Tras una semana en la que los mercados (Ibex -7%, Eurostoxx-3,8% mientras las Bolsas americanas apenas se movían) han vuelto a dejar claro lo que los responsables políticos se empeñan en negar, a saber, que el problema de la deuda periférica europea necesita un plan global de reestructuración, la única incertidumbre que cabe ya es la del modelo y el calendario de dicha reestructuración. Es decir, la duda no es si Portugal y España van o no a entrar en procesos de rescate, la duda es, más bien, cómo y cuándo se va a iniciar la reestructuración global de la deuda europea. Y todo indica que debe ser más bien pronto, tal vez incluso el primer ensayo tenga ya lugar con Irlanda.
El tránsito de modelo de rescate que se diseñó en mayo, basado en ayuda financiera a los países a los que el mercado se la niega o se la pone muy cara, hacia un modelo de reestructuración como el anunciado del SDRM (sovereign debt reestructuring mechanism) no va a poder esperar hasta el 2013. Va a tener que ser más rápido, por dos razones. La primera es que el propio anuncio de un plan de reestructuración a fines de octubre ha precipitado el proceso ya que ningún inversor desea invertir en activos que puedan entrar en reestructuraciones, y menos aún sin conocer el alcance y el mecanismo de las mismas. La segunda razón conecta con España, y es que como ha venido a decir el propio Axel Weber, el Fondo de rescate europeo no es suficiente para rescatar a todos los necesitados, luego hay que reestructurar.
Pasamos así al calendario, lo cual conecta, de nuevo, con la presión que haya sobre España. El pasado viernes el diferencial de tipos llegó a superar los 260 puntos y el tipo de interés del bono del Tesoro a diez años alcanzó el 5,2%. Esto indicaría que los mercados apuestan por una rápida intervención, y que no se creen el mensaje del Gobierno, como antes no se creyeron el de los Gobiernos griego o irlandés. En este mismo sentido de un rescate inmediato apuntarían las palabras del Presidente de Banca Cívica, Enrique Goñi, del pasado jueves en un encuentro sectorial, diciendo que estamos en un "precolapso financiero", en una "crisis de liquidez que va a peor".
Sin embargo, hay razones para pensar que las cosas se diferirán algo en el tiempo. La razón principal es, precisamente, que debería estar más maduro el modelo de reestructuración de la deuda, ya que sin un modelo claro, el rescate formal de España puede convertirse en un verdadero dolor de cabeza. Por otro lado, la propia escala y calidad de la economía española, no ya de sus pasivos sino de sus activos, hace más viable la idea de una reestructuración, que no consiste sólo en quitas, sino también en vender activos, alargar plazos y ajustar rentas. Tenemos una gran economía, aunque ahora en horas bajas por los errores cometidos.
En cuanto al modelo de la reestructuración, una idea puede ser la de Roubini de emitir bonos europeos para ser canjeados o para sustituir por otra vía (incluida la compra en mercados secundarios de deuda) a la deuda de los países rescatados, pero a la vez estableciendo un programa claro y riguroso de ajustes y de reformas estructurales. Todo esto dista de estar políticamente maduro, y por eso lo normal sería que pasen aún varios meses hasta que lo veamos en escena. Pero a veces los acontecimientos se precipitan y los tiempos se acortan.
En definitiva, estamos ya ante un problema de toda la zona euro, no solo de algunos países o de España. Estos e ve muy claro en la cotización del euro, que ha caído fuertemente, hasta 1,32 con el dólar, pese a la QE2 practicada por la FED americana. Y también se ve en el comportamiento del bund alemán esta última semana, al subir su tipo de interés al 2,7%. Es decir, el bund ya no es visto como un activo refugio, porque la segunda derivada de la crisis periférica le tocará inevitablemente.
