Si algo puede decirse de este 2009 que ahora empieza es que no deja indiferente a nadie, al menos en lo que a Bolsa se refiere. Una visión rápida de las previsiones que los distintos "gurus" hacen para el año, reflejadas en la revista americana Fortune, revela opiniones realmente dispares respecto a lo que nos espera.
Así, por ejemplo Nouriel Roubini, famoso por sus predicciones catastrofistas (baste como ejemplo recordar que a fines de octubre recomendó que se cerrasen las Bolsas como única solución para evitar su desplome) pronostica otra debacle este año y se muestra muy seguro al decir: "acerté el año anterior y voy a acertar este también". Obvio es decir que recomienda estar en liquidez total. Sin embargo, Robert Shiller, famoso por predecir tanto la burbuja tecnológica como la inmobiliaria, se muestra más cauto, y dice que la Bolsa no está cara, pero que quien invierta ahora lo hace con riesgo ya que si los multiplicadores de beneficios bajasen al nivel que lo hicieron en la crisis del 29 la Bolsa todavía podría bajar otro 50%. En el lado optimista, Charles Schwab, un histórico de la industria financiera americana y responsable desde hace casi cuarenta años de una de las firmas más reconocidas entre los inversores, que lleva su nombre, dice que las acciones están muy baratas, y que la recuperación de la Bolsa vendrá antes de lo que la gente piensa. Recuerda Scwab que cada vez que hay una crisis se pronostica el fin de la inversión en acciones, tal y como hizo una famosa revista americana al anunciar en su portada en 1979 "la muerte de las acciones" (the death of equities). Luego vinieron las décadas de los ochenta y los noventa, ambas muy positivas para la inversión en acciones.
Hoy por hoy las opiniones positivas son muy minoritarias y es lógico, tras un año traumático, con las principales Bolsas cayendo un 40% como media, y en el que el sistema bancario global ha estado al borde del abismo el pasado octubre. Es también cierto que en la actualidad la visibilidad sobre lo que nos pueda traer el 2009 es muy escasa. Dada la experiencia de 2008, lo normal es apuntarse al negativismo extremo a la hora de hacer previsiones para el 2009. Es lo menos arriesgado. Pero la realidad es que navegamos por aguas desconocidas, con unas medidas de los Gobiernos y de los Bancos Centrales realmente extraordinarias, cuyo efecto está por ver pero que en principio deberían tener un impacto de reactivación sobre la economía global.
Lo que hoy vemos es que los únicos activos en los que se confía son la liquidez o los bonos del Tesoro. Aunque, como es el caso de los del Tesoro americano, ofrezcan una rentabilidad de poco más del 2% en el plazo de 10 años, y prácticamente nula en periodos cortos. El resto de los activos, considerados todos como de riesgo, están fuera del favor de los inversores en general. La gran sorpresa de 2009 sería que ese escenario de extrema aversión al riesgo cambiase. ¿Es posible ese cambio?
Es muy difícil, tras un año de frustraciones y de escándalos, culminado por el reciente caso de Madoff, pero ahí reside el principal reto de la nueva administración del presidente electo Barack Obama, cambiar lo que Keynes llamaba "animal spirits", los miedos y temores de los agentes económicos, transformándolos en confianza hacia el futuro. Sin confianza ningún paquete de estímulo económico, por muy grande que sea, funcionará.
Dicho esto, a nuestro juicio en diciembre se ha avanzado, aunque sea solo tímidamente, en ese cambio hacia la confianza, y los datos que avalan esa afirmación son:
* poco a poco se van abriendo los mercados de crédito, aunque todavía los diferenciales de rentabilidad de la deuda corporativa sobre los bonos del estado deben bajar mucho más
* la reacción de la Bolsa americana esta semana a los muy malos datos del mercado inmobiliario americano(recordemos que el martes se supo que las ventas de viviendas usadas cayeron un 8,6% en noviembre y que el precio de las mismas ha sufrido su mayor caída anual desde la Gran Depresión) puede estar indicando que se espera que pronto empiece a tocarse fondo en este importante sector, lo que sería imprescindible para que las Bolsas encuentren suelo
* el nuevo escenario monetario de tipos cero o casi cero puede permitir una oleada de refinanciaciones que alivien la situación de familias y empresas y eviten la continuación de las ventas de liquidación forzosa
* si el petróleo empieza a estabilizarse en los niveles actuales (la reacción al alza del pasado viernes en niveles de 35 dólares fue muy interesante) podemos estar viendo el suelo de las materias primas, lo que sería positivo para las Bolsas
* el S&P y los principales índices bursátiles se han mantenido alejados de los mínimos de noviembre (que para el S&P estuvieron en el entorno de los 750 puntos) y en particular el S&P ha rebotado varias veces en el nivel crítico de los 835 puntos.
Frente a todos estos argumentos se puede decir, con razón, que el esperado "rally" navideño se ha desinflado totalmente, y que los volúmenes han ido a la baja al subir las Bolsas. Es cierto, pero también lo es que el miércoles las Bolsas americanas recibieron el pésimo dato de peticiones semanales desempleo, que se sitúan en el nivel más alto en 26 años, con ligeras subidas y que, en la sesión del viernes, el Nikkei subió un 1,6% pese a que se supo que la producción industrial japonesa bajó un 8,1% en noviembre, la mayor caída mensual de su historia.
Son elementos aun muy débiles para sostener un posible cambio en la actitud de los inversores, sobre todo teniendo en cuenta que lo normal será ver muy malas noticias sobre la economía y sobre la marcha de las empresas cotizadas en el primer trimestre de 2009, pero de alguna manera en diciembre el inversor se ha alejado un poco de la actitud ultra negativa de octubre y noviembre.
Todo indica que 2009 va a ser un año muy difícil, pero, a nuestro juicio, la mayor dificultad es que podemos ver y seguramente veremos a lo largo del año cambios bruscos en el estado de opinión de los inversores, cambios que harán que cosas que hoy parecen evidentes a lo mejor luego no lo sean tanto.
La prudencia aconseja iniciar el año con una asignación de activos conservadora, pero hay bonos de empresas de primera línea que ofrecen rentabilidades que en pocos meses se considerarán muy elevadas, y hay acciones de empresas de gran calidad que cotizan a precios indudablemente atractivos. Lo mismo podría decirse de las materias primas, como el petróleo, cuyos precios son interesantes, con perspectiva de medio plazo, tras las enormes caídas. Incorporar esos activos a las carteras, aunque vaya contra la opinión dominante, puede ser una buena idea, ya que también la liquidez total tiene sus riesgos como opción de inversión única.
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Sin duda, los grande protagonistas de este año van a ser los depósitos a plazo, al ser una opción muy conservadora y muy potenciada por bancos y cajas de ahorros.
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Miércoles, 30 de mayo
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