Como era de esperar, la atención de la semana se ha centrado en el discurso de Bernanke pronunciado el viernes en la convención anual de banqueros centrales en Jackson Hole. Ese discurso tuvo el efecto de poner un buen final a una semana por lo demás bastante anodina, en la que las Bolsas, como anticipábamos en nuestro anterior comentario, han logrado mantener bien los soportes del 1.050 en el futuro del S&P, del 2.600 en el futuro del Eurostoxx y del 10.000 en los futuros del Dow Jones y del Ibex.
Así, al final ha habido ligeras pérdidas semanales en las principales Bolsas, de menos del 1%, con la excepción del Nikkei, que bajó un 2%, y de nuestro Ibex, que subió un 0,5%. La dificultad para el inversor de moverse en un escenario de lento crecimiento, cero inflación, limitaciones de crédito en la economía global y ajustes pendientes tanto en la banca como en las finanzas públicas, se ha vuelto a poner de manifiesto en la estrechez de la banda en la que se mueven las Bolsas, al finalizar un agosto en el que nuestra idea inicial de mantenernos defensivos se ha demostrado totalmente acertada. Las Bolsas han caído en agosto en torno al 3%, y, frente a las voces que pronosticaban un rally de verano, ha sido bueno estar tranquilos.
Lo que hemos visto en agosto es que ha aflorado de forma muy clara el recorte de expectativas de crecimiento de la economía americana, que tuvo su colofón en la nueva revisión a la baja del PIB americano del segundo trimestre el pasado viernes, y que va más allá de lo que algunos quieren ver como un mero "summer slump". En ese contexto hay que leer el discurso de Bernanke en Jackson Hole, en el que dejó claro que la FED dispone de herramientas para estimular la actividad económica (" we have the tools, we do") pero a la vez puso en duda que esas medidas no convencionales deban adoptarse, ya que su utilización tiene, en palabras del propio Bernanke, pronunciadas el viernes, costes y riesgos asociados (" associated costs or risks of using the tool").
Esta última reflexión de Bernanke pese a que no haya recibido casi ninguna atención mediática, es, a nuestro juicio, clave, ya que la duda en un entorno prolongado de lento crecimiento, que además coincide con ajustes, reformas y desapalancamiento sostenido, es si realmente las medidas no convencionales deben o no utilizarse. Está claro que si hubiese una recaída, un double dip, esas medidas serían necesarias para evitar males mayores, pero no es ni mucho menos evidente que deba utilizarse esa misma medicina para tratar una fase de lento crecimiento.
En definitiva, el debate no gira tanto en torno a la famosa doble recaída (ese sería el debate equivocado) sino en torno a las consecuencias para la economía y para la Bolsa de un crecimiento moderado durante un periodo largo. El debate es si hay que hacer algo o no en ese contexto, y, en su caso, qué hacer. Una idea, posiblemente la mejor a estas alturas de la crisis, es no hacer nada, dejar que la economía y los mercados hagan su trabajo, y ver qué pasa. Es lo que, siguiendo a Nassim Taleb, podríamos llamar la otra Bolsa, la Bolsa alternativa, la historia de la hasta ahora Bolsa invisible, la que se mueve sin la asistencia o intervención masiva de los Gobiernos y de los Bancos Centrales. Sería bueno hacer el experimento, entre otras cosas porque el propio Bernanke, en Jackson Hole, se mostró moderadamente optimista para el 2011 y porque la medicina tiene siempre efectos secundarios.
En lo que a los mercados financieros se refiere, los malos datos de ventas de vivienda nueva y usada y de pedidos de bienes duraderos en Estados Unidos que se publicaron el martes y miércoles pasados, unidos a los nuevos problemas de la banca irlandesa, alimentaron aun más la subida de precio y la bajada de tipos de los bonos alemanes y americanos. El bund alemán llegó a tocar tipos de interés del 2,2% y el tipo del bono del Tesoro americano a diez años llegó a estar por debajo del 2,5% en una subida libre que muchos (entre otros Marc Faber, Jeremy Siegel, Tobias Levkovich, y el ya citado Nassim Taleb) consideran ya una burbuja. Es precisamente esa situación de los bonos del Tesoro a largo plazo alemanes y americanos, unida a la permanente mejora en las empresas para adaptarse a un escenario de crecimiento lento, la que nos hace ser más optimistas con la Bolsa, con las acciones.
