El blog de Juan Carlos Ureta

¿LA GRAN DEPRESIÓN QUE NUNCA EXISTIÓ?

31.08.09 | 08:56. Archivado en Comentario semanal

Sin duda la noticia de la semana ha sido la reelección de Bernanke para un nuevo mandato al frente de la Reserva Federal americana. La confirmación de Bernanke, acompañada por los elogios del presidente Obama hacia su gestión a lo largo de la crisis, ha evidenciado, si cabe, aun más, que la solución por la que se ha optado ante la crisis más amenazadora que ha vivido la economía en las últimas décadas es la de inundar el mercado de dinero y aliviar de esta forma el enorme endeudamiento al que había llegado el sector bancario y que afectaba también a la mayor economía del mundo, la americana, y a otras de menor peso, como la española.

No es por ello extraño que las Bolsas y el sector bancario hayan reaccionado de forma entusiasta ante el anuncio, que garantiza la continuidad en unas políticas de salida de la crisis sin duda muy favorables para el sector financiero. Así hemos vivido una semana más la prolongación de las alzas, con subidas superiores al 2% en las Bolsas europeas y en el Nikkei, si bien las plazas americanas sólo subieron moderadamente en la semana. En particular los Bancos europeos han seguido su buena racha, subiendo más del 10% en la semana ING, Intesa y Credit Agricole y más del 5% Unicredit y nuestro BBVA.

La designación de Bernanke para un segundo mandato ha encontrado sólo el rechazo de quienes propugnaban políticas más duras, como Stephen Roach , que consideran que las políticas de Bernanke son una continuación amplificada de las que ya practicó Greenspan, políticas que finalmente desembocaron en la "crisis financiera global", esa crisis que algunos empiezan a llamar ya la "Gran Depresión que nunca existió" dentro del festivo y alegre ambiente de este agosto, que se va a convertir en uno de los mejores agostos de la historia de las Bolsas.

Sin embargo, la semana mueve también a algunas reflexiones, sobre todo a la vista de comportamiento de los bonos del Tesoro a largo plazo, cuyos tipos de interés han seguido bajando. Es evidente que los bonos no están descontando una recuperación en V sino más bien una etapa larga de bajo crecimiento, en línea con las manifestaciones unánimes de los banqueros centrales, desde Bernanke hasta Trichet, que en la reunión de la semana pasad en Jackson Hole repitieron hasta la saciedad que la reactivación económica será lenta y no exenta de problemas. Si esto es así, ¿por qué las Bolsas parecen descontar una recuperación más rápida?

Como ya hemos señalado en varias ocasiones, el "rally" que se inicio en marzo y que ha tenido una prolongación un tanto llamativa este verano tiene más que ver, sobre todo en su evolución desde mediados de julio, con la enorme liquidez inyectada al mercado que con factores de tipo fundamental. El hecho de que los volúmenes hayan sido muy bajos, y al propia concentración del "rally" en los valores bancarios muestran que las políticas de expansión de la base monetaria tienen una tradición directa en los mercados financieros, como salida natural en un contexto en el que las empresas no invierten y los consumidores no acaban de querer consumir. Lo que ha sucedido con algunas acciones financieras que los analistas americanos califican como "de baja calidad" como AIG, Freddie Mac, Fannie Mae o Citigroup, que han protagonizado subidas espectaculares en agosto (así, el pasado jueves 27 AIG subió un 27% en la sesión sin causas aparentes, y Citigroup subió un 9%) o lo que hemos visto que sucedía en agosto con las inmobiliarias españolas, que de repente se han disparado, mueve también a pensar que hay un exceso de dinero buscando ganancias especulativas a corto plazo.

Pero todo esto se desarrolla en medio de las políticas monetarias de suministrar enorme liquidez al mercado, y nada parece indicar, y menos aun tras la reelección de Bernanke, que esas políticas vayan a encontrar una reversión a corto plazo. Lo único que conviene tener en cuenta es que sólo con inyecciones monetarias no se solucionará esta crisis, a lo más se sustituirá una burbuja por otra otras. La única solución de fondo pasa, y en esto coinciden prácticamente todos los economistas de cualquier signo que sean, por una etapa de bajo crecimiento sobre todo en las economías más endeudadas, y esto conduce probablemente más a una sucesión de "w" que a una salida en "V".

