Terminada ya prácticamente la temporada de presentación de resultados, y con la crisis de Oriente Medio y norte de África plenamente abierta pero apuntando a un desarrollo "a cámara lenta" en varias fases sucesivas, siguiendo el patrón de la crisis de la deuda europea, los datos macroeconómicos y los discursos de los Bancos Centrales van a ocupar un sitio relevante en la primera semana de marzo. En Estados Unidos veremos los ISM de manufacturas y servicios, el Libro Beige de la FED, y el informe de empleo de febrero, así como el discurso de Bernanke ante el Congreso, y en Europa se reúne el BCE y hay numerosos datos. En Japón conoceremos la producción industrial de enero.
Lo interesante es que esa irrupción en escena de la macroeconomía y de los Bancos centrales se produce en un momento en el que los inversores han empezado a rebajar su apetito por los activos de riesgo. Si alguna enseñanza nos deja esta última semana es que los temores, los miedos, siguen ahí, y afloran de forma repentina ante problemas como el suscitado estos días por la subida del petróleo, que llegó a marcar casi 120 dólares barril para el brent.
Se ha roto así la imagen de unos inversores deseosos de riesgo, que derivó por un lado de la "quantitative easing" de la FED, la QE2, cuyo objetivo era, precisamente, subir el valor de los activos para generar efecto riqueza positivo y por otro lado de las expectativas de una solución "monetaria" al problema de la deuda europea, solución que inevitablemente contaminaría el balance del BCE monetizando deuda. Esa tendencia a los activos de riesgo parece revertir, y así esta semana hemos visto un claro flujo de dinero desde la renta variable hacia el bund y el T bond, clásicos activos refugio, así como al oro, a las materias primas en general, y a divisas refugio clásicas como el franco suizo.
La pregunta es si estamos ante un cambio de fondo de los inversores o tan solo ante una inquietud momentánea. Si asociamos la brusca caída de las Bolsas el martes y miércoles con los problemas de Libia y la subida del crudo por encima de 100 dólares, podríamos pensar que la búsqueda de "puertos seguros" pasará en la medida en que el problema libio acabe, sobre todo si no hay contagios inmediatos a otros países sensibles de la zona. La sesión de cierre semanal, el pasado viernes, apuntaría en esta dirección, ya que las Bolsas subieron al garantizar más suministro de crudo Arabia Saudí.
Sin embargo, tal vez la súbita reacción de los inversores reduciendo precipitadamente sus posiciones de riesgo tenga más que ver con problemas económicos pendientes de solución y con el cansancio de unas Bolsas que han subido mucho y muy de prisa, cansancio al que apuntábamos en nuestro anterior comentario. Las revisiones a la baja del crecimiento del cuarto trimestre de Estados Unidos e Inglaterra, las dudas sobre la deuda soberana norteamericana, el enfriamiento previsible de algunos emergentes como China tras las medidas monetarias restrictivas adoptadas para evitar que la inflación se dispare, las necesidad del sector bancario de seguir captando capital para adecuarse a Basilea III, los problemas no resueltos de la deuda periférica de la zona euro, y el continuo proceso de desapalancamiento de la economía global son argumentos poderosos para vender y tomar beneficios tras las subidas de las Bolsas desde septiembre, y para esperar a mejores precios o mayor claridad.
Todos estos factores van más allá de la subida del crudo y amenazan de corrección a unas Bolsas que ya no están baratas. El gran dibujo sigue siendo positivo, ya que, tras tres años de crisis, el mundo se encamina hacia la salida de la crisis, aunque algunos países como España nos hemos quedado rezagados. Pero ese camino es accidentado, es, como dice Bill Gross, un camino lleno de baches y no una autopista recién asfaltada.
El resultado de las elecciones irlandesas, donde la hasta ahora oposición va a tomar el poder con ánimo de revisar el acuerdo de rescate, añade más incertidumbre aún.
A nuestro juicio estas son las causas por las que el S&P no ha podido romper el 1.300, ni el Eurostoxx el 3.000, ni el Ibex el 11.000 la semana pasada. Esas rupturas vendrán, a nuestro juicio, pero hay que esperar a que se avance en los temas pendientes, incluidos el problema de la deuda de la zona euro, la votación sobre el límite de la deuda soberana por el Congreso americano, y la inestabilidad del norte de África y Oriente Medio. Estos son temas muy de fondo, y sin claridad sobre estos temas es difícil que suban las Bolsas.
Nuestra conclusión, a riesgo siempre de equivocarnos, es que las Bolsas están entrando en una fase lateral, en la que se moverán al vaivén de las noticias políticas y económicas, pero faltas de fuerza para romper los niveles de resistencia, es decir, el 1.330 del S&P, el 3.000 del Eurostoxx y el 11.000 del Ibex. Esa etapa lateral tiene cierto riesgo bajista, aunque, salvo que todo se desordene, como ocurrió con Lehman, las caídas deberían ser limitadas, ya que hablamos de temas muy analizados, en los que no hay el efecto "sorpresa".
Seguimos apostando por valores defensivos, que además se han quedado atrás como las telecos, donde esta semana veíamos caídas fuertes en Deutsche Telecom y France Telecom (Telecom Italia era la excepción, con una subida semanal de casi el 5%), las empresas de alimentación, alguna automovilística como Volkswagen, que presentó muy buenos resultados, o algunas eléctricas como E.ON, muy castigada también la semana pasada. Aprovecharíamos también la caída del dólar frente al euro para tomar posiciones en algún valor americano como Cisco, Microsoft o Johnson&Johnson.
Miércoles, 30 de mayo
Juan Carlos Ureta
Luis Llopis Herbas
Jaime Noguera
ClickTrade
Juan Carlos Ureta
Kiko Rosique
Rolando Rodrich
Grupo Cenyt
Institución Futuro. Think tank independiente
José Miguel Montes
Jesús Pérez
Ramón Tamames