Tras una cumbre del G20 positiva, cuyo comunicado deja claro que va a haber acción contra la crisis, que esa acción va a ser coordinada y global, y que no se va a volver al proteccionismo sino todo lo contrario, las Bolsas sin embargo han reaccionado con fuertes caídas semanales (-12% el Eurostoxx, -5,3% el Dow, -6,5% el Nikkei y -9,7% el Ibex) lideradas una vez más por el sector bancario. El giro dado al Plan de rescate de activos tóxicos, que ya no va a comprar activos dañados, así como la sensación de que pueden hacer falta nuevas inyecciones de capital, en línea con lo que dice el comunicado del G 20, han pesado como una losa en el sector, siendo el caso más extremo Citigroup, que ha perdido en la semana el 57% de su valor bursátil en medio de dudas sobre su futuro.
Así, avanzado ya noviembre, vemos que las noticias económicas durante el mes han sido realmente malas y han ido confirmando el temor de una fortísima contracción de la economía, y que los Bancos Centrales y los Gobiernos finalmente han tomado conciencia de la magnitud del problema y han empezado a actuar de forma coordinada para evitar que esa fortísima contracción derive en una depresión económica de gran escala.
Claramente las Bolsas han mirado al lado negativo, es decir a las noticias económicas malas.
Las subidas históricas del paro en EEEUU y en Europa, las bajadas fuertes de las ventas minoristas, con malas perspectivas en los próximos meses, incluida la campaña de Navidad, las caídas adicionales de los precios de las viviendas, y los problemas en otro de los sectores clave de la economía, el del automóvil son problemas suficientes para entender la inquietud de las Bolsas. Ni siquiera la caída histórica de la inflación en octubre en Estados Unidos se ha visto como positiva, ya que se ve como un indicador de que estamos entrando en la temida deflación. La inflación americana ha caído en octubre un 1%, la mayor caída desde 1.947. Sin energía y alimentos la inflación subyacente cayó un 0,1% en el mes, la primera "deflación subyacente" desde 1.982. El IPP (precios industriales) bajó en octubre un 2,8%, la mayor caída en seis décadas impulsada por la reducción de los precios de la energía.
En la misma línea, la caída del crudo por debajo de 50 dólares que se ha producido esta semana se ve también ahora como un problema, al acentuar los temores de deflación global. Y en la zona euro, los PMI de noviembre adelantados el viernes muestran lecturas de gran desaceleración. De acuerdo con las estimaciones preliminares, el índice de gestores de compras compuesto, PMI por sus siglas en inglés, descendió a 39,7 en noviembre, con respecto al 43,6 de octubre, bajando tanto el industrial como el de servicios. Recordemos que lecturas superiores a 50 significan una expansión en la producción, mientras que un nivel por debajo de 50 significa una contracción, y el índice lleva ya seis meses consecutivos por debajo de 50.
Los tipos de los bonos largos también reflejan esto, y así la rentabilidad del bono a diez años americano está ya en el 3,2% y algunas previsiones la sitúan en el 2,75% el próximo año.
Por todo esto, y al haber entrado en recesión Europa, Japón Y Estados Unidos, ni las bajadas de tipos de varios Bancos centrales , como el de Japón, la FED, el Banco de Inglaterra, o el Banco Central Europeo, ni las sucesivas y diarias bajadas del Euribor a un año que le han llevado a niveles ya cercanos al 4%, ni los paquetes de estímulo de China, Japón, Alemania, o de la eurozona en su conjunto, han tenido el más mínimo impacto positivo en las Bolsas.
Esta semana hemos visto como el Dow Jones rompía a la baja el nivel 8.000, llegando a los mínimos de 2.002 y 2.003, y como el S&P llegaba el jueves a los mínimos desde 1.997. El Eurostoxx llegaba casi al nivel 2.000 (hay que recordar que empezó el año en 4.400) y el Ibex rompía de nuevo a la baja el 8.000.