Por ello hay que buscar una solución global, en la que Alemania tendrá que pensar no solo en cuánto van a poner los acreedores privados sino también en cuánto va a poner ella. Y hay poco tiempo, no podemos esperar a que se haga demasiado tarde (too late), ni prolongar más tiempo ese modus operandi de dejar pudrirse los problemas, cuando estos ya están sobre la mesa. Ya no vale la propaganda, es decir, ya no valen los stress test publicitarios de julio, ahora hay que buscar soluciones de verdad.
Es posible, incluso probable, que el BCE actúe de nuevo, como en mayo y junio, poniendo dinero para ganar tiempo, pero aun así habrá que actuar con cierta rapidez.
Al otro lado del Atlántico, sin embargo, las cosas mejoran. Todos los últimos indicadores son buenos, y el black friday parece que se ha saldado con buenas ventas minoristas, las mejores de los últimos cuatro años. Hay que ver lo que pasa el lunes, el llamado cyber monday en el que se miden las ventas por Internet, pero las sensaciones son buenas.
Entramos en una semana cargada de referencias. Además de los ya citados datos sobre ventas en el inicio de la temporada navideña, veremos los ISM de manufacturas y de servicios, y los PMI en la zona euro, así como la confianza del consumidor americano medida por la Conference Board, el Beige Book, y, sobre todo, el informe de empleo americano en noviembre, el viernes.
La duda es si todas estas referencias harán o no pasar a un segundo plano el problema de la deuda periférica de la zona euro. Sería bueno que los mercados den un respiro, por las razones expuestas. A nivel de indicadores técnicos, el futuro del S&P sigue en niveles cómodos, sin alejarse demasiado del 1.200, pero el Ibex, está cerca de un soporte peligroso, como es el 9.500.
Una vez más la esperanza viene del otro lado del Atlántico. De ahí podría venir una cierta calma, que permita a la zona euro definir su plan global de arreglo. Esta semana es clave para ver si la caída de España, que es el país con potencial desestabilizador, se para o no. Si se para, y nuestra apuesta es que lo hará, no hay que confundirse. El problema no se habrá terminado, simplemente se habrá aplazado hasta dentro de unos meses o semanas, pero si se diseña un plan de reestructuración serio y creíble, los mercados responderán favorablemente, en nuestra opinión.
Cada vez más, la crisis de la llamada deuda periférica europea (antes PIGS) va convirtiéndose en un problema regional, circunscrito a la zona euro, y además en un problema cuyos mecanismos de solución parece que se van afinando, tras el ensayo griego y tras las numerosas vueltas que, desde mayo, se han ido dando al tema. Sólo así se explica que, en la semana en la que se ha negociado el rescate de Irlanda, las Bolsas americanas y europeas apenas se hayan movido. Los tres índices americanos han cerrado la semana tal y como la abrieron, sin moverse, y en Europa, el Eurostoxx ha subido un 0,8% en la semana y el Ibex un 0,4%. El Dax ha ido más allá, subiendo un 1,6% en la semana.
El impacto, por tanto, del caso irlandés, ha sido prácticamente nulo, y hay que ir a Asia para ver movimientos algo mayores, como la subida semanal del 3% en el Nikkei, que recupera los 10.000 puntos, o la caída también de un 3% del Shanghai Composite, afectado por la decisión china de elevar una vez más el coeficiente de reservas bancarias para combatir una inflación creciente.
Si comparamos lo que está pasando con la crisis irlandesa en noviembre y lo que pasó en mayo con la crisis griega, la gran lección es que ahora el rescate se ve como algo positivo y entonces el rescate se vio como algo peligroso y lleno de amenazas. Esta es la lectura que podemos hacer de lo que ha sucedido en los mercados esta semana, y es una lectura positiva, ya que pone de manifiesto que los rescates y la reestructuración ordenada de la deuda no son el problema, sino más bien la solución, a una cuestión, la de las economías periféricas, que, de no abordarse debidamente, amenaza incluso a la supervivencia del euro.