Los platos fuertes de la próxima semana van a ser el ISM de manufacturas de la economía americana, que funciona como indicador adelantado, y el informe de empleo también de la economía americana en agosto, que siempre mueve el sentimiento inversor.
El buen cierre semanal del viernes tras las palabras de Bernanke, el buen resultado de la subasta del Tesoro irlandés el viernes, y la impresión de que el double dip se aleja para dar paso a un escenario menos drástico, aunque a nuestro juicio también complicado, de bajo crecimiento y de persistentes reformas y ajustes, nos hacen pensar en un buen fin de agosto e inicio de septiembre en lo que a las Bolsas se refiere. Si bien vemos un menor recorrido en el Ibex, tras las recientes subidas, dados los problemas macro pendientes en la economía española.
Nuestra visión de hace una semana de caídas adicionales en las Bolsas, pero limitadas por los elementos de soporte que han ido apareciendo tras la corrección de las dos semanas anteriores, se ha demostrado bastante acertada. En las Bolsas americanas las caídas semanales del S&P y del Dow no llegaron al 1%, y el Nikkei bajó solo un 0,8% en la semana. En Europa, sin embargo, los descensos fueron algo más allá, debido a los valores bancarios, hasta el 2,4% en el Eurostoxx y el 1,8% en el Ibex.
La sensación de que la economía americana se va a desacelerar en el segundo semestre, arrastrando incluso a las emergentes, ha pasado a ser dominante, una vez olvidados los ecos de los resultados empresariales del segundo trimestre. Los datos siguen mostrando una economía que camina muy lentamente. La buena noticia es que sigue caminando, es decir, que no hay double dip a la vista, pero la parte negativa es que el ritmo es lento y parece que va a seguir siendo lento.
Por ello el mal índice de la FED de Filadelfia y las malas cifras de empleo semanal en USA dieron al traste con la transitoria alegría provocada por las subastas de deuda pública de España e Irlanda del pasado martes, que fueron mejor de lo esperado. Es decir, cuando se alivia el frente de la deuda reaparece el frente del crecimiento, y el dibujo final no es de euforia en ningún caso.
Los mercados de materias primas reflejan muy bien este escenario, y así vemos al cobre (míster copper) sostenido, pero sin poder despegar, al petróleo moviéndose por debajo de los 75 dólares barril, y al oro alrededor de 1.200, sin superar claramente esa barrera, pese a los pronósticos que hablan de 2.000 o incluso de 5.000 dólares la onza.
La lectura esencial es que la economía está entrando a nivel global en una fase tan aburrida como las mismas Bolsas, y seguramente lo que están haciendo los Bancos centrales o por lo menos la FED, que sigue siendo el Banco Central por excelencia, es preparar a los inversores y a los agentes económicos para esa fase. La que Bill Gross llama de "nueva normalidad" y otros diseñan como una L con pequeñas burbujas.
En ese contexto hay que situar, a nuestro juicio, las declaraciones de Axel Weber, presidente del Bundesbank y,según algunos, futuro presidente del BCE, el pasado viernes, apostando por una continuidad, al menos hasta el primer trimestre de 2011, de las políticas de inyección monetaria. Esas declaraciones provocaron, de forma simultánea, una caída de las Bolsas, una fortísima subida del bund alemán a diez años y una fuerte caída del euro. Es difícil comprender esa reacción, al menos en lo que a los bonos se refiere, ya que la licuación monetaria es demoledora para los bonos largos, en términos de valor, y sería casi milagroso que esa licuación no se produzca a la vista de las políticas de los Bancos centrales, asumidas ya ahora incluso por los "halcones" como Weber.