De forma que, al final, se visitan de nuevo los mínimos de octubre, y además con peligro de ruptura a la baja, tras todo el esfuerzo hecho para salir de ellos.
Las Bolsas están, así, en un punto crítico, en el que pueden estabilizarse en torno a los mínimos de octubre y de esta semana, o romperlos a la baja. La fijación definitiva del sector bancario, que pasa por ver cual sea la salida de Citigroup, es clave para tomar una dirección u otra.
Cabría esperar que, tras la masiva intervención de los Gobiernos, se logre fijar el sector bancario y los mercados de crédito, pero hoy por hoy persisten las dudas y esas dudas se traducen en caídas de la Bolsa. Si no se estabilizan el sector bancario, los mercados de crédito y las Bolsas, los planes de reactivación del G20 no tendrán éxito, porque el desorden y la sensación de desplome creados en octubre y noviembre son mensajes incompatibles con la vuelta de la confianza a los agentes económicos.
Los movimientos corporativos, sobre todo en banca, pero en general en todos los sectores, parecen un paso necesario para poder reordenar la oferta empresarial tras el cambio tan profundo de escenario que hemos visto en los dos últimos meses.
La extrema volatilidad ha hecho de nuevo acto de presencia en unas Bolsas que parecen afectadas por un desorden bipolar que las hace pasar en cuestión de horas, a veces incluso de minutos, de un extremo a otro.
Esta semana hemos visto, el jueves, como las Bolsas americanas, tras haber visitado a mitad de sesión los mínimos del pasado octubre, subieron de forma meteórica en la hora y media final, para terminar la sesión con alzas superiores al 6%, sin ningún dato nuevo salvo un discurso de Bush defendiendo la economía de mercado. El giro fue realmente brutal, casi de mil puntos de oscilación en el Dow, e inesperado, dado el tono negativo que se había instalado tras anunciar Paulson el miércoles cambios en el plan de rescate.
El viernes se repitió algo parecido, aunque al revés, ya que tras una apertura ligeramente bajista con caídas que llegaron a media sesión hasta niveles del 3%, el mercado cambió hacia el lado positivo, de forma que a falta de una hora para el cierre el Dow llegó a subir 88 puntos. Pero en la última hora súbitamente se hundió, bajando de golpe 400 puntos para cerrar casi un 4% abajo, todo ello por supuesto sin ninguna noticia o novedad de por medio. Lo mismo ocurrió en los otros dos índices , el S&P y el Nasdaq.
Tras todos estos bandazos, las principales Bolsas han cerrado la segunda semana de noviembre con caídas, del 5% en el Dow, del 6% en el S&P , de casi el 8% en el Nasdaq, y del 5,5% en el Ibex y el Eurostoxx. Sólo las Bolsas asiáticas, impulsadas por el plan de estímulo chino, han bandeado mejor la semana, con caídas leves en el Nikkei y subidas en la Bolsa de Shangai. El Hang Seng, sin embargo, cayó casi un 5%
La extrema volatilidad se está convirtiendo en un serio problema a la hora de articular líneas de salida a la actual crisis financiera. Como decía esta semana en un artículo el siempre lúcido Robert Shiller, la volatilidad aumenta la desconfianza, genera decisiones erráticas, y paraliza las iniciativas al distraer la atención de los agentes económicos hacia los giros súbitos de los mercados. Hay además otro efecto negativo y directo sobre la renta variable. Si la volatilidad sube, el riesgo percibido sube, ya que la volatilidad se considera la medida básica del riesgo. En consecuencia, aunque el rendimiento esperado de la renta variable se mantuviese, es decir aunque se pensase que las acciones van a mantener su beneficio y su dividendo actual, al subir la volatilidad habría que vender acciones para mantener el equilibrio deseado entre riesgo y rentabilidad de la cartera. De esta forma la volatilidad acentúa las bajadas.