Otra lectura es que la reestructuración es inevitable. Por el momento, en el caso irlandés, estamos en la fase de rescate, pero sería enormemente conveniente pasar de forma inmediata a la fase de la reestructuración de la deuda. Irlanda tiene el tamaño adecuado para ensayar el modelo sin graves riesgos. Al final probablemente habrá que ir por ese camino, no sólo para Irlanda, sino para Grecia, para Portugal y, según algunos economistas como Roubini, que el pasado viernes en la CNBC calificó a la economía española como el "elefante en la habitación", para España. Los rescates aportan liquidez, financiación para economías a las que los mercados se la niegan, pero sólo la reestructuración aborda de verdad los problemas de solvencia, de capacidad de pago de la deuda. Grecia y la propia Irlanda nos recuerdan algo tan obvio como que la ortodoxia fiscal y los recortes de gasto llevan consigo, en una primera instancia, una contracción de la economía, que, a corto plazo, agrava aun más la carga de devolver las deudas acumuladas.
Por eso pensamos que los mercados van a ir mentalizándose con la idea de reestructurar, y van a ir dando forma a esa idea de la forma menos traumática posible, como puede ser un canje de bonos o una capitalización del sistema previa bajada del precio de los activos.
Esa es la lógica simple, pero aplastantemente demoledora, que subyace tras los rescates, como ya se ha visto en el sector bancario, y por eso es muy normal que el nuevo Fondo permanente de rescate que han propuesto Francia y Alemania en la reunión de fin de octubre pasado se llame, precisamente, "Mecanismo de reestructuración de deuda soberana" (SDRM sovereign debt reestructuring mechanism)
Son palabras que hace poco se evitaban, sonaban mal, pero que hoy empiezan a ser familiares, y a sonar como la mejor opción, mucho mejor opción que el default o que la ruptura del euro, opciones muy traumáticas y que no desea nadie.
El camino por el que se llega ahí es que los mercados exigen cada vez mayor tipo de interés, para financiar a economías que consideran excesivamente endeudadas. Esa elevación de los tipos provoca un aumento a futuro de la deuda, que empeora aun más la ya escasa capacidad de devolverla, iniciándose así un círculo vicioso que termina en el rescate. Incluso si, como en el caso irlandés, el Gobierno tiene reservas, tiene dinero para aguantar unos meses (Irlanda no tenía que emitir hasta Junio de 2011) el movimiento se desplaza a los Bancos y a las empresas, que sufren la retirada de depósitos o la falta de financiación en los mercados. Un informe del Allied Irish Bank ha reconocido que el Banco había perdido 13.000 millones en depósitos desde principios de año.
Todo esto debería tenerlo muy presente España. Sea o no cierta la afirmación de Roubini del pasado viernes, según la cual España es la pesadilla de la zona euro, lo cierto es que en los próximos meses nos jugamos entrar o no en una dinámica similar a las descritas, y el que entremos o no sólo depende de que generemos o no confianza, lo cual a la vez depende de que cumplamos los compromisos de ajustes y de reformas.
Pero, como decíamos al principio, estos son, cada vez más, problemas de la zona euro y muy en particular de algunos países de la zona euro. El mundo, sobre todo el mundo de las economías emergentes, va por otro lado.
Hemos visto esta semana como, por un lado, las Bolsas han aguantado bien, con la exitosa salida a Bolsa de General Motors, como un símbolo muy gráfico de superación de la crisis. Hemos visto al futuro del S&P aguantar en torno al 1.200, al Eurostoxx aguantando bien en la zona del 2.850, e incluso al Ibex moviéndose claramente por encima del 10.000. A la vez, hemos visto caídas en el bund y en el T bond. El tipo de interés del bund está ya en el 2,70% y el del T bond en el 2,88%, siendo así que en verano llegaron a acercarse al 2%. De alguna manera, desde septiembre se ha hecho bueno nuestro pronóstico de que los bonos alemán y americano iban a ser el mejor aliado de la Bolsa, al haber un trasvase claro de dinero desde estos bonos hacia la renta variable.
