
Señor presidente, el ministro de Asuntos Exteriores del gobierno que usted dirige, José Manuel García Margallo, ordenó ayer la expulsión (sic) del embajador de Siria en Madrid, un país con el que España mantuvo excelentes relaciones de antiguo bajo el mismo régimen que se ve ahora objeto de execración y de condena de parte de vuestro gobierno
Señor presidente, un sector nada desdeñable de la opinión pública española no comprende esa medida hostil, consecuencia del alineamiento de nuestra diplomacia a favor de uno de los bandos beligerantes en la guerra civil que conoce aquel país del Mediterráneo. Ni comprende tampoco el alineamiento servil de antiguo de la diplomacia española -que con este asunto viene a ponerse en evidencia una vez más- en favor de dos grandes potencias occidentales, los Estados Unidos y la Gran Bretaña con la última de los cuales mantenemos un contencioso histórico desde hace trescientos años que se ve recrudecido en las aguas del Peñón los días que corren. En claro constraste además con la que fue la actitud del gobierno y de la diplomacia españoles hace treinta años durante el conflicto de las Malvinas. La expulsión del embajador sirio no obstante, se habrá visto precedida horas antes de una medida análoga contra el embajador sirio en Londres. Y también, de la declaración de "persona non grata" del embajador sirio en Bruselas, lo que no le habrá obligado no obstante a abandonar el país en la medida que sigue siendo embajador cerca de la UE, en el seno de la cual no se alcanzó unanimidad hasta ahora en relación con la crisis siria, debido en parte a la actitud divergente en el tema de un país como Polonia que mantuvo convergencias señaladísimas con España sobre política exterior en un pasado aún reciente
Señor presidente, los hechos expuestos y denunciados mas arriba contradicen flagrantemente los designios de una política exterior soberana e independiente que España hizo suya en la posguerra y a los que nunca después renunciaría en lo que fuera y que se verían ilustrados y explicados en la célebre obra "Reivindicaciones de España", escrita conjuntamente por José María de Areilza embajador de España, y el que fue ministro de Asuntos Exteriores, Fernando María Castiella, y en la lista de reivindicaciones que en esa obra se incluían figuraba por supuesto la actual colonia británica del Peñón de Gibraltar que se ve ahora teatro de una escalada de provocación y de alta tensión por parte de las autorides britanicas y gibraltareñas que a todas luces parecen considerar el Peñón de Gibraltar un territorio ocupado y sometido a su soberanía definitiva y en modo alguno inalienable

Aprovecho el largo fin de semana de pentecostés -de lunes festivo aquí en Bélgica- y del calor sofocante de estío prematuro, tan arquetípico del clima belga, marítimo, inestable y movedizo a la vez, para zambullirme (un poco) en la lectura de un clásico de la literatura española de la posguerra en versión catalana, aunque el ejemplar al que me habré dedicado a hincar el diente ahora sea el de una traducción suya al castellano, y me refiero al "Cuaderno Gris" de José (o Josep) Pla traducido por el que fue su amigo Dionisio Ridruejo que lo vertió al castellano en colaboración con su propia esposa, Gloria de Ros, catalana. Pla es una gran figura de las letras en catalán y en castellano de la posguerra y a la vez un caso atípico de escritor de renombre del periodo anterior a la guerra civil -comparable en ese y otros planos a Eugenio D'Ors ("Xenius"), y más aún a Josep María de Sagarra, junto con el que a menudo se le cita- comprometido con el régimen de Franco ya desde los tiempos de la guerra civil tras su paso a la zona nacional durante la contienda, como lo ilustra el que desempeñase el cargo de subdirector de la Vanguardia -siendo su director Manuel Aznar- entre febrero y abril del 39, tras la entrada de las tropas nacionales en la Ciudad Condal, como también su colaboración interrumpida durante décadas en "Destino", la revista falangista que se editaría en Barcelona desde los inicios de la posguerra hasta bien entrada la democracia. Francisco Umbral que lo trató mucho por su común colaboración en las paginas de "Destino" cita en las "Palabras de la tribu" una anécdota sabrosa de Pla en uno de sus múltiples escritos, de una visita que hizo a un amigo o conocido suyo sepulturero, en el cementerio donde trabajaba. "¿Y que tal van por aquí las cosas?" le preguntó el escritor, a lo que el otro respondió cedo, "esto, señor Pla, está cada día mas muerto" Y la anécdota -botón de muestra inmarcesible de humor negro-, bien representativa del estilo cáustico y de aires un tanto fúnebre del escritor catalán y de un sabor umbraliano mas fuerte todavía, me sirve de preámbulo, que ni pintado, de esta entrada que inicio un poco a regañadientes tras haberme desayunado un buen plato (pesado y ahogadizo) de actualidad periodística -en Internet y en versión impresa-, de lo mas negra y deprimente, marcada por la crisis financiera, por la escala de tensión siempre in crescendo en el plano internacional y la atmósfera de caos cada vez mas agobiante y abrumadora en el horizonte, surcado de negros nubarrones amenazando a cada instante con descargar desde ya hace un rato. Porque como dirían los personajes de Pla, esto esta cada día mas negro. Y amenazando tinieblas.

