Tras lo sucedido en octubre, la tarea pendiente para los próximos meses es enorme. Esa tarea tiene como objetivo prioritario evitar el temido escenario de una deflación global, escenario que era impensable antes del verano (recordemos que entonces la preocupación del BCE era la contraria, es decir, la inflación) pero que, dada la destrucción de riqueza y de confianza provocada por las caídas de octubre ( 14% el Dow, 17% el Ibex, 21,5% el Nikkei), hoy no puede descartarse totalmente.
En este sentido, la caída en septiembre y octubre de las materias primas, con el futuro del petróleo experimentando en octubre la mayor caída en un mes, el 36%, desde que empezó su contratación en 1.983, y la caída simultánea de las economías emergentes, que es la auténtica novedad de octubre, ponen a la deflación en el primer plano de las preocupaciones. Hay por tanto que estimular la economía, pero a la vez, y ahí radica la dificultad del tema, hay que evitar la formación de nuevas burbujas y para ello hay que reformar a fondo los mercados financieros para ponerlos de verdad al servicio de la economía productiva, haciendo posible una asignación de recursos adecuada.
Podemos resumir las tareas pendientes para noviembre y para los próximos meses como sigue:
* Lo primero es devolver un cierto orden a los mercados financieros, tras el caos provocado en octubre por las liquidaciones forzosas de hedge funds y otros operadores apalancados.
* A la vez hay que continuar con las bajadas de tipos y articular paquetes de estímulo fiscal, como los ya anunciados en Japón y en otros países.
* En el plano regulatorio parece probable la reordenación del mapa bancario y la eliminación de los mercados opacos “over the counter” que han estado a punto de colapsar al sistema, así como una reformulación del papel de los mercados financieros, aumentando la transparencia.
* Las empresas deben sentar las bases de un periodo de bajo crecimiento lo cual probablemente lleve a movimientos de concentración en casi todos los sectores.
* Hay que reenfocar el crecimiento, en este nuevo contexto, de las economías emergentes.
Todo esto es necesario para salir de la peor crisis financiera vivida en los últimos ochenta años y de todo ello se hablará en la cumbre del 14 de noviembre.
Lo primero, como decíamos, es devolver un cierto orden a los mercados. La ultima semana de octubre nos hace alimentar alguna esperanza, con el Ibex de nuevo por encima de 9.000, el Dow igualmente por encima de los 9.000, el Eursotoxx por encima de 2.500 y el S&P por encima de 950, pero, en todo caso y aunque todo vaya bien, se necesita tiempo para olvidar lo que se ha vivido en octubre.
En todo caso, y a medio plazo, es más que previsible la desaparición del llamado "sistema bancario en la sombra" (hedge funds y mercados de derivados no regulados ni transparentes) y la reformulación del papel de los operadores. Episodios como el de Volkswagen de esta semana, o como la extrema volatilidad, con movimientos muy bruscos de las cotizaciones en pocos minutos, muestran que algo no se está haciendo bien en las Bolsas.
En cuanto a los tipos, la pasada semana han bajado Estados Unidos, Japón, China , Noruega e India. Esta le toca a Inglaterra y la zona euro. Con la caída de la inflación de octubre en la zona euro en cuatro décimas, hasta el 3,2%, el camino está despejado. Es bueno que el euribor a un año haya bajado del 5%, pero antes de final de año debería estar por debajo del 4%. Además se precisan paquetes fiscales de estímulo, que ya han anunciado Japón y varios países europeos y que el nuevo Presidente americano deberá abordar sin dilación.
Si se toman las medidas adecuadas no hay ningún motivo para que no se pueda evitar la temida deflación, aunque la recesión sea más fuerte de lo esperado. El PIB americano del tercer trimestre, que bajó solo un 0,3% frente al 0,5% esperado muestra como las medidas suavizan los en todo caso necesarios ajustes.
Esta semana, aparte de las reuniones del BCE y el Banco de Inglaterra, habrá nuevos datos económicos, como los ISM de octubre, y nuevos resultados empresariales. Los resultados presentados hasta ahora en general han sido buenos, como los de Unilever (+63%), Santander, BBVA, Basf, Astra Zeneca, o Volkswagen (+ 27%), entre otros. También hemos visto como aparece de nuevo el capital privado para capitalizar a los Bancos. En concreto, Barclays ha conseguido 9.300 millones de euros para reforzar su capital de inversores de Qatar y Abu Dabi aunque haya sido en condiciones malas para los actuales accionistas del Banco.
Pero, por encima de todo ello, las Bolsas mirarán esta semana al resultado de las elecciones americanas, que va a ser, sin duda, la gran referencia de la semana.
Ante la magnitud de la tarea pendiente, los inversores buscarán un liderazgo fuerte, y darán su veredicto esta semana sobre si el resultado electoral americano va en esa dirección o no. Si la respuesta es afirmativa, la expectativa de una cierta estabilización de los mercados ganará terreno, y pasará a ser la fuerza dominante, alejando poco a poco el recuerdo, hoy por hoy demasiado vivo, de lo que ha pasado en octubre.
Miércoles, 30 de mayo
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