Por todo ello es una prioridad que los mercados se alejen de la fase actual de volatilidad extrema. Las Bolsas siempre tendrán fluctuaciones, fases de entusiasmo y de atonía, pero los bandazos actuales hacen que los mercados no sean creíbles y dejen de cumplir su función de fijar precios y de canalizar el ahorro hacia la inversión. No se puede tomar como referencia el precio de mercado cuando oscila más de un 30% en pocas sesiones o más de un 60% en pocos meses, como ha ocurrido, por ejemplo, en el precio del petróleo.
Junto a la volatilidad, el otro factor dominante esta semana ha sido el temor de deflación. Una buena muestra de ese temor de deflación son que los bonos americanos vinculados a la inflación (los llamados Tips), que están descontando inflación negativa en los próximos cinco años. Lo mismo pasa con los bonos a diez años del Tesoro americano que dan un 3,7% de rentabilidad, lo que significa que se ve una inflación muy baja a diez años vista. Los bonos del Tesoro americano a dos años dan solo el 1,16% de rentabilidad, de nuevo con el mismo mensaje. No se teme la inflación, se teme la deflación global. Este temor tal vez sea exagerado, como afirma Bill Gross , el gestor estrella de Pimco, que manifiesta estar comprando bonos vinculados a la inflación, ya que cree que se está infravalorando el riesgo de inflación futura. Pero el sentimiento dominante es que nos encaminamos a un periodo de deflación.
Esta sensación se ha reforzado esta semana al saber que la zona euro ha entrado en recesión, tras bajar el PIB en el tercer trimestre un 0,2%, lo mismo que había bajado en el segundo trimestre. La economía alemana, la tercera del mundo tras EEUU y Japón, también ha entrado en recesión. En esta coyuntura, sabe a poco que el Euribor a un año esté ya en el 4,35% al que cerró el viernes. Es verdad que ha bajado mucho desde los máximos de octubre superiores al 5,5%, pero debería bajar mucho más tras dos trimestres de contracción del PIB de la eurozona que evidencian riesgos de caídas superiores en los próximos trimestres.
Así, los ecos positivos que en el inicio de la semana tuvo el paquete de estímulo aprobado por el Gobierno chino se fueron apagando durante la semana. Aunque ha habido alguna señal positiva como la mejora en la encuesta ZEW alemana de noviembre o la mejora inesperada del índice de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan.
En el plano empresarial, tampoco han predominado las buenas noticias. Nokia anunció malas perspectivas y cayó fuertemente el viernes. Los datos de resultados han sido mixtos, buenos en Telefónica, pero no tan buenos en algunos Bancos. Y, sobre todo, sigue la preocupación por automovilísticas americanas, según Obama columna vertebral de la economía.
En este contexto ha tenido lugar la reunión del G 20 cuyo principal mensaje ha sido el de la unidad frente a la crisis global. La idea que ha quedado es que se va a actuar y que además hay consenso en las líneas básicas. Una de esas líneas, mencionada expresamente en el comunicado, es la estabilización de los mercados financieros, lo que conecta con la necesidad de erradicar la extrema volatilidad actual que antes mencionábamos. También Bernanke , en su discurso con motivo del décimo aniversario del euro señaló esta necesidad.
En la tercera semana de noviembre, con los datos económicos centrados en la evolución de la inflación y con pocos anuncios de resultados empresariales ya que la temporada está casi acabada, habrá que ver cual es el impacto de la cumbre del G 20, en la esperanza de que la estabilidad vaya regresando poco a poco a las Bolsas.
El retorno de un cierto orden a los mercados financieros es, como decíamos la semana pasada, una condición necesaria para poder evitar un deterioro mayor en la economía real. Desde esta óptica, tal vez la calma y el temperamento sereno de los que ha hecho gala permanentemente el ya Presidente electo de Estados Unidos puedan ser un arma eficaz para devolver la ansiada estabilidad a las Bolsas, tras el caos de septiembre y octubre. Los primeros mensajes de Obama llamando a la unidad de todos para hacer frente a la crisis, así como la espléndida reacción ante la derrota de su rival MacCain, van en la dirección de la estabilidad frente al desorden, y tal vez por ello las Bolsas recibieron muy bien el viernes las palabras de Obama pese a que advirtió de que no va a ser fácil salir de la crisis.
