Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Accidente fatal, tragico error, el caso del bebé fallecido (sin culpa ni pecado ninguno)


El caso del bebe marroqui victima de un tragico error en un hospital de la capital madrileña esta cobrando por momentos proporciones y carices (aun mas) calamitosos. La mezquita de la M-30, manzanal de la discordia en pleno centro de la peninsula, se ve en primera pagina -en grande y en primer plano- de los principales diarios madrileños de hoy. Como si de puro complejo de culpa los medios estuvieran invitando a la opinion a un gesto fuerte en favor de la religion de los padres del niño fallecido; y contra mas fuerte mas convincente por supuesto, hasta el punto que a mas de uno se le debe estar pasando por la cabeza la idea de la conversion (al Islam faltaria), de eso estoy seguro. Y por si cupieran dudas ahi esta -a punto de llegar- el avion militar (¿por que militar se preguntaran algunos?) que el monarca alhauita iman/de/los/creyentes nos envia, haciendo asi valer de paso sus derechos historicos, religiosos o si se prefiere politico/religiosos en la capital de España. Que por algo se empieza desde luego.

Hace unos años yo mismo habria reaaccionado como ahora lo estan haciendo muchos, y de hecho asi lo hice. Comparaciones odiosas pero el caso tragico del bebé fallecido me hace pensar al de la descubierta en el 97 de los restos de Loubna Benaïssa, la niña belga/marroqui de nueva años desaparecida cinco años antes y victima de un deparvado (belga autoctono para mayor confusion y escarnio de sus compatriotas limpios de toda culpa) El suceso, en la resaca -un año antes- del caso Dutroux de los niños victimas de abusos, asesinados y desaparecidos, causo una fuerte commocion en la opinion publica en Belgica y traeria consigo un auge considerable en la importancia y en la aceptacion social de la minoria musulmana en Belgica; y tras ello, de corolario inevitable, una irrupcion -cargada de presagios- de los mas extremistas. Y asi en la noche misma del suceso una pequeña multitud de mas de trescientos jovenes musulmanes de la emigracion recorrieron las principales arterias del barrio de Ixelles, lugar de los sucesos -y mi lugar de residencia tambien- destrozandolo todo, lanzando gritos y amenazas y levantando el dedo indice en señal de venganza (islamica) al cielo como lo hacia en primera pagina en la prensa de ayer uno de los familiares del bebe fallecido.

Accidente fatal, caso tragico, y mas tragico aun en la medida que carece de un culpable o responsable a todas luces. En el sentido de responsabilidad moral al menos, que es el terreno o la zona -de aguas profundas- donde se dirimen normalmente los grandes debates suscitados por sucesos de fuerte impacto en la opinion como lo es este al que venimos asistiendo. ¿O acaso se le puede pasar ni un instante por la cabeza a alguien medianamente en sus cabales que la joven enfermera (y ademas inexperta) pudiera verse acompañada de la mas leve sombra de intencion culpable a la hora de cometer la torpeza aquella, de tan tragicas consecuencias? El que este libre que tire la primera piedra. Y la duda -hoy y siempre- favorece al reo desde luego. Porque parece que de lo que se tratara para algunos sea de encontrar un culpable o un responsable al precio que sea aunque para ello tenga que acabar viendose mancillada la imagen de un sistema de asistencia medica de los mejores del mundo, comparable desde luego -y lo digo de mi propia experiencia- al de los belgas considerado entre los mas punteros.

Honorabilidad, inviolablidad e imagen a prueba de escandalos en los cargos y dignidades publicas, problema crucial en democracia. Como lo plantee en una anterior entrada a proposito de alcaldes indignos del 36 que algunos quieren erigir ahora en martires casi casi canonizables. Porque parece como si el suceso tragico del bebe marroqui fallecido les estuviese sirviendo a algunos de exhutorio en la danza de tiriteros en la que se ve sumida -a ojos de testigos ocasionales desde luego- la politica española del dia a dia, en un ambiente de escandalo permanente, preñada de casos de corrupcion) y surcada de acusaciones como objetos arrojadizos que se lanzan al aire en tiro de elevacion los unos contra los otros mandatarios de los dos diferentes partidos que se reparten el cotarro de los cargos publicos, a/mayor/gloria por cierto de un sistema democratico fuera de toda sospecha (como las mujeres de los cesares en el Imperio romano) Y a riesgo de una vuelta al choque civilizaciones en suelo de la peninsula.

Estaba yo trabajando ocasionalmente en la mudanza de los archivos del hospital de Ixelles algunos años despues de la descubierta de los restos de la niña marroqui que aqui habre evocado -en las navidades del 99- cuando cayo en mis manos de pura casualidad su antigua ficha medica de aquel hospital, en el que habria sido sin duda mas de una vez antendida. Me acompañaban dos chicas jovenes en la tarea, marroqui (de la emigracion) una de ellas que tuvo una reaccion fulminante -ante mi gesto perfectamente logico de sorpresa-, arrancandome literalmente la ficha de las manos en un gesto mas brusco y chocante si cabe por lo espontaneo y lo impulsivo, que acompaño de un comentario despectivo con el que venia a decir que quien me habia dado a mi -y no a un musulman- vela en aquel entierro.

Accidente fatal, caso tragico el de bebe fallecido, ya digo. Lo que no impide -¡ay dolor!- la culpabilizacion que destilan ciertas informaciones y comentarios en los medios. Rayanos en un culto de martirologio cargado de (negros) presagios. Como los que arrastra tras suya la ley funesta "de la memoria"


Miércoles, 30 de mayo

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