La primera guerra del Golfo a principios de 1990 me pillo residiendo en Ostende, en la costa belga del mar del Norte, que contaba y sigue contando con un aeropuerto misterioso de uso comercial para mercancías mayormente, que visité en alguna ocasion paseándome a mis anchas por sus pasillos y escaleras y taquillas sobrecogedoramente vacíos, y que se vería por aquellas fechas teatro nocturno principalisimo del movimiento aero/transportado de tropas de los Estados Unidos en dirección del frente de guerra en el Golfo. Noches aquellas, unas si y otras también, de sueño alterado e interrumpido sin parar -que así fue como las viví- por el ruido atronador, ahogando por completo el craac nocturno de las gaviotas, de los despegues y aterrizajes sin interrupción de aparatos de aviación militar de gran calado -de bombarderos con seguridad y de aviones de carga y de transporte aéreo de tropas (de gran cuantía)- a tenor del estruendo apocalipitico (casi) que producían. Y como era lógico (un decir) de suponer, en la prensa belga no se filtraba ni una linea siquiera sobre el tema en aquellos días. Ostende y Gibraltar, Siria (y Libia) y el Golfo, comparaciones odiosas.

Motril "aigas (aguas) mortas"
a orillas de un mar muerto
o estancado ¡oh viejo mar!
Qué pesadez, qué cargazon
qué escenario de tragedia,
de muerte invisible, al acecho
junto a las arenas angostas
en lo alto de la pleamar
Espesura del instante
Flash de luz ¡oh revelación!
De los males sagrados de un mar
¡de nuestra civilizacion!
¡Qué desasosiego sutil
qué tormento mirando al mar!
Y qué ganas de huir ¿por qué?
¡Mascota oficial un simio
de importacion ¡qué impostura!
¡Afrenta historica y racial!
Simbolo -en befa y escarnio-
de un misterio de Alta Tracion
¡La llaga abierta en Gibraltar!
¿Pá cuando la caza al mono?
¿Hasta cuando habrá que esperar?
Al mono y a otros primates
criados entre las rocas
y a punto de caerse al mar
"Llanito", ¡oh rara especie!
De bastardia y mestizaje
espurio historico y racial,
excremento, flor de estiércol
de un pasado aún sin pasar
Y cuando ya pase por fin
volvera a pasar la vida
y el mar y el Tiempo
por las aguas del Estrecho,
y soplará el viento fresco
y una brisa de atardecer
por unas costas preciosas,
hoy presas de un hado letal
de extravio y de soledad
sofoco y melancolia
como lo sentí a flor de piel
en aquella noche en Motril
¡Qué espectáculo de ensueño
las Algeciras de noche!
Atalaya de Occidente,
emporio mirando al futuro
refugio y remanso de paz
-recuperado ya el Peñon-
...para después de una guerra
Y una nacion volvera a ser
y a reir -¡já, já!- y a vivir
libres ya de mil complejos
de dudas y de inhibiciones.
Y se verá cumplido ¡por fin!
el sueño oculto (y sagrado),
la aspiracion soterrada,
siglo tras siglo hasta hoy
de tantísimos españoles
-¡de mi pobre padre el pobre!-
y respiraremos ya anchos
bien erguidos y derechos,
libres de un peso ancestral
y los andaluces -¡por fin!-
se encontrarán a si mismos
y entre ellos mismos a un tiempo
y con los demas esspañoles
Esa Andalucía eterna
y española y europea
de mi recuerdo infantil
a la que fui fiel hasta hoy
Y nos reencontraremos tu y yo,
entre los dos oceanos,
entre el cielo y la tierra,
entre pasado y futuro
-¡Oh Mare Nostrum dios Pan!-
y en lo alto de un malecón
los dos a solas junto al mar

