"Cultura española de la muerte" en la retorica de los recuperacionistas ( a vueltas con la lapida de Pedro Bernardo)
26.06.09 @ 21:00:15. Archivado en La Ley (funesta) de la Memoria historica

En un reportage de Paris Macht leido de prisa y corriendo sobre el accidente del avion de Air France (AF447) me habra llamado la atencion sobre todo el testimonio particularmente dramatico y con grandes tintes de patetismo de una de las azafatas brasileñas de la agencia de viajes que se habia ocupado durante los cuatro dias de estancia en Rio de un grupo de diez y nueve turistas franceses todos ellos pasajeros del vuelo de Air France de vuelta a Europa...Lo he leido de prisa y corriendo ya digo pero algo me habra llamado la atencion y era la especial melancolia que se desprendia de su relato, de su evocacion del grupo de turistas de los que hablaba sin dar practicamente nombres, de una forma impersonal y colectiva como si el tiempo hubiera empezado ya su tarea de acido disolvente no sobre seres vivos -que todavia no puede- sino sobre los muertos.
Y como si el grupo de turistas hubiera ido perdiendo ya en visperas del vuelo fatal, y a los ojos de la afazata brasileña, sus contornos individuales para empezar a fundirse poco a poco en la masa informe del anonimato de los habitantes de un valle fantasma, o de los viajeros de un viaje sin billete de regreso, sin billete valido que me diga. Y a riesgo de parecer cinico por demas dire que me viene de pronto a la mente el chiste que le oi al afro/frances Dieudonné hace unos meses aqui en Bruselas, de los billetes de la compañia aerea de su pais africano de origen, a la venta siempre, si, pero que no funcionaban (nunca del todo)...El humor negro inseparable (a lo que parece) del paso del Tiempo con mayusculas.
Cultura de la muerte, formula enigmatica de un halo misterioso, surcada de interrogaciones y arrastrando tras suya toda un pasado rumiante de reflexiones en la historia del pensamiento humano. Cultura española de la muerte, mas cercana y a la vez mas misterioso si cabe todavia. La formula se la oi a un recuperacionista de la ARM que dio hace dos años una conferencia -o digamos que participo (penosamente) en un debate con traductores- en la feria del libro de Bruselas. Y me pregunte siempre desde entonces lo que queria decir realmente y revindicar con aquello. ¿El derecho a un entierro digno o al desenterramiento y a la profanacion de cadaveres so pretexto de busqueda de indagaciones, y a un revolcarse sin parar en definitiva, en el pozo o fango de un memoria estancada girando siempre en el vacio, sobre si misma? Y si se intenta una respuesta a esa disyuntiva con la ayuda de la tradicion intelectual de la izquierda española habria que concluir mas bien por el segundo termino de la alternativa: una tradicion (trangresora) de lo macabro que viene de lejos pero mas reciente mas tardia, mas moderna con todo que la que arrastra la historia del pensamiento en los paises de la Vieja Europa.
El esperpento español, ese culto "sui generis" de lo grotesco (con olor a muerto) nace, si hay que creer a Francisco Umbral, de su admirado y adorado Quevedo y se prosigue en una linea mas o menos continua de filiacion espiritual con ciertos autores atipicos posteriores como Diego de Torrres y Villarroel; se continua en los disparates de Goya y culmina en Valle Inclan en visperas del estallido de la guerra civil española: antes de reventar en una cultura disidente -del exilio- de la que se destaca el nombre de Buñuel, maestro en el arte de lo macabro (hispano/oriundo) pasado a su vez por todas las salsas posibles e imginables extranjeras.
¿Prototipo y heraldo supremo Luis Buñuel de "la cultura española de la muerte" que reivindican los revisionistas? Es lo que parecen querer probar con esos espectaculos por lo menos "aparatosos" -la expresion es de lo portavoces de la generalidad catalana en la presentacion de su "ley de fosas"- que habran infligido en los ultimos años a los españoles, de calaveras tibias y peronés, danzando en el fondo de las fosas a la vista del publico asistente y de las camaras y de las maquinas de fotos- - en una masa informe, para uso y consumo de los que gustan de emociones fuertes.
Pero se me antoja que con la expresion de la cultura española de la muerte el recuperacionista de Bruselas se referia sobre todo a la cultura rural, de los pueblos de España, de unos pueblos y aldeas donde la muerte pilla siempre de mucho mas cerca y no de lejos y entre desconcoidos como lo suele hacer en las grandes ciudades. Y es cierto que desde ese punto de vista se puede hablar de cultura especial de la muerte entre españoles. Los muertos se recuerdan mas en los pueblos porque estan mas vivos en el recuerdo de las gentes que los conocian mas y mejor de lo que los habitantes de una gran ciudad -como Madrid o como Bruselas- conocen a sus propios muertos, los suyos; por mas que muy pocos madrileños, por ejemplo, asi lo capten o lo vean. Y por eso se puede decir que en los pueblos se cree mas en la Muerte porque se la habra visto siempre por regla general mucho mas de cerca. Recuerdo de mis vacaciones infantiles la impresion profunda que me produjo un suceso que no fue tal sino un fenomeno -curioso y no tan trivial- de sugestion colectiva en el pueblo andaluz de mi familia paterna.
