En el aniversario de la quiebra de Lehman, el optimismo es ya general en las Bolsas y en los mercados financieros, tras seis meses ininterrumpidos de alzas de las cotizaciones y de mejora de los diversos indicadores de los mercados de renta fija.
Así, el índice Vix de volatilidad prevista del S&P, al que algunos consideran un "termómetro del miedo de Wall Street", se ha situado ya esta semana por debajo de 25, en niveles similares e incluso inferiores a los de antes de la quiebra de Lehman. El Itraxx , que mide el riesgo potencial de impago de la renta fija corporativa, está también en sus niveles mínimos desde el colapso de Lehman. El Libor y el euribor igualmente marcan mínimos anuales, y los tipos de los bonos del Tesoro americano a diez años son del 3,35% al cierre del viernes, y algo inferiores en el caso del "bund" alemán. Otro habitual activo refugio en periodos de mayor sensibilidad con el riesgo, el dólar, se situaba esta semana en sus mínimos anuales contra el euro, ratificando un escenario en el que nadie parece tener temor a nada
Lo anterior ha tenido su traducción en las Bolsas, con una nueva semana alcista, con subidas del 2% al 3% en prácticamente todas las plazas importantes y con alzas aun más espectaculares en las Bolsas emergentes como Shangai (+4,5% en la semana), India (+ 3,7% en la semana) o Moscú que subió más de un 8% en la semana.
Aunque una de las lecciones principales de la crisis que llevó a la caída de Lehman fue que hay que tener siempre presentes los riesgos, lo cierto es que, al cabo de un año, los inversores más que tratar de evitar riesgos lo que están evitando es la colocación de dinero en renta fija a corto plazo, al haberse desplomado los tipos de interés. Esto ya de por sí provoca un trasvase de posiciones hacia la renta fija corporativa, sea de la calidad que sea, y hacia la renta variable, incluso de forma más acusada hacia la renta variable de Bolsas emergentes, en las que la volatilidad es mayor y por tanto a corto las subidas pueden ser más importantes. Pero, además, entran en juego de nuevo los mecanismos de apalancamiento en monedas de bajo tipo de interés, como el dólar (esta es una de las causas de su debilidad) para invertir en activos de riesgos, el llamado "carry trade". Políticas que siguen realizando los operadores más agresivos, que ahora son menos, porque la crisis acabó con muchos, incluido Lehman, pero cuyas prácticas no han variado sustancialmente.
Este optimismo tiene muchos beneficios inmediatos para la economía, al cortar la espiral de expectativas negativas que se había venido generando y al sentar las bases para una salida ordenada de la crisis. En cierto modo, lo que los planes de estímulo fiscal y monetario pretendían, que era parar el deterioro y hacer posible una reactivación económica, se está consiguiendo, y en ello han tenido mucho que ver las Bolsas al emitir mensajes positivos.
Pero la salida real de la crisis, la salida de verdad, exige, además, muchas otras cosas, entre ellas cambios en las estructuras y cambios en las actitudes. Y es ahí donde la actual euforia de los mercados suscita muchas dudas. Las medidas monetarias y fiscales se han demostrado eficaces, pero son medidas cuyo manejo es delicado y que deberán tener estrategias de salida para que no vuelvan a estimular los viejos vicios. Esta reflexión estará seguramente encima de la mesa cuando el G20 se reúna en Pittsburg el próximo 24 de septiembre. También , probablemente, la exigencia de un mayor capital a los Bancos, en línea con lo avanzado ya al semana pasada por el Banco Internacional de Pagos de Basilea, así como una retirada progresiva de la muy abundante (tal vez excesiva) liquidez de los mercados.
Son factores que podrían empezar a pesar en las Bolsas en las próximas semanas, como ha pesado esta semana en nuestro Ibex la ampliación del Popular, que el propio Banco justificó en la conveniencia de anticiparse a la muy probable exigencia de mayor capital avanzada por el Banco de Pagos de Basilea. Pero, mientras tanto, el consenso dominante es alcista. Se espera que las buenas noticias económicas sigan su curso, y que los beneficios de las empresas en el tercer trimestre sean buenos. Nada parece nublar el horizonte y nadie tiene miedo a nada.
Con esta confianza, al menos aparente, se enfrentan las Bolsas a niveles técnicos significativos, como el 1.040 del S&P, el 2.850 del Eurostoxx o el 11.500 del ibex, cuya ruptura podría llevar a los índices a cotas más elevadas.
La jornada de cierre semanal, el pasado viernes, vino sin embargo a enfriar algo el ambiente. Las buenas noticias procedentes de China, con subidas de ventas minoristas, de producción industrial y, sobre todo, del crédito en agosto, impulsaron un 2% a la Bolsa de Shanghai y animaron a las plazas europeas. Pero las Bolsas americanas, pese a un buen dato de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan, no fueron tan alegres, y, de hecho, los tres grandes índices americanos acabaron cerrando ligeramente a la baja en la sesión. Otra sombra en la sesión de cierre fue la caída del petróleo, de nuevo por debajo de los 70 dólares.
Así, entre las advertencias de algunos analistas, como Meredith Withney, que en declaraciones a la CNBC dijo que los inmuebles en USA podrían bajar otro 25% y que las acciones bancarias deberían también recortar, y el alegre sentimiento de los inversores, abordamos ya la tercera semana de septiembre, en la que hay bastantes referencias macro (ZEW, Philly Fed, indicadores de inflación, datos del sector inmobiliario americano,.....) pero en la que lo realmente importante será ver si las Bolsas tienen o no fuerza para romper los niveles técnicos a los que se enfrentan, apoyadas en el generalizado optimismo reinante.
Viernes, 17 de febrero
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