Fabián Picardo, o la alta traición del oriundo. La Crisis, con mayúsculas, habrá vivido su proceso de incubación mayormente del otro lado del Atlántico sin que muchos que siempre estuvimos ojo avizor pendientes de la actualidad mas candente nos apercibiésemos en lo mas mínimo. La Gran Depresión del 29 tuvo efectos fulminantes mayormente en los países industrializados y tal vez por eso en España -que iba con (gran) retraso en ese plano- no se viviera con el mismo patetismo de otros países y que se viera absorbida por los problemas y las zozobras y tragedias que tuvimos que afrontar los españoles -nuestros antepasados me refiero- la década aquella de los años treinta. Y si en Alemania se puede decir que la Gran Depresión seria el antecedente directo e inmediato de la ascensión del nacionalsocialismo, en España en cambio se vería difuminada o diluida en la gran tragedia de la guerra civil que tuvo su génesis en una serie o concatenación de causas y efectos propios e intransferibles, indisociables de nuestro pasado mas o menos remoto o reciente. El lado trágico o cataclísmico y calamitoso a la vez de esta (nueva) crisis habrá acabado apareciéndosenos a algunos de golpe solo transcurrido ya un rato de su erupción -del otro lado del Atlántico- y lo habrá sido con una de sus secuelas mas llamativas y explosivas hasta el momento, y me estoy refiriendo al fenómeno de las primaveras árabes y a ese epifenómeno suyo y en paralelo, de este lado del estrecho, que seria la eclosión del movimiento del 15-M y de las acampadas y de los indignados. "Teoría del caos", es la formula o común denominador de una serie de doctrinas económicas de los que no oí hablar en mis estudios de ciencias económicas hace ya la friolera de cuarenta años por la sencilla razón que solo se pondrían en voga unas dos décadas mas tarde a finales de los ochenta y principios de los noventa.

En la obra célebre de Ernesto Giménez Caballero (GC) "Genio de España" que leí ya hace muchos años aquí en Bélgica -como si me hubiera sido preciso el expatriarme antes de liberarme de una serie de prejuicios que me hubieran hecho (prácticamente) imposible el leerla previamente- se resumía y condensaba con genio innegable de la parte del autor -no exento de un algo de caótico y desordenado en la presentación que dificultó sin duda en mí la memorización de un cuadro panorámico y preciso de todo el proceso y dejaria hasta hoy un ligero nubarrón en mi mente sobre el tema- lo que se puede llamar un diagnóstico histórico del tipo "agónico" del todo el período de nuestra decadencia, o si se prefiere del desmembramiento de nuestro imperio. Lo que sí se dejaba sentado no obstante de una forma categórica casi apodíctica en el fresco histórico que dejaba de pasada plasmado el célebre escritor -que Umbral haría tan a menudo (injustamente) blanco de sus puyas y de su ironía proverbial tan corrosiva- lo era que todo aquel largo período iniciado con la paz de Westfalia al final de la guerra de los Treinta Años tras nuestra derrota pocos años antes a manos de los franceses en la batalla de Rocroy- se vería presidido por soberanos de la dinastía borbónica por más que se viera iniciado en la fase final de los Austria. Grandes culpables los Borbones pues de la decadencia española: ese era el corolario o la moraleja obligada de la obra del célebre (y controvertido) autor que tanta influencia soterrada al menos si no manifiesta y oficialmente reconocida supo ejercer en la España de la posguerra