En nuestra opinión, ese es el escenario al que deberán poner precio las Bolsas a lo largo de otoño, un escenario alejado tanto de la deflación global que se descontaba en marzo cuando las Bolsas se hundían, como de las euforias que hemos visto en las últimas semanas en algunos valores.

Una de dos, o se equivocan los Bancos Centrales y los mercados de bonos al ser tan cautelosos con la recuperación, o se equivocan las Bolsas al celebrar una reactivación económica próxima. Con la vuelta de las vacaciones y con el retorno de los inversores a sus puestos podremos ver cual de las dos opciones se impone. Si las Bolsas están en lo cierto y la economía sube de forma consistente, los Bancos Centrales deberían replantearse los estímulos e irlos recortando progresivamente, y a esto también habrá que ponerle precio. Lo que no parece viable, a menos que Bernanke decida reeditar lo peor del modelo Greenspan, es una reactivación pero con mantenimiento de los estímulos monetarios, es decir, a prolongar en el tiempo la "bomba" monetaria pero cuando ya la economía funciona por sí sola.

Hemos visto la semana pasada muy buenos datos del sector inmobiliario americano, seguramente muy condicionados por las políticas de apoyo, pero también hemos sabido que siguen los problemas del sector bancario, problemas que evidenciaba el regulador americano el jueves al anunciar que había 416 Bancos en apuros al cierre del segundo trimestre y hemos sabido que los datos de consumo americano de julio no fueron del todo buenos. Consumo, desempleo y sector financiero se configuran así como los tres problemas que impiden desarrollarse a aquellos "brotes verdes" de los que habló Bernanke en marzo, brotes que sí están presentes en otros ámbitos.

Esta semana veremos la reacción de la Bolsa de Tokio al vuelco electoral en Japón, y conoceremos los ISM y los PMI de Estados Unidos y de la eurozona en agosto. También conoceremos el viernes el importantísimo informe de empleo de la economía americana en agosto. Será también importante fijase en la Bolsa de Shanghai que de nuevo ha dado señales de debilidad con caídas como la del 2,9% en la sesión del pasado viernes. Japón ha dado malas noticias de desempleo y de deflación esta semana, y la Bolsa de Shanghai no acaba de despegar de forma clara. En particular, China va a ser un buen indicador de la solidez del rally y por eso es relevante lo que está pasando estas semanas en la Bolsa de Shanghai.

En suma la primera semana de septiembre va a ser bastante crítica para determinar si los inversores, que en general están poco invertidos en renta variable al no haberse creído el "rally", están o no dispuestos a coger ese "tren en marcha" en el que se han convertido las Bolsas a lo largo del verano, o bien prefieren esperar para ver con más perspectiva como se desenvuelve esta crisis que hace pocos meses parecía tan grave y que ahora al parecer muchos creen que está a punto de ser superada.


ESPECTACULAR GIRO, CON CHINA DE PROTAGONISTA

24.08.09 | 08:52. Archivado en Comentario semanal

En nuestro anterior comentario apostábamos porque la corrección que se había iniciado el viernes 14 iba a seguir su curso, y lo cierto es que efectivamente el lunes esa corrección continuó, incluso de forma intensa, dando la sensación de que esta vez íbamos a ver realmente un recorte de cierta importancia. Pero, a partir del miércoles el tono cambió y hemos visto una espectacular jornada de cierre semanal alcista el viernes, ayudada por la coincidencia de buenos datos macro económicos tanto en Europa como en Estados Unidos.

Los buenos PMI en la zona euro, superando el umbral de 50 puntos, y los buenos datos de ventas de viviendas en Estados Unidos se combinaron con las declaraciones de Bernanke en su comparecencia anual en Jackson Hole, trasladando unas perspectivas alentadoras de la economía global, si bien no dejó de advertir que la recuperación será lenta.

Las Bolsas pasaron así de una primera parte de la semana en la que los buenos datos, como la encuesta ZEW en Alemania o el buen crecimiento del PIB japonés del segundo trimestre(+ 3,7% en términos anualizados) pasaban inadvertidos en medio de la fuerte caída de la Bolsa de Shanghai, que bajó un 5,7% el lunes y un 4,3% el martes llegando su índice a perder un 20% desde los máximos del 4 de agosto, a una segunda parte de la semana en la que de nuevo el tono ha sido de celebración. Tras girar el miércoles al alza la Bolsa china subiendo un 4,5% se calmaron los restantes mercados, y se empezaron a cotizar las buenas noticias.

