Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Maestranza de Cuatro Vientos, en tierra de conquista: santo/lugar de mi Memoria (Navidades en Arguelles) (2)

26.12.08 | 20:44. Archivado en Autor, Navidades en Arguelles
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Estos relatos navideños desde mi madrileño barrio de Arguelles se empiezan a decantar, mucho me temo, del lado del viaje iniciaáico o laborioso, simplemente, por los tuneles -y los puentes- de la memoria semi/escondida. Cogi el metro, ese metro de Madrid (sin parangon hoy por hoy...) que ya mal conozco, despues de habérmelo pateado cuando era niño y cuando fui joven -o muy joven- y que en los ultimos veinte o veinticinco años se ha abierto en flor en todas las direcciones, abrazando un extrarradio del que nos separaban -si hay que hacer caso (una vez mas) al reproche agrio de Frqncisco Umbral, tantas veces suelto en sus novelas y relatos costumbristas- fosas de olvido y montañas de flaqueza, por expresarlo a su manera: extrañado del resto de Madrid -de los "otros madriles" (de derechas)- ese Madrid de las afueras por falta de "fuerza" y de "memoria" en "los otros madrileños" Cogi el metro antes de ayer como digo, y despues de trasbordos y vacilaciones acabé por dar con mis huesos en Cuatro Vientos, hoy estacion de Metro, y entonces perdido en las afueras. Cuatro Vientos, cuna de la areonautica (española) como se indica a la entrada de la base siempre en sus sitio, fue teatro de mis andanzas de crio, de aquellos domingos lejanisimos y a la vez tan cercanos, que me pasaba solo casi siempre, correteando por aquellas lejanias y soledades inmensas, entre hangares enormes -mucho mas que ahora por supuesto...- anchas avenidas vacias y a lo lejos una inmensidad de cielos despejados por el dia, y de luces rojas misteriosas (y evocadoras) de noche hasta los ultimos confines de las pistas del aerodromo.

Volvi ahora, tantisimos años despues, sin mucha esperanza de reconocer lo que fuera y acabe reconociendolo (casi) todo, y rencontrandome un poco (más) tambien conmigo mismo. Con el reedescubrimiento sobre todo de la entrada tapiada del antiguo callejon de entrada a la Maestranza donde mi difunto padre estaba destinado, hoy convertido en campo de soledad en cambio y mustio collado como la Itálica romana del poeta (italianista) En Cuatro Vientos me empecé sin duda a acostumbrar -y a aficionar- a la soledad, que tan fielmente me acompañaria a lo largo de mi vida. No pienso haber sentido nunca nacer en mí tendencias autistas las que fuesen, pero sí es cierto que alli -en la vieja Maestranza de Cuatro Vientos- me acostumbré a pasear entre criaturas inertes, todos aquellos aviones --o avionetas- o aeroplanos en reposo, al completo o medio desmontados -el fuselage al desnudo- en aquellos hangares enormes y vacios sin un alma que las cruzase aquellas tardes de domingo. Y los sentía ahora mas familiares que nunca divisándolos de lejos desde fuera mientras le daba la vuelta, pegado al recinto por fuera, a la cerca que rodea las instalaciones tan vacias como siempre, y en el fondo siempre las mismas a pesar de los ventanales de cristales rotos y la sensacion de ruinas a punto de desmantelamiento. "Benditas las ruinas escribió Agustín de Foxá, porque en ellas están la fe y el odio y la pasión y el entusiasmo y la lucha y el alma de los hombres". Y ese Aeródromo de Cuatro Vientos encierra demasiada historia entre sus hangares y entre su pistas, como un seguro de vida contra el desguace y la demolicion completa.

Lo mismo que su antiguo pueblo, de muros vaciís y aun enhiestos, como en Belchite...De Cuatro Vientos -detalle histórico que se me ocultó en casa piadosamente siempre, ahora sólo caigo en la cuenta- salieron las escuadrillas de aviones en poder de los rojos que sellarían en Madrid el fracaso del Alzamiento; las que bombardearon en la noche -decisiva- del 18 al 19 de julio del 36 la base de Getafe y los acuartelamientos, sublevados, de Campamento, donde murió el general Garcia de la Herran, héroe del 10 de Agosto. Y fue sin duda la fuerza y la vitalidad -allí tan desparramadas- de una infancia cargada de promesas y a la vez el peso de la historia lo que me hace sin duda volver siempre, no sé cuantas veces al año en el recuerdo a ese callejón de la Maestranza de Cuatrovientos, hoy bien vallado y tapiado como si se encerrasen en él tantos secretos de mis años más jóvenes. Cuatro Vientos, santo/lugar -para mi- de la Memoria, la mía, y de los mios. Y de la guerra civil española. En tierra de (re)conquista.


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