
("Madame Chambon", film frances de Stéphane Brizé, con Vincent Lindon y Sandrine Kiberlain. Ayer domingo en una sala de Bruselas)
Quien lo hubiera dicho. Cabia esperarse por el titulo y las fotos de la cartelera una versión mas del "Love story", o un vaudeville frances mas o menos trivial, de esos que se asocian inevitablemete a la trayectoria profesional de la pareja que forman en el film sus protagonistas principales, sobre todo a la de ella. Pues no, como una "divina sorpresa": en su lugar estuve asistiendo a un primor cinematografico por la realizacion tecnica irreprochable, por la prestacion de los protagonistas que no lo es menos, y sobre todo por los nuevos vientos -y tiempos- en el cine frances ("tendances") que este film de un titulo tan desentonante -por las resonancias (chambon/jambon) que arrastra en lengua francesa- pareceria estar presagiando en su estreno. (Neo) romanticismo (en estado puro) en los inicios del tercer milenio. Algo, no me negaran, que se merece un comentario (urgente) en esta bitacora. Y un tema -el del romanticismo (en politica)- del que me habre ocupado en una anterior entrada sobre los anti-modernos (De Maistre, Maurras, Jose Antonio y demas) y del que esta que aqui me he puesto a escribir no acabara siendo otra cosa mas que su colorario porque que el cine -y el mundo del espectaculo- por un lado, y el de la politica y de las ideologías por otro sin dejar de ser compartimentos estancos, admiten -como dicen los franceses- lecturas conjuntas, que se desmarcan un poco (sin querer) de la estricta critica cinematografica. Y está claro que este film sentimental -d'amour- "tiene mensaje" por mas que se le escape quizas en parte tanto al realizador como a sus protagonistas.
El cinema francés en su variente incluso del "vaudeville" siempre me pareció provisto de una cargazón dramatica -a ojos de terceros yo diría al menos- que no dejaba de ponerme a veces (un poco) de los nervios por lo (medianamente) insoportable, humildemente lo reconozco; lo que se veía agravado sin duda por esas dosis inevitables de humor caústico típicamente francés, tan suyo y tan diferente del de otros países (europeos) Pero era sin duda -acabé cayendo ahora en la cuenta- porque yo no llegaba a captar la hondura del malestar íntimo e interno que la sociedad y la cultura francesas arrastran tras suya, grosso modo desde los tiempos de la revolucion francesa. ¿Algo propio y especifico de franceses? No por cierto. Cada pais y no digamos los paises europeos de vieja cultura, ofrecen -de antiguo- su propia problematica; y en el caso español que es por cierto que el que me ofrece una comparacion más a la mano, se puede decir que una gran parte de nuestro lote propio e intransferible de descontento e insatisfaccion de orden colectivo se veria vacíado por la via de la implosión (trágica) en 1936, en la forma tan cruenta y tan sangrienta que todos aqui ya saben. Y ahí estribe tal vez la clave de explicacion del fenomeno: en nuestra guera civiil española por extraño o atipico u original que parezca. Porque de mis lecturas y trabajos en el tema de la literatura relacionada con la guerra civil española acabe sacando una conclusion de una fuerza de conviccion propiamente apodictica y fue que nuestra guerra sirivió a nuestros vecinos transpirenaicos de antidoto potente y certero lo bastante en definitiva que les dispensaria de repetir la experiencia (...)