El escritor fascista francés, Drieu La Rochelle, dejó escrito en su diario pocos días antes de abrir por la segunda y (última) vez la espita del gas en el 45, que el "problema social de Italianos, Portugueses y Españoles" -así nombrados por orden- era un problema racial (sic) El problema de una civilización católico-mediterránea (sic) en trance de agonía -explicaba él- por una escasez angustiosa de materias primas y por el cierre del Mare Nostrum convertido en un mar interior en la era contemporánea. Cuando y por qué, el escritor francés no lo especificaba en su diario, pero en su diagnostico certero no lo dejaba menos claramente a entender: a manos (lógico) de los ingleses tras la toma (definitiva) de Gibraltar de resultas de la derrota hispano/francesa en la batalla de Trafalgar (1805) perpetuando hasta hoy lo acordado a titulo temporal en el tratado de Utrecht (1711) Drieu-la-Rochelle podía haber incluido también sin pena en el lote de países mediterráneos que citaba en su diario a Francia, su propio país, no lo hizo por razones obvias de coyuntura pero su muerte trágica apenas unas semanas después de haber escrito ese texto lúcido y pesimista a la vez, prueba e ilustra que al aproximarse su trágico fin era de una forma u otra consciente de estar compartiendo la suerte de una civilización condenada a muerte como él...y que se resistía a morir, como en cierto modo le ocurría a él también.

El deporte no es solo deporte como el fútbol no es solamente fútbol tampoco, y ahí esta nuestra historia en ascuas para cerrar la boca a quienes pretenden desmentirlo. En junio de 1925 durante la Dictadura del general Primo de Rivera -como no habrán dejado ahora de recordarlo algunos- el entonces gobernador civil de Barcelona, Joaquín Milán del Bosch, abuelo paterno del general alzado el 23-F, que había sido en los años difíciles de después de la primera guerra mundial capitán general de Cataluña -y acabaría sus días fusilado por los rojos en las tapias del cementerio de la Este al estallar la guerra civil- ordeno tras consulta al jefe del Directorio militar en el poder entonces, el cierre del campo del Barcelona en aquel entonces (La Escupidera) y la expulsión del territorio nacional de su presidente y fundador Joan Gamper, de nacionalidad suiza, tras los incidentes sucedidos en un partido amistoso del Barça contra una selección de la Royal Navy inglesa, cuando el publico asistente ovacionó estruendosamente el God Save the Queen y abucheo más estruendosamente aun nuestro himno nacional. Abucheaban al himno nacional como se reirían mas tarde a carcajadas de los andaluces y del conjunto de los españoles con el pretexto del estreno de la pieza de Doña Rosita en el teatro Principal Palace de Barcelona en diciembre del 35 pocos meses antes del estallido de la guerra civil. La provocación por lo que se ve es algo congénito a la historia del catalanismo, como la fanfarronería en seguidores -¿muchos, pocos?- del Atlético de Bilbao parece inseparable de la memoria histórica que arrastramos una gran mayoría de españoles del separatismo vasco. E ilustra lo que digo el memorable incidente protagonizado por José Antonio Primo de Rivera en las Cortes de la República cuando un diputado nacionalista vasco le replico que ni Maeztu ni Unamuno, vascos los dos, eran capaces de galvanizar al público asistente de San Mamés como si lo conseguían en cambio José Antonio de Aguirre y los suyos.

