dejaba de ser un joven super/privilegiado que se podia permitir cursar estudios completos en universidades extranjeras (alemanas) y seguir luego ampliando estudios en otras universidades extranjeras (norteamericanas) gracias a becas y ayudas que en una España de oportunidades tan limitadas para la gente joven como la de entonces parecia como si le llovieran del cielo o poco menos.
Una legion de fantasmas -las que arrastra de antiguo en España la celebre "Institucion"- es mas bien lo que gravita en esta novela de Muñoz Molina sobre la guerra civil porque si hay algo de peremne en el simbolismo que sigue ofreciendo la figura de Juan Negrin lo es el de un Institucion libre de enseñaza -de la que fue sin duda uno de sus exponentes de mayor destaque y proeminencia en la España anterior a la guerra civil- hecha pedazos por asi decir tras producirse el Alzamiento, y el sueño que la presidia -de liberalismo libre examen tolerancia libertad de pensamiento y demas- refugiado (lo que de el perduaria) en el unico reducto donde le era posible hacerlo: en la memoria de los vencidos que tiene hoy por hoy a lo que parece su figura mas emblematica en el profesor y medico canario (comunista), en vias de rehabilitacion a marchas forzadas y por todos los frentes (y caminos).
No creo sin embargo que Antonio Muñoz Molina haya escrito una novela de mas de novecientas paginas, a costa de "mucho sufrimiento" -como él mismo reconoce en su entrevista- y desde su autoexilio de la urbe neoyorkina con el proposito firme y primero de exaltar o enaltecer la figura del desacreditado dirigente comunista, pero la evocacion de su figura gravita indiscutiblemente de forma hegemonica y dominante -estoy seguro- en todas y cada una de las paginas de la novela, a comenzar por el diseño de la portada de esta edicion primera (...) Negrin, por lo que se deduce tambien de lo que he leido en la prensa es el que mejor parado sale desde luego de la novela, al contrario de otros como Bergamin o Rafael Alberti.
Al segundo de los mencionados parece reprochar Muñoz Molina sus comilonas, bailes y franchelas en plena guerra en el marco de la Union de Intelectuales antifascistas de la que era presidente; al segundo en cambio parece tenerle encuenta sobre todo las palabras ("irreparables") que pronunciaria entonces que por muy tempranas que fuesen no pueden ser desde luego de antes de la guerra porque Bergamin es sin duda protipo de escritores a los que la guerra dio la vuelta como si tal cosa; de rehen de violencia psicologica en zona roja -él lo mismo que Miguel Hernandez- lo he presentado yo ya en estas entradas algo de lo que dudo que Antonio Muñoz hya conseguido hacerse eco de una forma u otra en sus novela.
Muñoz Molina, segun lo que deduce de sus declaraciones ahora, se habria visto escandalizado por el repaso de la prensa asi como de las actas de las Cortes en los meses que precedieron a la guerra civil, hasta el punto -por lo que se deduce tambien de sus declaraciones- que sus convicciones republicanas y su vision pareja de la guerra civil aparezcan como tambaleandose (un poco) en sus declaraciones de ahora. Continua echando la culpa a "los que se levantaron contra la republica" sobre todo, pero menciona tambien "la irresponsabilidad" de los otros, y desde ese punto de vista es un poco extraño el silencio que mantiene en torno a la actitud del propio Negrin en aquella fase crucial precisamente, como corriendo de un tupido velo su papel (probado) en el espiral de la violencia en el medio uiversitario (madrileño) de aquellos meses y sobre todo de aquella primavera caliente del 36, al borde del enfrentamiento
Muñoz Molina habra hecho acompañar la publicacion de su libro de un llamamiento "a un pacto sobre la guerra civil" (2), algo que sin duda le honra y le habra merecido que le dedica esta rerseña (urgente) en mi bitacora. Como ya se la dedique a otros autores con los que sin duda ofrece un fuerte paralelismo y es por lo que se podria llamar un recuperacionismo reconciliante que pretende desenterrar (sin duda) pero sin echarle los muertos a la cara a nadie, y eso me parece que hay que valorarlo.
