El blog de Juan Carlos Ureta

Europa contra sí misma

28.11.11 | 08:54. Archivado en Comentario semanal

La expectativa, con la que cerrábamos nuestro anterior comentario, de una posible estabilización de las Bolsas, al calor de los esfuerzos por poner orden en la zona euro y al calor de un recorte del bund, se ha visto truncada por el notable deterioro adicional en los mercados de bonos soberanos de la zona euro. Curiosamente ese deterioro ha alcanzado también al bono alemán, cuyos tipos de interés han subido en la semana desde el 1,9% hasta el 2,26%, tras la muy escasa demanda en la subasta del Tesoro alemán del miércoles. Pero esta vez el dinero que ha salido del bund no ha ido a las Bolsas, sino que más bien parece que el dinero europeo ha optado por buscar destinos de inversión fuera. Lo que agrava el hecho de que no fluya dinero extranjero hacia la zona euro.

Esta semana, los tres índices americanos (Dow, Nasdaq y S&P) han bajado cerca de un 5% y las Bolsas europeas cayeron aún más, en concreto un 5,6% el Eurostoxx y un 6,5% el Ibex. El euro también ha sufrido un notable retroceso semanal frente al dólar, cerrando a 1,32 el viernes.

Todo ello en medio de un creciente malestar, que llega a crear dudas sobre la posible ruptura del euro, algo impensable hace dos meses, pero más probable si la sequía de liquidez y la desconfianza de los mercados va a más. El martes el Tesoro español tuvo que colocar letras a un año al 5,2% y letras a seis meses al 5,1%. El miércoles en la subasta alemana de bonos a 10 años el Tesoro alemán tuvo que quedarse con el 39% de los títulos ofertados dando lugar a lecturas variadas, una de las cuales es que se empieza a poner en duda el futuro del euro. Caben lecturas menos dramáticas, pensando simplemente que Alemania debe pagar más por su deuda, y que la seguridad no se compra a cualquier precio. Pero lo cierto es que algo está cambiando y que Alemania ya no da la misma sensación de seguridad, ya que los bonos del Tesoro americano se beneficiaron de forma clara del trasvase de dinero que no fue al bund.

La lectura al final es que ha caído el último "puerto seguro" (safe heaven) que quedaba en la zona euro, lo cual no hace sino empeorar a todos los demás bonos de la zona.

Así, el viernes Italia en su subasta debió pagar el 6,5% a seis meses y el 7,8% a dos años y en el mercado secundario los tipos de los bonos a tres años se situaron por encima del 8%. Algo insólito e insostenible, algo muy cercano al límite.

Lo peor, en esta guerra de Europa contra sí misma, sería que los europeos empiecen a desconfiar de forma masiva en el euro, y esto es algo que se acerca a pasos acelerados, sin que la ayuda ofrecida esta semana por el FMI con su anuncio de nuevas facilidades de financiación a sus Estados miembros sirva para aliviar la desconfianza, más bien al contrario.

La pregunta parece obvia, ¿por que no cambiar el modelo y tomar decisiones europeas conjuntas sobre el mercado de bonos de los diferentes Tesoros de la zona en lugar de dejar que cada Tesoro se vaya degradando sin remedio? Es cierto que los eurobonos no son el primer paso sino el último, pero llegados al punto en el que el Tesoro italiano y el español corren serio riesgo de perder el acceso a los mercados, hay que actuar, ya sea poniendo en marcha de forma inmediata el nuevo EFSF o ya sea, mientras tanto, a través de una actuación decidida del BCE. El proceso de venta por parte de los Bancos de bonos soberanos (sovereigns) propiciado por el acuerdo de 26 de octubre y por la incompleta ejecución del mismo al no poner en marcha el cortafuegos previsto (EFSF) está matando a la economía y destruyendo peligrosamente la confianza.

Dicho lo anterior, esta semana ha habido tres avances importantes, aunque no hayan tenido impacto en el mercado, ahogados por el ruido negativo. El primero es la consideración por el BCE de dar préstamos a los Bancos a 2 y 3 años. El segundo es la manifestación de Merkel, Sarkozy y Monti el pasado jueves de querer ir hacia una mayor integración política de la eurozona con reformas de los hasta hace poco intocables Tratados. El tercero es la presentación de los bonos de estabilidad por Barroso.