A partir de ahí, hacen falta nuevos catalizadores para romper los niveles actuales. La solución del caso irlandés, que impulsaría a corto al sector bancario, muy castigado estos días pasados, podría ser uno de ellos. Otro puede ser el inicio de la temporada de compras navideñas americana esta semana, tras el Día de Acción de Gracias. El próximo viernes, el llamado black friday, día en el que el consumidor americano se lanza a comprar podría ser un indicador real de la confianza generada por las políticas de Bernanke. En todo caso, y más allá del cortísimo plazo, la QE2 no es amigable para los bonos y sí lo es para las acciones.
El comportamiento de las Bolsas la semana pasada nos confirma en una visión esencialmente positiva de cara a fin de año para la renta variable, en unos mercados financieros que, a pesar de estar estabilizándose, están aun muy lejos de haber alcanzado la normalidad.
Lo que en nuestro comentario anterior anunciábamos como un posible "descanso" de las Bolsas, tras las fuertes subidas de la semana anterior, se ha traducido realmente en caídas de cierta consideración en casi todas las plazas, con la excepción del Nikkei, que subió un 1% en la semana, y del Dax, que tuvo un descenso casi simbólico. Por el contrario, el Ibex y el Eurostoxx bajaron casi un 2% en la semana, el Dow y el S&P perdieron un 2,2% y el Nasdaq se dejó un 2,3% en la semana. Especialmente significativa ha sido la caída del Shanghai Composite, que perdió un 4,6% en la semana tras caer más de un 5% en la sesión de cierre del viernes.
Estas caídas han tenido tres motivos. El primero, a partir del miércoles, la situación de la deuda periférica europea, que esta vez se ha centrado sobre todo en Irlanda. Las mayores exigencias de margen por la Cámara de Compensación de Londres, LCH Clearnet, para los bonos irlandeses, unidos a la idea de que en el nuevo diseño del plan de rescate permanente solicitado por Alemania y Francia los inversores privados también deberán asumir pérdidas, han abierto la caja de los truenos de un problema que, como ya hemos dicho en bastantes ocasiones, sigue sin estar resuelto.
El segundo motivo de las caídas ha sido los resultados de algunas empresas, como Cisco, que, sin ser malos, apuntan a menores márgenes futuros y a una mayor atonía de la demanda en los próximos trimestres. Es el reflejo de la llamada "nueva normalidad", es decir, de un mundo con menor crecimiento y mayor presión sobre márgenes.
Finalmente el tercer motivo fue, ya el viernes, el nuevo paso del People´s Bank of China elevando el ratio de reservas bancarias, lo que, además de endurecer el crédito, puede ser la antesala de subidas de tipos en la economía que más crece del mundo.
De estos tres factores el más relevante, por su potencial desestabilizador, es, a nuestro juicio, el de la deuda periférica de la zona euro, porque, además de ser un problema complejo, toca de lleno al sector bancario, que es un sector clave en cualquier posible escenario de recuperación. Es obvio que esta semana los Bancos europeos cotizados se han movido al son de las noticias sobre el bono irlandés, y buena muestra de ello fue la sesión del viernes, cuando los Bancos del Eurostoxx iniciaban la sesión con fuertes caídas que luego se convirtieron en fuertes subidas, tras el comunicado emitido en Corea recordando que el nuevo plan de rescate no entraría en vigor, de aprobarse, hasta el 2013.
Por eso es importante analizar la posible solución del tema de la deuda periférica, es decir, de la deuda de Grecia, Portugal, Irlanda y España, partiendo de la premisa de que, hoy por hoy, es un tema no resuelto.