Los buenos resultados de HP, la confianza de AIG en su capacidad para devolver las ayudas públicas y el buen índice de la FED de Filadelfia ayudaron a estabilizar las Bolsas preparando la espectacular sesión del viernes.

El protagonismo de China tiene especial interés, porque efectivamente lo que allí suceda repercutirá para el resto del mundo. Hace ahora un año, en plenas olimpiadas de Pekín, la Bolsa y el mercado inmobiliario chinos empezaron una corrección que luego fue espectacular, dando lugar, en otoño, a fuertes caídas que incrementaron aun más el ya de por sí ruidoso colapso de los mercados financieros globales en octubre y noviembre.

Un año después, la economía china, y en general Asia, está funcionando bien , pero hay dudas sobre si los estímulos fiscales y monetarios, de una dimensión acorde con las magnitudes habituales de todas las cosas en China, podrían no estar orientándose adecuadamente, generando más una burbuja económica e inmobiliaria que un auténtico despegue económico. Hay también una sensación de agotamiento de esas medidas y de duda respecto al posible endurecimiento de la política monetaria.

Como en el resto del mundo, la duda es si estamos ante una recuperación sostenible o ante un rebote propiciado por las medidas de estímulo, pero que cederá si se aflojan las ayudas o se endurece la política monetaria. Reeditar el viejo modelo de endeudamiento en las economías occidentales y financiación por las emergentes, con China a la cabeza, no es posible, y tampoco lo es replicar en China el modelo de endeudamiento para sobrecalentar su economía.

En las Bolsas, a nivel de análisis técnico, la tendencia es positiva y las Bolsas han roto este verano niveles relevantes. De nuevo el S&P se sitúa por encima de los 1.000 puntos y nuestro Ibex por encima de los 11.000. Solo la Bolsa de Tokio bajó en una semana de subidas superiores al 2% en casi todas las plazas. Desde esta perspectiva de análisis técnico sólo el bajo volumen de negociación suscita dudas sobre la solidez de las subidas.

Desde una perspectiva más fundamental parece claro que la subida de las Bolsas ha tenido su catalizador no solo en las buenas noticias económicas sino también en la abundante liquidez que hay en el sistema y en el contexto de muy baja remuneración de la renta fija sin riesgo. Hay muchos datos económicos esta semana (encuesta IFO, revisión del PIB 2º trimestre, confianza del consumidor de la Universidad de Michigan,...) pero, más allá de estos datos, lo relevante para los mercados en el corto plazo es que los Bancos Centrales, incluido el chino, no endurezcan las muy relajadas condiciones monetarias actuales. Este será, de verdad, el tema central de la vuelta del verano.


El consumo, eslabón perdido de los brotes verdes

17.08.09 | 08:59. Archivado en Comentario semanal

Si la semana anterior comentábamos la disociación entre los valores financieros, máximos beneficiarios del alza bursátil desde marzo, y el resto de los valores, cuyas alzas han sido más modestas o incluso en algunos casos no han existido, esta semana ha quedado en evidencia otra disociación, la existente entre el ánimo de los consumidores y el de los mercados financieros.

Hasta el jueves 13 las Bolsas seguían celebrando la reedición del viejo modelo de "crecimiento más tipos de interés bajos", modelo que dominó los cuatro años gloriosos del 2003-2007 y que parecía estar reviviendo al anunciar la FED tras su reunión del comité monetario que mantendría los tipos bajos una larga temporada, anuncio que fue seguido, ya en la mañana del jueves, de los datos positivos de crecimiento del PIB en Alemania y Francia en el segundo trimestre, lo que movió a las Bolsas a máximos anuales, con el S&P superando el nivel de los 1.000 puntos y nuestro Ibex por encima del 11.000 de forma clara.

Es cierto que el crecimiento de Alemania y Francia estaba muy influido por sus exportaciones a Asia, auténtico motor de la economía global en los meses pasados, pero el deseo de los inversores de volver a un modelo tan bondadoso como el que acabó bruscamente en verano de 2007 genera, sin duda, una visión muy benévola de las noticias y un espíritu muy favorable a salir de la pesadilla de la crisis.