Son tres avances que en otras circunstancias se habrían cotizado al alza por los mercados. Pero ahora estamos en plena vorágine y los mercados no atienden a nada.

Esta última semana de noviembre tenemos varias subastas de los Tesoros de Italia, Francia, Bélgica y España. A ello se unirán datos importantes en la economía norteamericana, tras la revisión a la baja del PIB americano del tercer trimestre del 2.5% inicialmente anunciado al 2%. El más importante es el informe de empleo de noviembre, que se publicará el viernes, pero antes se publican el índice Case Shiller de precios de las viviendas y el ISM manufacturero de noviembre. En China también conoceremos los PMI de manufacturas y servicios de noviembre que indicarán hasta dónde llega la desaceleración de su economía. En la zona euro el martes se espera la aprobación del sexto tramo de ayuda a Grecia y el miércoles se reúnen los Ministros de finanzas de la zona con carácter previo a la cumbre del nueve de diciembre.

Son citas importantes que, tras un buen inicio de la temporada de ventas navideñas en el black friday deberían calmar un poco a las Bolsas, salvo un deterioro adicional, que rozaría ya el desastre, en las subastas de bonos de la zona euro.

La sesión de cierre del pasado viernes abrió, de nuevo, la esperanza de que llegue un respiro en los mercados. Los índices están en niveles cuya ruptura a la baja sería muy peligrosa y acumulan pérdidas extraordinarias desde enero. En concreto el Eurostoxx, el Ibex, el Dax y el Nikkei pierden más del 20% en lo que va de año, y el S&P cerca del 8%. En concreto en el S&P hay que vigilar el nivel 1.155 que marca el 50% de retroceso sobre la subida en octubre desde los bajos del 4 de octubre de 1.068 puntos hasta los altos del 27 de octubre de 1.289 puntos.

Seguimos pensando en una recuperación moderada de cara al cierre del ejercicio como escenario básico.

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Caminando cerca del límite

21.11.11 | 08:58. Archivado en Comentario semanal

Decíamos en nuestro anterior comentario que había que estar muy atentos al mercado de bonos y que sólo podríamos ser más optimistas si veíamos una clara mejora en los diferenciales tras la formación de nuevos Gobiernos en Grecia e Italia. Pues bien, esa mejora no se ha producido, y tan solo la última sesión de la semana, la del viernes, nos abre un poco la esperanza de un cambio, pero con enormes dudas.

A la vez, lo sucedido esta semana hay que enmarcarlo en el contexto de lo que está sucediendo desde principios de noviembre, cuando coincidieron tres factores, a saber, la propuesta de referéndum griego, la inestabilidad política en Italia y la quiebra del banco de inversión americano MF Global. Tres factores que cortaron de golpe las buenas expectativas generadas por el acuerdo de la cumbre europea del 26 de octubre. El resultado es que las cosas han ido claramente a peor a lo largo de noviembre y que los acuerdos de aquella cumbre no se han puesto en marcha aún, dando la sensación de pérdida de control.

Vayamos primero con lo sucedido en la semana. El lunes el Tesoro italiano debió pagar un 6,29% para colocar en subasta bonos a 5 años, el mayor tipo en 14 años y el martes, dos días después de que Monti sustituyese a Berlusconi, el bono italiano a diez años se colocaba por encima del 7%. El martes el Tesoro español pagaba un 5,02% para colocar en subasta letras a un año, y el Tesoro belga pagaba un 3,4% a un año. El jueves, tres días antes de las elecciones generales en España, el bono español a diez años se situaba también por encima del 7%, el tipo considerado hasta antes del verano como de zona de rescate. Ese mismo día el diferencial italiano se iba a 537 puntos, el diferencial belga a 320 puntos y el diferencial francés superaba los 200 puntos.