Fue como un reguero de polvora, un rumor que se extendio de pronto por todo el pueblo al atardecer de aquel dia de verano caluroso, que el mundo se iba a acabar al dia siguiente. Asi como suena. Que lo habian leio anunciado en el periodico. Y efectivamente uno de los diarios de la prensa española de entonces -el Pueblo tal vez creo recordar,diario de la tarde- traia el dia aquel un reportaje a toda pagina de un parapsicologo (no se se todavia si los llamaban asi) que asi lo anunciaban, para el dia siguiente. Y la vida de todo el pueblo estuvo trastornada como en el vortice de un ciclon toda la tarde aquella con cortejos de mujeres y niños sobre todo yendo a confesarse a la iglesia del pueblo y algunos mas impresionables fundiendo en lagrimas y paseandose por las calles como almas en pena, o con la ropa que no les llegaba (de la angustia) al cuerpo, sobre todo los mas pequeños.
En su novela celebre "¿Por quien doblan las campanas?" sobre la guerra civil española recogia Hemingway con gran lujo de detalles -de testigo prsencial sin lugar a dudas- las escenas escalofriantes del fusilamiento de todos los fachas de aquel pueblo teatro del episodio, mientras las campanas de la iglesia tocaban a difuntos...Como si el novelista norteamericano quisiese exorcisar de una manera u otra en las paginas sin duda mas logradas de su novela unos recuerdos que le habian de seguro especialmente marcado de nuestra guerra civil, por culpa o por gracia de una cultura española de la muerte que habia sin duda visto plasmadas como una aparicion en aquellas escenas de fusilamiento.
"Por quien doblas las campanas" era una pregunta que escondia a todas luces otra mas espectral o fantasmal aun y era la de quien las habia tocado o la de quien las estaba tocando mientras mataban a los fachas, y por qué se tocaban...Todo eso me viene a la mente leyendo los comentarios de un lector de mi blog -vecino del pueblo de Pedro Bernardo que pinta en sus mensajes el retrato de una localidad en ebulliicion en relacion -o de simple pretexto quizas tan solo- con la Ley de la Memoria historica y con los muertos de la guerra..."Dejad que los muertos entierren a los muertos" dijo el profetico don Miguel de Unamuno por mucho que su predica se pareciese por veces unpoco demasiado a la de los profetas de calamidades.
Los muertos son sagrados no se tocan. Dejadlos donde estan, donde quedaron: sin duda lo que queria decir el filosofo del sentimiento tragico de la vida. Recuerdo lo que me dijo de Franco -otra referencia clave en el tema que aqui abordo- un rojo español del exilio a punto ya de regreso que conoci de puro azar en Lausanne a mediados de los ochenta, que segun él en sus años de gobierno no habia puesto los pies en un cementerio. Y la explicacion la da sin duda el que debia haberle visto el rostro como buen militar a la Muerte muchas veces en su vida -incluso de niño en los barcos que venian con los muertos y heridos (mortales) de la guerra de Cuba (como lo evoco en una ocasion el propio Fidel Castro)-, y es logico que no le gustase por ms que estuviese familiarizado con ella; mas aun por eso sin duda alguna...
No conozco la situacion en Pedro Bernardo, lo que se cuece o se habra codido entre sus vecinos desde tiempo inmemorial o recien ahora solo, pero pienso sinceramente que la conmocion o ebullicion de la que se hace eco -para lamentarla- uno de sus vecinos que aqui me escribe, sea saludable tal vez por multiples aspectos. Despertando (ojala) de verdad entre españoles, una cultura genuina de la Muerte del culto español a los muertos un poco difuminado o borrado por los vientos de la modernidad en los ultimos siglos y en particular en las ultimas decadas. Y devolviendonos de paso una familiaridad con la Muerte y con los muertos que habiamos perdido (por las causas que fuera)
De uno de los lideres de la Gestapo francesa, un delincuente comun de altos vuelos, contaba Patrick Modiano en una de sus novelas sobre la Segunda Guerra Mundial -que ya habre comentado en mi bitacora- que de muy joven, aun niño, se habia pasado toda una noche -a pesar del frio- abrazado a la tumba de su padre muerto en el cementerio, que con su muerte le dejaba completamente solo en la vida. El ejemplo es frances estamos de acuerdo, prototipico no obstante de una "Francia española" que emerge iresistiblemente en la memoria de los vencidos -y de los perdedores- de la historia de la nacion vecina.
Y tal vez sea esa -del enemigo el consejo- la leccion que haya que sacar de la singladura (funesta) de los recuperacionistas, sin una gota de moralina: el deber acostumbrarnos, familiarizarnos otra vez con la Muerte los españoles; aprender a saber mirarla de cerca y de frente para que no se apodere otra vez -como el 36- de la Nacion entera. Pedro Bernardo ¿aldabonazo a la Memoria colectiva, resurgir de un culto autentico a los muertos, de una cultura de la Muerte con mayusculas, de una forma de familiarizarse con ella genuinamente española? Que el ejemplo cunda.
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Juan Fernandez Krohn
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