Entre las respuestas y comentarios a las entradas de mi blog se mezclan a veces -no muchos pero tampoco se puede decir que se trata de casos aislados- reproches (acervos) de protagonismo. Y sin entonar mea culpa en absoluto -¿quién habló de eso?- desisto de mi idea primera, cuando me dispuse a escribir esta entrada -en atención precisamente a ese tipo de criticas- de titularla haciendo alusión directa o indirecta aunque solo sea a la última, la primera que me diga de sus novelas, que acaba de publicar Pío Moa. A cada cual pues sus éxitos o sus logros editoriales, literarios o históricos o lo que sea. Hecho el inciso, tampoco puedo negar que sin haberla leído aún -por imposibilidad material apenas- y tras haberme documentado un poco por su cuenta, en los comentarios de la critica y en los que le merecen al propio autor, me habrá dado aquella filón de inspiración de sobra sobre el patriotismo español y los complejos que le inhiben y atenazan y deforman y llegado el caso -en un pathos de autoflagelación ay dolor! que tanto nos caracteriza- caricaturizan (y ridiculizan) "Sonaron gritos y golpes a la puerta" impacta ya de entrada por su mismo titulo. Lo mismo que le ocurrió a "La noche que llegué al café Gijón" de Francisco Umbral. Por las pequeñas licencias gramaticales me refiero que se permiten(legítimamente) uno y otro en cada una de las referidas novelas. Los gritos "se oyeron" siempre, no "suenan" A oídos de castellano parlante de nacimiento, al menos ¿A Pío Moa acaso le "suenan" (a golpes por cierto) los gritos de su novela (de aventuras)? Bienvenido sea, si con ello acierta a expresar cabalmente -en sus propios acentos galaicos o galaico/leoneses- toda la carga guerracivilista y dramática que arrastra la obra. No me he leído todavía la novela de Pío Moa, ya digo, pero la crítica propia del autor y la teoría literaria que en ella esbozar parece, me incitan por lo convincente a hincarle el diente en cuanto que pueda. Realismo cutre. Hacía sin duda falta la pluma acerada y la fina ironía gallega del b brillante historiador revisionista para ponerle un nombre (o calificativo) a algo que muchos españoles de sensibilidad literaria sobre todo, y más aún si como es mi caso residen fuera, llevamos sufriendo y soportando en silencio durante décadas, echando incluso a veces espuma por la boca.

A la vejez viruelas. O mejor, aquello de los franceses, rechaza lo que es natural y lo verás volver corriendo al galope. Desprecié olímpicamente la economía durante cuarenta años(confiteor), cargado sin duda de razones -el título de economista me refiero, que acabé llevándome con todo en el bolsillo casi a golpes (en pugna con los indignados de entonces me refiero) y tras él todos los estudios y conocimientos que me exigió el obtenerlo en la faculta de Económicas de la Complutense- y ahora de pronto siento como si la economía, al socaire de la crisis financiera, invadiese no solo la actualidad más rabiosa sino también mi propio cerebro poniendo a prueba mis neuronas y a riesgo de fundirlas una detrás de otra como estuvo en un tris de sucederme entonces. Obligándome de cualquier modo a actualizar mis análisis y enfoques y a refrescar conocimientos. Economía de guerra, la clave de la situación de crisis sin precedentes que atravesamos. Lo dije y lo mantengo. Y la ilustración palpable nos la ofrece la reunión del G-8 en Chicago (¡lagarto, lagarto!) de este fin de semana, donde España habrá ido tal vez mas que nunca de convidado de piedra, y es en la medida que habremos sido a no dudar los grandes ausentes allí y que no habrán dejado de hablar -¿acaso nada más que de eso?- de nosotros y de nuestros problemas. Al nuevo y flamante presidente (socialista) francés, François Hollande, le habrá faltado tiempo para desmentirlo (más o menos) pero está claro que en la reunión de los (8) Grandes (G-8) de la tierrapresidida por el gran jefe Barak Obama -todos relajados, sonrientes y en mangas de camisa-, el jefe del gobierno francés propuso de solución de urgencia la recapitalización de los bancos españoles como si fueran el mal absoluto, enemigo numero uno, responsables supremos de la crisis o fuente primordial de todos los problemas. ¿El sistema financiero español, el mejor del mundo?