Sin embargo, durante un cierto periodo, la volatilidad va a ser inevitable, dado el tremendo desorden del que partimos, y lo único que cabe esperar es que se vaya moderando poco a poco.
No debe sorprendernos, por tanto, la volatilidad que hemos visto esta primera semana de noviembre, en la que las Bolsas han tenido que navegar entre dos aguas. Por un lado, los malos datos económicos y empresariales. Por otro, las rebajas de tipos y las expectativas positivas que abre el cambio político tras las elecciones americanas.
Por el lado macro, hemos visto en Estados Unidos pésimos datos de ISM manufacturero y de servicios y lo mismo en la zona euro con los PMI. Ambos son indicadores económicos adelantados que denotan que la economía viene mal para los próximos trimestres, y por ello el FMI se vio obligado el jueves a revisar a la baja las previsiones de crecimiento económico para el 2.009 que había publicado hace tan solo algunas semanas. Hemos visto también el pésimo dato de desempleo en USA en octubre, publicado el viernes, que deja el paro en el 6,5% , el nivel máximo de los últimos 14 años.
Por el lado empresarial, los malos resultados de BNP (-56% en los beneficios del tercer trimestre) evidencian que hay aun necesidad de seguir saneando los balances. Los sucesivos informes de analistas, como el de Credit Suisse de esta semana, rebajando los precios objetivo de la banca, añaden aun más inquietud a los inversores. También hemos visto malas noticias en el sector del automóvil, con General Motors anunciando posibles problemas de supervivencia, y en el acero, con la fuerte caída de los pedidos anunciada por Mittal, que ha sido tras Volkswagwn el peor valor del Eurostoxx.
Estas malas noticias han sido suficientes para compensar el efecto positivo de las bajadas de tipos, que en esta ocasión han hecho el Banco de Inglaterra, el BCE, y los Bancos Centrales suizo, australiano y surcoreano, entre otros. Se podría argumentar también que la bajada del BCE, de solo medio punto, frustró a los inversores, que esperaban más, pero realmente no pensamos que esta interpretación sea correcta, aunque es verdad que el BCE parece seguir sin enterarse de lo que está pasando en la economía, y eso nunca es bueno.
También han ensombrecido las malas noticias económicas el efecto de la victoria de Obama, pero lo cierto es que, como antes decíamos, las primeras impresiones son buenas, y su equipo de asesores económicos es de primer nivel, incluyendo personas tan experimentadas como Warren Buffet o Paul Volcker. Ahora bien, nadie espera milagros y el propio Obama se ha ocupado de no crear falsas expectativas.
Si vemos en su conjunto todos estos datos, el comportamiento de las Bolsas en la primera semana de noviembre, con ligeras subidas en Japón y en las Bolsas europeas, con subidas mayores en otras Bolsas como nuestro Ibex que subió un 2,5% o Hong Kong y Seul que subieron un 2%, y con descensos del entorno del 4% en las Bolsas americanas, puede considerarse satisfactorio, sobre todo teniendo en cuenta que todos los índices habían tenido un fuerte rebote desde sus mínimos en las últimas sesiones de octubre y que en la semana anterior las subidas habían sido superiores al 10% en muchas Bolsas.
En las divisas también hemos visto una cierta estabilización, con el dólar moviéndose entre 1,25 y 1,30 con el euro. En los mercados de renta fija la mejora es aun más evidente, con el Euribor ya por debajo del 4,6%, la tasa más baja desde marzo y el Libor, tras la fuerte bajada de tipos inglesa, en el punto más bajo desde mayo de 2.004. Las materias primas también se están asentando y pese a que el petróleo en algún momento ha roto a la baja los 60 dólares, los futuros del crudo americano cerraron el viernes por encima de los 60 dólares. Lo cual es bueno para no agravar la situación de los países exportadores. El oro se mantuvo por encima de los 730 dólares y los bonos de largo plazo no indican temor de inflación, manteniéndose el tipo del bono a diez años del Tesoro americano en niveles del 3,8%.