Ahí intervino in extremis el BCE con sus compras y en la sesión de cierre semanal del viernes las cosas mejoraron algo, de forma que el diferencial del bono francés se situaba en 150 puntos, el diferencial del español en 435 puntos y el diferencial del italiano en 470 puntos. Pero todas las alarmas habían quedado encendidas tras unos días en los que la zona euro ha vuelto a caminar cerca del límite y, lo más importante, en medio de una clara división entre sus principales líderes. El mismo viernes Draghi decía que el BCE no puede ser quien resuelva los problemas de la deuda soberana y recordaba, con razón, a los líderes europeos que han de poner en marcha el Fondo europeo (EFSF) previsto en la cumbre del 26 de octubre. El mismo viernes Merkel y Cameron escenificaban de nuevo sus diferencias sobre el papel del BCE, siendo la opinión de Cameron favorable a una intervención clara y fuerte del BCE, opinión que comparte también Francia.

Así las cosas, se ve claro que, como dijimos hace tres semanas, tras el acuerdo europeo de 26 de octubre, el rumbo de ese acuerdo es el correcto pero la travesía va a ser larga y complicada. Hoy sabemos algo más. Sabemos que la travesía la vamos a hacer caminando por el límite del abismo y con riesgos permanentes de caer.

El lunes Merkel hizo un encendido discurso sobre Europa, manifestando una vez más el compromiso claro de Alemania con el euro, pero el EFSF sigue sin ponerse en marcha y sin contar con el trillón de euros que la propia Merkel anunció y de hecho el excesivo coste financiero de algunas economías, casi todas menos Alemania, es un peaje al crecimiento futuro y un camino hacia el default, un default que sería la antesala de la ruptura del euro.

Parece cada vez más claro que junto a las políticas de austeridad hay que poner la ayuda monetaria, como lo está haciendo Inglaterra. No basta con compras desestructuradas del BCE cuando las cosas llegan al límite, sino que hace falta un plan global. Que ese plan sea ejecutado por el FMI, como se rumoreó el viernes, o por el esperado nuevo EFSF es lo de menos, pero en cualquier caso el modelo de tensionar al límite (muddling through) es muy peligroso.

Si miramos a las Bolsas, el Eurostoxx y el S&P han bajado un 3,8% en la semana, el Dax un 4,2% el Ibex un 2,9% y el Nikkei un 1,3%. El Shanghai Composite ha vuelto a perder el nivel de los 2.500 puntos y cerró a 2.416. Todo ello denota un claro deterioro y hace bueno nuestro pronóstico de hace dos semanas de que el esperado rally de fin de año se iba a ver esta vez truncado por la falta de control sobre los problemas de la eurozona.

El sector bancario no acaba de levantar cabeza, como lo demuestra esta semana la decisión dramática de Unicredito de ampliar capital en un rights issue por 7.500 millones siendo así que su capitalización actual es de tan sólo de 15.000 millones de euros. Todo un preludio de lo que puede venir en otros Bancos.

En suma, estamos ante un mar de fondo muy complejo y oscuro en la zona euro, con implicaciones que van más allá de lo económico-financiero para entrar de lleno en la necesidad de una reforma política a fondo de toda la estructura ya rota que hoy tiene Europa. Y nadie sabemos la deriva que pueda tomar esa necesidad.

Si miramos al otro lado del Atlántico, Estados Unidos empieza esta semana la temporada de ventas navideñas, con el black Friday que sigue al día de Acción de Gracias, Además de nuevo los dos grandes partidos discuten sobre el límite de la deuda pública, con fecha límite para el acuerdo el 23 de noviembre. La amenaza de un nuevo "circo" entre republicanos y demócratas al estilo del que se vivió el pasado julio es muy real y sería a nuestro juicio negativa para las Bolsas, aunque esta vez ya estemos preparados.

Puede pasar cualquier cosa en el cierre del año o no pasar nada. Nuestra opción básica es ésta última, que no pase nada importante tras lo mucho que ya ha pasado. Si esto fuese así, se puede optar por estar fuera del mercado o, alternativamente, por vender opciones en precios por arriba o por debajo de los actuales, pero vigilando mucho la posición, y estando dispuesto a cerrarla en cualquier momento con pérdidas si el mercado coge tendencia.

