Lo más notable de la última semana completa de febrero ha sido la resistencia de las Bolsas a bajar. Pese a que algunos índices, como el Dow, el S&P o el Dax, están en niveles realmente altos tras las subidas de enero y febrero, los recortes, cuando se producen, son suaves y duran poco. Una pauta que se repite las tres últimas semanas.
Así, ni la subida del petróleo provocada por las tensiones en Irán, ni las previsiones publicadas el jueves por la Comisión Europea de caída del PIB de varios países y del conjunto de la zona euro en el 2012, ni los malos resultados publicados por algunas compañías importantes han impedido que los índices americanos hayan terminado la semana con ligeras subidas, lo mismo que los europeos (Dow y S&P +0,3%, Eurostoxx +0,1%, Dax +0,2%), salvo nuestro Ibex, que cayó un 1,5% en la semana. Los asiáticos han tenido subidas más abultadas, como la del Nikkei del 2,8%.
Esta semana el impulso positivo empezó al principio, con el acuerdo sobre el segundo rescate griego, y con la bajada del coeficiente de reservas por el Banco Central de China. Pero lo que realmente sigue ayudando es la elevada liquidez suministrada por el BCE, y la expectativa de más liquidez aún cuando el próximo miércoles se cierre la segunda subasta del ya famoso LTRO, una versión europea de la quantitative easing de la FED americana, que está permitiendo a la banca europea y a los Tesoros evitar las tensiones de liquidez a las que les condenaban sus elevados vencimientos de deuda en el 2012.
Pero la liquidez sólo da tiempo, no arregla los problemas de fondo, y por ello lo importante es aprovechar la tregua para hacer los ajustes y las reformas precisas. En ese contexto el acuerdo sobre Grecia marca el camino de una reestructuración mas profunda y global de la deuda pública y privada de la zona euro, reestructuración que debe hacerse, aunque sea, como todo en la zona euro, de forma encubierta. Como ya hemos dicho en muchas ocasiones, Grecia no es ni el único ni el mayor problema de la zona euro, y la reestructuración de su deuda no es el fin sino el principio de un proceso amplio de saneamiento y capitalización, en el que la banca europea cobra especial protagonismo.
En España, tras la reforma financiera abordada por el Decreto Ley 2/2012, la reestructuración y capitalización del sector bancario se llevará a cabo a través de un proceso de fusiones que realmente es un proceso de absorciones, y el resultado de ese proceso es clave para contar o no con un sistema bancario sólido. Desde el punto de vista de la Bolsa ese proceso probablemente nos permitirá ver precios de auténtica oportunidad en el sector, algo que ya están anticipando las cotizaciones de algunos Bancos españoles estos días. Igual que en Unicredito se planteó una oportunidad clara de compra la primera semana de enero, en la banca española hay que estar atentos a posibles situaciones similares.
En definitiva, el gran mensaje de los mercados en verano de 2011 fue que ya no hay mucho más tiempo para abordar los ajustes de fondo, y 2012 debe ser no el año del LTRO, sino el año de los cambios de fondo en la zona euro.
Esta semana final de febrero se publica el Libro Beige sobre la evolución de la economía norteamericana y el ISM manufacturero también en Estados Unidos. Asimismo en la economía americana habrá otros datos de interés, como el índice Case Shiller de viviendas y los pedidos de bienes duraderos. Todos estos datos nos servirán para ver cómo va la principal economía del mundo, algo a lo que también se referirá Bernanke en su comparecencia semianual ante el Congreso el miércoles. En Europa y en China conoceremos los PMI de manufacturas, además de comenzar el proceso de aprobación del segundo rescate griego por los Parlamentos nacionales.
En el plano empresarial quedan ya pocos resultados, aunque algunos sean de interés como los de Repsol o BME en España.
En principio cabe esperar que las Bolsas continúen su movimiento lateral, sin fuerza suficiente para romper máximos anuales dado el cansancio que acumulan, pero sin querer tampoco ceder posiciones ya que sobra liquidez en el sistema. No obstante, podría haber algunos catalizadores bajistas, como una subida adicional del ya muy alto precio del crudo, o problemas en alguno de los Parlamentos nacionales con al aprobación del rescate a Grecia, o un resultado del LTRO (subasta del Banco Central Europeo) que no guste, ya sea porque las peticiones de fondos sean muy elevadas o ya sea por todo lo contrario.