Esas declaraciones de Weber hay que verlas, en nuestra opinión, como un anticipo del discurso que pronunciará Bernanke el próximo viernes en la reunión anual de Jackson Hole, Wyoming. Ese discurso es la cita básica de una semana en la que tendremos numerosos datos semanales en EEUU y en la zona euro, como las ventas de viviendas americanas en julio, la revisión del PIB americano del segundo trimestre o los PMI y el IFO en la zona euro.
Tras el claro downgrade del crecimiento americano que hizo la FED en su última reunión de hace dos semanas, y olvidadas ya, por necesidad, las llamadas estrategias de salida (exit strategies), la pregunta ahora es si la renovada política de expansión de la base monetaria (quantitative easing) va a suponer una mera continuidad de la hasta ahora practicada o va a ser el inicio de algo más grande, de una fase de estímulo adicional. Las palabras de Bernanke se leerán con lupa, buscando claves.
Nuestra idea básica sigue siendo la de una economía débil, pero sin caer en la double dip, y la de un estímulo monetario renovado, pero compatible con un contexto de continuidad y sostenibilidad de las políticas de ajuste, de reformas y de saneamiento. Esa continuidad es, tanto en la banca como en las finanzas públicas, esencial. En este contexto han sido un jarro de agua fría los mensajes de nuestro Gobierno esta semana, apresurándose a levantar el pie del acelerador y a gastar más en cuanto dos o tres subastas de letras y bonos funcionan bien, ya que indican que no hay un entendimiento mínimo de la situación, lo cual nos va a llevar a nuevos problemas en los mercados. Hay que aprender muy bien que esto es una carrera de fondo, y que si se han acumulado grandes desequilibrios y grandes deudas, su ajuste debe ser prolongado y sostenido en el tiempo. Es un lenguaje que conviene entender bien, sin vacilaciones, más en nuestro país en el que el margen de error es mínimo.
Volviendo al ámbito global, pensamos que las Bolsas están preparadas para encontrar un soporte en la caída, incluso para un cierto rebote de fin de mes, y el factor esencial de impulso sigue siendo, a nuestro juicio, la situación de los bonos alemanes y norteamericanos. Haya o no burbuja en los bonos del tesoro largos alemanes y americanos, lo cierto es que hay mucho dinero que se ha refugiado en ellos pensando en un double dip. El tipo del bund alemán a diez años está ya en el 2,25% y el del bono del Tesoro americano a diez años en el 2,6%. Quien apueste por esos tipos a largo debería escuchar y entender bien la lección de los mensajes de Bernanke en Jackson Hole. Si, como Weber, Bernanke alimenta expectativas de mayor ampliación de la base monetaria, a nuestro juicio los bonos pueden entrar en una severa corrección, ya que, a diferencia del caso japonés, en EEUU y en la zona euro esperamos que las políticas de saneamiento de las finanzas públicas y de los balances bancarios continúen, lo que alejará la deflación al reanimar el motor privado.
A nivel técnico, por otro lado, el futuro del S&P está ya cerca del nivel 1.050, que viene suponiendo un soporte en las últimas caídas, y también el Eurostoxx está cerca de su soporte del 2.600.
Finalmente, las numerosas operaciones corporativas, como la de Intel sobre McAfee o las Opas hostiles de la petrolera coreana Knoc sobre la británica Dana y de BHP Billiton sobre Potash, van a suponer, a nuestro juicio, otro elemento de soporte y además ponen de relieve las asimetrías de esta crisis, que ya en esta fase, tras tres años de desarrollo, empieza a vivir su madurez. Asimetrías que favorecen a quienes han hecho bien su trabajo y gracias a ello gozan de saneados balances. Esas empresas, como Billiton, encuentran sus oportunidades estratégicas para salir reforzados.
Pensamos que las Bolsas cerrarán agosto con mejor tono, pero en una Bolsa que seguirá en un rango estrecho, hay que apostar por las empresas y países ganadores, que hayan sabido sanear bien sus balances.