La complejidad del tema deriva de que seguir sosteniendo que no pasa nada va a conducir normalmente a tipos de endeudamiento insostenibles para esas economías. Esta semana el tipo del bono irlandés a diez años llegó a superar el 9%. Esta dinámica es insostenible y, por ello, para no entorpecer aun más los planes de rescate, la solución más racional y práctica sería una reestructuración de esa deuda, y por ahí han ido los mensajes de Wolfgang Schauble hablando hace ya varios meses de una reestructuración "ordenada". Muchos economistas, como Marco Annunziata, entre otros, argumentan de forma impecable esta tesis. Sin embargo, la dificultad radica precisamente en los riesgos de caer en un caos, y de generar un proceso traumático en lugar de ordenado.
Pero si hay alguna posibilidad de hacer algo parecido a una reestructuración "ordenada", esa posibilidad pasa a nuestro juicio por el BCE. Es el BCE el que puede arbitrar los mecanismos para ordenar el proceso. Y sin duda uno de esos mecanismos es poner por lo menos algo de dinero encima de la mesa. Esta es, en nuestra opinión, la razón por la que el BCE está tan reacio a sumarse a la QE2, ya que sabe que más bien pronto que tarde tal vez tenga que adoptar su propia versión de la QE2 para resolver el problema de la deuda periférica, que a la vez es el problema de una parte de los Bancos europeos.
En definitiva, la táctica que funcionó el pasado viernes, que fue la de recordar que el nuevo plan de rescate, el SDRM (sovereign debt reestructuring mechanism) no entrará en vigor hasta el 2013, en el caso de ser finalmente aprobado, es una táctica de corto alcance. El viernes calmó a los mercados, pero hay que seguir buscando soluciones al problema de la deuda periférica, que tiene potencial incluso para arrastrar al euro.
Dicho esto, los mercados no se están comportando mal en esta nueva fase de turbulencias, pero lo que sí es verdad es que la subida que esperábamos para la renta variable en noviembre seguramente se desplace a diciembre. El futuro del S&P no acaba de romper el 1.225, e incluso el viernes pasado acabó por debajo de 1.200. Esto en sí mismo sería una muestra de debilidad de la renta variable, pero hay otras señales más positivas. En primer lugar el dólar, contra todo pronóstico, ha aguantado bien la embestida de la QE2. El viernes llegó a estar por debajo de 1,36 con el euro, alejando los temores de desplome. En segundo lugar, los Bancos están aguantando bien, y parecen estar encontrando su suelo. En tercer lugar, apostamos por que la QE2 tenga éxito en su objetivo de mover el dinero hacia activos de riesgo, lo cual favorece de forma directa a la renta variable. En este sentido las caídas de esta semana del bund y del Tbond están ya a nuestro juicio mostrando ese trasvase de dinero.
Quedan ya pocos resultados empresariales por publicar, aunque algunos son relevantes como los de Wal Mart o Dell, y por ello pensamos que a corto plazo, olvidada ya casi la famosa guerra de divisas, lo que va a mover a las Bolsas es la evolución del problema de la deuda periférica de la zona euro. No estando aun madura una solución, pensamos que el tema tenderá a desplazarse en el tiempo. Habrá que seguir el discurso de Bernanke el próximo viernes en Alemania, precisamente en el BCE.
Seguimos, por las razones expuestas, positivos con la renta variable para el final del año, aunque tal vez haya que diferir a diciembre, tras el "thanksgiving day", una parte de la subida que esperábamos para noviembre.
La apuesta por la renta variable que hacíamos la semana pasada al finalizar nuestro comentario ha resultado ser acertada, con la única excepción de la Bolsa española. En la primera semana de noviembre el S&P ha subido un 3,6%, el Dow y el Nasdaq un 2,9%, el Nikkei un 4,6%, el Eurostoxx un 1%, y el Shanghai Composite un 5%. Solo el Ibex ha sido la excepción, con una caída semanal del 3,6%.