Bajo la hipótesis de un mercado lateral, lo mejor sería estar al margen del mercado, e incluso vender opciones tanto put como call a ambos lados, con cierto margen sobre los niveles actuales. Pero vigilando la posición para eliminar una de las dos patas si el mercado rompe definitivamente al alza, lo que nos parecería más raro, o inicia un recorte tras los dos meses de subidas, con el detonante de algunos de los factores de riesgo mencionados.
La reacción final del viernes ha salvado, en los índices más importantes, lo que llevaba camino de ser una semana de recortes y ha permitido a las Bolsas en general, con la excepción de nuestro Ibex, mantenerse en niveles máximos del año, en algunos casos como el S&P máximos post Lehman, y seguir intentando la ruptura al alza.
De alguna manera el tirón del jueves y el viernes enmarca la realidad de una semana llena de giros bruscos y de temores súbitos por parte de los inversores. Si bien hay que decir que en Asia, en parte por las nuevas inyecciones monetarias del Banco de Japón, el tono fue bueno toda la semana.
El resultado final es que tras subidas semanales del 1,6% para el Eurostoxx, del 2,3% para el Dax, del 1,2% para el S&P y de casi el 5% para el Nikkei, vemos ya subidas acumuladas en el año del 16% para el Dax, del 8,2% para el S&P, del 8,8% para el Eurostoxx y del 11% para el Nikkei. Solo nuestro Ibex se queda atrás con una caída semanal del 1,6% y una pobre subida en el año de tan solo el 1%.
La gran pregunta es si estamos al principio de una gran subida o, dicho de otra forma, si hay o no fuerza para seguir hacia arriba y romper al alza. A nivel técnico, el gran indicador global, el S&P, da muestras de que quiere romper, pero no acaba de conseguirlo al no dejar atrás de forma clara la barrera de los 1.350 puntos.
A nuestro juicio la clave de las próximas semanas está en buena parte en la actuación de los Bancos Centrales. A estas alturas, y tras cuatro años largos de navegar por la crisis financiera que afloró en agosto de 2007, cuando se congeló el interbancario, sabemos ya que los Bancos Centrales son los que realmente mueven los mercados a corto. Hay que recordar como a partir de abril de 2009 y tras las inyecciones de liquidez concertadas en el G20 de Londres de abril 2009 el Ibex llegó a los 12.000 puntos, y el Eurostoxx a los 3.000, de forma muy rápida. Hay que recordar también que la QE2 de la FED y las inyecciones del BCE a los Bancos europeos dieron alas a las Bolsas a principios de 2011, hasta que llegó el verano. Lo cual no era sino continuación de algo ya ensayado en crisis anteriores. De la crisis del Long Term Capital de agosto de 1.998 se salió inyectando liquidez, y de la burbuja tecnológica se salió inyectando liquidez.
El modelo ahora es el mismo. De la crisis del verano de 2011 se está saliendo a base de tres actuaciones de los Bancos Centrales. La primera fue la macro inyección de dólares concertada por seis Bancos Centrales el 1 de diciembre de 2011. La segunda son los préstamos ilimitados al 1% por el BCE a los Bancos de la eurozona, el llamado LTRO, del que queda la segunda entrega el 29 de febrero próximo. La tercera es el anuncio de tipos cero hasta el 2014 que hizo la FED en su reunión de enero. El Banco de Japón se ha sumado esta semana al impulso monetario al anunciar una extensión de su programa de recompra de activos y el People´s Bank of China ha rebajado el coeficiente de reservas de los Bancos este fin de semana.
Estas actuaciones han cumplido su función de sacar a las Bolsas, a los Bancos europeos y a los bonos de algunos Tesoros, de una difícil encrucijada. La pregunta es si van a servir también de motor de nuevas alzas o si los Bancos Centrales van a optar por una fase menos "activa" en sus apoyos a los mercados. Los apoyos tienen sus costes y los Bancos Centrales los conocen bien porque han visto cómo la salida monetaria de la burbuja tecnológica fue a costa de incubar la burbuja inmobiliaria. Por eso hasta ahora los Bancos Centrales han sido cuidadosos y han hecho un manejo muy táctico de sus armas monetarias. Lo cual es lógico ya que como han afirmado en numerosas ocasiones Bernanke y Draghi la solución de fondo pasa por que la economía y los mercados se normalicen y puedan andar solos sin las muletas de los Bancos Centrales. Las ayudas de los Bancos Centrales tienen coste y no pueden ser eternas.