Todo esto es positivo pero queda mucho por hacer. Los esfuerzos deben seguir centrados en evitar la temida deflación, y en suavizar en lo posible el alcance de una crisis cuya evolución en octubre ha hecho pensar en escenarios muy negativos, que conviene alejar en toda la medida de lo posible.
Esta semana serán interesantes los datos de ventas minoristas en USA así como la confianza del consumidor americano medida por la Universidad de Michigan, y por otro lado en la zona euro la encuesta ZEW y el dato final de inflación de octubre. En el plano empresarial veremos los último anuncios con empresas interesantes como Unicredito, Telefonica, Siemens, Allianz, AIG o JC Penney.
Pero el verdadero centro de todas las miradas será la cumbre a celebrar el fin de semana en Washington y los mensajes que se vayan filtrando antes de la misma. Las primeras cosas que sabemos, como la potenciación del Fondo Monetario, el establecimiento de sistemas preventivos de detección y prevención de las crisis o el reforzamiento de la transparencia en los mercados de capitales, suenan bien. Habrá que esperar a ver el resultado final, en una semana en la que es previsible que la volatilidad vuelva a hacer acto de presencia pero en la que lo deseable es que se den nuevos pasos hacia la normalización de las Bolsas.
Tras lo sucedido en octubre, la tarea pendiente para los próximos meses es enorme. Esa tarea tiene como objetivo prioritario evitar el temido escenario de una deflación global, escenario que era impensable antes del verano (recordemos que entonces la preocupación del BCE era la contraria, es decir, la inflación) pero que, dada la destrucción de riqueza y de confianza provocada por las caídas de octubre ( 14% el Dow, 17% el Ibex, 21,5% el Nikkei), hoy no puede descartarse totalmente.
En este sentido, la caída en septiembre y octubre de las materias primas, con el futuro del petróleo experimentando en octubre la mayor caída en un mes, el 36%, desde que empezó su contratación en 1.983, y la caída simultánea de las economías emergentes, que es la auténtica novedad de octubre, ponen a la deflación en el primer plano de las preocupaciones. Hay por tanto que estimular la economía, pero a la vez, y ahí radica la dificultad del tema, hay que evitar la formación de nuevas burbujas y para ello hay que reformar a fondo los mercados financieros para ponerlos de verdad al servicio de la economía productiva, haciendo posible una asignación de recursos adecuada.
Podemos resumir las tareas pendientes para noviembre y para los próximos meses como sigue:
* Lo primero es devolver un cierto orden a los mercados financieros, tras el caos provocado en octubre por las liquidaciones forzosas de hedge funds y otros operadores apalancados.
* A la vez hay que continuar con las bajadas de tipos y articular paquetes de estímulo fiscal, como los ya anunciados en Japón y en otros países.
* En el plano regulatorio parece probable la reordenación del mapa bancario y la eliminación de los mercados opacos “over the counter” que han estado a punto de colapsar al sistema, así como una reformulación del papel de los mercados financieros, aumentando la transparencia.
* Las empresas deben sentar las bases de un periodo de bajo crecimiento lo cual probablemente lleve a movimientos de concentración en casi todos los sectores.
* Hay que reenfocar el crecimiento, en este nuevo contexto, de las economías emergentes.
Todo esto es necesario para salir de la peor crisis financiera vivida en los últimos ochenta años y de todo ello se hablará en la cumbre del 14 de noviembre.
Lo primero, como decíamos, es devolver un cierto orden a los mercados. La ultima semana de octubre nos hace alimentar alguna esperanza, con el Ibex de nuevo por encima de 9.000, el Dow igualmente por encima de los 9.000, el Eursotoxx por encima de 2.500 y el S&P por encima de 950, pero, en todo caso y aunque todo vaya bien, se necesita tiempo para olvidar lo que se ha vivido en octubre.