Con la ventaja que se ahorrarian la implosion española tan cruel y dolorosa y con la desventaja en cambio que no hacían con ello más que aplazar la solución a su propio malestar interno; y la ocupacion alemana y la "liberation" posterior, por lo que tuvieron de "extrínsecas" -se me reconocera sin pena- no se bastaron en modo alguno a vaciar el abceso del descontento en la sociedad francesa. Escarmentaron en cabeza ajena entonces, es cierto -del guerra civilismo latente me refiero- pero no de una vez por todas. Y es lo que da cuenta a mi juicio de esa frustracion e insatisfaccion intimas, una de las caracteristicas mas propias y representativas del cine franc´zs, y tambien de ese brote inesperado de neorromanticismo (artístico y no solo) que este film de una imagen tan trivial y ligera como la que en las carteleras ofrece parece ahora querer anunciar, con la caida de las hojas...El (neo) romanticismo todos convienen en admitirlo -por detrás o por encima de la interpretaciones tan variadas y divergentes que habra admitido desde su nacimiento- fue el sintoma de malestar más relevador de la nueva sociedad que alumbraria la Revolución francesa, al resplandor del fuego las hogueras. Fue en su origen -en lo que se da hoy en llamar el "romaticismo primero"- un movimiento hondamente espiritual y no solo artistico o literario, por el carácter innegablemente espiritual sin duda del malestar colectivo del que procedia. Los románticos lloraban -como hombres, a solas o para sus adentros- porque el mundo que veian en redor no daba para mayores optimismos (...)
En el film que estuve viendo ayer hay lágrimas cálidas y abundantes al acecho del espectador a partir de un momento dado de la proyeccion por lo menos. Como un desahogo en parte merecido sin duda por la tension dramática contenida en muchas de sus escenas, de sus abundantes primeros planos, y del suspense que se prolonga y crece en intensidad a ritmo de vértigo en las últimas escenas; de los mayores logros sin duda de su realización tecnica. Y el realismo de la intriga lo acrecienta sin duda el hecho (sabido) que los dos principales protagonistas fuesen marido y mujer en la vida real antes de divorciarse, y se ve plasmado sobre todo en la reconciliación (cinematográfica) que llevan a cabo en el film, tan credible como incompleta, puesto que acaban cada uno por su lado...Lo mismo que la ambientacion coreográfica y paisajística en los interiores un tanto mágicos, como si todo el calor hogareño de los interiores de las casas flamencas se hubiese visto de pronto trasplantado en una zona francesa del Midi, en plena Provenza de azures y arboledas batidas por el viento; y en unos paisajes de gran belleza, y unas estampas provincianas de calles y plazas de un sello merididonal inconfundible que surcan del principio hasta el fin la intriga dramatica (y amorosa) de una pelicula que no carece tampoco de un sello de realismo social indiscutible; lo que que se ve anunciado, se diria, al comienzo del film, en el patrocinio del canal frances Plus (de izquierdas), viejo conocido (...)
El toque de mayor belleza de un film como éste que se ve desde el principio cargado de belleza se lo dan no obstante su banda sonora a mi juicio y en particular unas piezas, que interpreta al violin la protagonista, botones de muestras de (neo) romaticiso musical, que en el caso inglés se vería reanudado tras el final de la era victoriana, en la obra por ejemplo de Edward Elgar, compositor y gentleman de lo mas "british" que se ve citado por la protagonista en una escena de la pelicual. Pero el toque musical inconfundible se lo da a la pelicula, otra pieza neo-romántica de gran belleza, "Vals triste" del compositor malogrado Franz Von Vecsey: un poco la cenicienta de la pelicula no obstante, porque se diria que se ve obligada a pasar de incognito -al contrario que la pieza de Sir Edward mucho mas "correcta" desde luego-, sin duda por dos circunstancias que concurren en la trayectoria biografica de su autor que hace "imposible" su mencion (por lo "incorrecto" desde luego); y lo es el lugar de su muerte a la edad de cuarenta y un años, en 1933, en la Italia de Mussolini; además de sus orígenes (austrohúngaros) análogos a los de la famillia del presidente Sarkozi (...)
Renacer del (neo)romanticismo en el cine frances: ¡la noticia mas extraordinaria (y más terrible)-que hubiera dicho Federico Nietzsche- de nuestra epoca!
Domingo, 19 de febrero
Juan Fernandez Krohn
Juan Fernandez Krohn
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Ángel Sáez García
Baldomero Gómez
Chris Gonzalez -Mora
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Padre Fortea
Atticus-444
Paulino Toribio
José Pómez