Lo que parecía un prometedor arranque de agosto se ha desvanecido en tan sólo dos semanas, para dejar paso a un entorno de cautela, mucho más acorde con la realidad de fondo de la economía.
Así, y por razones sólo en parte diferentes, la segunda semana de agosto ha sido casi una repetición de la primera, y ha ido de más a menos, dando como resultado caídas del 3,8% en el S&P, del 2,5% en el Eurostoxx y del 3,5% en nuestro Ibex. Si bien las "telecos", sector por el que apostábamos la semana pasada, se han comportado muy bien.
De esta forma, como apuntábamos en nuestro anterior comentario, el debate en cierto modo ficticio sobre la famosa doble recaída ("double dip") va dando paso al dibujo nada confortable de una posible "nueva normalidad" en la que el haber dejado atrás lo peor no signifique precisamente que haya que celebrar alegremente la recuperación. Es decir, lo importante no es que no haya "double dip" sino más bien que el crecimiento, aunque lo haya, será muy suave y desigual.
Por eso el discurso la FED el pasado martes, tras su esperada reunión, fue bastante claro respecto a lo que de verdad la preocupa, que no es otra cosa que una deflación a la japonesa. Y ahí la lección de Japón es sencilla: puedes meter todo el dinero que quieras en la economía, que si no saneas los balances bancarios, ajustando los valores de los activos, reflejando las pérdidas correspondientes e imputando las pérdidas a quienes correspondan, la economía no va a reactivarse. Puede sostenerse, pero no va a crecer de verdad.
Esa es la incómoda verdad que los mercados deberían entender, comprendiendo a la vez que cualquier otro proceso, incluida la quantitative easing y por supuesto incluidos los ya insostenibles programas de gasto público, es instrumental y por tanto secundario. Por eso es bastante llamativo que las Bolsas acogiesen el comunicado de la FED con una reacción inicial positiva, ya que no había nada que celebrar en ese discurso y sí, sin embargo, mucho de lo que preocuparse.
El problema es que las Bolsas, desde marzo de 2009, se han acostumbrado a celebrar las políticas monetarias cuantitativas, y al dejar entrever la FED que esas políticas deben continuar, porque la economía no termina de arrancar (la idea de la FED era: esto no funciona, pero seguiremos ayudando), las Bolsas lo celebraron, aunque fuese por poco tiempo.
Con gran acierto, El Erian, gestor de Pimco, decía el miércoles pasado, tras el comunicado de la FED, que lo importante para salir de la crisis es tener una "visión" a medio plazo sobre esa salida. En definitiva, los parches tácticos ya no valen, y ni siquiera los ciudadanos de a pie se los creen, mucho menos aun, por supuesto, los inversores. Hace falta una "visión" de verdad, de fondo.
Tal vez por eso el viernes, ante la noticia del crecimiento de la zona euro, con Alemania a la cabeza, las Bolsas cayeron, ya que lo relevante de la noticia no era el magnífico crecimiento alemán, sino el raquítico crecimiento de otras economías, incluida la española, y los problemas que esa desigualdad en el crecimiento va a traer a la zona euro, al ser los países periféricos los más necesitados de crecimiento para pagar sus deudas y, sin embargo, los que menos crecen. Los fantasmas del pasado mayo, por tanto, no se alejan, siguen ahí, y por eso el viernes funcionó mal la subasta del Tesoro italiano y se ampliaron de nuevo los diferenciales.
Pero, ¿cuál es la "visión" que reclama El Erian? A nuestro juicio pasa inevitablemente por atribuir pérdidas a quienes haya que atribuirlas. Si a eso se le llama reestructurar deuda puede no gustar, pero la otra solución es o vender a bajo precio para pagar deudas o que todos paguen las deudas de algunos, vía monetaria o vía empobrecimiento.