En todo caso, y a medio plazo, es más que previsible la desaparición del llamado "sistema bancario en la sombra" (hedge funds y mercados de derivados no regulados ni transparentes) y la reformulación del papel de los operadores. Episodios como el de Volkswagen de esta semana, o como la extrema volatilidad, con movimientos muy bruscos de las cotizaciones en pocos minutos, muestran que algo no se está haciendo bien en las Bolsas.
En cuanto a los tipos, la pasada semana han bajado Estados Unidos, Japón, China , Noruega e India. Esta le toca a Inglaterra y la zona euro. Con la caída de la inflación de octubre en la zona euro en cuatro décimas, hasta el 3,2%, el camino está despejado. Es bueno que el euribor a un año haya bajado del 5%, pero antes de final de año debería estar por debajo del 4%. Además se precisan paquetes fiscales de estímulo, que ya han anunciado Japón y varios países europeos y que el nuevo Presidente americano deberá abordar sin dilación.
Si se toman las medidas adecuadas no hay ningún motivo para que no se pueda evitar la temida deflación, aunque la recesión sea más fuerte de lo esperado. El PIB americano del tercer trimestre, que bajó solo un 0,3% frente al 0,5% esperado muestra como las medidas suavizan los en todo caso necesarios ajustes.
Esta semana, aparte de las reuniones del BCE y el Banco de Inglaterra, habrá nuevos datos económicos, como los ISM de octubre, y nuevos resultados empresariales. Los resultados presentados hasta ahora en general han sido buenos, como los de Unilever (+63%), Santander, BBVA, Basf, Astra Zeneca, o Volkswagen (+ 27%), entre otros. También hemos visto como aparece de nuevo el capital privado para capitalizar a los Bancos. En concreto, Barclays ha conseguido 9.300 millones de euros para reforzar su capital de inversores de Qatar y Abu Dabi aunque haya sido en condiciones malas para los actuales accionistas del Banco.
Pero, por encima de todo ello, las Bolsas mirarán esta semana al resultado de las elecciones americanas, que va a ser, sin duda, la gran referencia de la semana.
Ante la magnitud de la tarea pendiente, los inversores buscarán un liderazgo fuerte, y darán su veredicto esta semana sobre si el resultado electoral americano va en esa dirección o no. Si la respuesta es afirmativa, la expectativa de una cierta estabilización de los mercados ganará terreno, y pasará a ser la fuerza dominante, alejando poco a poco el recuerdo, hoy por hoy demasiado vivo, de lo que ha pasado en octubre.
Tras lo sucedido en octubre, la tarea pendiente para los próximos meses es enorme. Esa tarea tiene como objetivo prioritario evitar el temido escenario de una deflación global, escenario que era impensable antes del verano (recordemos que entonces la preocupación del BCE era la contraria, es decir, la inflación) pero que, dada la destrucción de riqueza y de confianza provocada por las caídas de octubre ( 14% el Dow, 17% el Ibex, 21,5% el Nikkei), hoy no puede descartarse totalmente.
En este sentido, la caída en septiembre y octubre de las materias primas, con el futuro del petróleo experimentando en octubre la mayor caída en un mes, el 36%, desde que empezó su contratación en 1.983, y la caída simultánea de las economías emergentes, que es la auténtica novedad de octubre, ponen a la deflación en el primer plano de las preocupaciones. Hay por tanto que estimular la economía, pero a la vez, y ahí radica la dificultad del tema, hay que evitar la formación de nuevas burbujas y para ello hay que reformar a fondo los mercados financieros para ponerlos de verdad al servicio de la economía productiva, haciendo posible una asignación de recursos adecuada.