La semana ha estado llena de buenas noticias económicas, empezando por el magnífico ISM manufacturero el lunes, seguido de un buen ISM de servicios y de un buen informe de empleo americano de octubre el viernes. A la vez, los resultados han acompañado en general, con buenas cifras de BNP y Societé Generale, entre otras. Estos datos tal vez habrían bastado para alimentar una buena semana, pero la que algunos habían llamado "la semana más importante del año" tenía centrada toda su atención en las elecciones americanas y en las reuniones de los Bancos Centrales, sobre todo la de la FED. Y la expectativa no se ha visto defraudada.
Son muchas las lecturas que habrá que hacer de lo sucedido esta primera semana de noviembre, pero en una primera aproximación las preguntas son, en primer lugar, si ha acertado o no la FED con su nueva inyección de 600.000 millones de dólares para compra de Deuda Pública a largo plazo, y en segundo lugar, cuales son las consecuencias de que, esta vez, la FED se haya quedado básicamente sola en su movimiento. Ni el BCE, ni el Banco de Inglaterra, ni siquiera el Bank of Japan se han apuntado a la QE2.
En cuanto a la primera pregunta, es sabido que algunos analistas de gran prestigio, entre ellos Bill Gross, son muy críticos con esta derivada de la FED, y piensan que estamos en la antesala de nuevas burbujas y de nueva inflación. En nuestra opinión, y aun reconociendo la parte de verdad que pueda haber en estas críticas, hay que dar un voto de confianza a Bernanke y hay que creer en su promesa de que la FED sabrá cortar la inflación y las burbujas si estas aparecen. Dicho esto, la QE2 pretende ir más allá de la QE1. Ya no se trata sólo de arreglar un problema de liquidez, como en marzo de 2009, sino de movilizar el dinero hacia activos, sacarlo de la deuda pública. La FED piensa que al mantener bajo el tipo de los bonos públicos, el dinero irá a las acciones, bonos privados y activos de riesgo en general. Así, a través del "efecto riqueza" generado por las cotizaciones en Bolsa se estimula el consumo, y se persigue un objetivo de inflación moderada. Este es el plan y habrá que darle un voto de confianza.
En todo caso, como hemos dicho en comentarios anteriores, para que la QE2 no tenga efectos colaterales perversos lo más importante es que el proceso de reformas y de ajustes de la economía prosiga y, en este sentido, el resultado de las elecciones americanas, con la victoria republicana en el Congreso, da mayores garantías de que no se va a desbocar el gasto público y de que se va a ir por la vía de las reformas serias, en lugar de fiar todo a los programas de estímulo públicos.
Tal vez por esa confianza en el buen hacer de Bernanke y de la FED es por lo que los tipos del bund y del Tbond se han mantenido muy bajos esta semana tras la decisión de la FED. El bund cerró el viernes al 2,41% y el T bond al 2,53%, es decir ni uno ni otro descuentan inflación.
La segunda pregunta es ¿por qué los demás Bancos Centrales no siguen a la FED y cuales son las consecuencias? La respuesta es, a nuestro juicio, que cada vez estamos entrando más en un mundo diverso y lleno de asimetrías. La evolución de la crisis ha llevado a los diversos países y a las diversas empresas por caminos distintos y eso es cada vez más evidente en los mercados y en los datos. Por eso esta misma semana Australia e India subían sus tipos de interés, porque sus respectivas economías están creciendo bien. Y por eso tal vez hay que entender a Trichet cuando no sigue los pasos de Bernanke, porque en la zona euro hay economía muy lanzada, como la alemana, y otras paradas, como la española, y porque Trichet sabe que probablemente la zona euro tendrá que enfrentarse de forma seria a la crisis de la Deuda, pública y privada, de los países periféricos y que es mejor dejar la artillería para ese momento. Hará falta y habrá que utilizarla cuando haya que reestructurar deuda periférica como paso previo a crecer.