Sin embargo, la alegría del reencuentro con ese añorado modelo se vio truncada al conocerse el mal estado del consumidor americano. Ya el mismo jueves se conocieron las cifras del gigante americano de la distribución, WalMart. Aunque sus beneficios fueron algo mejores que los esperados, las ventas del segundo trimestre cayeron ligeramente y solo el recorte de costes pudo hacer que los números trimestrales fuesen buenos. Una pauta que se ha repetido a lo largo de la presentación de resultados del segundo trimestre. Las empresas mantienen sus resultados o frenan sus pérdidas pero lo hacen no porque suban las ventas sino por mejoras de eficiencia, muchas veces ligadas a despidos y por tanto a mayor desempleo.

Tras los números de Wal Mart vinieron un mal dato de paro semanal y un mal dato de ventas minoristas americanas en julio, que enfriaron aun más los ánimos al confirmar que esta recuperación se circunscribe al limitado ámbito de Wall Street pero no llega a eso que los americanos llaman Main Street, es decir, al ciudadano de a pié, a las ventas, al comercio.

Los datos de inflación a ambos lados del Atlántico no hicieron sino confirmar que las economías europea y americana se mueven en una zona de debilidad evidente, y que solo las medidas excepcionales puestas en marcha han impedido que las cosas vayan a peor.

Finalmente el viernes el índice de confianza del consumidor americano de la Universidad de Michigan venía a certificar que el consumidor no se cree del todo los brotes verdes y que hay un serio desfase (gap) entre los mercados financieros y la calle. Algo que suena a ya conocido, porque de alguna manera fue el modelo previo a la crisis, un modelo sobre el que no se puede volver a edificar porque ya se conocen sus resultados finales.

Volver a poner lo financiero por encima de lo real es una fórmula ya ensayada y sus efectos y consecuencias son también, lamentablemente, conocidos. Tal vez por eso las Bolsas reaccionaron tan mal el viernes al saber que los consumidores no comparten las alegrías de los mercados.

Dicho lo anterior, tiene todo el sentido que las Bolsas y los mercados financieros celebren, como lo han hecho estos cuatro últimos meses, que la economía se haya alejado del colapso, de la catástrofe que se dibujaba tras la quiebra de Lehman y tras conocerse la enorme cantidad de toxicidad que encerraban los balances bancarios y la enorme frivolidad con la que se había manejado el riesgo por quienes, a la vez, cobraban enormes sumas por su aparente "talento". Pero ir más allá, anticipando con euforia una reactivación que todo indica será lenta y larga, es mucho más cuestionable.

Al celebrar que se aleje el riesgo de una crisis bancaria generalizada se ha puesto precio seguramente de forma algo exagerada, al éxito de las medidas puestas en marcha por los Bancos Centrales, a la que podríamos llamar, en sentido positivo, la "bomba monetaria" de Bernanke. Ahora queda fijar el precio de los activos en la economía real, en lo que Bill Gross llama la "nueva normalidad", esa realidad algo más incómoda, que nos conduce con gran probabilidad a un crecimiento débil durante varios años. En la misma línea de Gross, su colega en Pimco Al Eerian decía el viernes que las Bolsas estaban siendo excesivamente optimistas.

Habiendo sido Asia la zona económica que mejor se ha comportado en lo que va de 2009, es también muy significativo que la Bolsa de Shanghai tras haber alcanzado su máximo de catorce meses el 4 de agosto, haya recortado en pocos días un 12,4% en medio de temores de que el masivo plan de estímulo se haya dirigido a sectores improductivos de la economía y de rumores sobre un posible endurecimiento de la política monetaria por parte que movería a los Bancos a prestar menos.

En definitiva el rally parece estar entrando en una etapa madura en la que ya solo funciona como catalizador el trasvase de dinero desde unos activos a corto plazo que apenas ofrecen rentabilidad a los bonos corporativos a medio y largo plazo o a las acciones, en búsqueda de una rentabilidad mayor. Una etapa en la que la tentación de hacer beneficios es mayor como se vio en la reacción del viernes en todas las Bolsas.

