La guerra de divisas, sobre la que poníamos el foco la semana pasada, ha sido, efectivamente, el tema dominante, ante la proximidad de las reuniones del FMI de este fin de semana en Washington, eclipsando incluso las primeras presentaciones de resultados y sobrevolando las declaraciones de Trichet tras la reunión del BCE. Incluso Alemania ha entrado en esta guerra, al afirmar el pasado viernes que tanto el yuan como el dólar están infravalorados y deben subir.
Es bastante obvio que esta guerra no lleva a nada positivo en un mundo realmente global, y es también evidente que se han olvidado pronto los cantos a la unidad de las reuniones del G20 que siguieron a la quiebra de Lehman. Pero a la vez, sin embargo, podemos pensar que seguramente esa unidad la van a imponer los propios riesgos de perderla, y hay otros peligros de los que ahora se habla menos que siguen ahí y a los que debería prestarse mayor atención.
Nos referimos a los peligros latentes en la zona euro. Pese a que desde el verano, en parte por las medidas del BCE de mayo y de junio, el foco se desvió de la zona euro y se centró en el ya olvidado "double dip" y en la ralentización de la economía americana, pasando a segundo plano los temas de la deuda europea, lo cierto es que lo sucedido en Irlanda nos obliga a volver los ojos hacia Europa.
Irlanda fue, el 30 de septiembre de 2008, el primer país en dar garantía plena a los depósitos de sus Bancos, iniciando así un modelo de rescate bancario muy particular y según muchos discutible, al socializar casi totalmente pérdidas que deberían haber sido asumidas, en mayor medida que la que lo han sido, por el sector privado. Hoy ya el modelo de rescate bancario parece fuera de discusión, pero lo que todavía se puede revisar es el modelo de solución de los problemas de la zona euro para las economías que la forman.
Como decía Wolfgang Munchau en un reciente artículo, ese modelo era inicialmente el de "no reestructuración de la deuda-no salida de nadie del euro- no rescate de ningún país". La idea del "no rescate" ya se ha olvidado tras las tensiones del pasado mayo. Hay un plan de rescate, que precisamente viene a garantizar las otras dos patas, la de que ningún país miembro salga del euro y la de que ningún país miembro del euro reestructure su deuda o caiga en impagos. La pregunta es si estos son objetivos compatibles.
Nuestra respuesta es que no, salvo que se entre en un proceso largo de transferencia de rentas de unas economías o otras de la zona euro (transferencia cuyo instrumento sería el BCE vía su balance), proceso que además lleva consigo una etapa larga de contracción y/o bajo crecimiento, como sabe muy bien una Alemania, que solo muy recientemente, tras más de 15 años de bajo crecimiento, ha empezado a superar las secuelas de la reunificación de las dos Alemanias.
Por eso no se entiende bien la reacción de los mercados y de la Bolsa ante el discurso de Trichet el jueves pasado tras la reunión del BCE, cuando anunció firmeza monetaria para la zona. Si esa firmeza viene de verdad, lo que hará es acelerar el momento en el que la zona euro deba decidir y resolver sus contradicciones, y no parece que ninguna de las soluciones pueda provocar la fortaleza del euro, por ello la subida del euro tras las palabras de Trichet no es muy lógica, a nuestro modo de ver.
Sin embargo, las Bolsas celebran, como demostraron también el viernes tras el dato de paro americano, cualquier anuncio o noticia que implique la continuidad del escenario de bajo crecimiento y, en consecuencia, de continuados apoyos monetarios de los Bancos Centrales. Ese escenario es lo único que mueve ahora a los inversores, que quieren tipos de interés bajos e inyecciones de liquidez garantizadas, aunque la economía no despegue. Si además los beneficios empresariales son buenos, mejor. Por eso nuestra idea de la semana pasada de comprar renta variable en las bajadas se ha demostrado de nuevo acertada, y quien compró el lunes ha visto plusvalías el viernes.
En definitiva, los problemas latentes del euro desplazan su consideración al año que viene, cuando tal vez el BCE sea más estricto. Dejando por tanto el tema para más adelante y centrándonos en lo inmediato, esta semana tenemos citas macro importantes, como las actas de la FED el martes o las ventas minoristas americanas de septiembre y la confianza del consumidor de la Universidad de Michigan el viernes. En el plano de los resultados, aun sin entrar de pleno en la temporada, conoceremos los de varios pesos pesados como Intel ( martes) JP Morgan (miércoles) Google ( jueves) y General Electric ( viernes).
Las Bolsas, como decíamos, están en un tono complaciente, celebran todo, incluso un mal dato de empleo como el del viernes. Por ello, tras haber cerrado el viernes el Dow Jones por encima de los 11.000 puntos por primera vez desde principios del pasado mayo, y tras haber cerrado la semana el futuro del S&P en 1.060, mostrando una vez más la fortaleza del soporte en el 1.035, somos optimistas en el corto plazo para la renta variable, y creemos que aun le queda algo de subida de cara a fin de año al calor de los resultados empresariales. Nos ratifica en nuestro optimismo el buen tono del Shanghai Composite y de las materias primas en general y el hecho de que tanto el Bund como el T bond sigan en tipos de interés muy bajos.
A corto plazo la única nube que vemos es que el dólar siga bajando. A nuestro juicio el dólar debería estabilizarse e incluso subir frente al euro, frente al yen y frente al franco suizo, sin perjuicio de que se devalúe frente al un claramente infravalorado yuan. Si esto sucede, lo normal sería ver al oro y al petróleo recortando, lo cual sería bueno para la renta variable.
A más largo plazo, ya para el 2011, nos parecería casi milagroso que la zona euro no se vea obligada a optar entre una reestructuración ordenada, que tal vez no sea tan traumática como parece, de la deuda de alguno de sus miembros o una fuerte contracción del crecimiento en la zona. Cualquiera de las dos soluciones creará turbulencias en la renta variable, sobre todo para el sector bancario, pero serán pasajeras y realmente donde habría que tener más cuidado es con la deuda soberana, sobre todo con la alemana, que no recoge en su precio ningún tipo de riesgo y que en segunda derivada puede verse afectada por los problemas de sus compañeros de viaje en el euro.
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Como la sesión plana del IBEX 35 del viernes 15-10 más aquellas que terminan al alza o a la baja pero corrigen en las siguientes sesiones son el 95% de las sesiones al cabo del año. El otro 5% son las que determinan la tendencia del índice al final del año. ¿Por qué no centrarse en una estrategia sobre ese 95% de las sesiones? Los resultados serían espectaculares. ¿Por qué no invertir en bolsa de una manera original y olvidarse de la forma tradicional con que todo el mundo la ve?
http://www.noinviertaenbolsaespecule.com/
Y pobre Kurt Cobain ¿no vieron también las versiones de Bebe y Pitingo de Smells Like Teen Spirit?
FIN DE PARTIDA
Si las frenéticas vueltas miguelriverescas al ruedo fueron el desvergonzado pistoletazo de salida para la orgía inmo-langostinesca, éste sería, ¡sin duda!, el grotesco y decadente epílogo que cierra una época.
Capitulamos ya, ¿o qué?
http://www.youtube.com/watch?v=KgbS6ONWUXg
Miércoles, 30 de mayo
Juan Carlos Ureta
Luis Llopis Herbas
Jaime Noguera
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Kiko Rosique
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Institución Futuro. Think tank independiente
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