Podemos resumir las tareas pendientes para noviembre y para los próximos meses como sigue:
* Lo primero es devolver un cierto orden a los mercados financieros, tras el caos provocado en octubre por las liquidaciones forzosas de hedge funds y otros operadores apalancados.
* A la vez hay que continuar con las bajadas de tipos y articular paquetes de estímulo fiscal, como los ya anunciados en Japón y en otros países.
* En el plano regulatorio parece probable la reordenación del mapa bancario y la eliminación de los mercados opacos “over the counter” que han estado a punto de colapsar al sistema, así como una reformulación del papel de los mercados financieros, aumentando la transparencia.
* Las empresas deben sentar las bases de un periodo de bajo crecimiento lo cual probablemente lleve a movimientos de concentración en casi todos los sectores.
* Hay que reenfocar el crecimiento, en este nuevo contexto, de las economías emergentes.
Todo esto es necesario para salir de la peor crisis financiera vivida en los últimos ochenta años y de todo ello se hablará en la cumbre del 14 de noviembre.
Lo primero, como decíamos, es devolver un cierto orden a los mercados. La ultima semana de octubre nos hace alimentar alguna esperanza, con el Ibex de nuevo por encima de 9.000, el Dow igualmente por encima de los 9.000, el Eursotoxx por encima de 2.500 y el S&P por encima de 950, pero, en todo caso y aunque todo vaya bien, se necesita tiempo para olvidar lo que se ha vivido en octubre.
En todo caso, y a medio plazo, es más que previsible la desaparición del llamado "sistema bancario en la sombra" (hedge funds y mercados de derivados no regulados ni transparentes) y la reformulación del papel de los operadores. Episodios como el de Volkswagen de esta semana, o como la extrema volatilidad, con movimientos muy bruscos de las cotizaciones en pocos minutos, muestran que algo no se está haciendo bien en las Bolsas.
En cuanto a los tipos, la pasada semana han bajado Estados Unidos, Japón, China , Noruega e India. Esta le toca a Inglaterra y la zona euro. Con la caída de la inflación de octubre en la zona euro en cuatro décimas, hasta el 3,2%, el camino está despejado. Es bueno que el euribor a un año haya bajado del 5%, pero antes de final de año debería estar por debajo del 4%. Además se precisan paquetes fiscales de estímulo, que ya han anunciado Japón y varios países europeos y que el nuevo Presidente americano deberá abordar sin dilación.
Si se toman las medidas adecuadas no hay ningún motivo para que no se pueda evitar la temida deflación, aunque la recesión sea más fuerte de lo esperado. El PIB americano del tercer trimestre, que bajó solo un 0,3% frente al 0,5% esperado muestra como las medidas suavizan los en todo caso necesarios ajustes.
Esta semana, aparte de las reuniones del BCE y el Banco de Inglaterra, habrá nuevos datos económicos, como los ISM de octubre, y nuevos resultados empresariales. Los resultados presentados hasta ahora en general han sido buenos, como los de Unilever (+63%), Santander, BBVA, Basf, Astra Zeneca, o Volkswagen (+ 27%), entre otros. También hemos visto como aparece de nuevo el capital privado para capitalizar a los Bancos. En concreto, Barclays ha conseguido 9.300 millones de euros para reforzar su capital de inversores de Qatar y Abu Dabi aunque haya sido en condiciones malas para los actuales accionistas del Banco.
Pero, por encima de todo ello, las Bolsas mirarán esta semana al resultado de las elecciones americanas, que va a ser, sin duda, la gran referencia de la semana.
Ante la magnitud de la tarea pendiente, los inversores buscarán un liderazgo fuerte, y darán su veredicto esta semana sobre si el resultado electoral americano va en esa dirección o no. Si la respuesta es afirmativa, la expectativa de una cierta estabilización de los mercados ganará terreno, y pasará a ser la fuerza dominante, alejando poco a poco el recuerdo, hoy por hoy demasiado vivo, de lo que ha pasado en octubre.
Miércoles, 30 de mayo
Juan Carlos Ureta
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