Entramos en una semana con pocos datos, en la que conoceremos la encuesta ZEW y los PMI de la zona euro, y algunos indicadores americanos como el de la FED de Filadelfia o datos del sector inmobiliario en Estados Unidos. Lo normal salvo noticias muy positivas en estos ámbitos, sería que la corrección que se inició el viernes siguiese su curso salvo que el dinero siga prefiriendo no mirar los riesgos ante la poca rentabilidad de los activos de renta fija a corto plazo.


COMO EN LOS VIEJOS TIEMPOS

10.08.09 | 08:58. Archivado en Comentario semanal

La primera semana de agosto ha prolongado las alzas bursátiles del que calificábamos en nuestro anterior comentario como "prodigioso" julio. Los buenos datos económicos americanos, en concreto el buen ISM manufacturero conocido el lunes y el buen informe de empleo de julio en la economía americana que se conoció el viernes y que bajó la tasa de paro por primera vez en catorce meses fueron los factores de impulso alcista de la semana, semana que sin embargo mostró también cierta debilidad el miércoles al conocerse un mal ISM de servicios en la economía americana y algunos datos de pedidos industriales que no gustaron.

Así, pese a que nuestro Ibex llegó a perder un 1,6% el miércoles, lo cierto es que acabó el viernes cerca de los 11.000 puntos, con subida semanal del 0,8%, siendo aun mayor la subida en el Eurostoxx (+2,6%) y en el S&P y el Dow (subidas semanales mayores del 2% en ambos casos), en un festival alcista que recuerda los viejos tiempos que parecía iban a tardar algo más en volver.

Este buen tono se producía justo en el segundo aniversario de lo que para algunos fue el comienzo de la crisis, a saber, la inyección de más de cien mil millones de euros que hicieron la FED y el BCE al interbancario el 9 de agosto de 2007, para garantizar la liquidez de un mercado, el interbancario, que súbitamente se había secado. Ahí empezó todo, y sorprende que a los dos años la enorme desconfianza que generó el sector bancario se haya transformado súbitamente en una creciente complacencia. Los Bancos y aseguradoras han sido, de nuevo, las estrellas de la semana, con alzas semanales del 18% en Societé Generale, del 15% en Unicredito, del 14,3% en Aegon, del 13% en Credit Agricole, del 11% en Fortis, del 10% en Allianz, del 8,5% en Intesa, y del 6,7% en BNP. En Estados Unidos, JP Morgan subió un 11%, Bank of America un 14,,5% y American Express un 15,6% por citar solo algunos ejemplos. Esta vez los dos grandes españoles, Santander y BBVA, se quedaron atrás, con subidas muy moderadas.

Estas espectaculares subidas de los Bancos y aseguradoras, que como decimos recuerdan los viejos tiempos (¿era todo un mal sueño?) explican en buena medida la evolución de los índices europeos y americanos y dan a este "rally" un perfil muy singular. No son los valores industriales o de alimentación o eléctricos los que soportan el peso de la subida, sino los valores financieros. ¿cuál es la explicación?

Es verdad que los resultados bancarios han sido buenos, como los vistos esta semana en Societé, HSBC, Unicredito, Lloyds o Barclays. Pero tal vez no es esta la clave. Si analizamos lo sucedido en el 2009 el elemento más novedoso es, sin duda, la apuesta decidida de los Bancos Centrales y sobre todo de la FED, por las políticas de "reflación" de la economía. Crear inflación (que todavía no se ve ni se verá en breve por la enorme deflación que arrastraba el sistema) a través de gigantescas inyecciones de liquidez, de una enorme y rápida elevación de la base monetaria, ha sido la respuesta a la crisis. Esta es la aportación a la solución de la crisis de ese gran estudioso de la Gran Depresión que ahora ejerce de máximo responsable de la FED, Ben Bernanke. Se podrá cuestionar la ortodoxia de esas medidas o su correcto manejo en el medio plazo y sus posibles efectos laterales nocivos para la economía una vez pasado el primer impacto, pero de lo que no cabe duda es de que esa "bomba" monetaria que Bernanke puso en los mercados para reactivarlos, es oxígeno puro para el endeudado sector bancario y financiero, cuyos niveles de deuda pusieron los pelos de punta al BCE y a la FED cuando, ahora hace dos años, decidieron un día de agosto inyectar dinero al interbancario para evitar la catástrofe.