En nuestra opinión esta vez no va a ser diferente. Las ayudas de los Bancos Centrales ya han cumplido su función de refaccionar activos y restablecer al confianza, pero ahora toca seguir con los procesos de ajustes de gasto público, de reformas estructurales y de reestructuración de deuda pública y privada, reestructuración que en el caso de la banca española está teniendo un cauce muy eficaz en la conversión de preferentes y subordinadas en capital. Esos procesos son la única solución de fondo, lo que equivale a decir que aún queda una fase relativamente larga de digestión por parte de las Bolsas.
A la vez esos procesos ponen un peaje al crecimiento, como hemos visto en los poco alentadores datos del PIB europeo y de varios países de la zona que hemos conocido esta semana. Varios países de la zona euro están ya en recesión o van a estarlo en breve, lo cual es un obstáculo a cualquier subida sostenida de las Bolsas. Es verdad que esos datos europeos se han visto compensados con algunos buenos datos del mercado laboral y de las manufacturas en EEUU, pero la lectura final es que el crecimiento va a ser débil.
A corto plazo todas las miradas están puestas en el desenlace del segundo rescate a Grecia. Todo indica que ese desenlace volverá a ser un ejercicio más o menos eficaz de marketing político y no una solución real a los problemas de la zona euro. Si nos fiamos de la hasta ahora visto, seguramente las Bolsas celebrarán la aprobación del segundo rescate griego con mucha alegría, pero la realidad es que ese rescate no tendrá ningún impacto en la solución de ninguno de los problemas de la zona. Más bien al revés.
Es difícil hacer una recomendación para esta penúltima semana de febrero en las Bolsas. Por un lado, pensamos que la ruptura al alza requiere un motor más potente que una nueva patada hacia delante del ya cansino y manoseado asunto griego. Por otra parte, en un mar de liquidez y con muchos inversores temerosos de quedarse fuera de las subidas, puede haber cierto "pánico comprador" al calor del anuncio griego. Hay muchos inversores deseando un recorte que por ahora se resiste a llegar, y si ven que no viene y que la Bolsa sube se pueden poner nerviosos y comprar a la desesperada.
Ante esta situación, dos reflexiones. La primera es que jugar a subidas provocadas solo por exceso de liquidez es un juego peligroso, en el que no recomendamos entrar. La segunda es que conviene mirar al año pasado por estas fechas. Entonces, igual que ahora, las Bolsas subían al calor de expectativas de crecimiento global y del apoyo de los Bancos Centrales. Luego, de pronto, asomaron los problemas en agosto de 2011. La mayor parte de esos problemas siguen ahí, no se han resuelto, y llevará tiempo resolverlos.
Por eso nuestra recomendación general sigue siendo la de abstenerse de entrar en estos niveles e incluso la de cubrir riesgos de las carteras por la vía de comprar opciones put. La debilidad relativa del cobre, del oro y del euro nos reafirman en esta posición.
Es verdad que quienes vayan a corto plazo pueden obtener beneficios interesantes jugando al alza producida por el anuncio del rescate griego. Pero sólo podemos recomendar esa opción a quienes de verdad sigan muy a corto sus posiciones y puedan aprovechar movimientos muy rápidos, ya que vemos poco beneficio a medio plazo entrando ahora, sobre todo en Bolsas como la alemana o las americanas.
Una posición muy contra intuitiva pero que puede funcionar sería la de apostar diferencialmente por la Bolsa española frente a la alemana tratando de aprovechar los quince puntos porcentuales de diferencia que se han abierto desde el uno de enero. Si todo sube por el efecto liquidez subirá más lo que se ha quedado atrás, porque además en el Ibex hay más banca que en el Dax.
Decíamos en nuestro anterior comentario que comprar tras las fuertes subidas de enero y primeros días de febrero tenía riesgo, y ese riesgo es el que se ha empezado a ver en la sesión del viernes, que cerró la semana con un tono muy diferente al visto hasta ahora.
Es precisamente la sesión del viernes la responsable de que los índices no hayan podido romper al alza los importantes niveles alcanzados, ruptura que, como señalábamos la semana pasada, es clave a corto plazo para poder pensar en una continuidad de las subidas. La realidad es que esos niveles no se han roto, aunque hubo un intento de hacerlo el jueves, tras el anuncio por el Banco de Inglaterra de su nueva inyección monetaria de 50.000 millones de libras, y tras la ampliación por el BCE de los colaterales para acudir al nuevo préstamo a tres años previsto para fines de febrero.