¿Universo mundo (traidor)
o galaxia de microcosmos
extraños unos a otros?
Sin duda de todo un poco
¡Qué microcosmos el belga!
De dialectos del neerlandes
en Flandes (como en Holanda);
en la zona Sur (valona)
en cambio, en sus Ardenas
profundas, duras y frias,
la linde lo es el paisaje,
rural...feudal: un pasado
a su monticulos colgado,
pegado al suelo (indeleble)
asentado y replegado
en lo hondo de sus valles
mirandose bien en sus rios
-de lo alto de sus puentes-
que fluyen por todas partes
¡Alto Medievo europeo!
De mazmorras y castillos
y de puentes levadizos;
de señores "de horca y cuchillo"...
de honor y de hombria también,
mas valientes que ninguno
sin traicionar su palabra
leales consigo mismo,
y a su ideal redentor
porque el feudalismo murio
hizo implosion, se hundio
con la primera Cruzada!

Y recorriendo las calles
y oteando alrededores
-sus alturas y rincones-
de la Roche-en-Ardenne, floron
de aquel Luxemburgo antiguo
del "régimen español",
el pasado mas reciente
-como mi sombra al marchar-
se pegaba a mis zapatos
¡Qué joya excelsa...y qué hoya
infernal bajo las bombas
(¡tchiss!) en el Cuarenta y Cinco!
¡Villa martir la Roche!
-la pequeña Dresde belga-
de la Otra Memoria
de la batalla aquella,
resucitando ahora en mi
en las escenas de un film
de propaganda de guerra
y en unos nombres heroicos
-Skorzeny, Von Manteuffel,
Model y otros muchos (¡sinfin!)-
de una memoria castrense
que siempre llevé conmigo
sin miedo y sin tacha ¡fiel!
(lo germanofilo en mi)

Que me templo y me galvanizo
en mis horas mas negras, si,
en mis trances mas criticos,
mas tremendos y dificiles
cuando todos me miraban
haciéndome corro en redor
presas de estupor (o ¿de espanto?)
y de ellos todos la excepcion
-sin verme yo mismo- era yo
Y entre el haz de las miradas,
o el mar de oidos al quite
o haciendose lenguas de mi
te escurrìste en la sombra tu
alli por donde pasé yo

No lo puedo remediar, me duele Asturias. Algo más fuerte que yo, tengo que acabar reconociéndolo. Tal vez por culpa de ese apellido mío, Fernández, que según lo que nos contaba de niños mi difunto padre nos venia de allí precisamente, en la noche de los tiempos; de una de esas cuencas fluviales asturianas tal vez que lleva el apodo (en los medios) de "cuenca de los Fernandez" -la del Caudal o del Nalón, no recuerdo cuál exactamente de las dos-, por la presencia tan abultada de ese patrimonio mio entre la población de alli en unos porcentajes del orden del sesenta o del setenta por ciento (creo) Y me duele por supuesto -¡y como!- el desenlace que acaba de conocer la crisis política en el Principado de la que habré venido ocupándome en mis entradas desde hace un buen rato. Guerracivilismo al poder. El futuro nuevo presidente de la región -grosso modo de mi generación, y a quien no tengo el gusto de conocer personalmente- pasa por ser un íntimo amigo del anterior presidente del gobierno (horresco referens!) José Luis Zapatero. Con quien comparte, faltaría, victimismo a espuertas por lo que leo ahora por cuenta suya en los medios, por culpa de la guerra civil y por parte de sus padres, o de su abuelo tal vez, como aquél (que a fe mia lo desconozco) Su victoria de ahora de rebote se la debe a mil amaños como sea, a comenzar por las irregularidades del proceso electoral -y en concreto del voto emigrante- que quedan ya indeleblemente clavadas en la conciencia colectiva de los habitantes del Principado y por extensión entre el resto de los españoles, (escandalosamente) validadas y refrendadas por una decisión del Tribunal Constitucional -institución no pocas veces puesta en entredicho desde su fundacion en tiempos de Felipe Gonzalez-, basada (sustancialmente) en el cálculo de probabilidades, como comentan maliciosamente algunos en la Red ahora, y de la que aun no conocemos a día de hoy la version oficial que según nos anuncian va acompañada además de un voto particular en desacuerdo con la sentencia
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Juan Granados
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Patricio Peñalver
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català