La apuesta por una semana positiva en las Bolsas que hacíamos en nuestro anterior comentario semanal se ha demostrado acertada y así el S&P ha subido un 3,5% en la semana, cerrando en 1.100, el Eurostoxx ha subido un 2,7%, el Ibex un 3,9% y el Nikkei un 0.2%. Incluso el Shanghai Composite ha despertado de su letargo con una subida del 6%. Tal y como cabía pensar, los en general buenos resultados empresariales y los propagandísticos stress tests de la banca europea han sido las claves de esa semana positiva.
Sin embargo, aunque la atención de las Bolsas ha estado más centrada en los stress tests de la banca europea publicados el viernes pasado, lo cierto es que lo verdaderamente relevante de la semana ha estado, a nuestro juicio, al otro lado del Atlántico, en la intervención del presidente de la FED, Ben Bernanke, el pasado miércoles, ante el Congreso, en el que deslizó su apreciación sobre las "inusuales incertidumbres" que vive la economía actual.
No hay que restar importancia a las pruebas de resistencia de los Bancos europeos, cuyo resultado sin duda es positivo, pero hay que saber que forman parte de esa reedición o segundo ensayo de la filosofía de los brotes verdes que anunciábamos hace algunas semanas, es decir, de un voluntario discurso positivista, optimista, que se desea difundir en Europa, tras los dramáticos momentos vividos en los mercados financieros de la zona euro a principio de mayo, cuando las dudas sobre la deuda soberana secaron literalmente los flujos de financiación hacia ciertos países, entre ellos España.
Tras esos momentos críticos vino el plan de rescate europeo el 9 de mayo, el anuncio de recompra de deuda soberana por parte del BCE el 10 de mayo, y el anuncio de barra libre de liquidez en tres subastas trimestrales también por el BCE el 10 de junio. La escenificación se ha completado con los "stress test" que, sin restarles su valor, deben interpretarse desde ese ángulo esencialmente.
El discurso de Bernanke va más allá, y pone el acento donde hay que ponerlo, entre otras cosas porque en EEUU ya están en otra fase, y tras seguramente haber tocado suelo, deben ahora abordar el tema de una reactivación no muy alegre. Deben encarar una larga digestión del proceso de desapalancamiento, lo que Bill Gross llama el tránsito hacia la "nueva normalidad" de una economía sin burbuja de crédito. Y deben abordarlo en una fase en la que la economía no podrá contar ya con el apoyo de los programas de gasto público que tanto la han ayudado en el 2009. Por eso Bernanke lo que hizo fue asegurar que la FED va a ser sensible a la realidad de una economía cuyo motor privado no acaba de arrancar por sí solo, y va a seguir inyectando liquidez además de mantener los tipos bajos para suavizar el proceso.
Asoma, en definitiva, esa "incómoda verdad", que ya no se va a poder ocultar, de que tenemos por delante un periodo largo de bajo crecimiento, dado el proceso de desapalancamiento, y dado, además, que ya no podemos contar, como diría Roubini, con el reapalancamiento público, al imponerse la ortodoxia fiscal. Una verdad que viene también reflejada en los tipos de interés del bono del Tesoro americano a diez años, que cerró el viernes en 2,99%, por debajo del 3%, y en el tipo del "bund", que sigue claramente por debajo del 3%. También las materias primas reflejan esta hipótesis de bajo crecimiento, con las caídas semanales del petróleo y del oro.
Entramos así en la última semana de julio, y la atención va a girar hacia la economía americana, ya que tenemos numerosos datos "macro", como datos de ventas de viviendas y de precios inmobiliarios (Case Shiller) en EEUU, confianza del consumidor americano de la Conference Board, Libro Beige, pedidos de bienes duraderos, y revisión del PIB del segundo trimestre, entre otros. Es una batería de noticias que pondrá en contexto los mensajes de Bernanke de la semana pasada y que permitirá ir dibujando esta nueva etapa de "global slowdown".
Habrá también numerosísimos resultados, entre ellos en España los de los pesos pesados del Ibex, y en principio hay que pensar que serán buenos, como los conocidos hasta ahora. Con la excepción de algunas compañías como IBM, en general las cifras han sido buenas. De un tercio de empresas del S&P que ya han publicado sus resultados, un 78% han superado las estimaciones de beneficio y un 67% han superado las estimaciones de ingresos.
Estos buenos resultados, y una mayor relajación de las tensiones en la deuda soberana europea, debido sobre todo a las decisiones del BCE de mayo y junio, han provocado la subida de los índices desde sus niveles de soporte (1.040 del S&P, 2.500 del Eurostoxx, 9.000 del Ibex) hasta los actuales niveles cercanos a resistencias (1.120 del S&P, 2750 del Eurostoxx, 10.400 del IBEX). Es decir, estamos ya en niveles cuya ruptura al alza exigiría nuevos catalizadores.
A nuestro juicio a corto queda aun algo de subida, porque los resultados serán buenos y la estela de los stress tests debe dar algo más de juego en una zona euro que sigue apostando por el marketing financiero mientras encuentra soluciones de fondo, pero no vemos mucho más recorrido al actual momento alcista, al menos hasta que se aborden con decisión esos problemas de fondo, ahora aparcados.
En definitiva, apostaríamos por un fin de julio tranquilo, en zonas ya muy cercanas a resistencias, y no vemos fuerza para romper al alza de momento por lo que definitivamente seríamos muy defensivos en nuestra exposición a corto.
Miércoles, 30 de mayo
Juan Carlos Ureta
Luis Llopis Herbas
Jaime Noguera
ClickTrade
Juan Carlos Ureta
Kiko Rosique
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Grupo Cenyt
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