Tras las muy negativas tres primeras semanas de noviembre pensamos que esta semana el movimiento será hacia arriba, al calor de los esfuerzos por poner orden en la situación de la zona euro y al calor de un cierto recorte en la escalada del bund alemán que parece apuntarse tras su caída el pasado viernes. Pero en todo caso no vemos alicientes para un gran recorrido en esa dirección.

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Primero ordenar y luego crecer, pero antes de todo cortar la hemorragia

14.11.11 | 09:01. Archivado en Comentario semanal

De nuevo hemos visto una semana muy intensa, en la que, como decíamos en el título de nuestro anterior comentario, las cosas se han acelerado, y los diversos riesgos han aflorado de forma muy evidente, con el diferencial del bono italiano superando los 600 puntos básicos y el diferencial del bono francés en 167 puntos básicos en algunos momentos de la semana. Ambas cosas habrían sido increíbles hace un mes.

Todo lo que está pasando en el mercado de bonos merece un análisis muy a fondo, porque nos indica que literalmente nos estamos jugando nuestro futuro y el de la siguiente generación en las decisiones que se tomen en las próximas semanas en la zona euro. La dimisión de Berlusconi en Italia y el nombramiento de Papademos en Grecia son buenas noticias y han calmado algo a los mercados en la sesión de cierre de la semana el pasado viernes, pero debemos saber que los problemas a los que hoy nos enfrentamos van más allá del cambio de personas y de Gobiernos, aunque esos cambios sean bienvenidos.

Al calor de esos cambios de Gobierno en Grecia e Italia, las Bolsas han logrado cerrar una semana que empezó muy mal con subidas del 1,5% en el Eurostoxx y en el Dax y de casi el 1% en el S&P. Nuestro Ibex al final también recortó pérdidas y cerró con una discreta caída de medio punto porcentual.

Pero como decíamos, hay que leer sobre todo lo que está pasando en los bonos. Y lo que está pasando es que denotan una desconfianza de fondo muy grande. Las políticas de austeridad y de vuelta a la ortodoxia fiscal, que van en la dirección buena, de hecho en la única posible, tienen el efecto lateral, como decíamos en nuestro último comentario, de contraer el crecimiento económico a corto plazo. Por otro lado, las políticas de reconocimiento de pérdidas en los activos de los balances, que ha puesto sobre la mesa la cumbre del 26 de octubre, tienen otro efecto lateral, que es crear incertidumbre sobre la deuda soberana y su riesgo, hasta ahora incuestionable.

Es decir, son pasos buenos y necesarios, pero tienen consecuencias. Ahora bien es correcto empezar por poner orden para luego crecer sobre bases sanas y sostenibles. No pasa nada grave porque el crecimiento sea débil o nulo en dos o tres trimestres si luego se crece bien. Lo contrario sí es preocupante, sin ordenar las cosas se va por el camino de antes del verano, que conduce a la ruptura del euro, lo cual, como ha dicho esta semana en Pekín Christine Lagarde pone en peligro el crecimiento de toda la economía global, incluida Asia. Es decir, no estamos hablando de un trade off entre crecer o no crecer. A corto va a haber menor crecimiento, se hagan bien o mal las cosas. Estamos hablando de un trade off entre sentar las bases de un crecimiento futuro sano o seguir empeorando los desequilibrios, lo cual baja las posibilidades de volver a un crecimiento futuro. Es decir, si no arreglamos los desequilibrios, el impacto sobre el crecimiento será largo, mayor y más amplio, afectando incluso a los países que no tienen que hacer ajustes. Si los arreglamos poniendo orden, el peaje sobre el crecimiento es transitorio y afecta sobre todo a los países que deben ajustar su deuda excesiva.

Y aquí precisamente viene la conexión con lo que estamos viendo en el mercado de bonos de la zona euro. Como se duda del crecimiento, los tipos de los bonos en los países afectados, como España, Italia o incluso Francia suben. No hablamos ya de las subidas provocadas por las turbulencias políticas, sino de algo más profundo, que conecta con las dudas sobre el crecimiento. La idea es que si se va a crecer menos la capacidad de pagar la deuda es menor y por tanto se exige un mayor tipo de interés. El problema es que se crea un círculo vicioso, porque los mayores tipos de interés a la vez penalizan el crecimiento futuro y estamos condenando a esas economías que hacen sus deberes a sufrir un peaje adicional, en forma de mayor carga de intereses.