La idea del pacto se la habra dado a Antonio Muñoz Molina el historiador britanico Anthony Beevor, autor de una obra densa sobre nuestra guerra civil no carente de interes ni tampoco de un partidismo evidente (como lo denunciaria Pio Moa); y el gesto del autor jiennense se me antoja de pronto una señal elocuente de la direccion de los vientos (que corren) sobre nuestra guerra civil en la historiografia anglosajana tal y como me habra sido dado calibrarlo en una reciente ojeada a las estanterias de la libreria en lengua inglesa del centro de Bruselas. Una produccion historiografica siempre presidida por la figura (tutelar) de Hugh Thomas y de las sucesivas ediciones (corregidas) de su obra clasica en la materia, pero que acusa una tendencia creciente a hacerse eco de "la otra voz", de la de los que "perdieron" en la posguerra. Antonio Muñoz Moina, cabe decir ademaz, es un ecritor en lengua españoal con un fuerte sello cosmpolita (anglosajon) que tambien le honra.
En la medida sobre todo que su contacto -fugaz o permanente- con otros areas culturales y linguisticas le habra empujado sin duda a ponerse a escarbar en su memoria propia (en lengua española), algo parecido -distancias salvas por cierto- a lo que a mi me habra ocurrido con las lengua francesa y flamenco/neerlandesa. Tengo ademas un motivo personal en el interes que aqui muestro por la obra y la figura de Antonio Muñoz Molina -como ya creo aqui haberlo comentado- y lo es una circunstancia vital en la que ofrecemos ambos puntos de conicidencia: la que nos da la provincia de Jaen de la que ambos procedemos -él de una forma mas immediata, porque nacio alli- y en particular del amplio valle del Alto Guadalquivir al que dedica algunos pasajes reveladores en una de sus obras, donde evoca la vision -propiamente de cuento de hadas, es cierto- que le ofrecia de niño (como a mi) la vista de aquel paisaje de noche plagado de luces lejanas.
Solo que la suya (como ya dije tambien) era una vista hacia el Sur, desde Ubeda, y la mia en cambio, desde Mancha Real (hacia el Norte) y -mas simbolico aun- la oposicion no era de perspectivas topograficas a penas, sino tambien -como no podia menos de ocurrir- de dos memorias. Porque la fascinacion que a todas luces ejerce en la obra de Muñoz Molina la Sierra Magina -que es como bautiza en sus novelas a su ciudad natal de Ubeda (que no pertenece propiamente a aquella comarca)- no es aseptica a todas luces, ni neutra ni inocente sino que es algo con certeza ligado a la memoria de la guerra civil...y de la posguerra. Porque lo mas fascinante sin duda para Antonio Muñoz Molina de esa vista (de noche) del Guadalquivir -que nos fascinaba tanto de niños, lo mismo a él que a mi- es facil de conjeturar que lo fuera precisamente el macizo imponente de la Sierra Magina que tenia en sus vistas justo en frente -y que a mi me escapaba porque lo tenia justo detras (y no solo en un sentido geografico)-, refugio y zona de operaciones del maquis (comunista) hasta bastante avanzada la posguerra (...)
Un pacto de memorias sutanciado y plantado en el basamento fisico y geografico que nos ofrece una misma patria (fisica) comun, -"in casu" la cuenca del Alto Guadalquivir- es algo que sin duda habra que acabar encarando en aras de la catarsis; pero en el respeto de nuestros/muertos por cierto (inseparablemente asociados a la figura -nefasta- de Negrin) ¿Se atrevera Muñoz Molina a "matar" al personaje (principal) de su ultima novela en alguna de las que le sigan?
Salvaria asi desde luego su obra y tambien su credibilidad de escritor (y de memorialista) Chivo expiatorio inevitable (Negrin) desde luego del pacto sobre la guerra civil que aquél nos esta ahora proponiendo
(1): http://www.elpais.com/articulo/portada/fanatismos/elpepuculbab/20091121elpbabpor_3/Tes
(2): http://www.elpais.com/articulo/cultura/Munoz/Molina/pide/gran/pacto/Guerra/Civil/elpepucul/20091123elpepucul_11/Tes
Domingo, 19 de febrero
Juan Fernandez Krohn
Carlos Juan Gómez Martín
Peio Sánchez Rodríguez
Antonio García Fuentes
José Pómez
Juan Fernandez Krohn
Padre Fortea
Atticus-444
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Ángel Sáez García
Baldomero Gómez
Chris Gonzalez -Mora