Probablemente el camino va a ser doble: reestructurar y a la vez licuar monetariamente la deuda. Si sólo se optase por lo segundo, por licuar la deuda, las Bolsas se dispararían, ante la amenaza de hiper inflación, pero es inviable que se ponga todo el foco de la salida de la crisis en la expansión monetaria cuantitativa. Hay que pensar que habrá ración de ajuste y reestructuración, y esto es lo que traerá las oportunidades. Las Bolsas no están todavía en esa visión, pero irán entrando en ella.
A nivel técnico, el futuro del S&P no ha podido con el nivel 1.125 y cerró el viernes en 1.076. El futuro del Eurostoxx cerró el viernes a 2.701 puntos, y tampoco pudo con las resistencias. Una idea normal sería pensar en caídas adicionales, ya que no se ven catalizadores a corto plazo, los famosos stress test ya están olvidados y los efectos de la propaganda se desvanecen.
Ahora bien, aun viendo esas caídas, vemos también algunos elementos de soporte que nos hacen pensar que las caídas, aunque continúen, no van a llegar muy lejos. El primero son los bonos del Tesoro alemán y estadounidense, que nos indican que hay mucho dinero esperando a entrar. El bono del Tesoro americano a diez años cerró el pasado viernes a un tipo de interés del 2,69% y el bund está ya por debajo del 2,4%. Salvo que haya deflación, estos tipos son absurdos, y más aun si la quantitative easing continúa, como todo apunta. Por eso coincidimos con lo que afirmaba el pasado jueves Nassim Taleb al decir que apostar contra los bonos largos alemanes o americanos ahora es un " no brainer" y pensamos que el mejor amigo de la Bolsa ahora son los bonos, por su burbuja.
Otro soporte es el oro, cuyo futuro subió más de un 1% la semana pasada, es decir, no se teme la deflación, pese a que los bonos largos alemanes y americanos parezcan verla.
Un tercer elemento de soporte puede ser, a nuestro juicio, la publicación esta semana de resultados por varias grandes compañías de distribución minorista como Wal Mart, Home Depot, Lowe y Target, así como algunos datos inmobiliarios americanos, que pueden ir mostrando un cierto "suelo" en línea con lo avanzado por la encuesta sobre confianza del consumidor de Michigan que se publicó el pasado viernes.
En suma, seguimos pensando en una banda estrecha, dentro de ese bucle en el que se han metido las Bolsas, al que aludíamos hace cuatro semanas, y creemos que, aunque al final la salida será al alza, antes vamos a ver nuevas turbulencias, sobre todo en Bolsas cuyas economías, como la española, tienen poco crecimiento y mucha deuda por pagar. La prima de riesgo "macro" a la que aludíamos hace unas semanas, puede castigar de forma diferencial al Ibex, que ha acortado casi diez puntos con el Dax en los últimos tres meses.
Hace ahora tres años se pararon los mercados interbancarios, bajo la sospecha generalizada de que los balances bancarios escondían problemas y hoy, en agosto de 2010, tras tres años de "rescates" bancarios, test de stress, programas de gasto público sin precedentes, quantative easing, y diversos episodios de propaganda para intentar reanimar al enfermo, los mercados interbancarios y financieros, aunque algo han mejorado, no terminan de recuperar una dinámica autónoma y siguen funcionando con respiración asistida por los Bancos Centrales.
Por eso, en el tercer aniversario del inicio de la crisis, la duda principal no es tanto si viene o no un "double dip", sino si el motor privado de la economía, crédito incluido, va o no a arrancar, y si lo hace, cual va a ser el ritmo, la velocidad de crucero de la recuperación.
Hoy parece ya claro que los programas de gasto público, útiles en el 2009 para evitar el abismo, no son sostenibles, y empieza a haber dudas de por cuanto tiempo y hasta donde podrán llevar los Bancos Centrales los programas de inyección de liquidez, la llamada política monetaria cuantitativa.
La auténtica verdad, tal vez la incómoda verdad, es que, al final, o se reactiva la circulación privada del dinero y del crédito, o no habrá una recuperación sostenible. Y ahí topamos con la confianza, con la necesidad de mayores ajustes, de mayores saneamientos y de mayores reformas para poder de verdad recuperar esa confianza. A nivel global, no solo español. Ese es el único tratamiento adecuado a la índole de la enfermedad y lo demás son remedios transitorios para evitar lo peor, pero no curan la enfermedad. Es decir, a base sólo de quantitative easing no vamos a salir de esta crisis.
