Lo que considerábamos deseable la semana pasada, a saber, que la subasta del BCE tranquilizase las cosas y ayudase cortar la parálisis financiera que estaba empezando ahogar a la zona euro, se ha producido, afortunadamente.
Las subidas semanales de entre el 3% y el 4% en los principales índices europeos y en el S&P y el Dow (el Nasdaq subió menos, en parte por Oracle) dejan al Ibex por encima de 8.500, al Dax cerca de 6.000, al Eurostoxx en 2.300, al Dow por encima de 12.000 y al S&P en 1.260. Sólo las Bolsas asiáticas siguen en la parte baja de su banda de fluctuación, tras una semana casi plana para el Nikkei y floja para las demás plazas.
La subasta del BCE ha servido, por tanto, para calmar las aguas y los mercados se pude decir que enfilan un fin de año tranquilo tras un muy turbulento ejercicio. Para ello el BCE ha tenido que prestar 490.000 millones de euros a 523 Bancos de la eurozona, si bien sólo en torno a 200.000 es dinero nuevo, siendo el resto refinanciación a más largo plazo de préstamos anteriores. Como decíamos en nuestro comentario anterior, si no es el bazooka pedido por muchos, se le parece bastante.
La pregunta es hasta dónde van a durar los beneficiosos efectos de la subasta. Y para responderla hay que situar en su contexto la acción del BCE. A nuestro juicio esta acción, que supone de forma indirecta una monetización de la deuda, y que es bastante equivalente a la tan denostada compra por el BCE de deuda de los Tesoros europeos en dificultades, va a servir para dar un respiro temporal, y para poner un suelo a las caídas de los índices, pero no es sino un ingrediente más dentro de un cóctel bastante más complejo. Es decir, está bien que se haya cortado la espiral negativa, pero el trabajo de fondo va en otra dirección, y se debe centrar en reducir los niveles de deuda de la zona a parámetros adecuados y en volver a tener economías competitivas en un mundo globalizado.
Otra forma de ver los efectos de la subasta del BCE es considerar quienes son sus beneficiarios. Hay dos grandes beneficiados por la subasta, el primero el sector bancario, al que le arregla un problema de financiación y un problema de márgenes para una temporada. Los segundos beneficiarios son los Tesoros, ya que los Bancos van a comprar deuda de los Tesoros en dificultades con el dinero prestado por el BCE.
Lo anterior no es poco, ya que arregla lo más urgente, pero ahí se acaban los efectos benéficos. Ni las empresas van a tener más crédito, ya que los Bancos no van a canalizar el dinero del BCE hacia ellas, ni las economías van a ganar competitividad con la acción del BCE. Por ello, afirmar que el BCE ha salvado al euro es un error, y además es engañoso y perjudicial para una correcta comprensión de los problemas. Es más sensato pensar, como decía el propio Draghi esta semana en una entrevista, que el euro no estará a salvo hasta que los europeos de verdad confíen en él, y no habrá esa confianza hasta que el euro no muestre su capacidad de generar estabilidad, crecimiento y riqueza para los europeos.
En definitiva, ni esta inyección ni ninguna otra pueden sustituir de forma definitiva al mercado. O acaba funcionando de verdad el mercado o no habrá solución. Y en este objetivo de que el mercado funcione la actuación del BCE como proveedor de liquidez ayuda muchísimo, sobre todo ahora que los mercados amenazaban con secarse, pero no es, como decíamos, más que un ingrediente de un cóctel en el que hacen falta otros ingredientes. El BCE ha alejado la catástrofe, pero nada más.
Los problemas europeos se han reflejado en las Bolsas en el 2011. Mientras que el Dow parece que va a acabar un 5% arriba, cumpliendo la tradición de subir en el tercer año de mandato presidencial, y el S&P puede acabar en tablas o ligeramente arriba, las Bolsas europeas van a cerrar con pérdidas anuales del 10% o más, pérdidas que en el caso del Eurostoxx superan a fecha hoy el 15%. Y además la situación europea está pesando en la economía global.
Todo indica que esta situación se va a prolongar durante el 2012. Un año en el que se espera un crecimiento global débil, incluso tal vez cesión en algunas economías. Un año más de ajuste y de reformas. En ese entorno, nuestra idea es seguir muy atentos a los precios. La renta variable seguirá siendo atractiva, pero aprovechando los precios bajos en momentos de turbulencias y no comprándola en momentos de euforia. Habrá que seguir siendo muy tácticos y muy ágiles para sacar partido a los mercados en un entorno monetario "amable" de bajos tipos de interés y de apoyo de liquidez cuando sea necesario por parte de los Bancos Centrales.
En ese escenario nuestra propuesta es mantener un buen nivel de liquidez y no temblar a la hora de invertir cuando los mercados se pongan histéricos.
En la última mini semana bursátil del año hay pocas referencias. Tan sólo el índice Case Shiller sobre la marcha del sector inmobiliario en Estados Unidos, la confianza del consumidor medida por la Conference Board también en EEUU, el índice de manufacturas de Chicago, y el PMI de China, ya el viernes.
Son pocos datos para un fin de año que no debería dar sorpresas y que debería permitir a las Bolsas europeas cerrar dignamente tras un año tremendamente complicado y a la espera de un 2012 en el que también habrá que trabajar mucho y bien para obtener rentabilidades atractivas.
Miércoles, 30 de mayo
Juan Carlos Ureta
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Juan Carlos Ureta
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