Esta semana hemos visto los bonos italianos a diez años el miércoles al 7,4% de tipo de interés y el jueves el Tesoro italiano debía pagar un 6% por financiarse a un año. Esos tipos sencillamente no son sostenibles porque hunden a la economía italiana por muy bien que lo haga el nuevo Gobierno de Monti. Y lo mismo pasa con otras economías amenazadas por el contagio. Incluida la francesa, cuyo bono, todavía "triple A", ha llegado esta semana a pagar el mismo diferencial respecto al bono alemán que tenían los bonos italianos hace seis meses. Un diferencial de 167 puntos frente al de 40 puntos del pasado junio. El hecho de que esta subida del diferencial estuviese asociado al "error" de la agencia de rating S&P al publicar una posible pérdida de la "triple A" por el Tesoro francés no quita gravedad al tema, ya que tras esta semana las posibilidades de contagio a Francia son mayores. Otros bonos "triple A" de la zona euro, los de Austria, veían el mismo viernes, incluso tras la mayor relajación en Italia, como sus tipos de interés a diez años subían a niveles del 3,5% por las conexiones de Austria con Italia y con Europa del Este.

Es verdad que esa carga adicional de intereses tiene mucho que ver con las malas políticas practicadas en el pasado, que son las que han llevado la deuda a niveles elevados, pero eso no arregla el problema de fondo, que es que esos tipos penalizan aún más el crecimiento, en un círculo vicioso de difícil solución. La carga de intereses sencillamente se hace insoportable, y todavía es peor si otra parte de la zona euro, Alemania, se financia a tipos irrisorios. Si además las cosas se empiezan a hacer bien y el mercado sigue penalizando los tipos, la situación se hace imposible.

Este modelo de creciente disparidad en los tipos de interés soberanos de la zona no es sostenible porque conduce a una zona euro con la mayor parte de las economías ahogándose en el pozo cada vez más profundo de su deuda, mientras los ahorradores europeos desplazan su dinero a los "seguros" bonos alemanes. Con un beneficio añadido para los bonos del Tesoro de EEUU, Inglaterra y Japón, que esta semana han vuelto a estar otra vez en tipos de interés mínimos, ya que para los ahorradores que no quieren estar en euros, actúan como refugios, pese a que son tres economías con altísimos niveles de deuda.

Lo anterior significa que si tras el aire fresco que suponen los cambios en Grecia e Italia los bonos italianos o españoles o franceses se mantienen en las próximas semanas en niveles de tipos tan elevados, la zona euro no tiene más que dos soluciones: o poner en marcha de forma rápida el súper fondo de rescate (EFSF) dotado de al menos un trillón de euros, lo cual parece difícil, o hacer que el BCE sea de verdad el prestamista de última instancia que financie dentro de un plan global los procesos de ajuste de las economías de la zona que estén haciendo las cosas bien pero sigan sin acceso a los mercados a un coste financiero razonable.

Esto nos focaliza hacia el BCE ante las dificultades para armar de forma rápida el EFSF. Hay un creciente consenso entre los economistas europeos de que el BCE deberá jugar un rol incluso mayor a partir de ahora en la estabilización de los mercados, hasta que se empiecen a ver los frutos de las políticas de austeridad. Dicho de otra forma, el BCE debe abandonar sus reticencias a ser el "prestamista de última instancia" en la zona, dado que sólo el BCE tiene la capacidad para serlo.

Italia necesita unos 650.000 millones de euros en los próximos tres años, tal vez incluso 50.000 más si incluimos lo que puedan necesitar sus Bancos. También España y Francia, y sus respectivos Bancos, necesitan apelar a los mercados con sumas importantes.