Por eso son llamativas las triunfalistas declaraciones de Trichet tras la reunión del BCE el pasado jueves, celebrando el éxito de las compras de deuda pública en el mercado secundario por parte del BCE y diciendo que la economía de la zona euro marcha mejor de lo previsto. Contrastan esas declaraciones con las mucho menos complacientes de la FED, que por boca de su presidente Bernanke y por boca del presidente de la Reserva Federal de San Luis, James Bullard, ha recordado que la quantitative easing puede seguir siendo necesaria, ya que no es descartable que la economía americana vuelva a entrar en riesgos de deflación. Pese a que los datos de crecimiento son mucho mejores en EEUU que en la zona euro, la FED ya sabe que el motor no termina de arrancar.
Si traducimos lo anterior al escenario bursátil de la primera semana de agosto, vemos que los buenos resultados de algunos Bancos como HSBC, BNP, Societé Generale o Lloyds y algunos buenos datos macro como los ISM americanos de manufacturas y servicios propiciaron un inicio de agosto muy fuerte, pero esa fortaleza se vino abajo en las sesiones sucesivas y sobre todo el viernes al publicarse un mal informe de empleo en Estados Unidos en julio. La reactivación no se traduce en mayor empleo y por eso, su recorrido es dudoso. Es decir, no hay recuperación "alegre" y el ciudadano, ya sea consumidor o inversor, no termina de verlo claro.
Los índices de las principales Bolsas han cerrado esta primera semana con subidas suaves entre el 1% y el 2%, sin romper resistencias técnicas. El futuro del S&P no ha podido romper al alza el nivel 1.125, al que se le daba importancia técnica, y el futuro del Eurostoxx, aunque ha roto el 2.750 no lo ha hecho aún con la suficiente convicción.
Los bonos del Tesoro alemanes y americanos, que en la actual coyuntura son el auténtico "indicador del miedo", muestran que los inversores no acaban de recuperar una plena confianza, y por eso el bund alemán se compraba a un tipo de interés del 2,5% a diez años el pasado viernes y el bono del Tesoro americano a diez años cerró el viernes a un tipo del 2,8%. El tipo de interés del bono del Tesoro japonés a diez años ha bajado del 1% por primera vez desde el 2003. Esto indica que el gran dinero se refugia ahí, pese a los bajísimos tipos de interés.
En definitiva, los datos macro que van apareciendo parecen descartar un "double dip", pero a la vez no se ve un arranque claro, y por eso las Bolsas siguen en la indefinición. Se habla de una L con pequeñas burbujas de vez en cuando.
Entramos en una semana con reunión de la FED, que va a ser importante dados los últimos mensajes antes citados, y con datos macro en EEUU, como las ventas minoristas de julio y el índice de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan. Hay también todavía algunos resultados empresariales importantes como los de Cisco, ING, Eon o Nestlé, entre otros. Los mercados de bonos nos mueven a ser cautelosos y por ello, nos refugiarnos en valores defensivos, como tecnológicas, petroleras, telecos y eléctricas, pero sobre todo nos fijarnos mucho en el precio y evitamos absolutamente aquellas compañías cuyos precios estén en la parte alta de la banda de cotizaciones anual, entrando solo en valores con precios castigados.
Tal y como avanzábamos en nuestro anterior comentario, la estela de los stress test y los buenos resultados empresariales que hemos ido conociendo (en España, impresionantes los de Telefónica) han dado algo más de juego a las Bolsas, con subidas semanales suaves en casi todas las plazas, e incluso algo mayores en Shanghai con una subida del 2.5% en la semana. De esta forma julio se ha convertido, en términos de ganancia mensual, en el mejor mes del último año, y para nuestro Ibex es el mejor julio de la historia y el quinto mejor mes de todos los tiempos. En concreto, el Ibex subió un 13% en el mes, y el Dow y el S&P un 7%.