Pese a estas ayudas de los Bancos Centrales el S&P parece no poder de momento con el 1.350, que es la zona de los máximos del pasado abril y de principios de julio, antes de la gran caída de agosto. De igual forma el Eurostoxx no puede con el 2.500 ni el Dax con el 6.750 ni nuestro Ibex con el 9.000. Así, en la semana el Dow ha caído un 0,5%, el S&P un 0,2%, el Eurostoxx un 1,4%, el Dax un 1%, y el Ibex un 0,7%. En Asia hubo mejor tono y el Nikkei subió un 1,3% en la semana, quedándose casi a las puertas del 9.000.
El movimiento del jueves nos indica que las Bolsas se están moviendo a golpe de liquidez y que a golpe de liquidez han llegado a una situación técnica de sobrecompra. Si miramos los valores en particular, curiosamente los Bancos y los cíclicos, sobre todo automóvil, han sido los que más han subido, y sin embargo las eléctricas, telecos o petroleras tienen un comportamiento mucho más discreto. Tal vez sea así porque la liquidez fluye para la banca, fluye para Grecia (lo cual al final ayuda a la banca), fluye para los Tesoros (lo que también ayuda a la banca), pero lamentablemente no acaba de llegar, pese a los buenos deseos de Draghi, a la llamada economía real.
La pregunta relevante es si es posible arreglar el problema sólo con liquidez. Es obvio que no, aunque la liquidez, como la austeridad fiscal, sea un componente del cóctel. Hacen falta otros dos componentes, que son los ajustes y las reformas profundas. Siendo esto así, la pregunta es si es posible realizar el conjunto de devaluaciones internas necesarias en varias economías de la zona euro, entre ellas la española, la italiana y la francesa, sin pasar por ajustes muy serios de liquidez que implican procesos traumáticos. Es una contradicción, otra paradoja en todo este complejo proceso europeo que dista de ser limpio y claro.
Para tratar de cuadrar el círculo se está aplicando una ingente cantidad de ingeniería financiera. Pero, una vez más, la realidad es simple, aunque busquemos el camino más complicado para llegar a ella. Y esa realidad es que, además de los planes de austeridad, hacen falta una devaluación del euro y a la vez unos procesos de devaluación interna simultáneos en varios países de la zona euro para salir del problema de la deuda excesiva. El camino ya lo está mostrando con éxito Irlanda, si bien sus notables esfuerzos se ven frustrados en gran parte por la fortaleza del euro y por las erróneas políticas aplicadas en el conjunto de la zona, más dirigidas a mantener viejos modelos que a transformar de verdad la economía.
La ingeniería financiera no va a arreglar los problemas de fondo, sea cual sea la cantidad de "bazookas", "cortafuegos", apalancamientos diversos sobre los Fondos Europeos (EFSF, ESM u otros), rescates a economías insolventes, quitas que no se llaman quitas, o inyecciones de liquidez que no atacan el problema de fondo del capital, que se pongan encima de la mesa. Es necesario un plan global para afrontar la necesaria reordenación (o, si se quiere hablar claro, reestructuración) de la deuda pública y privada de la eurozona y la transformación en profundidad de su modelo económico e institucional.
Tras el cierre del viernes, la pregunta es si se ha iniciado una corrección de fondo o si estamos ante un pequeño retroceso puntual debido al penúltimo vaivén de la negociación sobre el segundo rescate griego. De alguna manera al iniciarse la segunda semana completa de febrero nos encontramos ante el mismo dilema que hace siete días, ya que siguen ahí las posibilidades de ruptura al alza, pero a la vez hay signos de cansancio y señales inquietantes.
Ante ese dilema muchos inversores dirigen sus miradas a Grecia y a la solución o no de su segundo rescate. Aunque a corto plazo es verdad que la solución positiva o negativa al segundo rescate griego puede precipitar a las Bolsas en una dirección o en otra, a nuestro juicio ese segundo rescate, si se produce, va a ser igual de inútil que el primero, y por ello su impacto en los mercados, si existe, será pasajero. Si no hay rescate, habrá turbulencias, pero puede ser una ocasión de oro para fijar políticas más acertadas en la zona euro.