El problema es que así no se puede seguir y que ya el tema no es Grecia o Italia, sino que el problema es Europa. No puede pasar con los bonos soberanos lo que ha pasado en el sector bancario, en el que el interbancario lleva cuatro años parado desde agosto de 2007 sin que los Bancos hayan recuperado la confianza entre sí. Si los inversores pierden la confianza en los Tesoros públicos y dejan de financiarlos, es difícil que se pueda aguantar mucho tiempo sin entrar en una crisis financiera muy fuerte.

En conclusión, o vemos que realmente los mercados de bonos soberanos responden a los cambios y empiezan a financiar de forma razonable a Italia, España y Francia, o el BCE debe actuar muy rápido dando una señal inequívoca. Si vemos que la deuda francesa empieza la misma senda que la italiana, será una fortísima señal de alarma hacia un desenlace muy desordenado de los problemas de la zona.

Hay que estar muy atentos a los mercados de bonos soberanos. La sesión de cierre semanal el viernes nos dejó buenas sensaciones, pero las señales anteriores habían sido malas. El miércoles, tras el anuncio de la dimisión de Berlusconi el martes, vimos al bono italiano a diez años superar el fatídico 7% de tipo de interés, y esa reacción nos hace seguir siendo cautelosos.

Preferimos esperar un poco para abandonar nuestra posición de cautela. Hay nuevos Gobiernos en Grecia e Italia. Vamos a ver la respuesta de los mercados de bonos y solo si vemos un giro claro ahí podremos ser más positivos en la toma de posiciones de riesgo.

2 comentarios


Los ajustes se aceleran

07.11.11 | 08:57. Archivado en Comentario semanal

Nuestra previsión de un descanso en el rally que habían iniciado las Bolsas tras el acuerdo europeo del miércoles 26 de octubre, se ha quedado corta, ante la realidad de unas Bolsas que han girado bruscamente a la baja y amenazan con una nueva fase de turbulencias, en lugar del deseado rally de fin de año.

Tras un octubre espectacular, en la primera semana de noviembre el Eurostoxx, el Cac y el Ibex han caído cerca de un 7% y el Dax un 6%. En las Bolsas americanas los descensos han sido más moderados, del 2,5% en el S&P y del entorno del 2% en el Dow y el Nasdaq. La única buena noticia es que el Shanghai Composite ha vuelto a superar la cota de los 2.500 puntos.

Los tres factores que han impulsado estas caídas han sido la quiebra del broker dealer norteamericano MF Global, la inesperada decisión de Papandreu de convocar un referéndum para someter a sus ciudadanos las medidas por él comprometidas días antes en la cumbre europea, y la falta de respuesta del G20 ante la amenaza de una nueva fase de inestabilidad. Cada uno de estos factores tiene su peso por sí solo, pero los tres unidos son demoledores.

La quiebra de MF Global pone de manifiesto lo poco que se ha avanzado en corregir las malas prácticas anteriores a la quiebra de Lehman. El elevado apalancamiento del broker dealer americano, cuyo capital sobre activos apenas superaba el ratio 1 a 40, y su absoluto desprecio por el control de riesgos, ponen de manifiesto lo urgente que es regular el mundo de los derivados OTC y en general el mundo de las operaciones bilaterales que no pasan por los mercados, sino que se contratan de forma opaca contra el balance de los Bancos de inversión o de los brokers dealers.

En cuanto a la deriva tomada por la zona euro tras el desplante de Papandreu y en cuanto a la falta de respuesta del G20 no hacen sino mostrar una vez más la falta del tan necesario liderazgo político.

Los tres factores citados han sido capaces de desactivar completamente las noticias positivas de la semana.

Así, el discurso de Bernanke anunciando posibles nuevas medidas monetarias expansivas y reiterando que la FED está lista para actuar y tiene las herramientas adecuadas, tuvo un efecto positivo el miércoles por la tarde, pero ese efecto fue breve. Lo mismo sucedió el jueves con la bajada de tipos de un cuarto de punto del BCE en la primera reunión con Draghi como presidente. Y en cuanto al buen informe de empleo americano en octubre publicado el viernes, su efecto beneficio se limitó a unos pocos minutos.

Nuestra lectura de lo sucedido en la semana es que se aceleran los ajustes propios de la fase de saneamiento y que, en parte por efecto de lo anterior, cada vez es más claro un escenario de muy débil crecimiento económico para el 2012.