Las Bolsas, al calor de los resultados, parecerían estar dando un mensaje positivo, alejado del temor de "double dip" o doble recaída económica.
En el caso de las materias primas, hay que diferenciar. Las commodities agrícolas y los metales sí parecen corroborar ese mensaje optimista de las Bolsas, con sus subidas de las dos últimas semanas, muy en particular la del cobre, que está en máximos de tres meses. El cobre suele ser considerado un buen indicador adelantado y por ello algunos lo llaman "míster copper" o "el doctor sabio de Wall Street". Otras materias primas, como el oro o el petróleo no han compartido esa subida y o bien se han estancado, caso del crudo, o han bajado, caso del oro.
Si nos fijamos en los bonos vemos que los bonos del Tesoro americano a diez años cerraron el pasado viernes a un tipo del 2,91% y e igualmente los futuros del bono del tesoro alemán a diez años (bund) cerraron el viernes al alza, indicando en ambos casos temores de deflación. La caída del oro desde sus máximos de 1.250 dólares la onza hasta los actuales niveles de 1.180 dólares la onza iría también en esta dirección.
De alguna manera el mensaje que dio el miércoles pasado James Bullard, Presidente de la reserva Federal de San Luis y miembro del consejo de la FED, va en esta misma dirección. Bullard señaló que el escenario de una deflación a la japonesa no es del todo descartable y que, para evitarlo, más que mantener los tipos bajos, remedio que no ha funcionado en Japón, lo que debería hacer la FED es comprar bonos del Tesoro.
Si vemos las medidas del Banco de Basilea anunciadas el pasado martes, en las que se suavizan y se posponen los nuevos requisitos de capital, apalancamiento y liquidez de los Bancos, en el fondo vienen también a indicar que la economía sigue débil y que los ajustes deben ser muy graduales para no quebrar la incipiente reactivación. Es verdad que, por el contrario, el BCE ha dicho que endurecerá los requisitos para prestar dinero a los Bancos en el 2011, pero lo ha dicho con la boca pequeña y además ha perdido ya bastante credibilidad.
Todo lo anterior se ha visto reflejado en la revisión del PIB americano del segundo trimestre, que conocimos el pasado viernes, tras el Beige Book, que corrobora la misma impresión de fragilidad en la recuperación del crecimiento global.
En definitiva, lo que en comentarios anteriores hemos llamado la prima de riesgo "macro" está pesando e impidiendo que las Bolsas rompan al alza. El futuro del S&P cerró el viernes por debajo de 1.100 y el futuro del Eurostoxx no ha podido con la resistencia del 2.750, pese a que al principio de la semana parecía que iba a haber ruptura de niveles hacia arriba.
De momento las barreras técnicas se muestran fuertes y por ello, finalizada ya casi la temporada de resultados, mantendríamos un enfoque defensivo de cara agosto, centrándonos en valores castigados como las petroleras.
Sólo cambiaríamos ese enfoque si los datos de la economía americana de esta primera semana de agosto como el ISM de manufacturas o, sobre todo, el informe de empleo de julio que se publicará el viernes 6 de agosto, dan sorpresas muy positivas. Dada la dificultad de superar niveles técnicos de resistencia y dada la "inusual incertidumbre" anunciada por Bernanke hace dos semanas, a la que han acompañado los malos índices de confianza del consumidor americano (ese consumidor que según algunos analistas vive en una especie de esquizofrenia entre el optimismo y el pesimismo) y el Beige Book que anticipa dudas sobre el crecimiento de la segunda parte del año, preferimos ser prudentes en este principio de agosto.
Miércoles, 30 de mayo
Juan Carlos Ureta
Luis Llopis Herbas
Jaime Noguera
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Juan Carlos Ureta
Kiko Rosique
Rolando Rodrich
Grupo Cenyt
Institución Futuro. Think tank independiente
José Miguel Montes
Jesús Pérez
Ramón Tamames