Esa es nuestra interpretación de este "rally". Como decía este fin de semana en Financial Times John Authers, ha habido "rallys" de todo tipo en la historia de la Bolsa, desde, por ejemplo, el de 1930 cuando, tras el crash de octubre de 1929, el S&P subió un 47% en cinco meses para luego hundirse más de un 80% en los dos años siguientes, al de 1982, cuando el S&P subió también en cinco meses un 43% poniendo fin al mercado bajista que había empezado quince años antes y abriendo el mega mercado alcista que duró hasta que en el 2000 estalló la burbuja tecnológica.

Cada cual puede hacer su "lectura" del rally actual. Nuestra forma de verlo es que estamos ante un rally propio de una etapa intermedia de la crisis, similar al que tuvo lugar tras el 11 de septiembre de 2001. Un rally importante porque nos indica que las medidas monetarias han funcionado en su primera derivada, y porque da alivio al sector financiero. Pero no todavía, en nuestra opinión y siempre con el riesgo de equivocarnos, un rally de inicio definitivo de un mercado alcista. La falta de participación amplia de todos los sectores en la subida es, en nuestra opinión, un elemento que mueve a la cautela. Basta ver la evolución anual de los grandes valores americanos o europeos de telecomunicaciones, eléctricos, industriales, petroleros, de alimentación o de distribución para comprobar la falta de participación amplia en el rally. También hay que pensar que si la economía despierta los Bancos Centrales retirarán liquidez del sistema.

A nivel técnico el S&P supera ya el nivel 1.000, el Ibex se acerca al 11.000 y en general los índices rompen resistencias significativas e invitan a la compra, pero otros indicadores, como el petróleo, el oro, China o los bonos no ofrecen señales nítidas.

Los bonos del Tesoro americano cerraron el viernes con un tipo del 3,85%, cercano ya al 4%. El petróleo bajó al final de la semana y cerró en 70,5 dólares tras varios intentos de subida. El dólar subió ligeramente el viernes y cerró a 1,418 tras haber tocado el 1,44 en la semana. Y el oro cerró en 955 dólares, lejos de sus máximos anuales. La Bolsa china sufrió caídas fuertes en la semana tras su tropiezo de la semana pasada. Este es el panorama completo, con el Vix en 25,5 reflejando menor volatilidad y por tanto favoreciendo al alza las valoraciones de la renta variable al bajar la prima de riesgo.

Terminada la temporada de resultados, que han sido mejores en el sector bancario que en el resto (véanse por ejemplo la semana pasada los resultados de Toyota, BMW, Cisco y Procter&Gamble) esta semana tenemos datos de PIB en la eurozona y de IPC también en la zona euro y en Estados Unidos. En nuestra opinión el mensaje de la FED tras su reunión será clave para que las Bolsas superen o no los importantes niveles en los que terminaron la semana pasada.


PRODIGIOSO JULIO

03.08.09 | 08:52. Archivado en Comentario semanal

Con una subida del 11% en el mes, el Ibex ha firmado el mejor julio de toda su historia dentro de un tono realmente alcista en todas las Bolsas. El dato no tendría nada de particular si no fuese porque se produce tras cuatro meses anteriores de subidas ininterrumpidas y porque esas subidas se producen en medio de la que hasta hace poco muchos consideraban la mayor depresión económica de los últimos ochenta años, equiparable a la de los años 30 del pasado siglo o incluso peor.

El que en julio de 2009 los índices de casi todas las Bolsas esté rompiendo niveles significativos al alza que mueven a los analistas técnicos a dar por finalizada la fase bajista y a pensar en nuevos máximos es, se mire como se mire, un escenario sorprendente cuando se recuerda la sombría perspectiva que teníamos ante nosotros a principios de año y la literatura bajista que predominaba en los primeros días de marzo.

En cierto modo, el que las Bolsas hayan tenido un "rally" desde sus mínimos anuales, tras caídas desde máximos de casi el 60%, no sería, en sí mismo, llamativo. Es normal que, incluso con un entorno económico complicado, las Bolsas reboten tras fuertes caídas y es también normal que se estabilicen al entrar en funcionamiento los estímulos monetarios y fiscales que, en esta ocasión, han sido además especialmente intensos.