Al final, la devaluación interna y el empobrecimiento nacional necesarios para que Grecia continúe en el euro son tan difíciles que tal vez sea mejor dejar a Grecia salir del euro que prestar más dinero a fondo perdido. Dentro o fuera del euro, Grecia necesita un plan de negocio viable para que el dinero prestado sea útil y recuperable y hay que ver si eso es mejor hacerlo dentro o fuera, porque, más allá de planes de rescate y de austeridad fiscal, se requiere implicación ciudadana.
Este mismo esquema de plan global con implicación ciudadana en la adopción de fuertes sacrificios, es aplicable, aunque con menor intensidad por ahora, a otras economías de la eurozona, que deben realizar fuertes devaluaciones internas para seguir siendo competitivas dentro del euro. Entre ellas la española. No es un tema fácil y tal vez sea esa dificultad lo que los mercados están empezando a descontar con las caídas del viernes pasado.
Además del tema de Grecia, hay otros datos relevantes. Se publican los PIB del cuarto trimestre tanto de la zona euro como de Alemania y Francia, y en cuanto a resultados empresariales conoceremos entre otros los de BNP, Societe Generale, Danone, Nestle, AXA o Aegon.
Tras el giro a la baja del pasado viernes y con posibles datos débiles de crecimiento en la zona euro, mantenemos una posición de prudencia, incluso aunque se consiga un acuerdo in extremis para Grecia. Más aún cuando las subidas desde enero están siendo protagonizadas, tanto en el Eurostoxx como en el Dow, solo por una parte de los valores, sobre todo de automóviles, acero y banca, sin que haya una participación general en las subidas del conjunto del mercado, al menos con la misma intensidad.
El espectacular arranque de febrero, tras varias semanas seguidas de subidas, ha puesto en cuestión la llamada a la cautela que hacíamos en nuestro último comentario. Lejos de la prudencia, los inversores se lanzan a los activos de riesgo (risk on), a pesar de que la subida del bund, del T bond y del oro al final de la semana anterior parecían presagiar un retorno a posiciones más conservadoras. Los buenos resultados de las subastas de bonos del Tesoro en varios países de la zona euro propiciaron subidas tras un tibio inicio de la semana, y en la sesión de cierre del viernes, tras el buen dato de empleo y el buen ISM de servicios americanos, vimos una nueva pata al alza en las Bolsas acompañada de caídas del oro, del bund y del T bond.
Así, en poco tiempo se ha pasado de la extrema aversión al riesgo que los inversores mostraban el pasado verano, o incluso hace dos meses, a final de noviembre, a una carrera por invertir en activos de riesgo. Los peligros de este verano parecen ahora muy lejanos, casi olvidados.
Es obvio que en parte la subida se debe a que había muchas posiciones cortas y a que las carteras estaban infraponderadas, pero conviene analizar las cuatro causas que parecen estar detrás del rally de inicio de año. Estas cuatro causas son la actuación de los Bancos Centrales, los datos económicos que van apareciendo, los niveles de precio de las Bolsas y los resultados empresariales. Son las razones en las que se basa el rally de enero y en las que se basaría su posible continuidad en febrero.
Empezando por los Bancos Centrales, son sin duda los grandes protagonistas del rally. La macro inyección de liquidez del BCE, el llamado LTRO, ha creado el círculo virtuoso que permite a los Tesoros español e italiano financiarse cómodamente a tipos de interés bajos, alejando a la vez el fantasma de un colapso de liquidez en la banca europea. Por su parte, el anuncio de la FED de tipos cero hasta el 2014, tan insólito como audaz, es obvio que genera un escenario monetario muy favorable.
El segundo punto son los buenos datos económicos que van apareciendo. El informe de empleo de enero y el ISM de servicios de la economía americana publicados el pasado viernes son los dos últimos datos de una cadena de anuncios positivos. Parece alejarse, por tanto, el fantasma de la recesión que provocó el desplome bursátil del pasado agosto.
El tercer punto es la opinión según la cual las Bolsas estarían baratas tras las caídas del pasado verano. Sobre todo si, como se piensa, las empresas van a seguir dando buenos resultados.