En suma, la primera lectura de esta semana es que al QE2 ha funcionado y ha conseguido su objetivo de animar los mercados, y la segunda lectura es que hay cada vez más divergencias. No solo divergen la FED y el BCE. También divergen los bonos alemanes y los bonos de periféricos. Los bonos griegos a diez años están otra vez al 11,4%, los bonos irlandeses al 7,6%, los portugueses al 6,5% y los españoles al 4,3%, mientras el bund se mantiene al 2,4%. Al calor de la posición "dura" del BCE, las primas de riesgo vuelven a niveles de mayo y el Tesoro español se ve obligado a emitir a 5 años al 3,5%. Lo que pone de manifiesto que el BCE ha sido clave en la aparente serenidad de los últimos meses.
Y asimismo toman caminos divergentes la Bolsa española y las Bolsas europeas y americanas, como hemos visto. El Dax de nuevo le saca al Ibex más de 25 puntos. Las mismas divergencias se ven en los Bancos. Esta semana los Bancos italianos y españoles caían fuertemente, mientras los franceses, alemanes y americanos se comportaban bien.
Más allá de estas diferencias, que no indican sino qué mercados están haciendo su papel y discriminando situaciones, en nuestra opinión la QE2 va a suponer un impulso adicional para la renta variable y para los "hard assets" en general, incluidas las materias primas y los inmuebles.
La próxima semana es más tranquila, aunque con datos relevantes, como la confianza del consumidor de la Universidad de Michigan, y con algunos resultados empresariales importantes, como los de Cisco o los de Siemens, Unicredito, Intesa o Telefónica, entre otros. Las Bolsas americanas, con subidas del Dow y del S&P cercanas al 10% en lo que va de año, y del Nasdaq ya superiores al 13%, han cerrado el pasado viernes en sus máximos anuales, que coinciden con los niveles previos a la quiebra de Lehman. El futuro del S&P está de nuevo a las puertas del importante nivel de 1.125 puntos.
Los índices americanos son alcistas y esto nos hace seguir pensando en un noviembre positivo, si bien las Bolsas que han subido fuerte la semana anterior, podrían descansar y por el contrario el Ibex debería recuperarse algo, al haberse descontado ya los temores sobre los Bancos y la ampliación del BBVA. Para el resto del mes de noviembre, seguimos apostando en positivo para la renta variable.
La idea clave que hemos venido manteniendo a partir de septiembre, de un buen cuarto trimestre para la renta variable, ha tenido un reflejo claro en el mes de octubre, con subidas impresionantes en casi todas las Bolsas. En concreto, el S&P ha subido un 3.7% en el mes, el Dow un 3%, el Nasdaq un 5.8 %, y nuestro Ibex un 2.8%. Pero tal vez el despegue más impresionante de octubre ha sido el del Shanghai Composite con su 12% de subida en el mes, cerrando casi en el nivel 3.000. La única excepción es el Nikkei japonés, que se está convirtiendo en el peor índice entre los importantes con su caída anual acumulada del 12.7%.
Estas fortísimas subidas mensuales de octubre, que en el caso de los índices americanos suponen prácticamente la mitad de la subida acumulada en el año, apenas se han visto empañadas por los ligeros recortes de la pasada semana, la de cierre del mes, en las Bolsas europeas, recortes del 1% en el Ibex y el Eurostoxx.
Las subidas de octubre se han apoyado en los dos pilares a los que aludíamos en nuestro comentario del pasado 4 de octubre. Por un lado los resultados empresariales, que para la amplia mayoría de las empresas que han publicado beneficios, han superado las estimaciones. Por otro lado, el trasvase de dinero de los bonos a la renta variable, a medida que se ha ido poniendo de manifiesto la firme decisión de la FED, que sin duda será seguida por otros Bancos centrales, de proceder a una nueva ronda de relajación monetaria cuantitativa. Los claros mensajes de la FED en este sentido han impulsado a las Bolsas y castigado al Bund al T bond, cuyos tipos de interés habían bajado a niveles solo justificables en un escenario de deflación. Escenario poco probable dada la clara determinación de la FED de crear inflación. Desde los niveles cercanos al 2% del verano, el Bund ha subido hasta el 2.5% al que cerró el pasado viernes, e igualmente el T bond americano cerró el viernes a un tipo del 2.6%, muy por encima de sus mínimos del pasado septiembre.
