
Cayo en mis manos -ayer por la noche- la noticia del periodico que el Lute habia decidido acogerse a la Ley de la Memoria historica, justo de regreso del teatro Valle-Inclan, en Lavapies, donde estuve presenciando, como aqui ya lo comente un poco ayer -con la sala a abarrotar que estallo en aplausos al final e hizo salir por tres veces a los actores-, la obra teatral de Alfonso Sastre (estrenada en 1966 por primera vez) (1), "La Taberna fantastica", con el telon de fondo historico, ambiental y sociologico del submundo de los quinquis del extrarradio (Este) madrileño de mediados de los sesenta. En politica no hay causalidades, ni en la actualidad candente de cada dia yo diria tampoco...Y que la principal figura de ese grupo social tan hermetico de perfiles y contornos un tanto proteicos y polimorfos, que responde a los nombres de "quinquis", "mercheros" "quinquilleros" (o "quincalleros") -el Eleuterio, que todos los quinquis que yo cruce en la carcel portuguesa reconocian como el jefe indiscutible...- de un paso al frente de esa forma, precisamente ahora cuando los suyos estan tan en el candelero, es todo menos casual se me antoja, y todo menos gtrivial tambien, desde luego.
Y yo iria todavia un poco mas lejos...Y me explico: que una obra sobre el fenomeno (o el submundo) de los quinquis estrenada por vez primera hace ya (mas de) cuarenta años, reestrenada una sóla vez veinte años más tarde, (2) en donde los quinquis o mercheros, al contrario de lo que analice (y denuncie tambien) -en este blog y no sólo-, en el tratamiento de dicho fenomeno tal y como se ve plasmado en la obra descomunal e inabarcable de Francisco Umbral, se ven como digo tan graficamente retratados, tan genialmente al descubierto, sin concesiones a la vez, y con el telon de fondo tan tragico y calamitoso de la misera social -y humana- a la luz del dia, en la que generacion tras generacion se ven fatalmente envueltos, y con todo ello a la vez tambien todas sus verguenzas y bajezas tan flagrantes, tan escandalosas y tan hirientes, afrentosas e infamentes por veces, sin justificaciones ni canonizaciones (en vida) de las que "el quinqui vestido en Pierre Cardin" (Umbral) tanto gustaba y en las que tanto reincidia; que esa obra como digo se vea repuesta de pronto en escena, precisamente ahora, no me parece a mi causalidad ninguna, y lo siento (en lo que me concierne)
Alfonso Sastre es un nombre que cae ahora en mi campo visual otra vez tras tantisimos años de no volver a saber nada más de él, de cuando aquellos tragicos acontecimientos en los que él, los suyos que me diga se verian fatalmente envueltos, y de quien guarde la imagen patetica de alguien, autor teatral, de indiscutible valia, presa -en cierto miodo indefensa- de ese fenomeno (tragico) de mutacion cultural que padecieron los españoles a mediados de los sesenta, en particular los estratos mas cultivados de la sociedad española, y muy especial sus artistas e intelectuales. Y que la pieza de Sastre que aqui comentamos apareciese precisamente en 1966, año clave de aquella mutacion de la sociedad española como ya aqui lo habre señalado, aparece doblemente cargada de significado...
Alfonso Sastre acerto a captar entonces con toda su fuerza de rememoracion una realidad social tan triste -la de los quinquis (con los que en modo alguno se identifica...)- en el preciso momento en que empezaban si no a desaparecer por completo sí a verse embarcados en un proceso de cambios y metamorfosis profunda a golpes de excavadora como quien dice por la fuerza de los cambios urbanisticos irreversibles que por aquel entonces sufriria el extrarradio madrileño. Algo analogo a aquello de lo que yo mismo seria igualmente testigo y de lo que hoy rindo testimonio a mi manera, -todas las proporciones debidamente salvas- igual que Alfonso Sastre: de un mundo, de una realidad en sus multiples aspectos -politicos, economicos, sociologicos, intelectuales y espirituales sobre todo- de la España de entonces, a la que se abrieron (absortos) mis ojos de adolescente precisamente en el momento que se nos venia encima a todos los españoles....
El Lute, quinqui robagallinas, atracador de joyerias -para matar el hambre, decia- robin /de/los/bosques del tardo/franquismo, protegido de la clase politica de la Transicion -y en particular del viejo/profesor (socialista) cuando yo estaba en la carcel en Portugal precisamente...- emplaza ahora con la Ley en la mano de la Memoria historica, a la sociedad española en su conjunto, en su nombre y en el de los suyos. Un recurso de amparo en favor una memoria de vencidos -de quinquis (y gitanos)- de cuando la guerra civil española: lo que viene a ser su iniciativa de ahora. Un desafio a la vez a toda la sociedad y en particular a los que nos identificamos con la Otra Memoria.
Y un desafio personal, para mí tambien, en la medida en que yo mismo me veo -¡ay dolor!- retratado en algun lugar de su espejo (Comparaciones odiosas...)
(1), (2): unas precisiones se imponen que corrigen ligeramente los datos que aqui avanzo sin inferir sustancialmente en el contenido del texto original. La obra de Alfonso Sastre aqui evocada fue escrita efectivamente en 1966, pero estrenada solamente diez años mas tarde y no seria nunca mas reestrenada, hasta hoy.
Domingo, 19 de febrero
Juan Fernandez Krohn
Carlos Juan Gómez Martín
Peio Sánchez Rodríguez
Antonio García Fuentes
José Pómez
Juan Fernandez Krohn
Padre Fortea
Atticus-444
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Ángel Sáez García
Baldomero Gómez
Chris Gonzalez -Mora