Vamos a analizar estos cuatro puntos. Entre los dos primeros hay una cierta contradicción. Las extraordinarias medidas de liquidez y de tipos cero adoptadas por los Bancos Centrales han tenido como base la perspectiva de una economía estancada. Bernanke anuncio los tipos cero hasta el 2014 aludiendo a la debilidad de la economía y Draghi, cuando bajó los tipos dos veces en noviembre y diciembre, aludió a una posible recesión en algunas economías de la zona euro. Si la economía crece bien, parece difícil que se mantengan las políticas monetarias anunciadas. Las Bolsas deberían por tanto celebrar una cosa o la otra, pero no las dos a la vez. Y si hacemos caso a los Bancos Centrales y a las previsiones del FMI o de institutos privados diversos, parece difícil pensar en un crecimiento fuerte, mas allá de repuntes transitorios de los indicadores. El proceso de desapalancamiento en curso lo impide.
En cuanto al tercer punto, las Bolsas estaban muy baratas el pasado 4 de octubre con el S&P por debajo de 1.100 y el Dax cerca de 5.000. Ahora, un 20% más arriba en muchos índices, ya no están baratas. Es verdad que algún índice, como el Shanghai Composite, que había bajado un 33% en 2010 y 2011, sigue barato tras subir más de un 5% en lo que va de año, y lo mismo se podría decir, si nos olvidamos del entorno macro, de nuestro Ibex que ha subido un 3,4% en lo que va de año, pero en 2010 cayó un 19% y en 2011 un 13%, todo ello después de haber caído un 40% en 2008. Pero las plazas americanas o el Dax no están baratos. El Dow está en máximos de tres años y medio, el Nasdaq está en los máximos desde diciembre de 2000 y el Dax se aproxima a los niveles previos al inicio de su desplome en agosto.
Finalmente, los resultados empresariales, sin ser malos, indican claras tensiones en los márgenes y, salvo excepciones, una enorme dificultad en el crecimiento de las ventas.
La conclusión es que tras el rally de enero comprar a estos precios tiene riesgo. Debemos recordar cómo el mismo Dax, que en lo que va de año sube un 15%, el pasado agosto en tres semanas perdió un 40%. Y recordar también que el Dax que ahora se acerca a los 7.000 puntos estaba solo ligeramente por encima de 5.000 puntos hace cuatro meses, en octubre, sin que las circunstancias de fondo hayan cambiado tanto.
Para fijar bien nuestra posición hemos de recordar nuestra visión positiva sobre la renta variable. En nuestro primer comentario de este año decíamos literalmente que "en las Bolsas hay elementos para ser más optimistas y pensar, de enero a enero, en subidas de los índices". Seguimos manteniendo esta posición para el conjunto del año, pero nos parece que las subidas han sido muy rápidas y deberían dar paso a una cierta corrección. Hay indicios de sobrecompra en un rally que en gran parte se debe a la cancelación de posiciones cortas y al deseo de elevar los niveles de renta variable de carteras que estaban infraponderadas. Dicho de otra forma, la subida de enero en algunas Bolsas ha anticipado ya los niveles que esperábamos para fin de año.
La apuesta mayoritaria de los analistas y gestores hoy en día es pensar que el rally va a continuar en febrero, dada la nueva subasta de liquidez del BCE, prevista para final de mes, y dada la propia inercia del tirón alcista. Puede que esto sea así, pero nos parece un juego arriesgado entrar cuando ya los precios han cotizado casi todo lo bueno habiendo sin embargo un buen numero de cosas que podrían torcerse. Por ejemplo, en el sector bancario las necesidades de nuevo capital van a seguir ahí (hay que recordar lo que esto supuso en el caso Unicredito) y las perspectivas de negocio serán pobres en los próximos años. Y en Europa, aún en el caso de que se llegue a un acuerdo sobre Grecia, los problemas no se van a resolver sin un plan global que contemple reestructuración global de la deuda publica y privada y la integración política de la eurozona.
El S&P, el Eurostoxx y el Ibex están ya en la parte alta del rango, que se sitúa en 1.350 para el S&P, en 2.500 para el Eurostoxx y en 9.000 para el Ibex. Hay que ver sin superan esos niveles con fuerza, lo que sería un impulso extraordinario tras las subidas recientes.
En una semana con pocos datos económicos, pero con algunos resultados empresariales interesantes como Coca Cola, Cisco, Total o Arcelor, entre otros, y con la duda de si Grecia llegará o no a un acuerdo con sus acreedores, una forma menos arriesgada de seguir jugando al posible rally adicional, pero con red de protección, es mantener las posiciones en renta variable, pero a la vez comprar opciones put, que ahora están muy baratas.
Domingo, 26 de mayo
Juan Carlos Ureta
Luis Llopis Herbas
Jaime Noguera
Juan Carlos Ureta
Rolando Rodrich
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