
Uno de los aspectos mas silenciados de la epoca que se da en llamar el tardo/franquismo -grosso modo el tiempo que va de mitad de los sesenta a mitad de la decada siguiente- lo fue sin duda la indefension tan patetica y dramatica en la que de pronto se encontrarian los defensores del regimen, los mas celosos, probos y desinteresados de todos ellos sobre todo, y en especial uno de sus estamentos particularmente denigrado (y calumniado) desde entonces, y me refiero a sus censores -de nomina o de plantilla- que conjugaban sus servicios con otros cometidos muy a menudo, como el de escritores, periodistas o criticos literarios, e incluso poetas, y llegados a este punto la evocacion se impone del caso (tragico) del critico literario en aquellos años del diario "ABC" y de la Estafeta Literaria, historiador de la literature, novelista y poeta, Antonio Iglesias Laguna. He estado durante mi reciente viaje a Madrid indagando un poco en los catalogos de la Biblioteca Nacional y en otras fuentes, sobre la vida y la obra de Antonio Iglesias Laguna, y cabe decir que el balance no es que sea magro precisamente: de autor de numerosas reseñas periodisticas, de novelas de clara impronta narrativa a su vez, de acusados trazos autobiograficos, y de tres obras -esenciales sin duda entonces- de historia de Literatura española, de las cuales me dio tiempo de ojear la mas divulgada de las tres (1), y en particular las paginas clarividentes que en ella dedica su autor a la historiografia en curso entonces sobre la guerra civil española; y en especial sus criticas valientes, acertadas y de lo mas pertinentes- de ciertos santones de la historiografia extranjera -fundamentalmente anglosajona- de nuestra guerra civil, como por ejemplo Hugh Thomas y otros, hoy ya poco menos que idolos intocables en la matiera.
Las paginas de Antonio Iglesias Laguna que aqui evoco sobre el tema de la guerra civil son -leidas hoy- las mas incorrectas politicamente hablando sin duda de todo
el libro...pero no son menos reveladoras a la vez de la fractura que no haria mas que ahondarse a partir de entonces en el discurrir de los estudios y publicaciones de caracter historicas sobre nuestra guerra del 36, caracterizada por la consolidacion del dominio -hegemonico hasta hoy- de una historiografia esencialmente extranjera sobre una guerra civil entre españoles como la del 36 despues de todo; lo que no dja de tener algo de inedito y de chocante -como lo empiezan a reconocer los estudiosos- y no deja de guardar cierta relacion o paralelismo -en lo que respecta al panorama de las letras en la peninsula- con ese otro fenomeno de un "canon divido" tanto en Literatura como en Historia, y en particular en la historia y en la historiografia de la guerra civil
entre autores españoles. Como lo ilustra la funesta polemica -a todo arder- desatada por la ley de la Memoria historica.
En su "Trilogia de Madrid" -que me he releido de pe a pa hace poco durante mi ultima visita a Espana, cediendo a un fenomeno de sintonia ambiental sin duda- Francisco Umbral acierta a plasmar en un par de paginas indispensables un aguafuerte del malogrado critico literario madrileño, injusto, cicatero e ingrato por cierto -¿que otra cosa cabria esperar de el?- pero que deja sobradamente traslucir de paso la autenticidad del personaje, de critico brillante y de censor probo, meticuloso -y "nota bene" modestamente retribuido, como Umbral lo reconoce- que se tomaba en serio su tarea; y sobre todo los ribetes tan dolorosamente tragicos, tan sobrecogedoramente atroces del suicidio que perpretaria...y esceneficaria (in aeternum)
En su libro de reedicion y actualizacion reciente "Los años mentidos" acusa Ricardo de la Cierva a Francisco Umbral de haber "hociqueado" en la muerte del critico literario de ABC, al que evoca como una persona "atormentada" Lo cierto es que Antonio Iglesias
Laguna que ejercia a la vez de censor -de nomina, o de plantilla cabe suponer- del ministerio de Informacion y Turismo, tal y como lo certifica la documentacion que aporta en su biografia sobre Umbral la escritora Ana Caballe, se acabo arrojando en 1973 desde un octavo piso, del apartamento -de viviendas socialmente protegidas- de la madrileña calle de Embajadores, al que no hacia mucho se habia mudado para vivir con su nueva compañera sentimental, tras haberse separado de su mujer (y de sus hijos)
¿Fracaso sentimental que su protagonista quiso teatralizar al maximo como lo da a entender Umbral contando que llamo por telefono a amigos y conocidos
uno por uno, tras haber esperado en vano a aquella toda la noche, y justo antes de ir a estrellarse contra el suelo ocho pisos mas abajo, y de que sus restos se desparramasen -y se desparruchasen- por la acera? ¿Fatalidad derivada de su propia personalidad "atormentada" y acometido desde niño de pulsiones suicidas como parece insinuarlo en los primeros parrafos de su novela "Ser hombre", de perfiles autobiograficos y de un titulo que parecia llegar a alcanzar en el momento de su aparicion el rango de los (malos) augurios? De todo un poco tal vez, pero sobre todo victima -Antonio Iglesias Laguna- de la unica transicion/posible que algunos iban ya perfilando en sus cerebros, en la fase final de un proceso -en un sujeto paciente no otro que la persona del jefe de Estado entonces-, de "degradacion biologica" (Alberto Ullastres), y del tragico corolariode desgobierno y descontrol que llevaria consigo; en un contexto sobre todo de mutacion cultural encismante desgarradora y de subversion organizada y orquestada como se vivia entonces, entre embestidas salvajes de guerra psicologica y de proganda (desde fuera)
Antonio Iglesias Laguna (+ 1973), censor y critico literario insigne: ¡¡¡IN MEMORIAM!!!
(1): “Treinta años de novela española (1938-1968), de
Antonio Iglesias Laguna, Prensa Española, 1969
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català