Empezando por el saneamiento, parece obvio que se acelera el proceso. Los Bancos están intensificando sus provisiones, como hemos visto, por ejemplo, esta semana en los casos de Commerzbank, Royal Bank of Scotland y Caixabank. Asimismo, y en la misma línea, el FMI, ante un posible empeoramiento de la situación griega, se prepara para ayudar a España e Italia a evitar el contagio de un posible default desordenado griego, e incluso Italia ha solicitado su monitorización trimestral por el FMI.

Por lo que respecta al crecimiento, tanto Bernanke como Draghi, en sus respectivas comparecencias esta semana han advertido de un muy débil crecimiento para los próximos meses. Bernanke calificó el ritmo de crecimiento previsible como "frustrantemente lento" y Draghi predijo que la inflación en la eurozona bajará del actual 3% a menos del 2% en los próximos meses, lo cual es toda una declaración sobre cómo ve el crecimiento económico de la zona.

Todo esto indica que el riesgo de un desenlace desordenado es hoy mayor que hace una semana y que ese riesgo va a pesar previsiblemente en el tramo final del año. Merkel y Sarkozy han hablado ya abiertamente de una posibilidad que hace tan solo dos meses era innombrable, a saber, que un miembro pueda salir del euro, al decir, con razón, que Grecia debe decidir entre cumplir las normas del club o salir del euro. Éste es el nuevo entorno de dureza en el que se van a mover las cosas, el nuevo entorno que se produce cuando la máquina de sanear situaciones se pone en marcha.

Ante esa dureza hemos visto ya esta semana una primera reacción, que ha sido la reacción de Papandreu de querer evitar los ajustes por la vía de un referéndum dilatorio. Lo que sucede es que hay una segunda reacción, que también hemos visto esta semana en el mismo Papandreu, y esa segunda reacción es la que se produce al entender que la alternativa de no hacer los deberes y salirse a vivir fuera del euro es todavía peor. Ése es el estrecho margen de decisión que hoy tienen las economías muy endeudadas y necesitadas de ajuste.

Si miramos a las Bolsas, algunos índices europeos, entre ellos nuestro Ibex, han vuelto a zona bajista, con caídas respecto a los máximos anuales del 20% o más. Los índices americanos se mantienen mejor y en particular el futuro del S&P sigue lejos de sus mínimos de principios de agosto y principios de octubre, y el viernes, tras la caída semanal, cerró en 1.250 puntos. Lo que haga el futuro del S&P de aquí a fin de año va a ser decisivo para el resto de las Bolsas. En principio su perspectiva técnica no es mala pero podría bajar de nuevo a los niveles de 1.200 puntos y aun así no pasaría nada grave y estaría aún en una zona cómoda y lejos de los dos mínimos anuales de 1.100 puntos de este verano.

Ante la nueva situación de inestabilidad preferimos ser cautelosos en la exposición a riesgo. Va a haber un esfuerzo político para que las aguas vuelvan a su cauce, pero el daño ya está hecho y la confianza una vez más ha sido dañada.

Por ello, rebajamos nuestras expectativas de cara al cierre del año, y pensamos que los niveles vistos el 27 y 28 de octubre pasado, tras la euforia provocada por el acuerdo europeo, tales como el 2.500 del Eurostoxx, el 6.400 del Dax, el 1.285 del S&P o el 9.000 del Ibex van a ser ahora niveles de resistencia, siendo, sin embargo, probables recortes de cierta consideración si las cosas se complican.

Es verdad que el nuevo BCE de Draghi siempre estaría ahí para amortiguar esos recortes, y más aun quedando una posible rebaja adicional de tipos de otro cuarto de punto en diciembre y quedando la subasta extraordinaria de liquidez ilimitada a los Bancos también en diciembre, pero tampoco vemos fuerza en unas Bolsas llenas de incertidumbre.

Por ello, más bien seríamos partidarios de vender opciones call de los principales índices europeos, situando el precio de ejercicio en la parte alta de las bandas antes citadas.


Miércoles, 30 de mayo

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