En definitiva, los inversores han descartado el escenario de deflación, y también el de double dip que dominó en el mes de agosto, y están empezando a apostar, bien es verdad que con mucha cautela, por la renta variable, en un contexto en el que el FMI pronostica un crecimiento del PIB global del 4,2% para este año.
Entramos así en una semana que algunos califican como la más importante del año. Una semana en la que, además de haber elecciones legislativas americanas, se reúnen la FED, el BCE, el Banco de Inglaterra y el Bank of Japan. En la que además tenemos datos relevantes como el ISM de manufacturas y de servicios y el informe de empleo mensual de octubre en la economía americana, los PMI en la zona euro, y diversos resultados empresariales, como los de BNP, Société o AIG.
Siendo todo ello importante, sin duda lo más relevante es el anuncio que haga la FED. O más bien las circunstancias y el contexto en el que haga su anuncio la FED. Tal y como dijimos ya a principios de este año, cuando muchos hablaban de estrategias de salida de los estímulos monetarios, los Bancos Centrales no van a poder abandonar fácilmente sus políticas de apoyo monetario, ya que esta crisis es muy compleja y el proceso de desapalancamiento va a ser largo. Lo importante, por ello, no es que los Bancos Centrales prorroguen o no sus apoyos, ya que en cierto modo va a ser inevitable que los prolonguen, sino que se vayan haciendo de manera firme y sostenida los ajustes y las reformas necesarias para salir de la crisis. Es decir, lo importante es que se vayan poniendo en práctica las bases para un crecimiento sano en el futuro, una vez la digestión de la burbuja vaya completándose. No se debe confundir una política instrumental como es la monetaria con la solución de fondo a esta grave crisis.
Por eso, a nuestro juicio, ha sido muy relevante la discusión de esta semana en la Unión Europea sobre las nuevas reglas de disciplina presupuestaria y de gobierno económico supranacional que proponen Alemania y Francia, y también es muy relevante, para el buen futuro de la QE2, lo que salga de las urnas en las elecciones legislativas americanas del miércoles.
Es relevante porque, a nuestro juicio, la política monetaria cuantitativa sólo va a funcionar si hay en paralelo un proceso de ajustes y de reformas en profundidad, del estilo de las que está acometiendo el nuevo Gobierno inglés. Si no, la QE2 corre el riesgo de ser un enorme fiasco, e incluso de convertir la medicina en un problema adicional. En este sentido coincidimos plenamente con las críticas que el pasado viernes formulaban contra la QE2 tanto Jeremy Grantham como Bill Gross, dos pesos pesados de las inversiones en los Estados Unidos.
Vamos a mirar, por tanto, la decisión de la FED, pero sobre todo vamos a mirar el contexto en el que se produce, el resultado de las elecciones americanas, y las políticas de reformas y de ajuste previsibles.
Al igual que hicimos al empezar octubre, apostamos por la renta variable también en noviembre. Los índices están en zonas complicadas. Al S&P le va a costar superar el 1.200, al Eurostoxx le va a costar superar el 2.900 y al Shanghai Composite el 3.000. El Nasdaq está algo recalentado tras sus fuertes subidas y el Dax también. Pero, pese a todo ello, y también pese a la situación de la deuda periférica europea (el bono irlandés a diez años superaba el 7 % esta semana) cuya solución quedará para más adelante, pensamos que aún queda un cierto recorrido a la renta variable en esta recta final del año, y que es más fácil que ese recorrido adicional lo tenga en noviembre a que lo tenga en diciembre.
Miércoles, 30 de mayo
Juan Carlos Ureta
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Jaime Noguera
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Juan Carlos Ureta
Kiko Rosique
Rolando Rodrich
Grupo Cenyt
Institución Futuro. Think tank independiente
José Miguel Montes
Jesús Pérez
Ramón Tamames