Con tipos de intervención próximos a cero y con programas de gasto público enormes, sería extraño que la economía no recibiese un impacto positivo y que los mercados no mejorasen. Pero, ¿realmente ha cambiado ya el ciclo?

El caso "alcista" se basa en pensar que la economía ha tocado ya suelo y que el peor trimestre en términos de crecimiento del PIB ha sido el primero de 2009. El PIB americano del segundo trimestre conocido el viernes pasado avalaría esta tesis al haber moderado enormemente su caída. El Beige Book igualmente certificó la buena marcha de la economía. También los datos positivos sobre el sector inmobiliario americano que hemos conocido esta semana, con subida de precios (primera subida en tres años del índice Case Shiller) y mayores ventas dan fuerza a la tesis alcista. Y en la misma dirección juegan los resultados empresariales del segundo trimestre que han sido mejores de lo esperado.

Pero el caso "bajista" tiene también sus argumentos. El consumidor no acaba de recuperar sus ganas de comprar, y por eso hemos visto malos datos en el índice de confianza del consumidor americano medido por la Conference Board. Las empresas mejoran sus cuentas por recorte de costes pero no por subida de ventas. Hay mayor desempleo y no hay inversión empresarial sino recorte de capacidad. Además los resultados empresariales mejoran pero todavía son malos, por ejemplo las empresas de Ibex han tenido una caída de beneficios en el primer semestre del 37% y ha habido empresas muy significativas como General Electric o Arcelor cuyas cifras no han sido nada buenas.

Por todo lo anterior no es evidente que detrás de las subidas de julio haya que ver un adelanto por las Bolsas de una inminente recuperación económica, sino más bien un giro brusco en la percepción del riesgo por los inversores. Ante la caída de los tipos de las letras del Tesoro y de los depósitos bancarios, los inversores han redescubierto el riesgo. Hace tiempo que sabemos que los movimientos de las Bolsas no se explican tanto en base a la evolución económica sino en base al sentimiento colectivo de los inversores, sentimiento cuyos giros son cada vez más bruscos. Los mercados oscilan en porcentajes muy fuertes en muy poco tiempo y lo hacen no porque cambie la economía sino porque cambian las expectativas y la valoración de los riesgos.

Ya no se piensa en el riesgo, en lo que se puede perder, sino en la ganancia, en lo que va a subir. Desde esta perspectiva, algo nos dice que lo sucedido estas dos últimas semanas, al festejar que viene una reactivación sostenida de la economía tiene un cierto aire a "dejá vu", una sensación de que de nuevo la euforia se ha instalado en los mercados. La interpretación más clara de lo que estamos viendo es que hay mucha liquidez y pocas alternativas de inversión, al ser los tipos de los depósitos bancarios y de las letras del Tesoro muy bajos y al no ser atractiva la inversión inmobiliaria. Algo, como decimos, bastante familiar y que no deja de sonar muy parecido a lo que pasaba hace dos o tres años, lo que al parecer se quería evitar que volviese a pasar de nuevo.

Pero estas consideraciones no dejan de ser, hoy por hoy, y en lo que al corto plazo se refiere, un tanto teóricas, en un mercado que no las quiere escuchar. Tendrán su importancia cuando los Bancos Centrales empiecen a drenar la liquidez extra que han inyectado con generosidad al sistema.

Mientras tanto seguiremos viviendo esta nueva reaparición del "carry trade", es decir, invertir en activos de riesgo financiando la inversión con unos tipos de corto plazo que están cerca del cero por ciento. Reaparece, en suma, el apalancamiento como forma de multiplicar los beneficios.

Esta idea es, sin duda, mucho más agradable que la de la recapitalización de los balances mientras haya dinero barato provisto por los Bancos Centrales y por los Gobiernos. Otra cosa es que conduzca a una salida real de la crisis.

Esta semana tenemos, en el plano macro, el ISM manufacturero, los PMI de la eurozona y el importante informe de empleo americano de julio el viernes. En empresas hay todavía algunos resultados importantes como los de HSBC, Barclays, BNP, Unicredito, Allianz o Deutsche Telekom, entre otros. Seguimos manteniendo un criterio básico de prudencia y cautela en unas Bolsas en las que vemos algunos signos que nos recuerdan peligrosamente actitudes y planteamientos que parecía no iban a volver por una temporada.

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