
He estado ojeando unos foros de opinion en relacion con el tema que abrasa a la opinion publica en estos momentos y se me ocurrre que un debate o un cuestion de lo mas trasncendental se cuela como de matute entre mensajes y replicas, entre los que defienden y los que (solo) acusan. Y lo es ni mas ni menos el de la responsabilidad moral que supone por propia definicion libertad interior y por consiguiente la ausencia de error (invencible) Hasta un niño lo comprenderia y es lo que siempre se admitio desde luego entre catolicos (españoles) antes y despues del concilio: una idea erizada de emociones y sentimientos -y hasta de pasiones incontrolables- parece delizarse en las repuestas de algunos y lo es que el error es por propia definicion siempre culpable. Y como por casualidad una postura asi, en todos o casi todos los que la defienden, arrastra un tufo inevitable a gente de izquierdas. "Errare humanum est. Diabolicum tamen perseverare", ya lo decian los clasicos y el principio que en el aforismo se traduce es inseparable de una vision profunda de la libertad humana, o como decian los teologos españoles del XVI, del libre albedrio.
"Letra con sangre entra" me decian a mi entre sorna y simpatia algunos rojillos cuando sali de Poertugal en el 85 en los meses que vivi en España antes de irme a vivir a Belgica. Y se referian a la idea de la democracia y sin duda -entre parentesis- a esa otra indisociable de ella en la historia del pensamiento/democratico, de la libertad humana o del individuo. Elos lo decian con otro sentido -derechos/del/hombre, libertades/democraticas y demas- pero no dejaban tener razon en parte, y fue algo que se cumpliria desde luego conmigo. La doctrina, el principio de la libertad interior del libre albedrio fue al final para mi el fruto de un largo aprendizaje que duraria decadas, en los años sobre todo que residi en Belgica. Y uno de los puntos que mas me costaron el aclarar, lo confieso (y el asimilar) lo fue sin duda el de la falibilidad de la mente humana sujeta inevtiablemente a errores...y tambien a distracciones. Inocentes sin la menor sombra de culpa. Letra con sangre entra, decian los rojillos que me conocian a su manera. Y es cierto que no deje de pensarlo cada vez que cometia un error en los años -de reeducacion en la practica, de trabajos forzados- que se me impuos transitando por circuitos de re-insercion aqui en Belgica. Por que de una manera u otra -¡ay dolor!- los acababa siempre pagando al contado, no tal vez con sangre pero si de mil formas a cual mas mortificante.
Y sin embargo mi conviccion no hizo mas que salir triunfante y enhiesta de la experiencia. "¡Asi no calamidad, asi no!" Cada vez que me oia decir aquello -reparando bicis, plantando o recogiendo fresas- de gente (extranjeros para mi ademas) siempre por lo general infinitamente menos calificados que yo, ni tampoco mas habiles en aquellas humildes tareas, la conviccion se afianzaba de mas en mas en mi que la mente del hombre es libre y no esclava, y por ende sujeta a distracciones, salvo en los que no se distraen nunca, sin duda porque acabaron matando en ellos mismos esa facultad indeleble -de volar muy lejos- que tiene la mente humana, inseparable de la dignidad y de la integridad (fisica y mentall) del individuo, como se recogia en ciertos parrafos del "gironazo" Y es curioso que esa obsesion, esa dureza inmisericorde contra distracciones inocentes vengan siempre o casi siempre de gente situada a la izuierda. "¿Libertad para qué?" decia Lenin (como lo recordaba certero y oportuno el "gironazo") Y el maestro no podia ser desde luego mas autorizado.
Soy consciente no obstante de abordar o mas bien de encallar con lo que digo delante de una de las aporias mas irrresolubles en la historia de la civilizacion y lo es la del valor y dignidad del trabajo humano. Trabajo libre por definicion y no trabajo esclavo. A la enfermera que cometio el tragico error con el bebe recien nacido se le echan encima ahora algunos con el cuento de que antes de actuar tenia que haber preguntado, cerciorandose bien, en lo que sin duda tiene razon en parte pero que no deja de ser un argumento que llevado al extremo convierte al ejecutante en un automata, como los vendimiadores o los recolectadores de fresas lo parecen tan a menudo. O que se las habia dado de lista asumiendo sin mas responsabilidades sobre sus hombros (fragiles) Pero incluso los errores libremente consentidos se ven a veces exentos de culpa. Y en democracia los errores (y corrupciones) son por regla general subsanables y pedonables. Los estamos viendo todos los dias. ¿Por que no deberian serlo pues los errores meramente materiales, como el cometido por esta infeliz enfermera?
El que este libre de pecado que tire la primera piedra. Lo dije y lo mantengo. ¿Estaba pensando en otra cosa la enfermera cuando le aplico la inyeccion fatal al bebe fallecido? Aunque asi fuera no hay por qué señalarla con el dedo. El hombre -o la mujer- tiene derecho a caer en distracciones, a que se le vaya el santo al cielo como se decia antes. En todas las circunstancias y situaciones. O simplemente a mantener su cabeza despejada de automatismos y de reflejos condicionados propios de animales y no de personas humanas. Sin incurrir por en cuanto en conducta irresponsable. Libres como el viento, asi nos sentimos algunos siempre...y sin el menor sentimiento de culpa ("la tête dans l'air" le dicen -en tono de disculpa- franceses y francofonos): por todo ello y otras muchas razones, mi apoyo incondicional -y mi voto por supuesto- a la enfermera (inocente)
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català